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Verdad, justicia y reparación
Por CMDPDH
La Comisión Mexicana de Defensa y Promoción de los Derechos Humanos es una organización civil,... La Comisión Mexicana de Defensa y Promoción de los Derechos Humanos es una organización civil, secular, autónoma e independiente fundada en 1989. Busca contribuir a la consolidación de un Estado democrático de derecho que reconozca y garantice, en particular, los derechos de las víctimas de violaciones a derechos humanos; en especial el derecho a la asistencia, protección, verdad, justicia, reparación integral, debida diligencia, y demás derechos consagrados. Este blog es un espacio de análisis e investigación que invita a un debate informado sobre el estado de los derechos humanos en México. Síguenos en Facebook/CMDPDH. (Leer más)
Ser migrante
Por Flor de María Gálvez Álvarez
6 de julio, 2020
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La Organización Internacional de las Migraciones (OIM) define la palabra migrante como “toda persona que se traslada fuera de su lugar de residencia habitual, ya sea dentro de un país o a través de una frontera internacional, de manera temporal o permanente, y por diversas razones”.

Ser migrante, emocionalmente, trasciende todas esas palabras.

Algunas personas han decidido migrar porque en sus lugares de origen no tenían otra opción más que irse. Ya sea por el trabajo desempeñado que las puso en riesgo inminente, o bien, por la pobreza, la falta de oportunidades e inclusive la inseguridad misma del propio país, les obliga a dejar sus entornos, sus lugares, sus pueblos.

Los contextos que se dan para que una persona decida migrar hacia otro lugar, ya sea dentro de su propio país o fuera de él, son diversas a algunas de ellas ya me referí. Migrar induce a que los planes de vida cambien, pero el problema real y estructural que provoca la migración, de cualquier tipo, es la corrupción, la impunidad y el crimen organizado que se encuentran, lamentablemente, enquistados dentro de las estructuras sociales y estatales de nuestros países.

Para mí migrar fue difícil y complejo; encontrarme en otro país, con costumbres e identidades diversas, aunque con un idioma común; pero imagino lo que han de vivir quienes migran a países donde no hablan el mismo idioma, en donde la comunicación se torna espinosa, porque no les es fácil darse a entender y explicar sus necesidades.

Migré porque quise compartir mis experiencias y luchar por una causa “la justicia y la defensa de los derechos humanos”. Conocí a varias personas que, sin saber de mí, me abrieron muchas puertas, me permitieron conocerlas, compartir, quererlas y con ello, he aprendido a valorar los instantes, las experiencias vividas, porque todo en nuestras vidas es momentáneo.

Pero pienso en todas aquellas personas migrantes que no tienen las mismas oportunidades que tuve; que son cooptadas por el crimen organizado, o que son apresadas por el Estado en estaciones migratorias en condiciones denigrantes; aquellas que no tienen qué comer, dónde dormir, qué vestir. Personas que, al igual que yo, migraron porque buscaban otras oportunidades para ellas mismas y para [email protected] que dejaron atrás en su país, en su pueblito.

Al ser migrante te pierdes la vida de tu comunidad, del crecimiento de tus familiares, [email protected], colegas que en algún momento de tu vida convivieron contigo; y aunque en tu mente continúen esas vivencias, ya no estás ahí para abrazarlos, para conversarles, para verles. También te pierdes de los hermosos paisajes que hay en tu lugar de origen; en mi caso, de esos volcanes y montañas, de eso frondosos árboles verdes, de esas coloridas flores, y aunque en mi mente siguen ahí, ya no estoy para poder disfrutarlos.

A veces arde en el alma estar lejos, porque cuando lees las noticias sobre tu país y ves cómo está tu gente, tu sangre, te dan ganas de volver; porque en mi caso, luchar por mejorar las condiciones de vida en mi país es un ideal, y por ello quiero volver, para hacer algo, aunque sea mínimo, pero hacerlo. Sin embargo, en ocasiones no puedes o simplemente, ya no quieres.

Migrar, por cualquiera que sea el motivo, siempre duele, te enajena, te hiere. Porque, aunque busques oportunidades distintas, te traces un proyecto de vida distinto al que alguna vez planeaste, los recuerdos te persiguen, y en ocasiones te alientan y te animan y, pero a veces te deprimen; dependiendo los motivos por los cuales tuviste que irte y alejarte. Ser migrante duele y no es fácil.

A través de esta nota, quiero agradecer a quienes me permitieron, como migrante, tener sueños, metas, alegrías y en momentos duros tristezas. Especialmente a Maribel, quien lamentablemente murió por Covid-19 te recordaré siempre; a Ana Paula y Sally O´Neal por su entrega y compromiso por los derechos humanos; a las personas que conocí, de quienes he aprendido mucho y que están comprometidas por luchar a favor de los grupos más vulnerables, de quienes han sido víctimas de actos atroces cometidos con la propia aquiescencia del propio Estado, a [email protected] gracias.

A [email protected] ustedes mi agradecimiento sincero y profundo.

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