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Verdad, justicia y reparación
Por CMDPDH
La Comisión Mexicana de Defensa y Promoción de los Derechos Humanos es una organización civil,... La Comisión Mexicana de Defensa y Promoción de los Derechos Humanos es una organización civil, secular, autónoma e independiente fundada en 1989. Busca contribuir a la consolidación de un Estado democrático de derecho que reconozca y garantice, en particular, los derechos de las víctimas de violaciones a derechos humanos; en especial el derecho a la asistencia, protección, verdad, justicia, reparación integral, debida diligencia, y demás derechos consagrados. Este blog es un espacio de análisis e investigación que invita a un debate informado sobre el estado de los derechos humanos en México. Síguenos en Facebook/CMDPDH. (Leer más)
Derechos humanos y género: cuando la “fraternidad” es el problema
Siempre debemos recordar que en esas familias "fraternas" ocurrieron los feminicidios de Lupita, “la niña de las calcetitas rojas”; Ingrid Escamilla, Abril Pérez Sagaón, Mariana Lima, Nadia Alejandra Muciño, y también fueron dos miembros de una familia “fraterna” los que asesinaron a la pequeña Fátima Aldriguetti.
Por Giselle Yáñez Villaseñor
20 de mayo, 2020
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El 06 de mayo en su conferencia de prensa matutina, el presidente Andrés Manuel López Obrador negó que la violencia contra las mujeres se haya incrementado durante el periodo de confinamiento por la emergencia sanitaria ante el COVID-19, asegurando que eso era falso ya que existe “fraternidad familiar”. En lo segundo el presidente tiene razón y actúa en congruencia con el entendimiento nacional sobre la vida familiar.

El principio de fraternidad abanderó la Revolución Francesa en 1789 junto a los principios de libertad y de igualdad que guiaron no solo la lucha armada sino la era de “La Ilustración”; sin embargo, recordemos que esos ideales eran para “El Ciudadano” (europeo, blanco, occidental y burgués), pero las mujeres no estaban visibilizadas en el movimiento ilustrado, las mujeres no eran parte de la Revolución, a ellas les tocaba atender románticamente al Emilio, porque como diría el presidente “las hijas siempre están al pendiente de sus padres, los hombres somos más desprendidos” y justamente es donde entra el concepto del frater, el hermano, el varón, es decir, la visión androcéntrica con su axiología y perspectiva donde las mujeres y sus luchas quedan invisibilizadas.

En esta analogía podríamos encontrar que el presidente desde el inicio del año, y particularmente desde marzo, ha actuado como un revolucionario francés en su discurso acerca de la violencia de género, donde el movimiento feminista y de las mujeres que luchan ha sido etiquetado por él como un intento por desestabilizar a la 4T. El discurso debería ser más cuidadoso para no asemejarse al de Maximilien Robespierre, quien consideró que las vindicaciones de las mujeres y su expreso deseo de participar en la política eran antirrevolucionarias, razón por la cual fue ejecutada Olympe de Gouges en 17931. Cabe aclarar que esto es solo un análisis comparativo del discurso que no pretende señalar al presidente de actos represivos contra ningún grupo.

La negación de la violencia de género en el discurso presidencial ha continuado en el tratamiento de la pandemia. La ginopia (la negación del punto de vista de las mujeres) ha prevalecido en sus declaraciones a lo largo de estas semanas, a pesar de las cifras que han evidenciado un incremento a la violencia de género en el confinamiento, tal y como lo ha informado la Organización de las Naciones Unidas a través de la Iniciativa Spotlight, al reportar que en México durante el mes de marzo las llamadas con motivo de violencia de género se incrementaron un 22.3%.

Incluso en abril de 2020, Olga Sánchez Cordero, secretaria de Gobernación, refirió que aunque la dependencia que representa no tenía datos validados del incremento de la violencia de género -que en realidad ya deberían tenerlos si es que el tema les importa-, éste se podía respaldar en los datos del Consejo Ciudadano para la Seguridad y la Justicia en la Ciudad de México, donde se demostraba el incremento de las llamadas de auxilio hasta en 120% en donde 9 de cada 10 llamadas eran de mujeres denunciando violencia física y psicoemocional.

El viernes 15 de mayo, al cierre de este artículo, el presidente aseguró en su conferencia de prensa que el 90% de las llamadas de emergencia son falsas; sin embargo no dejó claras las fuentes. Por supuesto, sus declaraciones ocasionaron diversas reacciones, la mayoría de ellas de indignación. En respuesta, la noche del viernes la secretaría de Gobernación emitió una tarjeta informativa del Grupo de Estrategias contra las Violencias de Género en el que se compromete a proporcionar información el 26 de mayo acerca de las acciones, programas y resultados en referencia a la violencia de género.

Lo contrastante es que en abril la SEGOB respaldó la información respecto a las llamadas de emergencia como indicador del aumento de la violencia contra las mujeres; sin embargo, el presidente descalificó esa medición y la SEGOB se comprometió a dar números once días después de estas declaraciones del presidente. De modo que lo recomendable sería que el gobierno federal tenga una estrategia con indicadores de género claros y eficientes para medir los impactos en este periodo de emergencia y hasta no tenerlos no desacreditar la posibilidad del incremento.

A su vez representante del ejecutivo federal también podría recurrir a los datos de CONAVIM, que si bien no hace alusión específica al periodo de la emergencia sanitaria, si establece que en comparación al primer trimestre de 2019, en el primer trimestre de 2020 incrementó en 2.93% la atención de mujeres por casos de violencia de género.

Que el presidente no tenga conocimiento de datos actualizados de la violencia de género o que tenga “otros datos” diferentes al de organizaciones nacionales e internacionales no es el único problema, el problema al que nos hemos referido es a su discurso de desconocimiento y sobre todo de desdén. Pocos han sido las disertaciones en las que reconoce a la violencia de género como un problema en su justa dimensión sin relacionarlo con la moral familiar.

La incoherencia se presenta también en que sus afirmaciones que subrayan no ser feministas sino humanistas -como si fueran dos perspectivas enemigas- , contradicen las acciones que su gobierno ha llevado a cabo para prevenir y para atender la violencia contra las mujeres en el contexto del confinamiento. Incluso ha sido reconocible que en las Conferencias por COVID-19 de las 19 horas, que encabeza la Secretaría de Salud, se ha actuado con enfoque de igualdad de género y de protección a la vida libre de violencia con participación de Inmujeres, SEGOB a través de CONAVIM, y CONAPRED, además del uso de un lenguaje incluyente, en contraste con las conferencias “mañaneras” en las que se actúa en ginopía. ¿Son dos países diferentes cada doce horas?

En diversas ocasiones su discurso no solo ha pretendido minimizar la violencia de género o desacreditar la lucha y las formas de ésta por los derechos de las mujeres, sino que idealiza el núcleo familiar “fraterno” con una visión nacionalista sobre la bondad de la familia mexicana en comparación con otros países. El problema justamente es lo fraterno, que está basado en la experiencia de los hermanos-varones, esa es la fraternidad en la que las mujeres han sido históricamente violentadas en un México donde el 10 de mayo hasta el presidente felicita a las mujeres madres, pero donde mueren miles de mujeres por la violencia de género en todas sus manifestaciones. Y justamente es en esos hogares donde ocurren la mayoría de las violaciones y abusos sexuales en la infancia, lo cual le da a México el primer lugar mundial en abuso sexual infantil según datos de la OCDE, y los agresores son principalmente los padres, los hermanos, primos y tíos, esa tortura sexual contra las infancias también es violencia de género.

El Banco Nacional de datos e Información sobre Casos de Violencia contra las Mujeres (BANAVIM), que depende de SEGOB, destacó en diciembre de 2019 que el 93% de los casos de violencia contra la mujer son ejercidos por un familiar, es decir el hogar para muchas mujeres es el lugar más violento del que muchas quieren huir, por lo que el recorte o suspensión del presupuesto para los refugios de mujeres, niñas y niños víctimas de violencia incumplió con la obligación estatal de proteger a las mujeres de la violencia. Y no sobra recordar que México es el país de América Latina con mayor número de feminicidios, mismos que están vinculados a la violencia comunitaria y a la violencia en el núcleo familiar. Siempre debemos recordar que en esas familias “fraternas” ocurrieron los feminicidios de Lupita “la niña de las calcetitas rojas”, Ingrid Escamilla Vargas, Abril Pérez Sagaón, Mariana Lima Buendía, Nadia Alejandra Muciño Márquez, y también fueron dos miembros de una familia “fraterna” los que asesinaron a la pequeña Fátima Aldriguetti Anton. Y así miles o tal vez millones de historias por contar.

El lema de gobierno ha sido que “por el bien de todos, primero los pobres”. Por supuesto que en un país tan desigual es indispensable la justicia social; por supuesto que la desigualdad es la raíz de la violencia, pero sin olvidar que de 47.7 millones de personas en pobreza multidimensional 24.4 millones son mujeres según datos de CONEVAL. Recordemos que la feminización de la pobreza no solo representa afectaciones en los ingresos de las mujeres: cuántas de ellas no pueden hacer una cuarentena porque no tienen empleos formales, cuántas están expuestas en el trabajo sexual o en la trata de mujeres y niñas con fines sexuales, cuántas de ellas siguen en el mal pagado trabajo doméstico y agrícola, cuántas continúan al cuidado de sus familias exponiendo su propia salud ante una pandemia y cuántas de ellas seguirán al lado de su maltratador porque al menos a su lado tienen comida y techo ellas y sus familias, cuántas mujeres indígenas verán agudizada la pobreza, la violencia y la discriminación. Existen también las condiciones para preguntarnos cuántas mujeres, niñas y niños sufrirán abusos sexuales, cuántas morirán de la pandemia ancestral llamada patriarcado en el contexto del la emergencia mundial por el COVID 19, donde prevalece la complicidad entre la sociedad y sectores estatales que actúan en una “fraternidad” que no es otra más que la visión ciega al género, o como diría Celia Amorós, que actúan bajo “pactos patriarcales” que ejercen violencia pero que también la invisibilidad y la perpetúan.

La violencia contra las mujeres es emergencia nacional al ser una violación transversal a los derechos de las mujeres, entre ellos el derecho humano a la salud, a la vida, a la integridad física y a una vida libre de violencia. Es responsabilidad del Estado garantizar estos derechos con acciones y protecciones, reconocemos las respuestas institucionales favorables para atender y erradicar la violencia contra las mujeres, pero no son suficientes.

Las mujeres exigimos respeto a los principios de igualdad entre mujeres y hombres según el artículo 4to constitucional, queremos igualdad ante la ley e igualdad sustantiva, así exigimos la protección de nuestros derechos humanos consagrados en el artículo 1ero constitucional, exigimos presupuestos y recursos para garantizar la igualdad y la no discriminación, al mismo tiempo exigimos un discurso oficial de respeto y compromiso para erradicar el mal de la violencia de género. Hacemos un llamado a repensar a las instituciones desde la sororidad – la alianza entre mujeres por nuestros derechos-, incluida a la institución familiar, y urgimos al Estado a que cumpla con su obligación de garantizar una vida libre de violencia, porque nadie ni nada, ni la emergencia sanitaria, por encima de nuestros derechos.

* Giselle Yáñez Villaseñor (@giselle06405544) es Consultora para la @CMDPDH. Experta en políticas públicas con perspectivas de género y derechos humanos

 

 

1 Escritora y filosofa ilustrada, autora de “Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana” (1971). Es considerada “la madre del feminismo occidental”.

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