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Una vida examinada: reflexiones bioéticas
Por PUB UNAM
El Programa Universitario de Bioética (UNAM) desarrolla investigaciones interdisciplinarias, doc... El Programa Universitario de Bioética (UNAM) desarrolla investigaciones interdisciplinarias, docencia y difusión que promuevan la reflexión y el debate social, que sea a la vez científico y filosófico, laico y plural, sobre dilemas propios de la bioética. Este blog presentará temas de actualidad, analizados desde una perspectiva bioética, con el objeto de contribuir a la construcción de una cultura de responsabilidad que promueva el respeto de los derechos humanos, de la diversidad cultural, del medio ambiente y las especies con las que compartimos el planeta. (Leer más)
Y el Antropoceno apenas empieza… ser humano, modernidad y crisis ambiental
El Antropoceno hoy es una realidad porque los 7,100 millones de homo sapiens deseosos, modernos y con la aspiración a ser civilizados hemos visto a la naturaleza como un medio en vez de un fin y, por lo tanto, se vuelve válido violentarla, transformarla y destruirla para lograr nuestro desarrollo, tanto individual como colectivo.
Por PUB UNAM
22 de mayo, 2019
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Por: Gino Jafet Quintero Venegas

En las últimas dos semanas los habitantes de la Zona Metropolitana de la Ciudad padecimos una de las peores crisis ambientales del siglo XXI, lo que afectó nuestra vida de diversas formas. La movilidad territorial se redujo —en teoría— por la urgente implementación del programa hoy no circula; se cerraron escuelas del nivel básico al superior; los ciudadanos estuvieron más vulnerables a desarrollar cardiopatías y enfermedades pulmonares y respiratorias, y como era de esperarse, también el bienestar de los habitantes urbanos no humanos se vio comprometido. No hay duda que mejorar la salud ambiental es una de las principales urgencias que debemos atender, aunque las soluciones propuestas hasta este momento son solo paliativas, cosméticas y nada radicales.

Mario Molina, premio Nobel de Química en 1995, aseveró hace unos cuantos días que la contingencia ambiental mexicana es un fenómeno atmosférico sin precedentes y sin plan de mitigación porque es un problema que es producto del aumento de la temperatura terrestre, resultado del cambio climático, y que la quema de los bosques es sólo un factor menor. Además, el exceso de contaminantes atmosféricos no es exclusivo del territorio nacional y es más grave de lo que se informa: el fin de semana pasado se reportaron concentraciones mundiales de más de 415 partes por millón de CO2, mucho más que en cualquier otro momento de la última era geológica. El impacto ha sido provocado por nuestros hábitos cotidianos y con ello ha llegado el momento de que los homo sapiens debamos asumir la capacidad de transformar la dinámica atmosférica del planeta. A esta nueva era geológica le hemos llamado Antropoceno.

El Antropoceno significa contaminación, cambio climático, explotación directa de otras especies, alteraciones en el uso de la tierra y el mar y desequilibrio en los ecosistemas. Sin embargo, desde un paradigma filosófico antropocéntrico, la llegada del Antropoceno vale la pena porque es la evidencia que necesitábamos para afianzarnos como la “especie superior” y que no quede duda de ello. Ninguna otra especie ha tenido la capacidad de transformar el planeta en proporciones mayúsculas y el homo sapiens lo ha logrado. Finalmente hemos sometido a la naturaleza y hemos cumplido con todas las expectativas de lo que significa la modernidad, el desarrollo y la civilización.

Aquello a lo que Norbert Elias nombra como el proceso civilizatorio ha salido muy caro en términos ambientales. Ser civilizados ha significado alejarnos lo más que podamos, como especie, del mundo natural; desarrollarnos ha sido sinónimo de modificar y destruir a la naturaleza. Paradójicamente, el uso de la razón del homo sapiens ha conllevado a utilizar de forma irracional a la naturaleza y hemos generado impactos negativos de carácter planetario.

Es por ello que el Antropoceno también genera rechazo y preocupación. No es circunstancial que desde mediados del siglo XX cada vez sea más frecuente teorizar y poner en práctica posturas éticas más incluyentes, como el biocentrismo, el ecocentrismo y el zoocentrismo, que aquéllas basadas en el antropocentrismo para tratar de mitigar los daños que hemos causado. Sin embargo, tristemente todavía no existe una sola política ambiental implementada que se salga del esquema de los ideales de la modernidad y de la búsqueda del crecimiento económico; así, a lo más que aspiramos actualmente es a la aplicación de políticas enmarcadas en la sustentabilidad cuya praxis se sigue centrando en satisfacer los intereses del ser humano.

Además, el sistema económico actual ha hecho que vivamos en un mundo de insatisfacciones constantes porque tenemos que cumplir las expectativas del consumo y del mundo civilizado. Debemos ser individuos con cada vez más deseos y más metas; se nos dice que es nuestra obligación luchar por ellos porque si no, no alcanzaremos a ser “alguien en la vida”. El Antropoceno hoy es una realidad porque los 7,100 millones de homo sapiens deseosos, modernos y con la aspiración a ser civilizados hemos visto a la naturaleza como un medio en vez de un fin y, por lo tanto, se vuelve válido violentarla, transformarla y destruirla para lograr nuestro desarrollo, tanto individual como colectivo.

En el siglo XXI tenemos la fórmula perfecta para consolidar la destrucción de la naturaleza: el paradigma filosófico antropocéntrico de corte neoliberal. Si realmente nos preocupa mejorar el bienestar ambiental y reducir la cantidad de gases de efecto invernadero que estamos liberando a la atmósfera, urge cambiar de paradigma, replantearnos nuestra relación con la naturaleza y dejar de valorarla desde una perspectiva plenamente instrumental. La crisis ambiental de la semana pasada es sólo la punta del iceberg de una bomba de tiempo que se avecina.

Estamos en un momento crítico en que no basta con exigirle al gobierno que actúe para mitigar contingencias ambientales de forma unilateral; tampoco es suficiente con organizar campañas para reforestar las ciudades y para disminuir el consumo de plásticos; ni siquiera la adopción de los “lunes sin carne” es útil. Se necesitan acciones radicales como la implementación de la praxis del decrecimiento como política económica global, virar hacia economías circulares, adoptar dietas basadas en plantas y de producción local, y empezar a impulsar políticas antinatalistas globales, aunque éstas nos obliguen a salir de nuestro ámbito de confort del mundo contemporáneo y a dejar de lado nuestros privilegios como especie. El Antropoceno apenas empieza.

* Gino Jafet Quintero Venegas es licenciado, maestro y doctor en Geografía por la UNAM. Actualmente es profesor de Zoogeografía en la FFyL de la UNAM e investigador posdoctoral en el Programa Universitario de Bioética en la línea de “Zooética”. Coordinador de los seminarios “Geografía de la coexistencia: reflexiones espaciales en torno a las relaciones entre animales humanos y animales no humanos”; y “Naturaleza y ética post-darwiniana”.

 

Las opiniones publicadas en este blog son responsabilidad únicamente de sus autores. No expresan una opinión de consenso de los seminarios ni tampoco una posición institucional del PUB-UNAM. Todo comentario, réplica o crítica es bienvenido.

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