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Verdad, Justicia y Reparación
Por CMDPDH
La Comisión Mexicana de Defensa y Promoción de los Derechos Humanos es una organización civil,... La Comisión Mexicana de Defensa y Promoción de los Derechos Humanos es una organización civil, secular, autónoma e independiente fundada en 1989. Busca contribuir a la consolidación de un Estado democrático de derecho que reconozca y garantice, en particular, los derechos de las víctimas de violaciones a derechos humanos; en especial el derecho a la asistencia, protección, verdad, justicia, reparación integral, debida diligencia, y demás derechos consagrados. Este blog es un espacio de análisis e investigación que invita a un debate informado sobre el estado de los derechos humanos en México. Síguenos en Facebook/CMDPDH. (Leer más)
La penosa política exterior de México sobre el caso de Venezuela
Exigir que el régimen deje la continua y sistemática violación a los derechos humanos en Venezuela no es ser intervencionista.
Por CMDPDH
5 de agosto, 2019
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Por: María Corina Muskus Toro (@Macomuskus)

Venezuela se encuentra atravesando, sin temor a equivocarme, la peor crisis que ha tenido el país en años, y una de las peores crisis en materia de derechos humanos que ha tenido latinoamérica en el siglo XXI. Esta crisis ha desencadenado una emergencia humanitaria compleja, inflación, desabastecimiento, violencia, ruptura del estado de derecho, crímenes de lesa humanidad, entre muchas otras. Tan sólo a nivel migratorio, las consecuencias han sido la salida, en la mayoría de los casos de forma forzada, de cuatro millones de venezolanos. Este es un número que sigue creciendo día a día. Incluso las autoridades migratorias en México, han reconocido el estatus de refugio de los venezolanos y venezolanas en 99% de los casos, reconociendo así el temor fundado que tenemos los y las venezolanas de persecución en nuestro país. Es el caso que en México la población migrante de venezolanos se calcula de manera no oficial que alcanza las 80,000 mil personas, y existen a la fecha 46,000 venezolanos y venezolanas con documento migratorio vigente.

Por otro lado, los y las venezolanas vemos a México en su mayoría como un destino final. Hablamos de que, por cada venezolano y venezolana en México hay algún familiar, amigo o amiga sufriendo en Venezuela las consecuencias de este régimen dictatorial. Los y las venezolanas hemos migrado no por gusto sino porque nuestros proyectos de vida en el país han sido destruidos, porque el derecho a la vida está todos los días en riesgo y salir hasta caminando es mejor opción que quedarse en el país. Venezuela se encuentra en una situación tan dramática con un régimen dictatorial y violador de los derechos humanos que, seis países de las Américas remitieron a la Corte Penal Internacional la situación de Venezuela. Por ello es innegable admitir que Venezuela se encuentra en una profunda crisis de derechos humanos con consecuencias que a la fecha son imposibles de prever y esperemos que se tomen medidas de forma pronta y oportunas para evitar que se agrave aún más.

Ahora bien sobre la política exterior de México, que luego de haber tenido una larga trayectoria regresa ahora al lema de la 4T y AMLO donde se enorgullecen en decir que “la mejor política exterior es la interior”, haciendo uso de esta política antigua y priista bajo los principio de soberanía y no intervención. Estas fueron las palabras de Marcelo Ebrard, el secretario de Relaciones Exteriores, quien afirmó que el gobierno mexicano no se involucrará en los asuntos de otros países, sin embargo asegura que dentro de sus ejes de política exterior se encuentra los derechos humanos. Esto no sólo es lamentable sino también incongruente y reprochable, siendo que México tiene una trayectoria a nivel internacional en la promoción y protección de los derechos humanos. Por ejemplo, México junto a Suiza impulsó en el seno de la ONU el Pacto Mundial para la Migración Segura, Ordenada y Regular. En el caso particular de Venezuela, México participó de forma activa y fue impulsor de una resolución histórica en el Consejo de Derechos Humanos de la ONU. Además fue parte del Grupo Lima, grupo creado para dar soluciones a la crisis de Venezuela y compuesto por 14 países de la región.

Sin embargo, la ausencia de México comenzó en enero de este año, un mes después de la toma de posesión de Andrés Manuel. A pesar de que México ha manifestado su intención de ser mediador en este conflicto y Maximiliano Reyes, el subsecretario para América Latina y El Caribe de la Secretaría de Relaciones Exteriores, manifestó en su momento que “mantendrá relaciones diplomáticas con Venezuela para así poder considerar con interés las propuestas de acción o gestión diplomáticas que las distintas fuerzas políticas y sociales de ese país formulen para facilitar su acercamiento, entendimiento y acuerdo”. La realidad es que su desinterés y ausencia se ha hecho notar.

Es el caso que, el principio de no intervención o no injerencia en asuntos internos tiene en sus bases la protección de los territorios de los Estados. Entender el concepto de no intervención en el sentido literal de la palabra es preocupante cuando existen, tal y como señalé anteriormente, violaciones graves a los derechos humanos, el cual es una excepción a este principio. En palabras de Edmundo Vargas “los Estados y las organizaciones internacionales no dejan de cumplir con el principio de no intervención cuando adoptan medidas en contra de Estados que violan los derechos humanos, siempre y cuando dichas medidas sean compatibles con otras normas del derecho internacional”.

Exigir que el régimen deje la continua y sistemática violación a los derechos humanos en Venezuela no es ser intervencionista. Cerrar los ojos y mirar a otros lados es una solución lamentable y preocupante. Recordemos cuántos crímenes se han cometido a los ojos de la comunidad internacional, causando graves violaciones a los derechos humanos, muertes, desapariciones e innumerables consecuencias sociales y humanas. Es necesario no confundir la neutralidad con complacencia ante las graves violaciones que se cometen en Venezuela. México debería repensar su política exterior, ya que la mejor política exterior debería ser el respeto de los derechos humanos de todas y todos incluso fuera de las fronteras.

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