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Verdad, justicia y reparación
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El discurso de la militarización
Durante las administraciones de Calderón y Peña Nieto, la militarización de la seguridad pública fue promovida y echada a andar como un medio para recuperar y mejorar la seguridad pública en el país, en el caso de López Obrador, ha sido promovida y echada a andar como un medio de pacificación.
Por Rebeca Calzada
3 de febrero, 2020
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El inicio del siglo XXI en México se ha caracterizado por el intenso uso de las Fuerzas Armadas (FFAA, en adelante) para cuestiones de seguridad pública y otras poco o nada relacionadas con la formación militar. Este proceso de militarización no ha sucedido de forma espontánea, para ello ha sido necesario el uso de recursos retóricos que ha permitido a distintas administraciones promocionarlo. En las siguientes líneas resumiré la investigación1 que tuvo como principal objetivo estudiar y conocer la promoción de la militarización de la seguridad pública en México a partir de la teoría de populismo punitivo. Para ello se realizó un análisis de discurso del Plan Nacional de Desarrollo (PND, en adelante) y de los discursos presidenciales durante las administraciones de Calderón, Peña Nieto y los primeros meses de la presidencia del actual presidente, López Obrador2. Esto son algunos de los hallazgos de la investigación:

Durante el sexenio de Calderón se enmarcó al crimen organizado, y en específico al narcotráfico, como los grandes enemigos y amenazas de México. Por lo tanto, ante dicha situación e incapacidad de los cuerpos policiacos, Calderón propuso el despliegue de las FFAA con el fin de defender a la nación y restaurar la seguridad pública a partir de una estrategia de seguridad en la que se emplearía “toda la fuerza del Estado”.

En el caso de la presidencia de Peña Nieto, continuó la misma estrategia calderonista y enfatizó que el uso de las FFAA no podría ser el único eje de su estrategia de seguridad, pero a la vez incrementó el presupuesto y apreciación pública de las FFAA y apoyó la iniciativa de la Ley de Seguridad Interior. Al igual que Calderón, Peña Nieto reconoció que las FFAA eran indispensables para la seguridad interior y necesarias para la protección de los intereses democráticos del país. Sin embargo, esta administración, a diferencia del sexenio anterior, puso menor énfasis en el tema del narcotráfico; manifestación de ello fue que en el PND 2013–2018 no se refiere a este y subrayó que las causas de la violencia se encuentran fuertemente ligadas a la educación, trabajos y temas de salud.

A diferencia de Calderón y Peña Nieto, el discurso de López Obrador en relación con la seguridad se concentró en la pacificación del país mediante distintas medidas que atenderían las fuentes del crimen y violencia, a través de la creación de un nuevo cuerpo de seguridad, la Guardia Nacional. Sobre este nuevo cuerpo de seguridad -a pesar de que posee importantes elementos militares- el presidente López Obrador aseguró  que no implica continuar la guerra, por el contrario, ésta se encuentra trabajando en el proceso de pacificación del país.

Las tres administraciones manifestaron alta confianza en las FFAA para que realicen tareas de seguridad pública y las caracterizaron como leales, profesionales, patrióticas y lo suficientemente bien entrenadas para combatir al crimen organizado. De igual forma, en los tres casos caracterizaron a los cuerpos policíacos como poco profesionales, escasos e incapaces para realizar tareas de seguridad pública. No obstante, ninguno tomó medidas contundentes al respecto. Además, ninguna de las tres administraciones fue capaz de distinguir asuntos de seguridad interior3 de los asuntos de seguridad exterior. Por el contrario, en los tres casos borraron los límites entre la seguridad interior y la exterior, difuminando con ello los límites de las funciones de las FFAA. Desdibujar estos dos tipos de seguridad, tanto en el discurso como en la práctica, ha significado alterar la distinción entre amenazas domésticas y amenazas externas, entre el cumplimiento de la ley y la guerra, entre cuerpos policíacos y cuerpos militares y, ante la ausencia de dicha distinción, ha sido posible dar pie a un profundo proceso de militarización en México. Asimismo, mediante la decisión de desplegar a las FFAA -así como de continuar esta estrategia con un nuevo cuerpo de seguridad- las tres administraciones han pretendido enviar el mensaje a la ciudadanía de que el Estado mexicano está presente no sólo en el discurso, sino también en las calles, para brindar protección y seguridad a la sociedad mexicana.

En este sentido, los gobiernos mexicanos han visto una oportunidad en el miedo y ansiedad de la ciudadanía derivados del crimen y la violencia, y se han interesado más en tener un impacto positivo en la percepción del público, que en realizar un análisis profundo sobre las verdaderas causas del crimen y la violencia y, consecuentemente, abordarlo de la mejor forma posible a partir de la evidencia. Frases tales como “el uso de la fuerza del Estado”, o términos como “guerra”, “combatir” y “abatir” han buscado manifestar que el Estado mexicano no es débil ni ha fallado, por el contrario, está presente para servir y proteger a la ciudadanía. De igual forma, el despliegue de las FFAA ha sido una forma de demostrar que no existe un estado de ingobernabilidad, pues es el Estado mexicano quien posee el monopolio del uso de la fuerza para castigar y mantener el control en la sociedad. Además, el uso de las FFAA para la solución de problemas sociales ha sido atractivo para los gobiernos mexicanos pues les ha otorgado legitimidad y poder debido a que las instituciones militares han sido estrechamente asociadas con disciplina, profesionalismo, lealtad, patriotismo y como manifestación de poder violento que puede intimidar a cualquier potencial enemigo de la nación.

En síntesis, durante las administraciones de Calderón y Peña Nieto, la militarización de la seguridad pública fue promovida y echada a andar como un medio para recuperar y mejorar la seguridad pública en el país, mientras que en el caso de López Obrador ha sido promovida y echada a andar como un medio de pacificación.

Finalmente, distintos países en América Latina se encuentran en un proceso de transformación histórica en términos de cómo abordan su seguridad interior y con ello la relación entre Estado y ciudadanía. Dicha transformación ha tenido y puede tener severas y terribles consecuencias sobre la sociedad y la democracia. Por tal motivo, es importante que académicos, tomadores de decisiones, políticos y el público en general tengan muy presente lo que, no sin razón, ha sido una característica central del estado-nación moderno: la seguridad pública debe mantenerse siempre lo más lejos posible de un modelo militar.

* Rebeca Calzada (@RebecaCol) es colaboradora del Programa de Política de Drogas del CIDE.

 

1 Para revisar la investigación completa, disponible aquí.

2 Se realizó el análisis de analizó desde el 1º de diciembre de 2006 hasta el 10 de mayo de 2019.

3 Traducido de internal security que se refiere a las actividades que tienen por objeto mantener la paz dentro del territorio nacional y que buscan defender a los ciudadanos de amenazas internas (Lutterbeck, D. (2004). Between Police and Military, The New Security Agenda and the Rise of Gendarmeries. 39(1), 45–68. https://doi.org/10.1177/0010836704040832)

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