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Verdad, justicia y reparación
Por CMDPDH
La Comisión Mexicana de Defensa y Promoción de los Derechos Humanos es una organización civil,... La Comisión Mexicana de Defensa y Promoción de los Derechos Humanos es una organización civil, secular, autónoma e independiente fundada en 1989. Busca contribuir a la consolidación de un Estado democrático de derecho que reconozca y garantice, en particular, los derechos de las víctimas de violaciones a derechos humanos; en especial el derecho a la asistencia, protección, verdad, justicia, reparación integral, debida diligencia, y demás derechos consagrados. Este blog es un espacio de análisis e investigación que invita a un debate informado sobre el estado de los derechos humanos en México. Síguenos en Facebook/CMDPDH. (Leer más)
¡Es momento de hablar sobre democracia y derechos humanos!
Es hora de alzar la voz y decir claramente que la política de militarización galopante es una afrenta contra el orden democrático; que el desmantelamiento y cooptación de las instituciones de defensa de derechos humanos son atentados contra la pluralidad en una sociedad democrática; que la confrontación con el árbitro electoral desdibuja la legitimidad democrática y el origen mismo de este gobierno.
Por Rodolfo Franco
5 de abril, 2021
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La defensa y promoción de los derechos humanos en México y el mundo suele organizarse alrededor de las violaciones cometidas por el Estado. La tortura, la desaparición forzada, las ejecuciones extrajudiciales, el feminicidio son flagelos que victimizan a sociedades enteras, y que en México se han convertido en una tragedia humanitaria. Sin embargo el énfasis en la violación de derechos, la búsqueda de justicia, verdad y reparación pocas veces nos permite mirar y abordar el contexto político de la violación a derechos humanos y su vínculo insalvable con el tipo de régimen político.

En los círculos de derechos humanos en México, hablar abiertamente sobre la naturaleza del régimen suele ser anatema; como si las palabras autoritarismo o democracia fueran características inconsecuentes a la defensa de derechos humanos. Algo así como si se pudiera hablar de derechos humanos sin democracia. La historia, sin embargo, parece ser otra. La defensa y promoción de los derechos humanos se ha forjado a través de la lucha contra el autoritarismo y la defensa de la democracia.

El énfasis en la violación cometida nos ha provocado un sesgo retórico y de acción que no nos permite, abiertamente, articular una defensa de las estructuras democráticas que hacen posibles las demandas ciudadanas. Posiblemente, el desencanto democrático que aqueja al mundo encuentra su reflejo en un activismo de derechos humanos que mira a la democracia como un elemento contextual en la lucha por defender la dignidad humana; de alguna forma, defender las formalidades democráticas acarrea el riesgo de presentarse como apologista de los vicios y limitaciones de la democracia representativa y su tradición liberal.

No obstante, la defensa de víctimas de violaciones de derechos humanos y la búsqueda de una sociedad democrática son indisociables. Las ideas radicales de libertad, igualdad y pluralidad que se encarnan en normas nacionales e internacionales de derechos humanos son elementos constitutivos (sine qua non) de cualquier orden democrático, y representan límites básicos al poder estatal. Es indispensable que la idea de un poder político limitado, por la legalidad (derechos) y la división de poderes, no escape nuestras conciencias justicieras. Porque además de representativa y popular, cualquier noción mínima de democracia es fundamentalmente contestataria frente al poder y la concentración del mismo.

Esto significa que, para aspirar a tener un México en el que respeten derechos humanos y se procure justicia para todas las personas que han sido víctimas, los agentes del Estado deben estar efectivamente limitados constitucionalmente. También significa que la legitimidad del voto popular no es un cheque en blanco para tomar medidas claramente antidemocráticas y que atentan contra el Estado de Derecho. La vía democrática y legal del presente inmediato puede abrir la puerta a las políticas autoritarias del futuro cercano.

En estos días defender derechos humanos sin defender abiertamente el orden democrático institucional es, en el mejor de los casos, un espejismo. Las y los defensores de derechos humanos recurrimos a las herramientas legales a nuestra disposición para limitar el embate de un aparato estatal que por sus dimensiones y capacidades puede fácilmente oprimir, reprimir y excluir a grupos vulnerables, con consecuencias nefastas. Es hora también de alzar la voz y decir claramente que la política de militarización galopante es una afrenta contra el orden democrático; que el desmantelamiento y cooptación de las instituciones de defensa de derechos humanos (CNDH, CONAPRED, SIPINNA) son atentados contra la pluralidad en una sociedad democrática; que las cercas en palacio nacional no son propias de una democracia en la que se promueve la participación y el diálogo ciudadano; que los ataques a los jueces atentan contra la separación democrática de poderes; incluso, que la confrontación con el árbitro electoral (INE) desdibuja la legitimidad democrática y el origen mismo de este gobierno. Ese mismo gobierno que hoy quiere vendernos la idea de que la democracia se construye dominando la narrativa, cambiando la historia y borrando de la memoria las luchas de la sociedad civil.

¡En su momento hemos denunciado todas las atrocidades y las masacres! ¡Es momento de no dar por sentada la democracia (incipiente, imperfecta, con corrupción) que nos permite denunciar, litigar y protestar! Es ahora, porque con cada institución democrática cooptada o sometida vamos perdiendo, poco a poco, las condiciones de posibilidad de defender derechos humanos.

@CMDPDH

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