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Verdad, justicia y reparación
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La Comisión Mexicana de Defensa y Promoción de los Derechos Humanos es una organización civil,... La Comisión Mexicana de Defensa y Promoción de los Derechos Humanos es una organización civil, secular, autónoma e independiente fundada en 1989. Busca contribuir a la consolidación de un Estado democrático de derecho que reconozca y garantice, en particular, los derechos de las víctimas de violaciones a derechos humanos; en especial el derecho a la asistencia, protección, verdad, justicia, reparación integral, debida diligencia, y demás derechos consagrados. Este blog es un espacio de análisis e investigación que invita a un debate informado sobre el estado de los derechos humanos en México. Síguenos en Facebook/CMDPDH. (Leer más)
Ser madre a distancia luchando por justicia
La justicia mexicana ha enseñado a Verónica y a Austreberta a ser madres a distancia. A Austreberta le ha agotado tener a sus dos hijos, víctimas de tortura, en prisión. A Verónica le urge estar cerca de sus hijos, hoy de 18 y 13 años, adentrándose en la adolescencia y sin poder verlos crecer.
Por CMDPDH
8 de mayo, 2017
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Por: Mariana Gurrola (@medui)

Conocí a Verónica en 2014, cuando su madre Austreberta nos contaba su historia. La conocí a distancia, como ella ha tenido que vivir, sin sus hijos, y como su madre ha tenido que estar sin los propios por casi seis años.

Verónica y Erick Razo Casales fueron detenidos el 8 de junio de 2011 de manera arbitraria. Durante 24 horas los mantuvieron incomunicados y fueron torturados física, psicológica y sexualmente dentro de las instalaciones de la Policía Federal en la Ciudad de México, obligándoles a firmar declaraciones falsas en las que aceptaban pertenecer a una banda dedicada al secuestro. Un día después, el 9 de junio, fueron presentados ante un Agente del Ministerio Público donde confesaron bajo tortura y sin presencia de un abogado. Durante esas 24 horas, la señora Austreberta denunció en el Ministerio Público la privación de la libertad de Verónica, y más tarde agregaría la denuncia por incomunicación y tortura de sus dos hijos.

En un mes se cumplirán ya seis años de buscar justicia para Verónica y Erick. Seis años en que Austreberta ha tenido que encontrarse de frente con la injusticia en México, con la fabricación de culpables; pero como madre, nada la ha frenado para seguir denunciando que sus hijos le fueron arrebatados. Hoy, Austreberta pone todas sus fuerzas en criar a sus nietos, esclarecer los hechos y luchar por la libertad de sus hijos.

Mientras tanto Verónica también ha tenido que enfrentarse a pasar seis años lejos de su familia; de verse obligada a despedirse de sus hijos en cada visita, y verlos crecer sin poder estar cerca. Entretanto, sobrevive a los días de angustia, impotencia y desesperación, viviendo en reclusión sin sentencia por un delito que no cometió, y acusada únicamente por su confesión bajo tortura y por pruebas fabricadas desde su detención arbitraria.

El día que vi a Verónica por primera vez dentro del CEFERESO, conocí su sonrisa y su mirada de añoranza. Luego de más de siete filtros de seguridad, pude abrazarla y asegurarle que habíamos cientos de personas que conocíamos su caso y estábamos luchando por justicia. La tortura ha dejado en Verónica estragos evidentes, como su frágil estado de salud a causa de un shock de hipertiroidismo desatado por la tortura física que vivió, y que hoy se muestra como un desequilibrio hormonal, por un mal tratamiento en el cual le quemaron la tiroides. Pero también hay estragos que no se notan pero nos cuenta, como haber aprendido a bañarse sin cerrar los ojos con tal de no recordar el dolor que le infligieron, cuando con los ojos vendados, la golpeaban y metieron su cabeza en agua, donde sentía ahogarse. Nos cuenta cómo ha luchado por apagar sus recuerdos para que no resuenen los gritos y amenazas de los policías federales que la torturaron a ella y a su hermano, a quien pudo reconocer por los gritos. Y cómo ha aprendido a mantenerse fuerte cuando sus hijos la visitan y no puede abrazarlos tanto como quisiera, porque en el penal controlan el contacto físico.

La justicia mexicana ha enseñado a Verónica y a Austreberta a ser madres a distancia. A Austreberta le ha agotado tener a sus dos hijos, víctimas de tortura, en prisión. A Verónica le urge estar cerca de sus hijos, hoy de 18 y 13 años, adentrándose en la adolescencia y sin poder verlos crecer. Pero debe conformarse con hablarles en las llamadas programadas, cada 15 días por tan sólo 10 minutos, tiempo que apenas alcanza para decir “te extraño, sé fuerte” y actualizar un poco sobre la vida y el proceso jurídico.

“Yo estoy aquí pero ellos han vivido las consecuencias, y al final nada va a regresarnos estos años, no habrá reparación del daño por las noches en que mis hijos se han sentido solos, o por los días en que no he podido escucharles, darles un consejo o simplemente ser madre”.

Verónica es una sobreviviente de tortura, y un ejemplo de las deficiencias del sistema de justicia en México. Ninguno de sus agresores ha sido llevado ante la justicia. Durante estos años ha estado en diferentes penales donde nos cuenta que se ha enfrentado a una realidad que no conoció antes de su detención. Pero también ha sobrevivido a pésimas condiciones carcelarias, a los malos tratos en uno de los traslados, al desgaste de sentir su cuerpo encerrado, pero su mente y corazón luchando junto a su madre y sus hijos.

Sonríe y nos mira un tanto incrédula “mis hijos siguen fuertes a pesar de haber crecido sin su mamá”. Pero a mí no me sorprende. He visto en ella una fortaleza enorme, la misma que en su madre. En 2014 cuando conocí a Verónica a través de los relatos de su madre le agarré un cariño especial; me indignó la forma en que la vida podía cambiar en un minuto para toda una familia, y me hizo rabiar la tortura que sufrió. Al platicar con ella al fin conocí el amor que emana de esa familia que no se ha quebrado. Para ambas su centro y principal preocupación son sus hijos y han sido obligadas a ser madres a distancia. Para ellas, como para miles de víctimas en México, este 10 de mayo no habrá mucho que celebrar.

Verónica y Erick son parte de la campaña de apoyo del ACAT en Francia. Por su parte, Verónica también es parte de la campaña Rompiendo el Silencio, su caso fue retomado en el informe de Amnistía Internacional “Sobrevivir a la muerte”, y el caso es analizado por el Mecanismo de Seguimiento de Casos de Tortura Sexual Cometida contra las Mujeres de SEGOB. Pero aún hay mucho por hacer. Firma aquí la petición y ayudamos a exigir justicia.

 

* Mariana Gurrola es cocoordinadora del área de comunicación de la @CMDPDH.

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