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Una vida examinada: reflexiones bioéticas
Por PUB UNAM
El Programa Universitario de Bioética (UNAM) desarrolla investigaciones interdisciplinarias, doc... El Programa Universitario de Bioética (UNAM) desarrolla investigaciones interdisciplinarias, docencia y difusión que promuevan la reflexión y el debate social, que sea a la vez científico y filosófico, laico y plural, sobre dilemas propios de la bioética. Este blog presentará temas de actualidad, analizados desde una perspectiva bioética, con el objeto de contribuir a la construcción de una cultura de responsabilidad que promueva el respeto de los derechos humanos, de la diversidad cultural, del medio ambiente y las especies con las que compartimos el planeta. (Leer más)
Una apuesta bioética por la seguridad
El entrenamiento policial debe favorecer la cercanía y contemplar a los policías como seres cerebrales en mundos flexibles, donde los enemigos de la nación no necesariamente son tales, sino ciudadanos que forman parte de su misma comunidad.
Por Roberto Emmanuele Mercadillo
18 de septiembre, 2019
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Imagínate sobre la arena de una playa, escrutando con tus ojos un horizonte anaranjado por la puesta del sol, en un estado contemplativo inducido por el rítmico ir y venir de las olas.

Detrás tuyo, sientes la mirada de dos policías parados sobre el malecón; los observas con suspicacia, incluso temor, tal como has aprendido a hacerlo, y por eso intentas encontrar el motivo de sus sospechas en toda la playa. Los policías se fijan también en el horizonte anaranjado; distingues su placidez. Como te ocurre a ti, el paisaje se inserta en su cerebro y por un instante los induce a un estado de contemplación, tal vez de tranquilidad o de reconciliación para lidiar con la animadversión y el sufrimiento que implica la estresante vida urbana.1

Más tarde, en la plaza del quiosco central, el sonido de los pájaros que se acomodan en la oscuridad de la noche se interrumpe con el motor de una camioneta blanquiazul. Dos policías descienden para revisar “por rutina” al joven que segundos antes pasó frente a ti, quizá porque se ve sospechoso de portar drogas o armas, de tener malas intenciones o de ser un enemigo. Tú no estás bajo sospecha, quizá por tu tono de piel más claro, quizá porque “pareces gente de bien”.

Ya no contemplas, la confusión emerge. El joven revisado abandonó la plaza; tal vez no regrese y se quede en su barrio carente de farolas y palmeras, quizá ya no quiera ser sospechoso y abonar a las estadísticas de abuso policial provocadas por la confusión de parecer “cualquier cosa”. Puede ser que ahora se esconda de los policías, o que, al verlos, su cerebro lo haga responder como si fueran una amenaza, con miedo que lo disponga a un ataque, y quizá el miedo se torne en odio por saberse sospechoso de “cualquier cosa”, por vivir un estigma.2

En 2016 se publicó el (apenas) primer libro sobre Neuroética en México.3 Filósofos, antropólogos, psicólogos y neurobiólogos señalaron que las emociones son fundamentales en el pensar moral; que la vida humana es motivada por las relaciones con los otros, y que el ambiente físico y los símbolos culturales (incluidos estigmas) modelan nuestro cerebro y son cruciales para definir el respeto, la cooperación y la justicia. Se discutió el cerebro desde la Bioética, una ética configurada por y para la vida. El caso imaginado, escenario común en muchas ciudades de nuestro país, nos fuerza a llevarla a las calles y apostar por una seguridad bioética.

Desde la Bioética, los policías no pueden ser modelados bajo un militarismo que, como señalan Daniela Rea y Pablo Ferri en La Tropa,4 contempla a los soldados sólo como seres que obedecen jerarquías, que incuestionadamente se apropian de una idea de “enemigo de la nación” que facilita el abuso y el maltrato, y que hace ver como sospechoso a cualquiera que asemeje las características de dicho ser, difíciles de distinguir en una pluralidad de expresiones. El entrenamiento policial más bien debe favorecer la cercanía y contemplar a los policías como seres cerebrales en mundos flexibles, donde los enemigos de la nación no necesariamente son tales, pero sí ciudadanos que forman parte de su misma comunidad.

Hay que aceptar que, aunque hay una deficiente formación ética en los policías municipales, estos pueden manifestar una actividad cerebral asociada al placer y a su noción de servicio –como se observó en los policías de Nezahualcóyotl en 2012.5 La capacitación policial debe adoptar al servicio y la ayuda como premisas, y aprovechar la función cerebral humana que las vuelve fuentes de placer.

La Bioética en la seguridad no sólo atañe a la formación policial: implica apostar por ambientes públicos para el esparcimiento y la convivencia que emulen el efecto contemplativo de, por ejemplo, la playa y las plazas centrales, ambientes que pueden restituir el daño provocado por el abuso de sustancias, prevenir las adicciones y favorecer la socialización.6,7,8

Un pensar bioético implica aceptar que las drogas no son sustancias morales, intrínsecamente malas, asociadas a un enemigo y contundentemente prohibidas a costa de lo que sea, incluso la vida y la libertad. El uso de drogas, la adicción y sus efectos cerebrales son mediados por ambientes sociales fragmentados.9 Actuar bioéticamente implicaría reunir los fragmentos para crear comunidad.

El proceder bioético implica también tomar en cuenta a las víctimas de acciones de seguridad mal ejecutadas, comprenderlas y evitar estigmas como el del caso del imaginado joven revisado por rutina en la plaza, así como brindar la atención necesaria para re-establecer su salud mental y desvanecer el comprensible miedo (quizá odio) hacia los policías, que puede marcar el actuar de generaciones venideras.10

El ser humano se forma como persona, dice Duns Escoto, mediante empatía hacia los otros y el respeto de su libertad.11 La comprensión de los derechos humanos y el respeto por el otro y por la vida sólo son posibles si existen espacios en los que nos reconozcamos mutuamente como personas. Así, la apuesta bioética por la seguridad involucra a la sociedad toda. Las comúnmente ignoradas instituciones científicas del país deben tomar parte en ello, y no sólo para generar estadísticas y correlaciones de abusos y víctimas, o para escudriñar sus causas, o para mejorar el material en criminalística: también deben participar en el diseño de una educación novedosa que humanice la labor policial, así como en la evaluación de sus efectos en la mente, junto con el comportamiento de la policía y la sociedad.

* Roberto Emmanuele Mercadillo es doctor en Ciencias por la UNAM y Catedrático del CONACYT en el Área de Neurociencias de la Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Iztapalapa. Es autor de 30 artículos especializados y seis libros que abordan la relación cerebro-cultura, el consumo de sustancias psicoactivas y las emociones sociales, y fundador de Justicia Transicional y Paz AC, que busca unir ciencia y acción social para desarrollar una cultura de paz.

 

Referencias

  1. Martínez-Soto J, Gonzales-Santos L, Pasaye E & Barrios F. 2013. Exploration of neural correlates of restorative environment exposure through functional magnetic resonance. Intelligent Buildings International, 5(S1): 10-28.
  2. Goffman E. 2006. Estigma: la identidad deteriorada (L Guinsberg, Trad.). Buenos Aires: Amarrortu.
  3. Giordano M, Mercadillo RE & Díaz JL (Eds). 2016. Cerebro, subjetividad y libre albedrío. Discusiones interdisciplinarias sobre neuroética. México DF: Editorial Herder / UNAM.
  4. Rea D & Ferri P. 2019. La tropa. Por qué mata un soldado. Ciudad de México: Aguilar.
  5. Mercadillo RE. 2012. Retratos del cerebro compasivo. Una reflexión en la neurociencia social, la policía y el género: México DF: Centro de Estudios Filosóficos, Políticos y Sociales Vicente Lombardo Toledano.
  6. Mercadillo RE, Mosco-Aquino R & Páez-Martínez N. 2019. Physical exercise and social interaction in complex environments reverse memory deficits induced by inhalants. Adaptive Behavior, 27(4): 277-282.
  7. Toyoshima M, Yamada K, Sugita M & Ichitani Y. 2018. Social enrichment improves social recognition memory in male rats. Animal Cognition, 21: 345–351.
  8. Paez-Martinez N, Flores-Serrano Z, Ortiz-Lopez L & Ramirez-Rodriguez G. 2013. Environmental enrichment increases doublecortin-associated new neurons and decreases neuronal death without modifying anxiety-like behavior in mice chronically exposed to toluene. Behavioral Brain Research, 256: 432–440.
  9. Alexander BK. 2008. The globalization of addiction. Oxford: Oxford University Press.
  10. Mercadillo RE & Enciso F (Eds). 2018. Cultivemos paz. Una reflexión colectiva desde la ciencia, el desarrollo sustentable y el periodismo. Ciudad de México: Instituto Belisario Domínguez, Senado de la República.
  11. Mercadillo RE & García-Fuentes DO. 2018. La persona de acuerdo con Duns Escoto: Una lectura desde la perspectiva neuroética. Ludus Vitalis. Revista de Filosofía de las Ciencias de la Vida, 26(49): 183-206.
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