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Verdad, justicia y reparación
Por CMDPDH
La Comisión Mexicana de Defensa y Promoción de los Derechos Humanos es una organización civil,... La Comisión Mexicana de Defensa y Promoción de los Derechos Humanos es una organización civil, secular, autónoma e independiente fundada en 1989. Busca contribuir a la consolidación de un Estado democrático de derecho que reconozca y garantice, en particular, los derechos de las víctimas de violaciones a derechos humanos; en especial el derecho a la asistencia, protección, verdad, justicia, reparación integral, debida diligencia, y demás derechos consagrados. Este blog es un espacio de análisis e investigación que invita a un debate informado sobre el estado de los derechos humanos en México. Síguenos en Facebook/CMDPDH. (Leer más)
La violencia contra las mujeres de ambos lados del río: México y Guatemala
Los gobiernos de Guatemala y México han sido negligentes al no garantizar el cumplimiento de las obligaciones nacionales e internacionales para prevenir, erradicar, investigar, sancionar la violencia contra las mujeres, lo cual los convierte en estados feminicidas.
Por Flor de María Gálvez Álvarez y Giselle Yáñez Villaseñor
25 de noviembre, 2020
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Otro 25 de noviembre en el que los gobiernos de México y de Guatemala, respectivamente, hablarán de sus compromisos para erradicar la violencia contra las mujeres. A pesar de ello, la violencia contra las mujeres impera en ambos lados de la frontera. Desde ambos lados de los ríos Suchiate y Usumacinta, que nos dividen y a la vez nos unen, la violencia de género se ha intensificado a través de los años consolidando así los sistemas patriarcales.

Ambas naciones tenemos una ideología colonialista y patriarcal, reflejada en la constante violencia contra las mujeres y contra los grupos indígenas. México y Guatemala han enraizado la desigualdad entre los desiguales, la pobreza entre los pobres, dejando a las mujeres como las más pobres y desiguales lo cual se representa en la feminización de la pobreza y en la feminización de la migración. Nuestra historia es la del uso del poder patriarcal que norma a las mujeres en lo público y en lo privado e incluso en el poder para decidir sobre sus propios cuerpos; sesgando la autonomía de las mujeres a la voluntad misógina a través discursos conservadores. Así se sustenta y reproduce la cultura feminicida, expresada en la normalización de determinadas conductas como  la violencia sexual y la misoginia, presentes en  ambos lados de nuestras fronteras -México y Guatemala-. Palpándose no solo en manifestaciones culturales, sino también en acciones y omisiones de los órganos de procuración e impartición de justicia.

La violencia sexual contra las mujeres, tanto en la Guatemala de los años ochenta como en el México de “la guerra contra el narcotráfico”, han dejado heridas profundas en la vida de las mujeres, heridas que no se cierran y heridas nuevas y profundas. Estos procesos de militarización tuvieron como estrategia milenaria la violación como arma de guerra ya sea en conflictos formales o no reconocidos, fundamentando y legitimando, desde la categoría simbólica, la identidad femenina como “símbolo- objeto” y que ha operado como un significante cultural en el que  participan  construcciones simbólicas como la identidad, la nacionalidad, el honor, lo femenino y lo masculino1. La violación  sexual2 es una estrategia completa que pretende la intimidación y destrucción social, siendo un ataque contra la identidad, indemnidad, libertad e integridad tanto personal como cultural

Guatemala: la violencia sexual como arma en la guerra y en la paz

Guatemala violenta diariamente a niñas y mujeres. Desde el 2011 al 2016, 15 mujeres sobrevivientes de la guerra lucharon para que se conociera su historia; sí una historia sin precedentes que llevó a juicio a dos exmilitares por delitos de lesa humanidad. Las abuelas de Sepur Zarco, como se las conoce, contaron cómo en 1982 miembros del ejército establecidos en un puesto en la comunidad Sepur Zarco (departamento de Izabal, Guatemala) mataron y desaparecieron a sus familias, asimismo cómo las violentaron y esclavizaron.

“Prostituta” era la palabra que utilizaban los militares, cuentan las sobrevivientes. En un juicio sin precedentes en Guatemala el 2 de marzo de 2016, un Tribunal condenó a 2 exmilitares por delitos de lesa humanidad (violación, asesinato y esclavitud) concediendo 18 medidas de reparación a las sobrevivientes y sus comunidades3. La Comisión del Esclarecimiento Histórico documentó que la violación sexual contra las mujeres durante su tortura o antes de ser asesinadas, fue una práctica común para destruir la dignidad de la persona4. Las consecuencias de esto fueron terribles: embarazos forzados, niñas y niños desarraigados de sus hogares para ser posteriormente sometidos a procesos de trata de personas en su modalidad de adopción irregular, así como la estigma social y daños a la vida e integridad.

En Guatemala la violencia contra las niñas  y mujeres continúa manifestándose en todos los estratos sociales. Según cifras de CIPRODENI5 de cada 10 víctimas de trata de personas, 8 son niñas y adolescentes; de enero a septiembre de 2020, 73 niñas murieron por violencia, 445 sufrieron lesiones por maltrato y 2,887 fueron sometidas a exámenes forenses por delitos sexuales; detectándose de enero a septiembre 77,847 embarazos en niñas y adolescente entre 10 y 19 años. Estas cifras evidencian que la violencia sexual se ha incrementado, sin tener acciones positivas por parte del Estado, que está obligado, para  prevenir, erradicar, investigar y sancionar la misma. Por el contrario, se ufanan publicando que la violencia contra las mujeres ha tenido un descenso, para con ello no ser sancionados por las comisiones internacionales encargadas de la verificación y cumplimiento de los convenios internacionales signados.

Violencia feminicidio en México en un país “sin conflicto armado”  

Oficialmente México no ha tenido una dictadura ni tampoco una guerra interna “formal”, pero los gobiernos civiles  tampoco han garantizado los derechos humanos y menos cuando estos se tratan de las niñas y mujeres. Al contrario, han implementado  procesos de militarización puntual o generalizada, a pesar de la evidencia acerca de la militarización como factor de incremento de la violencia la violencia sexual6 y feminicida7.

Entre los casos emblemáticos se encuentra el de las hermanas Celia, Ana y Beatriz Gonzáles, quienes fueron violadas por militares en Altamirano, Chiapas, en 1999. Después de un largo proceso, las disculpas del Estado llegarían casi veinte años después de los hechos, por supuesto sin que algún miembro del ejército se disculpara por lo ocurrido. Otros de los casos fueron el de Inés Ortega y Valentina Rosendo, indígenas tlapanecas violadas por miembros del ejército mexicano en 2002, cuyo caso fue llevado en total impunidad por tribunales militares. En 2010 la Corte Interamericana de Derechos Humanos emitió una sentencia contra el Estado mexicano por diversas violaciones a los derechos humanos, subrayando la violación a al debida diligencia.  En el año de 2007 otro hecho evidenció la misoginia del gobierno mexicano con el caso de Ernestina Asencio, mujer náhuatl adulta mayor que murió a causa de la violación por parte de militares en el año 2007 en el estado de Veracruz; el gobierno mexicano negó los hechos. Estos son casos paradigmáticos, pero no únicos, de la violencia contra las mujeres y niñas en México.

Actualmente, el gobierno mexicano tampoco ha respondido satisfactoriamente a la violencia feminicida. De enero a julio del 2020 se contabilizaron 566 feminicidios en las cifras oficiales8. La oficina de Naciones Unidas para los Derechos Humanos también documentó que de 2017 a 2020 los feminicidios en el país se incrementaron diariamente de 7 a 10; cada día son asesinadas en México 10 mujeres. Continuando con Datos de la Red Nacional de  Refugios de marzo a julio de 2020, se registró un 71% de incremento en las mujeres, niñas y niños que requirieron atención en estos centros, respecto al mismo periodo del año anterior. Las organizaciones de la sociedad civil también se han enfrentado a presupuestos insuficientes y ciegos al género así como a decrementos en la etiquetación para los temas de igualdad9 mismo que ha sido sacrificado en aras de la austeridad republicana.

Las mexicanas no estamos seguras, ya que según datos de la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana en 2019 el 77.2% de las mujeres se sentían inseguras en su ciudad10. Y es que la violencia sexual contra las mujeres es una constante en México, donde en el segundo semestre de 2019 más de seis millones de mujeres fueron víctimas de delitos sexuales, evidenciándose que no fueron denunciados o no se inició investigación, en el 99.9% de los delitos de acoso y hostigamiento sexual, y en los casos de violación un 99.4% tampoco  fueron investigados.11

Un estado feminicida es un estado fallido

La violencia de género es un fenómeno complejo para quienes defendemos y promovemos el respeto por los derechos humanos y la igualdad. Hemos visto y compartido las luchas por la justicia que impulsan víctimas de violencia de género, hemos visto  morir en la impunidad a madres como Marisela Escobedo, hemos visto a mujeres dedicando su vida en la búsqueda de sus hijas e hijos, pero no hemos visto a los estados responder integralmente. Las víctimas de violencia sexual  pueden tardar  años en romper el silencio  o pueden hacerlo de inmediato, pero no obtienen respuestas prontas a sus denuncias; esto porque el propio sistema las mancilla, las revictimiza no creyéndoles, no dándoles respuesta pronta, no cumpliendo con las medidas de seguridad que puedan emitirse a su favor.

Los gobiernos de Guatemala y México han sido negligentes al no garantizar el cumplimiento de las obligaciones nacionales e internacionales para prevenir, erradicar, investigar, sancionar la violencia contra las mujeres, lo cual los convierte en estados feminicidas. Si bien ha habido avances, también falencias y omisiones por parte de nuestros estados, al no ejercer el máximo uso de recursos disponibles para la igualdad y el acceso de las mujeres a una vida libre de violencia. El terror, la falta de respuestas de justicia y el continuo dominio sobre nuestros cuerpos y nuestras vidas persiste, no importando de qué lado del río nos sentemos.

@CMDPDH

 

 

 

1 Serret, Estela, 2001.  El género y lo simbólico. La constitución imaginaria de la identidad femenina. ED. Instituto de la Mujer Oaxaqueña.

2 Amnistía Internacional, 2004.  Vidas Rotas. Crímenes contra mujeres en situaciones de conflicto . Londres, Reino Unido. Editorial Amnistía Internacional.

3 Onu Mujeres,  2018. En el caso  Sepur Zarco: las mujeres guatematelcas que exigieron justicia en una nación destrozada por la guerra. Disponible aquí. Recuperado: 10/11/2020.

4 Memoria Virtual Guatemala, 2019. Violencia Sexual. Disponible aquí. Recuperado: 10/11/2020.

5 Coordinadora Institucional de Promoción por los Derechos de la Niñez –CIPRODENI- 2020. Disponible aquí. Recuperado: 10/11/2020.

6 Amnistía Internacional (2016) Sobrevivir a la muerte: tortura sexual de mujeres por policías y fuerzas armadas en México. Disponible aquí. Recuperado: 15/11/2020.

7 Intersecta, 2020. Las Dos Guerras: el impacto de los enfrentamientos de las fuerzas armadas en los asesinatos de mujeres en México (2007-2018). Disponible aquí. Recuperado: 15/11/2020.

8 Zamora, Hazel, 2020 Datos oficiales sobre el feminicidio contradicen dichos de AMLO. 01/09/2020 . Cimac notícias. Cimacnoticias. Disponible aquíRecuperado: 15/11/2020.

9 Red Nacional de Refugios, 2020, De los discursos a los hechos. Disponible aquí.

10 INEGI, 2020. Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana. Disponible aquíRecuperado: 12/11/2020.

11 México Evalúa , 2020 Impunidad rampante: 99% de las violaciones no se atienden. Disponible aquí. Recuperado: 10/11/2020.

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