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Verdad, justicia y reparación
Por CMDPDH
La Comisión Mexicana de Defensa y Promoción de los Derechos Humanos es una organización civil,... La Comisión Mexicana de Defensa y Promoción de los Derechos Humanos es una organización civil, secular, autónoma e independiente fundada en 1989. Busca contribuir a la consolidación de un Estado democrático de derecho que reconozca y garantice, en particular, los derechos de las víctimas de violaciones a derechos humanos; en especial el derecho a la asistencia, protección, verdad, justicia, reparación integral, debida diligencia, y demás derechos consagrados. Este blog es un espacio de análisis e investigación que invita a un debate informado sobre el estado de los derechos humanos en México. Síguenos en Facebook/CMDPDH. (Leer más)
Hablemos sobre madres defensoras y las obligaciones estatales sobre el cuidado y el tiempo propio (Parte 2)
No es la crianza lo que pesa sino todos los sesgos, prejuicios y estereotipos que exigen ser una excelente madre, una trabajadora productiva, una cuidadora, emprendedora y multitask, ignorando con ello la corresponsabilidad como valor social y como eje de las políticas públicas.
Por Giselle Yáñez Villaseñor y Zhiri Jael Meza Fragoso
3 de mayo, 2021
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Se acerca el “día de las madres” en México y con éste todos los elogios y reconocimientos públicos y privados a la figura de la mujer-madre. Y es justamente por esto que queremos “nombrar lo innombrable”1, o sea, el trabajo de crianza y de cuidados no remunerados que realizamos en su mayoría las mujeres, a la par del trabajo remunerado, especialmente en el contexto de la emergencia sanitaria por COVID 19.

Siguiendo con la entrega anterior, en este artículo buscamos evidenciar cómo la pandemia ha tenido impactos diferenciados entre hombres y mujeres, especialmente entre aquellas que son madres, y cómo la pandemia ha exacerbado la inequidad. Esta emergencia también nos ha recordado que las reglas del juego son desiguales, que frecuentemente las mujeres somos vistas como un cuerpo al servicio del otro, y que no existe aún plena corresponsabilidad respecto a las tareas de cuidado de las infancias, de las personas adultas mayores y de personas con discapacidad, tanto con los hombres, como con el resto de la sociedad y del Estado.

Si bien existen hombres que han asumido esta corresponsabilidad, se enfrentan a un mundo que sigue siendo masculino, en el que incluso padres deseosos de asumirla se ven absorbidos en dinámicas laborales inscritas en códigos de  masculinidad hegemónica, en la que su principal tarea es fungir de proveedores y empleados “ideales”, priorizando su empleo sobre el resto de sus responsabilidades. Ante este escenario cabe preguntarse ¿de dónde viene esta historia o cómo llegamos aquí?

Como explica la Doctora María Ileana García Gossio, los procesos que trajo consigo la Ilustración, en siglo XVIII, delimitaron las esferas de lo público y lo privado. En lo público se encuentra el trabajo remunerado económicamente en el que mayoritariamente los hombres se desarrollan, mientras que en la esfera privada se encuentra “la mujer de verdad”, la mujer doméstica, dando como resultado la división sexual del trabajo que se inserta en un sistema  capitalista  en el que el hombre desarrolla el trabajo productivo y las mujeres la función reproductiva, siendo este un trabajo no sólo privado, sino invisibilizado.2

Todavía en siglo XXI las mujeres intentamos pertenecer a ambas esferas, no obstante, la brecha de desigualdad se mantiene ya que sólo el 45% de las mujeres en México tienen acceso a un empleo remunerado.3 A la par, el trabajo de cuidados no remunerado compone el 22.8% del PIB nacional4 y es mayoritariamente desarrollado por mujeres. La diferencia entre lo público y lo privado impacta en un tema de derechos económicos y sociales así como civiles y políticos e incluso en el acceso a una vida libre de violencia para la población femenina.

En un reciente estudio del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), titulado Madres Trabajadoras y Covid 19: efectos de la pandemia en circunstancias de teletrabajo en México,5 se identificaron tres fenómenos que impactaron a las mujeres cuando comenzaron a teletrabajar en el contexto del confinamiento y durante las distintas etapas de la pandemia: 1) aumento en la carga laboral, 2) dificultad para tener un horario fijo y poder desconectarse del trabajo, así como 3) un cambio en su productividad laboral. Además de la emergencia sanitaria se evidenció “la emergencia global de cuidados” y cómo ha sido las mujeres quienes “amortiguan la crisis mediante el trabajo de cuidados no remunerado, con consecuencias para su salud física y mental”6, porque no sólo ha habido una  crisis de salud y una consecuente crisis económica, sino también una crisis del sistema educativo.

De acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), para el ciclo escolar 2020-2021 fueron las mujeres quienes con más del 91% apoyaron en actividades escolares a niñas y niños en el nivel de educación básica. Por ejemplo en nivel preescolar se distribuyó así el porcentaje de persona acompañante: mamá: 84.4%, papá: 5.9%, familiar mujer 6.6.%, familiar hombre 2.4%, otra persona mujer 0.7% y otra persona hombre 0.1%7. Con estos datos es evidente la sobrecarga que ha implicado, mayoritariamente para las mujeres, la educación a distancia y la dificultad que ha comportado empatar el horario de trabajo remunerado o no remunerado, con la crianza y el cuidado, así como la consecuente reducción o eliminación del tiempo propio, entendido como el espacio para el reposo o recreación.

En este contexto y después de varias propuestas previas, en noviembre de 2020 la Cámara de Diputados aprobó el “Sistema Nacional de Cuidados”, tras la reforma al artículo 4 y 73 de la Constitución, iniciativa surgida desde la Red de Cuidados en México y otras organizaciones.8 Este Sistema reconoce el derecho de las personas a los cuidados dignos que sustenten su vida y que les permitan vivir en sociedad, así como la corresponsabilidad de mujeres y hombres en esta tarea. Este Sistema, sin embargo, no está dotado ni de presupuesto, ni de un organismos que lidere y coordine su funcionamiento y su aprobación aún está sujeta al consenso de los senadores.

Para ahondar en el entendimiento de este Sistema entrevistamos  a la maestra y sociología Esperanza Olguín Hernández -quien también es feminista, madre, abuela y persona cuidadora- y quien participa en la red Las Constituyentes Feministas, otra de las organizaciones impulsoras de la reforma, quien nos hizo reflexionar sobre la urgencia de dotar de recursos al Sistema:

“¿De cuántos  problemas nos libraremos si el gobierno le entra a un sistema económico de cuidado con políticas públicas, donde mujeres desde diferentes experiencias, puedan contar con todo un sistema de apoyo? Donde no existan mujeres que por el cuidado y trabajo doméstico vean truncados sus talentos y sueños, así como sus ilusiones enterradas, sin salir a flote a la realidad de la sociedad; entonces estaríamos viviendo la vida de otra manera, viviríamos una vida completa… una vida de igualdad. La reforma si bien se inicia en el movimiento feminista se ve en toda la sociedad y se le aporta a las sociedades enteras. Esta iniciativa vendrá a marcar un hito en la cuestión legislativa siempre y cuando ésta reforma se concrete y no sea letra muerta”.

Al preguntarle qué es lo que se espera de esta Sistema Nacional de Cuidados, nos compartió, con base en su experiencia de incidencia política feminista, que:

Se tiene que dotar al marco de políticas públicas, con planes y programas y se puede ir paso a paso dándole a la sociedad mexicana un esquema fundamental al tema de cuidados y tiempo propio. Si esto se fortalece, millones de mujeres podrán tener este derecho, que tiene que ver con la vida misma y la libertad, eso nos daría una piedra angular o una premisa para despuntar en la formación de una nueva sociedad de respeto. La violencia que nos está afectando grandemente también disminuirá si desde éste sistema económico y de cuidados se arrojan las primeras posibilidades de una convivencia igualitaria y de respeto a ese trabajo, si se reconoce la importancia fundamental de este trabajo que tiene un precio”.

Parece obvio que esta reforma podría dar un claro impulso a la igualdad de género y a la paridad de oportunidades en diversos ámbitos de la vida entre hombres y mujeres en México, especialmente después de esta emergencia sanitaria, ya que como la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), y otros organismos internacionales han calculado, la pandemia ha significado el retroceso de más de una década en los niveles de participación laboral de las mujeres. Según el Estudio Especial COVID-2019, No 9: La autonomía económica de las mujeres en la recuperación sostenible y con igualdad de la CEPAL9, se registró una contundente salida de mujeres de la fuerza laboral en 2020 en la región, quienes por tener que atender las demandas de cuidados en sus hogares, no retomaron la búsqueda de empleo. Además, es de destacar que, de acuerdo a la Organización Internacional del Trabajo (OIT), las mujeres representan a nivel mundial el 70% de las ocupaciones en el sector salud y son ellas quienes se ocupan con mayor frecuencia de las labores de cuidado de los contagiados y de otras personas, debido al aislamiento social.10

Por otra parte, en el Sistema Interamericano de Derechos Humanos, la Comisión ha llamado a los Estados a incorporar la perspectiva de género en las respuestas gubernamentales ante la pandemia. Esto, debido a la reducción de las actividades e ingresos económicos de las mujeres, en especial a las que trabajan en sectores informales de la economía. Asimismo ha reconocido la carga física y mental que comporta el trabajo no remunerado del cuidado familiar, entre ellos el de los hijos, personas mayores y personas con discapacidad, de manera que se exhorta a los Estados a que establezcan medidas para evitar el impacto desproporcionado contra este sector y promover ayudas económicas y protección social.11

Las mujeres que teniendo un empleo se ven forzadas, de manera temporal o definitiva, a suspender sus actividades de trabajo remuneradas, a disminuir sus actividades económicas o que se ven imposibilitadas a buscar un empleo, ven mermar y reducirse sus oportunidades y proyecciones de empleo no sólo en el inmediato, sino a largo plazo. Esta situación incide directamente en su nivel de bienestar y el de sus familias y tiene un enorme impacto en su etapa de vejez en relación a los beneficios que pudieran obtener a través de un sistema de pensión o de siquiera poder obtener una jubilación.

De acuerdo con la Comisión Nacional del Sistema de Ahorro para el Retiro (CONSAR), la pensión de las mujeres puede ser 43% menor a la de los hombres, debido a factores como la interrupción de su empleo por maternidad y cuidados, o porque cerca del 60% de mujeres se dedican a sectores informales de la economía, con trabajos domésticos o casuales, sin salario fijo.12  Datos que ya habían sido arrojados por otros estudios como  el Estudio Nacional de Salud y Envejecimiento en México 2001 (ENASEM), en el que sobresale además, que son las mujeres quienes mayormente dependen de la ayuda económica de sus hijos e hijas para subsistir.  Considerando que las mujeres tienen una mayor esperanza de vida, respecto a los hombres, y que en muchos casos las mujeres adultas mayores viven en países en vías de desarrollo las inequidades de género, la “feminización de la pobreza” y su marginalización seguirán siendo una constante, a menos que no se intervenga desde el Estado y el trabajo con los distintos actores sociales.

Tomando algunos ejemplos de lo que sucede en otras latitudes, algunos países han destinado una parte importante de su presupuesto a paliar las consecuencias económicas y sociales de la pandemia. En el caso Italiano se calcula que desde casi el inicio de la emergencia destinó cerca del 2% de su PIB a este objetivo y actualmente negocia un plan de recuperación con la Unión Europea. Siendo un Estado de bienestar social, esta ayuda se ha traducido en subvenciones para auxiliar en el cuidado de la infancia, como el dedicado al pago de una niñera o personas que puedan desarrollar esta función, como las y los abuelos; el permiso para que los padres puedan ausentarse de sus trabajos, si tienen hijos menores de 12 años percibiendo el 50% de su sueldo, la posibilidad de desarrollar sus trabajos desde casa, por vía remota, aún ante la falta de acuerdos individuales con sus empleadores, así como permisos y ayudas extra a familias con personas con discapacidad. Aunque en México no existan las condiciones económicas para ofrecer este tipo de beneficios, si sería posible adaptar los recursos disponibles con tales fines, pero sin duda se requiere primero el reconocimiento de esta necesidad y después, la voluntad política para actuar.

Es claro que los retos venideros son enormes y que el regreso a la “antigua normalidad”, en especial para las mujeres, continuará siendo un desafío en muchos aspectos, pero ésta emergencia también representa una gran oportunidad para trabajar en la carga distribuida de los cuidados tanto al interior de las familias, como de manera institucionalizada por el Estado. Como distintas entrevistadas lo expresaron, no es la crianza lo que pesa sino todos los sesgos, prejuicios y estereotipos que exigen ser una excelente madre, el “hada del hogar”,13 una trabajadora productiva, una cuidadora, emprendedora y multitask, ignorando con ello la corresponsabilidad como valor social y como eje de las políticas públicas.

En nuestro caso, como defensoras de derechos humanos, como mujeres, como feministas, como personas que buscamos contribuir a la igualdad y a la justicia social con nuestros “chilpayates a cuestas” (como nos dijo una entrevistada), esto no es un asunto para postergar. Por ello, urgimos al Senado para que apruebe el Sistema Nacional de Cuidados, y a otras autoridades para que pongan en marcha políticas públicas acordes, con presupuesto suficiente en beneficio no sólo de las mujeres y las familias, sino de la sociedad en su conjunto, de manera que la noble labor de cuidado sea una responsabilidad compartida, donde todas y todos nos cuidemos sin cortar las alas de quien nos cuida, y por supuesto donde el trabajo de cuidados tenga la posibilidad de ser remunerado económicamente.

@CMDPDH

 

 

1 García Gossio (2004), Mujeres y Sociedad en el México Contemporáneo: nombrar lo innombrable. Disponible aquí.

2 Ibídem.

3 ONU (2021), La participación laboral de las mujeres en México, disponible aquí.

4 INEGI (2013), Trabajo no remunerado de los hogares, (última actualización diciembre 2020) disponible aquí.

5 PNUD (2021), Madres Trabajadoras y Covid 19: efectos de la pandemia en circunstancias de teletrabajo en México, disponible aquí, p. 43

6 Ibídem. 12

7 INEGI (2021),  Encuenta para la Medición del Impacto de Covid-19 en la Educación (ECOVID-ED), disponible aquí.

8 Kánter Coronel, Irma (2020), Trabajo de cuidado no remunerado y propuestas legislativas sobre el derecho al cuidado digno. Mirada Legislativa No. 195, Instituto Belisario Domínguez, Senado de la República, Ciudad de México, p. 29, disponible aquí.

9 CEPAL (2021),  La Pandemia del covid- 19 generó un retroceso de más de una década  en los niveles de participación laboral en la región, disponible aquí.

10 ILO (2021), Cómo se está dejando atrás a las mujeres  en la búsqueda de un trabajo decente para todos, disponible aquí.

11 OEA (2021),  Comunicado de prensa, La CIDH hace un llamado a los Estados a incorporar la perspectiva de género en la respuesta a la pandemia del COVID-19 y a combatir la violencia sexual e intrafamiliar en este contexto, disponible aquí.

12 INFOBAE (2021), Jubilación en México: las mujeres reciben 43% menos de pensión que los hombres, disponible aquí.

13 Concepto empleado por Virgina Wolf haciendo referencia a Rosario Castellanos en Mujer que sabe Latín, y que ejemplifica a la mujer ama de casa perfecta y entregada al sacrificio del cuidado.

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