¿Cómo es una estación migratoria? - Animal Político
close
Recibe noticias a través de nuestro newsletter
¡Gracias! Desde ahora recibirás un correo diario con las noticias más relevantes.
sync
Verdad, justicia y reparación
Por CMDPDH
La Comisión Mexicana de Defensa y Promoción de los Derechos Humanos es una organización civil,... La Comisión Mexicana de Defensa y Promoción de los Derechos Humanos es una organización civil, secular, autónoma e independiente fundada en 1989. Busca contribuir a la consolidación de un Estado democrático de derecho que reconozca y garantice, en particular, los derechos de las víctimas de violaciones a derechos humanos; en especial el derecho a la asistencia, protección, verdad, justicia, reparación integral, debida diligencia, y demás derechos consagrados. Este blog es un espacio de análisis e investigación que invita a un debate informado sobre el estado de los derechos humanos en México. Síguenos en Facebook/CMDPDH. (Leer más)
¿Cómo es una estación migratoria?
Hemos visto con nuestros propios ojos la desgracia humanitaria que provoca el gobierno con su política migratoria y podemos constatar que aquí nadie está siendo “rescatado”, una estación migratoria es un infierno en toda la extensión de la palabra.
Por Daniela Reyes Rodríguez
17 de marzo, 2020
Comparte

Vivimos los tiempos del gobierno que “rescata” a las personas migrantes irregulares, aunque ninguna de nosotras entienda bien de qué. Y no es que ignoremos los peligros que conllevan las rutas migratorias en nuestro país, sino que la práctica demuestra que estar en custodia del Estado nunca ha protegido a los migrantes y solicitantes de asilo de sufrir actos de abuso sexual, extorsión, tortura u otras violaciones graves a sus derechos humanos.

No obstante, el discurso oficial está plagado de eufemismos que únicamente pretenden disfrazar la realidad y vendernos una versión idílica e irreal de la agresiva política migratoria implementada por el gobierno mexicano. Así, los funcionarios del Instituto Nacional de Migración (INM) nos recuerdan constantemente que las personas no están detenidas, sino “alojadas” en las Estaciones Migratorias del país. Además, dicho “alojamiento” no es ninguna forma de castigo (porque #MigrarNoEsDelito), sino que es la manera que tiene el Estado de “proteger” a las personas y garantizar sus derechos a vivienda, alimentación y salud.

Ante esto cabe preguntarse, ¿qué es verdad y qué es mentira dentro de este discurso?

El área de solicitantes de asilo de la CMDPDH realiza una tarea constante de monitoreo de Estaciones Migratorias, a través de la cual recopila información sobre las condiciones de detención de dichos centros y, de acuerdo con las mismas, presenta diversas acciones jurídicas con el fin de reclamar las violaciones a derechos humanos cometidas. Además, identifica a personas con necesidades de protección internacional con el fin de facilitar su acceso a los procedimientos de asilo u ofrecer asesoría o representación legal individual.

Ahora, para responder a la pregunta que da título a este texto, quiero contarles cómo es la visita a una estación migratoria, desde la perspectiva del trabajo que realizamos en la CMDPDH como defensoras de derechos humanos de personas migrantes, solicitantes de asilo y refugiadas.

Antes que otra cosa, para ingresar a estos centros de detención se requiere contar con un permiso, de acuerdo con el tipo de visita que se realiza. Si se trata de una visita individual, es necesario que la persona detenida acuda al área jurídica de la estación para señalar los nombres de las personas que podrán visitarle en la calidad de persona de confianza o representante legal. Por otro lado, si la visita se realiza para monitorear las condiciones en que permanecen detenidas todas las personas ahí recluidas, se debe contar con un permiso emitido por el INM que autoriza el ingreso para dichos fines. Esta clase de documento puede ser expedido en favor de organizaciones de derechos humanos, religiosas o académicas y debe incluir el nombre de las personas en específico que se encuentran autorizadas; quienes deberán identificarse al momento de ingresar.

Una vez que la persona se ha identificado y han corroborado en el área jurídica de la estación migratoria que se cuenta con una autorización de ingreso, se procede a llenar un registro con el nombre, nacionalidad, organización, persona o área a la que se visita y la hora de entrada.

A continuación, el personal que acude a la visita deberá pasar por una revisión corporal que varía en grado dependiendo de la estación migratoria de la que se trate, o del personal que se encuentre en turno. Así, las abogadas de la CMDPDH hemos tenido desde revisiones leves (y normales), hasta unas más invasivas donde nos solicitan que nos quitemos los zapatos y calcetines; nos revisan el cabello; jalan violentamente los bordes de nuestra ropa interior o, en el caso de llevar comida para alguna de las personas en detención, abren los alimentos y meten los dedos en ellos para verificar que no estemos ingresando algún objeto prohibido. Aquí vale la pena señalar que no está permitido ingresar con celulares, cámaras, micrófonos, relojes inteligentes, o algún otro tipo de aparato electrónico.

Una vez que logramos pasar por las revisiones de seguridad, somos escoltadas a la zona donde podremos platicar con las personas, la cual varía mucho de acuerdo a la estación migratoria de que se trate. Cuando acudimos a realizar monitoreo de condiciones de detención, generalmente nos permiten ingresar a la zona de comedores o patios; sin embargo, en otros casos nos han dirigido a una suerte de “oficinas” o incluso hemos tenido acceso a zonas que colindan con las áreas de dormitorios. En cualquier caso, para poder tener contacto con las personas, es usual que debamos pasar por más controles de seguridad y, al menos, cruzar un par de puertas de alta seguridad con un grosor superior a los 10cm, y la cual está asegurada al menos con tres candados y una chapa especial.

Ya que hemos logrado entrar, ¿con quién hablamos? Eso también depende en cierta medida de la estación migratoria y de la manera en que estén organizadas las secciones de detención. En el mejor de los casos existirá una sección de hombres, una de mujeres y otra de familias, pero esto no siempre es así. En algunas visitas realizadas, como a la estación migratoria de Hermosillo, hemos podido constatar que no hay separación por género o edad. En otras, como Chetumal, sólo hay una sección de hombres y otra de mujeres; y en Tapachula, hay una sección de familias (que incluye mujeres y niños menores de 13 años), hombres y jóvenes (mayores de 13 años).

De esta manera, lo que hacemos es escoger una sección y comenzar con nuestra dinámica de trabajo: acercarnos a las personas, explicarles quiénes somos y qué hacemos, ofrecer información general sobre sus derechos y, en especial, su derecho a solicitar y recibir asilo para, finalmente, iniciar la recolección de información. Les pedimos que nos ayuden respondiendo un formulario que busca obtener datos sobre las condiciones de su detención, al tiempo de que comenzamos a hacer entrevistas individuales a las personas con necesidades de protección internacional y dar asesorías sobre la situación jurídica de las personas o familias en particular.

Como mencionaba anteriormente, todo este trabajo lo hemos hecho en diversas áreas de las estaciones migratorias: en Chetumal estuvimos en un lugar que era una combinación de patio, comedor y entrada a los dormitorios de la sección de hombres. Ahí, además, pudimos constatar que las instalaciones del centro de detención son contiguas a las instalaciones de la Policía Federal y, en específico, al campo de tiro. Esto nos generó problemas para entrevistar a las personas, pues no podíamos escucharlas bien debido a las detonaciones y a ellas no les permite dormir. En esa visita, también pudimos notar lo reducido de los dormitorios o celdas, que únicamente cuentan con una ventana pequeña que no permite el ingreso adecuado de luz natural, e incluso, las personas detenidas nos ofrecieron un vaso del agua que les dan para beber, con lo cual pudimos constatar que esta tiene un fuerte olor putrefacción, disfrazado con grandes cantidades de cloro.

La visita a Hermosillo ha sido una de las peores que hemos experimentado: las condiciones de hacinamiento eran realmente inhumanas, pues tenían detenidas a 247 personas en un espacio destinado únicamente para 60. No había facilidades sanitarias funcionales, las personas no podían bañarse ni lavar su ropa, debían orinar o defecar en coladeras y la ventilación era prácticamente inexistente (en una ciudad donde las temperaturas pueden ser sumamente elevadas). Todo esto propiciaba que existieran muchas personas enfermas, en particular niños, a quienes no se atendía correctamente y quienes, además, tenían que vivir entre cucarachas y rodeados de mosquitos.

Además de atestiguar las condiciones deplorables de detención, el equipo de la CMDPDH ha tenido que escuchar historias terribles no sólo de las razones por las cuales las personas abandonan sus hogares, sino también sobre su tránsito por México y las múltiples violaciones a sus derechos cometidas a manos de agentes del Estado. Así, de nuevo en Hermosillo, las mujeres contaron que durante las revisiones que realizan los integrantes de la Guardia Nacional en las instalaciones de la estación, fueron víctimas de abuso sexual y un uso excesivo de la fuerza. Esa misma situación se presentó en Chetumal, donde las personas detenidas declararon que los miembros de la Policía Federal entraban a las instalaciones, los amenazaban con armas largas y, en los casos de protestas o huelgas de hambre, eran golpeados o se usaban bastones eléctricos en su contra.

En todas las visitas, las autoridades de las estaciones han encargado a un oficial de migración o de la Policía Federal que nos vigile. Esta situación ha generado percances importantes porque atenta contra la seguridad y confidencialidad de las personas que se entrevistan con nosotras y puede redundar en represalias, tal como ocurrió en la estación migratoria de Hermosillo: las personas que nos reportaron múltiples violaciones a sus derechos humanos fueron golpeadas e intimidadas esa misma noche por miembros de la Guardia Nacional.

Una de nuestras últimas visitas fue a la estación migratoria de Tapachula, Chiapas, y en ella se presentó una situación muy particular: al ingresar nos notificaron que se estaba llevando a cabo un proceso de limpieza y fumigación de las instalaciones, razón por la cual tendríamos que realizar nuestros talleres y entrevistas en el patio o zona recreativa del área de familias (mujeres y niños menores de 12 años). En principio no vimos ningún problema, pues esos espacios nos permiten trabajar con más personas a la vez.

El patio constaba de tres secciones: una de ellas contigua a las instalaciones administrativas y a la puerta de ingreso, misma que se encuentra techada y con gradas; la segunda es un patio grande, con espacios para lavar ropa, y la tercera, una zona de juegos infantiles. Debido a que era cerca del medio día y la zona de Chiapas es muy calurosa, la mayoría de las personas estaban instaladas en la primera sección, que nos protegía a todos del sol, así que comenzamos a realizar nuestro trabajo en dicha zona.

Sin embargo, al cabo de unos minutos, todas las personas que nos encontrábamos ahí nos vimos rodeadas de una espesa nube de humo con un olor fuerte y penetrante: los agentes de la Secretaría de Salud del Estado fumigaron esa zona, apuntaron los gases hacia las gradas y no avisaron a nadie. Mujeres de todas las edades, niñas y niños muy pequeños e incluso bebés nos vimos obligados a movernos rápidamente para evadir el veneno lanzado.

El equipo de la CMDPDH presentó problemas de salud por varios días, derivado de dicho incidente: mareos, dolores de cabeza, de estómago y aturdimiento. Todo eso tomando en cuenta que nosotras sólo estuvimos un par de horas dentro de las instalaciones. Las mujeres y niños tuvieron que permanecer ahí por el resto del día, quizás por muchos días. No podemos imaginar las consecuencias que la exposición prolongada dicho químico pudo tener para los bebés que se encontraban privados de la libertad junto con sus madres o la cantidad de veces que se presentan este tipo de incidentes.

Sin embargo, hay una cosa que sí nos queda clara: hemos visto con nuestros propios ojos la desgracia humanitaria que provoca el gobierno con su política migratoria. Nosotras hemos consolado, hemos luchado, y hemos sufrido con las personas que hemos tenido la posibilidad de atender y podemos constatar que aquí nadie está siendo “rescatado”, una estación migratoria es un infierno en toda la extensión de la palabra. Y no importa la cantidad de millones de pesos que se inviertan para “mejorar las condiciones” dentro de los centros de detención migratoria, el Estado no está cerrando el infierno, sólo va a hacerlo más grande.

@CMDPDH

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
Comparte
close
¡Muchas gracias!

Estamos procesando tu membresía, por favor sé paciente, este proceso puede tomar hasta dos minutos.

No cierres esta ventana.

close
Información verificada del COVID-19 #CoronavirusFacts