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Verdad, justicia y reparación
Por CMDPDH
La Comisión Mexicana de Defensa y Promoción de los Derechos Humanos es una organización civil,... La Comisión Mexicana de Defensa y Promoción de los Derechos Humanos es una organización civil, secular, autónoma e independiente fundada en 1989. Busca contribuir a la consolidación de un Estado democrático de derecho que reconozca y garantice, en particular, los derechos de las víctimas de violaciones a derechos humanos; en especial el derecho a la asistencia, protección, verdad, justicia, reparación integral, debida diligencia, y demás derechos consagrados. Este blog es un espacio de análisis e investigación que invita a un debate informado sobre el estado de los derechos humanos en México. Síguenos en Facebook/CMDPDH. (Leer más)
La permeabilidad para el tráfico ilícito de migrantes y la trata de personas
La permeabilidad y falta de controles en nuestras fronteras permite y consiente que se cometan delitos como la trata de personas y el tráfico ilícito de migrantes, entre otros, los cuales afectan directamente a la población más vulnerable.
Por Flor de María Gálvez Álvarez
29 de julio, 2020
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Luego de 8 meses en México, país que nos acogió, retornamos a Guatemala mi mascota y yo. Sin embargo, no fue fácil. Primero, decidir regresar; segundo, cómo retornar si el aeropuerto está cerrado por la pandemia Sars-COVID-19, y tercero, la incertidumbre que siempre nos rodea a [email protected] [email protected]

Arribamos al aeropuerto Benito Juárez ubicado en la Ciudad de México, franqueamos los controles reglamentarios -por cierto, fuimos inspeccionados como en el programa televisivo “Alerta Aeropuerto”, lo cual no me molestó, pues entiendo la labor que realizan los agentes de seguridad por controles aeroportuarios- y abordamos un avión desde la ciudad de México hacia Tapachula, Chiapas.

Pero la verdadera odisea empezó al desembarcar del avión, recoger el equipaje y buscar un taxi que nos trasladase hacia la oficina de representación del Instituto Nacional de Migración ubicada en Ciudad Hidalgo. Cuarenta y cinco minutos de camino por una ruta silenciosa y rodeada de cultivos de banano; me dijo el señor que conducía el taxi: “señorita, vamos a buscar un bicitaxi de confianza para que la acerque a la oficina migratoria”. No entendí, pero supuse que era el paso a seguir.

Realizó algunas llamadas por teléfono, esperamos bajo una temperatura de 39º centígrados y por fin llegó la persona de sexo masculino conduciendo un bicitaxi (una bicicleta modificada empíricamente para poder transportar personas, cosas, etc.). ¿Pueden imaginarse la escena? Al principio fue chusca, sosteniéndome como podía en el tubo del bicitaxi.

Arribamos a las oficinas del Instituto Nacional de Migración en Ciudad Hidalgo (todavía del lado mexicano), procedí a ordenarme en la fila para poder ingresar al recinto; una vez dentro del mismo, me indica el agente de migración que no puede autorizar mi egreso de México porque me excedí en el plazo estipulado en la forma migratoria. Sentí que me desvanecía; no solo por la noticia, sino por el sofocante calor y la incertidumbre.

Durante la espera, la cual no duró más que una hora y media, pensé que migrar debiese ser menos complicado; obviamente con los controles necesarios, pero menos engorroso. Si bien es cierto que los derechos tienen límites, también lo es que estos límites no deben ser imposibles de cumplir ni restringir otros.

Pude observar a varios guatemaltecos que querían salir de México para ingresar a Guatemala, retornaban de Estados Unidos de América en donde estuvieron laborando para una procesadora de alimentos; pensé en el sueño americano, aquel que tienen muchas personas de migrar hacia Estados Unidos de América y poder mejorar sus vidas, sus propósitos, los cuales son diferentes según los contextos.

Finalizado el trámite por parte del agente migratorio, continué mi trayecto a bordo del bicitaxi. Atravesamos el Puente Internacional Rodolfo Robles, sobre el río Suchiate entre ciudad Hidalgo y Ciudad Tecún Umán, Guatemala. Cuando atravesábamos el puente pude ver las balsas, sí, esas famosas balsas hechizas que transportan personas, mercadería de contrabando, y pensé en lo fácil que es traficar personas, así como tratar mujeres, niños, niñas y adolescentes, quienes son los más vulnerables. Una modalidad básica y primaria en los supuestos fácticos (prostitución, venta de órganos, trabajo forzado, maternidad forzada) es el determinado por la persistente situación de discriminación estructural y la desigualdad de género existente en nuestros países, así como el rol que la sociedad atribuye a la mujer y el paradigma patriarcal imperante, que han contribuido a que las mujeres y niñ@s sean víctimas de violencia al ser coaccionadas, amenazadas, forzadas o engañadas por agentes externos y, en el peor de los casos, por sus propias familias con el objeto de ser explotadas de distintas formas”.

La porosidad fronteriza permite que ocurran estos hechos tan deleznables, que tienen una afectación plural de derechos, así como de víctimas. Por un lado, se afectan derechos inalienables tales como la libertad, la integridad, la vida, la dignidad, la identidad, la familia, el tránsito y la residencia –entre otros- y, por otro lado, las víctimas son distintas, en su mayoría mujeres, niñ@s y adolescentes. Son diferentes los factores que potencian la vulnerabilidad social a la trata de personas y el tráfico ilícito de migrantes, como por ejemplo la invisibilización del fenómeno, la desigualdad de género, la violencia intrafamiliar, la pertenencia a minorías étnicas, las situaciones de pobreza, la ausencia de una debida educación, salud, etc.

Continuando mi retorno, al arribar a la oficina migratoria guatemalteca me encontré con varios militares, personal de la Policía Nacional Civil y un enfermero del Ministerio de Salud y Asistencia Social, por supuesto personal de migración en donde entregué mi pasaporte para documentar mi ingreso a territorio guatemalteco. Pero noté que no hubo controles ni inspección a mi equipaje. No es porque llevase algo ilícito conmigo, sino porque es sistemático que los empleados que se encuentran en migración actúen sin la debida diligencia, es decir, no verifican tanto al ingresar como al egresar del país, por lo tanto no cumplen con sus labores. Esto se traduce en la ineficacia de los Estados para garantizar y proteger derechos humanos, ya que los órganos estatales no cumplen con las medidas necesarias para la prevención y protección contra la trata de personas y el tráfico ilícito de migrantes.

El 30 de julio es el Día Mundial contra la Trata de Personas1 y con esta anécdota comparto, por un lado, que migrar es complicado iniciando desde asumir la decisión para hacerlo, los obstáculos institucionales que se presentan durante el trayecto y la instalación en el país destino, y por otro quiero exponer la permeabilidad y falta de controles en nuestras fronteras, que permite y consienten que se cometan delitos como la trata de personas y el tráfico ilícito de migrantes, entre otros, los cuales afectan directamente a la población más vulnerable.

Las fronteras, esas líneas que delimitan nuestros países, son tan endebles, tan susceptibles, tan permeables que no garantizan la vida, la indemnidad, la libertad e integridad de las personas que diariamente las transitan. Esa es nuestra realidad fronteriza, la permeabilidad de las mismas por la falta de políticas públicas que realmente se enfoquen en prevenir y combatir el tráfico ilícito de migrantes y la trata de personas, pues las víctimas son cosificadas al ser “utilizadas” para distintos fines.

@CMDPDH

 

 

1 “En este Día Mundial contra la Trata de Personas, reafirmemos nuestro compromiso y nuestro empeño en impedir que los delincuentes exploten a las personas para obtener beneficios y en ayudar a las víctimas a reconstruir su vida”. António Guterres, Secretario General de las Naciones Unidas

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