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Verdad, justicia y reparación
Por CMDPDH
La Comisión Mexicana de Defensa y Promoción de los Derechos Humanos es una organización civil,... La Comisión Mexicana de Defensa y Promoción de los Derechos Humanos es una organización civil, secular, autónoma e independiente fundada en 1989. Busca contribuir a la consolidación de un Estado democrático de derecho que reconozca y garantice, en particular, los derechos de las víctimas de violaciones a derechos humanos; en especial el derecho a la asistencia, protección, verdad, justicia, reparación integral, debida diligencia, y demás derechos consagrados. Este blog es un espacio de análisis e investigación que invita a un debate informado sobre el estado de los derechos humanos en México. Síguenos en Facebook/CMDPDH. (Leer más)
Ser defensora de derechos humanos en un contexto de violencia y pandemia en México
Ser mujer en México actualmente es una condición de riesgo, pero ser defensora de derechos humanos en un contexto de violencias estructurales implica un doble riesgo por condición de género y por defender derechos
Por Verónica Caporal Pérez
15 de julio, 2020
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Una sociedad que acepta, normaliza y naturaliza la violencia hacia las mujeres y las niñas es un sistema cultural que reproduce la violencia a través de prácticas culturales en el día a día. Nos acostumbramos a mirar cotidianamente imágenes de mujeres que están siendo violentadas física, psicológica, económica, sexual o bien haciendo alegoría de la violencia feminicida. En nuestro país se asesinan 10 mujeres al día por el simple hecho de ser mujeres; se ha hecho habitual saber que una niña, una joven o una mujer más ha sido asesinada de la forma más atroz; se acepta la explotación del cuerpo de las mujeres en contextos de prostitución; se justifica la desaparición de una joven y se llega argumentar que “ella se lo busco”, que “andaba en malas compañías”, que “se fue con el novio”, que “andaba de loca”, “cómo iba vestida”, “qué hora era”. La violencia feminicida y los feminicidios son una realidad en nuestro sistema cultural.

Actualmente, México es uno de los países más peligrosos para ser mujer. Requerimos desmantelar ese entramado cultural donde se afianza y crece la idea de que la violencia contra las mujeres es parte de la vivencia de ser mujeres: cuando la violencia se ha normaliza no hay límites que la detengan, es así como una sociedad aprende a vivir con ella, como una práctica culturalmente justificada y aceptada, por lo cual es de suma importancia visibilizarla, documentarla, denunciarla y sancionarla.

Somos las mujeres las que nos hemos organizado para hacer frente a este contexto de violencia, luchamos día a día para evitar la normalización y naturalización de la misma. Desde las organizaciones de la sociedad civil, los colectivos y los grupos de mujeres jóvenes han generado estrategias de organización para proponer acciones políticas, económicas, jurídicas, y culturales para prevenir y erradicar la violencia contra las mujeres.

Ser mujer en México actualmente es una condición de riesgo, pero ser defensora de derechos humanos en un contexto de violencias estructurales implica un doble riesgo por condición de género y por defender derechos; por ejercer el derecho a la justicia, a la verdad, y a no ser víctimas de las violencias, de la corrupción, y la impunidad.

Cuando eres defensora de los derechos humanos de las mujeres las agresiones vienen de diversos actores – agentes del Estado, integrantes de grupos del crimen organizado, familiares, empresas, y personas de las mismas comunidades de origen, puede ser uno de ellos o todos al mismo tiempo– que amenazan y vulneran el trabajo que implica la defensa de los derechos humanos. Ante este contexto, las defensoras consideramos que es urgente documentar y contabilizar la violencia desde un enfoque interseccional/diferencial. Lo anterior con la finalidad de tomar en cuenta las particularidades de cada mujer, de cada caso, de cada historia: las mujeres no somos un número, no somos una estadística, no somos un caso aislado. Somos humanas con vínculos afectivos, con preocupaciones, con logros, con miedos, con fortalezas, con alegrías, con éxitos, con una historia que debe ser contada.

Cuando se evidencia la romantización de la violencia o la desvalorización de los actos de violencia, este hecho es vivido por quienes agreden o ejercen esa violencia como una transgresión al orden social de género. Cuando una defensora de derechos humanos amenaza ese entramado cultural, que establece narrativas que buscan romantizar y naturalizar los actos de violencia masculina hacia las mujeres, es cuando esa defensora de derechos humanos se convierte en una mujer incómoda, peligrosa y representa un riesgo, pero también es cuando se está en un riesgo de ser agredida, violentada, y en algunos casos de ser asesinada.

En la actual situación de emergencia sanitaria las condiciones no han cambiado, la violencia hacia las mujeres en el ámbito familiar se ha hecho más visible. En este estado de confinamiento, distancia social, y el “quédate en casa”, las mujeres conviven cotidianamente con los agresores, no existe un espacio de distancia, se permanece en ambiente de conflicto. Anteriormente el salir a trabajar o realizar actividades fuera de casa permitía, en un sentido, que esos actos de violencia se neutralizaran; hoy día no existen, y eso hace que se haga más evidente, la violencia no aumentó en esta pandemia, la violencia siempre ha estado ahí en el ámbito familiar.

Ser defensora de derechos humanos en un contexto de violencia y en tiempos de pandemia es denunciar y exigir la atención integral adecuada para cada una de las mujeres que está viviendo en una situación de violencia familiar; buscar justicia para las víctimas directas e indirectas de las desapariciones de mujeres, y de las víctimas de trata con fines de explotación sexual, laboral o mujeres utilizadas como vientres de alquiler; de las madres, hijas e hijos de las mujeres que han sido asesinadas por sus parejas sentimentales, vecinos, policías, o un desconocido.

Exigir instituciones gubernamentales sensibles, capacitadas y con formación especializada en perspectiva de género, derechos humanos, y sobre todo personal libre de estereotipos, prejuicios, y discriminación por razón de género; contar con políticas públicas actualizadas, presupuestos gubernamentales adecuados y acordes a las necesidades de las víctimas directas e indirectas, es relevante. Adicionalmente cabe remarcar que la apuesta más importante es transformar el orden social de género; erradicar la misoginia, los estereotipos, los prejuicios, la discriminación y la naturalización que hemos hecho de la violencia contra las mujeres. Requerimos urgentemente una nueva estructura cultural para prevenir, erradicar y sancionar la violencia contra las mujeres y las niñas.

* Verónica Caporal Pérez es Antropóloga Social Feminista CIFIP S.C.

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