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Verdad, Justicia y Reparación
Por CMDPDH
La Comisión Mexicana de Defensa y Promoción de los Derechos Humanos es una organización civil,... La Comisión Mexicana de Defensa y Promoción de los Derechos Humanos es una organización civil, secular, autónoma e independiente fundada en 1989. Busca contribuir a la consolidación de un Estado democrático de derecho que reconozca y garantice, en particular, los derechos de las víctimas de violaciones a derechos humanos; en especial el derecho a la asistencia, protección, verdad, justicia, reparación integral, debida diligencia, y demás derechos consagrados. Este blog es un espacio de análisis e investigación que invita a un debate informado sobre el estado de los derechos humanos en México. Síguenos en Facebook/CMDPDH. (Leer más)
Cuando el Estado se disculpa parte I
Las disculpas tienen un objetivo primordial: la reconciliación. Desde esta perspectiva, la disculpa se configura como un mecanismo reparador que busca reconciliar a la víctima con su victimario.
Por Víctor A. Del Pozo R.
28 de octubre, 2019
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Este octubre de 2019, atestiguamos dos actos de disculpas gubernamentales. Por un lado, el diez de octubre, la Procuradora General de Justicia de la Ciudad de México y el Presidente del Consejo de la Judicatura de la misma Ciudad, ofrecieron disculpas a Lorena González Hernández por arrebatarle su libertad durante casi siete años, al acusarla de un delito que no cometió; por otro lado, el dieciocho de octubre, la Secretaria de Gobernación federal y el Subsecretario de Derechos Humanos, ofrecieron disculpas a tres mujeres tzeltales que fueron víctimas de tortura sexual a manos del Ejército mexicano, en el contexto del conflicto armado de 1994. En el primer caso, la disculpa se ofreció once años después de los hechos; mientras que, en el segundo caso, la disculpa se dio veinticinco años después.

Frente a un momentum mexicano en el que las disculpas públicas, por violaciones graves a derechos humanos, comienzan a darse a menudo, se vuelve relevante analizar el actuar gubernamental. Para ello, desde la Comisión Mexicana de Defensa y Promoción de los Derechos Humanos, preparamos una miniserie de dos entregas en donde intentaremos comprender el incipiente Age of Apology mexicano. 

En esta primera entrega, haremos un recuento introductorio, conceptual y teórico, sobre la idea de disculpa oficial/disculpa de Estado. Posteriormente, en la segunda entrega, se hará un ejercicio crítico del actuar de distintos actores en el marco de disculpas oficiales. 

¿Para qué disculparse?

Disculpar

1. tr. Dar razones o pruebas que descarguen de una culpa o delito. U. t. c. prnl.

2. tr. coloq. No tomar en cuenta o perdonar las faltas y omisiones que alguien comete.

3. prnl. Pedir indulgencia por lo que ha causado o puede causar daño.

Es indudable que las disculpas juegan un rol fundamental en las relaciones humanas. Por un lado, las disculpas ayudan a reparar el daño causado a una persona o grupo de personas y; por otro lado, permiten que el sujeto o institución que se disculpa reconozca los hechos que causó, así como algún grado de culpa. (Kitao & Kitao, 2013).

Aunque el estudio de las disculpas es complejo, y ha arrojado distintos resultados en las últimas décadas, es razonable afirmar que las disculpas tienen un objetivo primordial: la reconciliación. Desde esta perspectiva, la disculpa se configura como un mecanismo reparador que busca reconciliar a la víctima con su victimario, por un hecho del pasado. (Edwards, 2010).

A la par, las disculpas también pueden ser una herramienta relevante para el establecimiento de nuevas relaciones humanas, pues ayudan a la (re)construcción de la confianza mutua. Esto, pues las disculpas pueden ser el reflejo del deseo y necesidad, de ambas partes, de alcanzar un momento de negociación y construcción de acuerdos en miras hacia otro futuro posible. (Barkan, 2006).

Si bien es discutible la verdadera utilidad de la disculpa como mecanismo para alcanzar la reconciliación, es importante partir de la base de que la disculpa es una vía, insustituible, que permite a las víctimas encontrar el reconocimiento oficial de la forma en que fueron denigradas. Solo de esta manera, se puede marcar el final de una larga y dolorosa política de negación. (Sanz, 2012).

¿Qué significa que el Estado se disculpe?

La reconciliación, meta de cualquier tipo de disculpa, se mantiene como el objetivo central de las disculpas ofrecidas por el Estado; sin embargo, su función social y política adquiere un nuevo significado. Esto se debe a que, cuando el Estado se disculpa, el objetivo adquiere importancia constitucional no solo para reconocer la dignidad humana de las víctimas, sino para restablecer el propio orden democrático.

La disculpa oficial busca reconstruir el ethos nacional, al tiempo que integra los reclamos históricos de grupos oprimidos por el Estado a la historia oficial. Así, el fin último de la política de los Sorry States, debe ser el suscribir un nuevo contrato social que funde una nueva identidad colectiva basada en el reconocimiento de las atrocidades cometidas. (Sanz, 2012).

Las disculpas estatales, desde una perspectiva de derechos humanos, parten de la necesidad de reconocer que la negación selectiva y el olvido no son una opción aceptable en un Estado de Derecho. Este tipo de disculpas se fundan en un profundo reconocimiento de que la Constitución y la dignidad humana importan, por lo que deben ser defendidas y restablecidas cuando son sobajadas. Las disculpas encuentran su sustento racional en el hecho de que el dolor que acompaña a la memoria colectiva de las víctimas de crímenes atroces requiere de alguna forma de reparación y reconocimiento. (Nytagodien & Neal, 2004).

Como sostiene Martha Minow, en “ausencia de respuestas colectivas frente a las atrocidades masivas, a las víctimas no se les ofrece siquiera el reconocimiento mínimo, esto es, que la sociedad admita lo que les ha sucedido, algo esencial para la salud mental y la integridad política. En ausencia de una respuesta colectiva, la deshumanización que precede y acompaña a la violencia queda impune e intacta. En ausencia de respuestas colectivas, los individuos quedan, como algunos lo describen, o bien con demasiada memoria, o bien con demasiado olvido.” (Minow, 2011).

Las disculpas también parten de la presunción de que la violación grave de normas básicas de convivencia social suele ir acompañada de sentimientos de culpa. (Shay, 1994). Esto, aunado a que las atrocidades que se cometen dejan efectos duraderos, que se cristalizan en un trauma masivo, hace que se realce la necesidad y oportunidad de las disculpas en un Estado democrático que ha vivido periodos de violaciones a gran escala.

De esta manera, la pregunta no está en si el Estado se debe disculpar o no, sino que la pregunta central está en cómo debemos hacerlo.

La validez de una disculpa de Estado

No cualquier acto oficial en el que se ofrezca una disculpa, o se pida perdón, puede calificarse como una disculpa de Estado; pues, como se mencionó en párrafos anteriores, las disculpas deben ser útiles para alcanzar ciertos objetivos. Dichos objetivos no solo son valiosos en sí mismos, sino que también entrañan obligaciones que el Estado debe satisfacer.

La necesidad de evaluar la validez de una disculpa radica en el hecho de que esta tiene un impacto en los derechos de las víctimas, y se da en razón de una violación a su dignidad humana, por lo que solo una disculpa bien hecha tiene posibilidades de satisfacer las necesidades de las víctimas. Dicha afirmación no es solo especulativa, sino que la evidencia muestra que a mayor percepción de que el perpetrador realmente lo siente, mayor es la posibilidad de que la disculpa tenga utilidad para las víctimas. (Allan, Kaminer, y Stein, 2006).

Como mecanismo para garantizar una dimensión del derecho a la reparación integral, la disculpa pública está dentro del ámbito de protección de la vertiente de satisfacción. Según dispone la Ley General de Víctimas, la satisfacción “busca reconocer y restablecer la dignidad de las víctimas”. Por ello, esta dimensión de la reparación integral es una categoría especialmente amplia y protectora, que puede y debe ser interpretada de forma extensiva en favor de la víctima, para atender a sus gustos y necesidades. 

Sanz señala que hay distintas variables que, conforme a cada contexto, se deben de evaluar para establecer la validez y legitimidad de las disculpas oficiales: momento histórico, incidencia, la forma, el contenido, y la acción futura. Con base en ello, podremos determinar si una disculpa se considera como una disculpa verdadera/completa, disculpa parcial, o cuasi-disculpa/no-disculpa. Es importante apuntar que las variables son interdependientes e indivisibles, y que la falta o ausencia de cumplimiento plenamente satisfactorio en una de ellas debe provocar la nulidad absoluta de la disculpa pública como acto jurídico.

Por un lado, de acuerdo con Sanz, las disculpas deben ser evaluadas conforme a su validez temporal. Una disculpa típicamente será considerada insuficiente en contextos de paz inestable, donde la impunidad y las violaciones a derechos humanos continúan siendo problemas generalizados. Esto se debe a que, como plantea Celermajer, el contexto presente abruma y desdibuja a la disculpa. Aunado a ello, en cualquier caso, la validez temporal de la disculpa debe de tomar en consideración si el Estado ha tomado acciones para revertir las condiciones pasadas o presentes que facilitaron o permitieron la violación a derechos humanos.

En segundo término, las disculpas pueden ser evaluadas conforme a su alcance y significado. Conforme a esta categoría, las disculpas se pueden dividir en discretas y sustantivas. En esencia, a la luz de esta variable, debemos de evaluar si en el acto de disculpa se intentó enmascarar o disminuir la gravedad de la situación, mediante actos que sugieren que se trató de hechos aislados o excepcionales. Asimismo, se deberá tomar en cuenta si en la disculpa se valoró el contexto general y específico en que se dio la violación, reconociendo que los hechos se enmarcaron en un patrón de injusticia generalizada o sistemática. 

La forma como elemento sustantivo

Desde la perspectiva de la forma, Sanz sostiene que la disculpa se puede analizar desde otra serie de variables. En primer lugar, se debe evaluar la publicidad que se da a la disculpa; esto es, la idoneidad del medio a través del cual se dan las disculpas (exposición de motivos de Ley, ceremonia pública, acto privado, etcétera). En segundo término, el carácter oficial de la disculpa también es un elemento a valorar: las medidas formales para dar carácter oficial pueden ser leyes o acuerdos; mientras que las medidas informales que, idealmente, preceden a las formales, pueden ser discursos, conferencias, entrevistas, etcétera. 

De igual manera, Sanz señala que, desde la forma, se debe analizar la ceremonialidad de la disculpa, pues los procedimientos comunes bajo los que el Gobierno suele realizar sus actos públicos no son suficientemente ceremoniales. Lo anterior es importante pues el acto de disculpa debe ser performativo.  En este sentido, es importante que los gobiernos adviertan que un acto de disculpa pública no puede ni debe suceder todos los días, puesto que se trata de un hito que, en última instancia, debe configurarse como un símbolo nacional. (Thompson, 2005).

En el mismo sentido, también debemos tomar en cuenta quién puede considerarse apropiado para ofrecer la disculpa. Esto, pues una disculpa no tendrá el carácter de oficial si la persona que la ofrece carece de la autoridad moral o política para hacerlo. De acuerdo con Sanz, la autoridad para dar la disculpa dependerá de la representatividad o legitimidad real o percibida que se tenga de la persona o institución que represente.

El contenido de la disculpa

En julio de 2019, el Relator Especial sobre la promoción de la verdad, la justicia, la reparación y las garantías de no repetición de Naciones Unidas presentó, en lo que constituye el primer esfuerzo desde el régimen universal de derechos humanos por abordar con seriedad el tema de disculpas, una serie de estándares sobre disculpas públicas. Al respecto, el Relator Especial señaló que los siguientes elementos son base necesaria para cualquier acto de disculpa:

a) El reconocimiento de un daño causado deliberadamente o por negligencia que se menciona;

b) Una  admisión  sincera de  responsabilidad  individual,  institucional  o colectiva por ese daño;

c) Una declaración pública de arrepentimiento o remordimiento relacionado con  el hecho ilícito  u omisión que se formula  con el debido respeto, dignidad  y sensibilidad hacia las víctimas; 

d) Una garantía de no repetición.

De esta manera, vemos que las disculpas oficiales requieren que toda la verdad sea revelada, para poder reconocer el daño causado, sin minimizar; explicar, o intentar justificar la perpetración de los actos atroces. (Stamato, 2009).

A la par, el estándar internacional exige que las autoridades reconozcan que, en tanto no pueden cambiar el pasado, lo mínimo que pueden hacer es mostrar un sincero arrepentimiento; de esta manera, el uso de técnicas discursivas, o políticas, que hagan suponer que el Estado no se arrepiente del dolor que causó, provoca la invalidez (nulidad absoluta) de la disculpa. En el mismo sentido, el reconocimiento de responsabilidad es indispensable para la reconciliación, misma que solo se puede construir si el perpetrador acepta la responsabilidad directa de los hechos. (Sanz, 2012).

¿Las disculpas son suficientes? El perdón y la no repetición

Tanto el Relator de Naciones Unidas, como la literatura especializada, coinciden en que ninguna expresión de disculpa puede ser tomada seriamente si las instituciones que se disculpan continúan teniendo el mismo comportamiento, o si siguen incurriendo en las mismas prácticas, que permitieron las violaciones. 

Sanz sostiene que el compromiso con la no repetición, en el contexto de una disculpa oficial, debe de mostrarse a través de un acto en el que se repudie el actuar pasado de la institución perpetradora, en una estrategia de dystalgia (en oposición a nostalgia), para refrendar que el viejo comportamiento institucional se ha ido para siempre, y que la institución que se disculpa ahora tiene una nueva identidad y visión de Estado.

Al respecto, Sanz enfatiza que dicha nueva identidad se debe reflejar en una nueva dirección o política institucional, que parta de reconocer que sus antecesores cometieron atrocidades innegables, pero que aquéllos que se disculpan lo hacen bajo la promesa de un nuevo y prometedor futuro institucional.

Finalmente, la no repetición también impone otras obligaciones para quienes se disculpan por las atrocidades del pasado. Ninguna disculpa podrá tener validez si no se hace con sinceridad. Dicha sinceridad, en tanto conceptualmente subjetiva, solo se puede reflejar a través de la garantía completa e irrestricta de todas las dimensiones de la reparación integral, en el corto plazo y conforme a las necesidades y solicitudes de la víctima. De esta manera, la disculpa tendría que ser un mecanismo en el que se anuncie la voluntad y los actos que se realizarán desde la institución responsable para indemnizar, satisfacer, rehabilitar, y restituir a la víctima.

Así, si las instituciones perpetradoras no dan muestras serias de un compromiso genuino en la garantía de todas las demás medidas de reparación, la disculpa carecerá de contenido y sinceridad, por lo que en ciertos casos sobrevendrá nula, y sus efectos jurídicos serán destruidos de forma retroactiva. Así, desde una perspectiva pragmática, las disculpas solo deberían ser ofrecidas cuando el Estado esté listo para dar cumplimiento a todas sus obligaciones en el corto plazo.

Las disculpas como despropósito

Históricamente, las disculpas han mostrado ser un referente riesgoso para evaluar el compromiso de una institución con los derechos humanos. Incluso, en contextos de justicia transicional, las disculpas no necesariamente pueden ser tomadas como un signo irrefutable de arrepentimiento o de búsqueda de reconciliación.

Hay suficiente evidencia sobre momentos históricos relevantes en los que las disculpas han mostrado ser un despropósito, pues las razones que subyacen a su ofrecimiento refuerzan y enaltecen el desprecio que los perpetradores sienten por el dolor de las víctimas. Particularmente, cuando las disculpas se dan en el marco de mecanismos o medidas destinadas a alcanzar la justicia, como distintos juicios en tribunales ad hoc y en la Corte Penal Internacional, se ha evidenciado el uso pernicioso y estratégico de las disculpas para evadir condenas penales elevadas. En algunos casos, incluso, los victimarios han reconocido que se disculparon solo para obtener una sentencia favorable, al tiempo que continúan justificando las atrocidades.

En el contexto mexicano, hemos visto que las disculpas que se han ofrecido no se han dado como un acto de mera voluntad, o como un genuino intento por mostrar arrepentimiento, sino que se todas se han dado en cumplimiento de una obligación legal, como se ve en el siguiente cuadro:

De esta manera, es evidente que nunca ha habido una intención real desde el Gobierno mexicano para alcanzar la reconciliación con las víctimas, sino que como lo dicta la tradición mexicana, solo se cumple con un formalismo legal. Así, es razonable especular sobre la verdadera validez de dichas disculpas a la luz del estándar de derechos humanos.

Lo que es un hecho es que, en la mayoría de casos en los que se ha ofrecido una disculpa oficial, las víctimas y sus representantes han manifestado alguna forma de rechazo o descontento por la falta de acciones para garantizar memoria, verdad, justicia, y reparación integral. 

Últimas reflexiones

Indudablemente, en este nuevo sexenio, nos encontramos frente al Age of Apology mexicano. En un contexto de desbordada e insostenible crisis de derechos humanos, vigente y cada vez más fuerte, las actuales administraciones locales y federales han comenzado a hacer concesiones tácticas para ganar legitimidad entre un electorado ansioso por encontrar una verdadera transición y renovación de régimen.

Desafortunadamente, es imposible no advertir cierto grado de cinismo en el hecho de que el Estado mexicano se disculpe. La perpetración y tolerancia de prácticas como la fabricación de culpables, el terrorismo de Estado, la desaparición forzada, las ejecuciones extrajudiciales, la tortura, la detención arbitraria, y la opresión generalizada siguen siendo ampliamente vigentes, en un contexto de absoluta impunidad. 

De esta manera, se evidencia que no nos encontramos ante un contexto de compromiso gubernamental con la reconciliación, sino que estamos frente a una hipocresía organizada cada vez más desafortunada. 

* La autora del texto agradece la asistencia de investigación a Héctor Sosa, voluntario en el Área de Defensa de la @CMDPDH.

 

Referencias

Allan, Alfred & Allan, Maria & Kaminer, Debra & Stein, Dan. (2006). Exploration of the association between apology and forgiveness amongst victims of human rights violations. Behavioral sciences & the law. 24. 87-102. 10.1002/bsl.689.

Danielle Celermajer, The Sins of the Nation and the Ritual of Apologies, (Cambridge: Cambridge University Press, 2009).

Eneko Sanz, National Apologies: Mapping the complexities of validity, (CPCS: Camboya, 2012).

Jason A. Edwards, “Apologizing for the Past for a Better Future: Collective Apologies in the United States, Australia, and Canada,” Southern Communication Journal, 75:1, 2010.

Elazar Barkan y Alexander KARN (eds.), Taking Wrong Seriously. Apologies and Reconciliation, (Palo Alto: Stanford University Press, 2006).

Linda Stamato, “Peace and the Culture and Politics of Apology”, Peace Review: A Journal of Social Justice, 20, 2009, pp. 389-397.

Kathleen Kitao and Kenji Kitao, Apologies, Apology Strategies, and ApologyForms for Non-Apologies in a Spoken Corpus, Journal of Culture and Information Science.

Janna Thompson, Apology, justice and respect: a critical defence of political apology, Australian Association for Professional and Applied Ethics 12th Annual Conference 28–30 September 2005.

Ridwan Nytagodien & Arthur Neal (2004) Collective trauma, apologies, and the politics of memory, Journal of Human Rights, 3:4, 465-475, DOI: 10.1080/1475483042000299714

Martha Minow, “Memoria y odio: ¿se pueden encontrar lecciones por el mundo?”, en Justicia Transicional, (Bogotá: Siglo del Hombre Editores, Universidad de los Andes, Pontificia Universidad Javeriana – Instituto Pensar, 2011).

Mark Gibney y Erik Roxstrom, The Status of State Apologies, Human Rights Quarterly, Vol. 23, No. 4, (Nov, 2011), pp 911-939.

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