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Verdad, justicia y reparación
Por CMDPDH
La Comisión Mexicana de Defensa y Promoción de los Derechos Humanos es una organización civil,... La Comisión Mexicana de Defensa y Promoción de los Derechos Humanos es una organización civil, secular, autónoma e independiente fundada en 1989. Busca contribuir a la consolidación de un Estado democrático de derecho que reconozca y garantice, en particular, los derechos de las víctimas de violaciones a derechos humanos; en especial el derecho a la asistencia, protección, verdad, justicia, reparación integral, debida diligencia, y demás derechos consagrados. Este blog es un espacio de análisis e investigación que invita a un debate informado sobre el estado de los derechos humanos en México. Síguenos en Facebook/CMDPDH. (Leer más)
Caminamos por la paz porque no queremos vivir entre ruinas
Las siempre atinadas palabras de Sicilia nos recuerdan que la poesía es lo que nos queda cuando las muertes, las cifras, los compromisos y los documentos no parecen valer nada.
Por Marisol Tarriba Martínez López
27 de enero, 2020
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El jueves 23 de enero, cerca de mil personas emprendieron una caminata de cuatro días y casi 80 kilómetros en nombre de los 120 millones de habitantes de México y de las más de: 60 mil personas desaparecidas, 330 mil personas desplazadas, y 250 mil personas asesinadas entre 2006 y 2020 (y contando, porque en México en promedio 100 personas son asesinadas cada día). La “Caminata por la paz” llegó este domingo 26 de enero a Palacio Nacional, en donde miles de personas pudieron compartir su dolor, su apoyo y su deseo de construir un país de paz.

La caminata estuvo compuesta por las más diversas personas: al frente, las madres de hijos desaparecidos en distintos sexenios y lugares del país, que exigen saber dónde están y quiénes los desaparecieron, y que se castigue a los responsables; atrás, la extensa familia LeBaron que llegó desde Sonora y Chihuahua: decenas de niñas, niños y personas adultas, sosteniendo banderas baleadas y ensangrentadas que recuerdan la masacre de noviembre en la que asesinaron a nueve de sus familiares, entre ellos a dos bebés. Dispersas por todo el contingente, personas que llegaron solas: campesinas y campesinos de Guerrero, de Morelos y de Puebla, la mayoría con una historia que contar de algún familiar que cayó asesinado en manos de la violencia. Más atrás, Javier Sicilia, uno más entre cientos de personas dolidas, destacando por su calidez en recibir y dar abrazos a quienes se acercan con el corazón apretado.

Pudimos reencontrarnos con Norma y Gerardo, defensores de la tierra de Morelos. Su familia ha tenido que desplazarse en varias ocasiones a causa de las intimidaciones que sufren por oponerse a megaproyectos que afectarían las fuentes de agua y el trabajo de las comunidades campesinas de la zona. Norma fue profesora de Juan Sicilia y se unió al Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad desde 2011. Ella y su esposo Gerardo caminaron tan valientes, enérgicos e infranqueables como siempre: saben lo que duele la violencia y lo que vale luchar por la agenda de justicia transicional que el presidente prometió y luego hizo a un lado.

Encontramos a un contingente que llegó de Chilapa, Guerrero, donde la situación es tan atroz, que acaparó los titulares esa misma semana, debido a la masacre de 10 músicos y a la decisión de las autodefensas comunitarias de armar a sus niños con escopetas para defenderlos de la violencia. Acompañando a todas estas personas caminamos también representantes de organizaciones de la sociedad civil que sabemos lo crucial que es esta caminata que apela directo al corazón de México. Junto a nosotras, marcharon decenas de periodistas que abrazaron la fundamental misión de difundir las razones por las que esta comitiva dolida, incansable y esperanzada se unió para caminar.

En el camino, el equipo de la CMDPDH pudimos conversar con viejas amigas y amigos, y también con desconocidos que nos llenaron de admiración y ternura. Araceli es madre de Luis Ángel, policía federal quien, a sus 23 años, fue desaparecido junto con otros seis compañeros policías y el chofer que los acompañaba mientras cumplía una Comisión de la Policía Federal en Michoacán. Esto fue en 2009. Hoy, no hay culpables ni investigaciones fidedignas; tampoco sabemos dónde están Luis Ángel, los 6 policías y el civil. Sólo hay amenazas de muerte para Araceli, y un claro encubrimiento cómplice por parte de las autoridades. Este caso, lamentablemente, no es la excepción: es uno de tantos que hemos llevado en la CMDPDH por décadas y que siguen en espera de una respuesta comprometida de las autoridades; es un caso de impunidad estructural. Cuando le preguntamos a Araceli por qué camina, nos dijo que ella no tiene nada contra el presidente; camina con la exigencia de que cumpla con la agenda de verdad, justicia, reparación y no repetición a la cual se comprometió en la reunión que tuvo con colectivos de víctimas en el CCU Tlatelolco el 14 de septiembre de 2018.

Araceli, Norma y Javier Sicilia nos recuerdan un compromiso claro que abrazó López Obrador: la creación de un Mecanismo Internacional de Justicia Extraordinaria, encargado de investigar las graves violaciones a derechos humanos que, dada la corrupción en todos los niveles de gobierno, no hay administración que pueda combatir por ella misma, pues es un tema estructural. O sea, que no depende del gobierno en turno, por más honesto y “bienintencionado” que sea. Otra de las demandas que salió a relucir fue la evaluación de la actual estrategia de seguridad. La creación de la Guardia Nacional, un cuerpo militarizado, fue altamente criticada desde aquel 14 de septiembre de 2018. Muchas de las víctimas que caminaron este fin de semana, saben que la militarización del país ha costado miles de violaciones a los derechos humanos, como desapariciones forzadas, tortura y ejecuciones extrajudiciales. En campaña, el presidente prometió reconsiderar la estrategia de los sexenios precedentes. Sin embargo, mientras caminábamos, la Guardia Nacional lanzaba piedras y gas lacrimógeno a personas migrantes en la frontera sur. La misma Guardia Nacional que ahora revisa las mochilas de niñas y niños en sus escuelas.

Norma y Gerardo lamentan el asesinato en febrero de 2019 de su amigo y compañero de lucha, Samir Flores: para muchas de nosotras, este asesinato fue una advertencia de lo que se perfilaba para ser el año más violento de la historia reciente de México. Recuerdan también la imposición de la central termoeléctrica y del gaseoducto de Huesca, Morelos, pese a las promesas de campaña, así como su estrecha relación con el asesinato de Samir, cuya lucha no olvidamos; las reivindicaciones de defensoras y defensores de la tierra también han sido ignoradas y menospreciadas en el último año, y una prueba de esto son el proyecto del Tren Maya y los megaproyectos en Huesca. Norma nos platica que en su pueblo hubo dos balaceras la semana pasada. Los toques de queda –algunos autoimpuestos– ya son el pan de cada día para miles de mexicanes.

Gabriel es un campesino de Tecamachalco, Puebla. Su primer fuerte encuentro con la violencia fue en 1997, cuando le asesinaron a un hermano. Desde 2011 se incorporó al Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad. En su pueblo cada vez hay más drogas y balaceras. Ya nadie sale de noche. Me pregunta en qué país nos va a tocar vivir a mi y a mis hipotéticas hijas. “¡Yo tengo nietas!”, me cuenta, “las nuevas generaciones no merecen crecer en un país tan lleno de violencia, imagínate qué terrible”. Me acuerdo de los niños armados con escopetas de Chilapa, y del niño de 11 años que en Torreón disparó con un arma de uso militar contra su maestra, para luego arrebatarse la propia vida. ¿Cómo no vamos a caminar para que niñas y niños tengan un mejor futuro? ¿Cómo no vamos a cuestionar la normalización de la violencia y de las armas?

El domingo 26 de enero fue nuestra última jornada. Esta vez no hubo consignas: caminamos en total silencio. Las únicas palabras fueron “Verdad, justicia, paz”, repetidas 10 veces al unísono en cada uno de los antimonumentos, así como un conteo en memoria de Ayotzinapa, porque la lucha sigue. En el Zócalo, frente a Palacio Nacional, hablaron algunas figuras clave del Movimiento por la Paz, como Adrián y Julián LeBarón. El mensaje principal fue: “No dividamos; reconciliémonos. Aquí todas y todos amamos a México. Construyamos la paz desde el corazón”.

Javier Sicilia leyó su cuarta carta abierta al presidente López Obrador (disponible aquí) ante las miles de personas que asistieron con puño alzado a la plancha del Zócalo. Recordó que el presidente adquirió un compromiso con México en campaña y, en particular, aquel 14 de septiembre de 2018: prometió una agenda de justicia y verdad. No la ha cumplido. Por eso, de forma respetuosa, amorosa y silenciosa, venimos miles de personas a pedirle que reciba los documentos con las propuestas de Justicia Transicional, para que elija entre “continuar caminando hacia el horror que los primeros pasos de su gobierno han transitado”, o “unirnos y llevarnos a todas y a todos mediante una política de Estado basada en la verdad, la justicia, el respeto y el fortalecimiento de las autonomías indígenas y de los municipios, hacia una verdadera transformación”.

Las siempre atinadas palabras de Sicilia nos recuerdan que la poesía es lo que nos queda cuando las muertes, las cifras, los compromisos y los documentos no parecen valer nada. De su voz escuchamos unos versos de Mercedes Carranza que funcionan como espejo: “Todo es ruina en esta casa”; “Las ventanas muestran paisajes destruidos,/ carne y ceniza se confunden en las caras”; “En esta casa todos estamos enterrados vivos”. Si caminamos hoy, es porque no queremos vivir en ruinas; porque sólo la verdad, la justicia y la paz levantarán nuestras casas y nos dejarán respirar. Aunque el presidente no estuvo para recibir los documentos, lo encargó a su gabinete de seguridad. Queda esperar que las exigencias lleguen a los oídos de quienes albergan tan gran responsabilidad.

En algún momento de la caminata conversé con Eladio, un solitario aprendiz de teólogo de Cuernavaca, autoinstruido en la teología de la liberación y gran admirador de Javier Sicilia, Leonardo Boff y Samuel Ruiz. Mientras caminábamos, se le ocurrió escribir la cartilla del “Éxodo del pueblo mexicano”: el pueblo de México camina como el éxodo de Israel en su lucha por cobrar conciencia de su realidad histórica; caminamos para ser sujetos activos de la historia, y no sus simples objetos. ¡Qué gran reflexión la de Eladio! Llevamos nueve años caminando con dolor en un desierto de impunidad. Sólo cobrar conciencia de lo impostergable de la verdad, justicia y paz podrá liberarnos y llevarnos de nuevo a casa.

@CMDPDH

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