
La discusión pública sobre la educación en México volvió recientemente al centro del debate tras la destitución de Marx Arriaga, quien hasta hace poco se desempeñaba como director general de Materiales Educativos de la Secretaría de Educación Pública (SEP). Sus declaraciones en torno a una supuesta “privatización de la educación” reactivaron cuestionamientos, respaldos y críticas hacia la Nueva Escuela Mexicana (NEM), un modelo que plantea una transformación profunda sobre la forma en que se conciben la enseñanza y el aprendizaje, pero que desde su implementación ha generado tanto expectativas de transformación pedagógica como dudas sobre su viabilidad, alcances e impacto real en las aulas.
Frente a ello, la SEP ha argumentado que la NEM busca que la educación no solo transmita conocimientos, sino que contribuya a la formación de una ciudadanía crítica, solidaria y comprometida con su entorno. La escuela, desde esta perspectiva, es un espacio clave para la construcción de justicia social e inclusión, asegura el organismo.
Impulsada por la SEP, la Nueva Escuela Mexicana ha generado expectativas, pero también preguntas y debates entre docentes, madres y padres de familia, especialistas y estudiantes. Comprender en qué consiste este modelo, cuáles son sus principios y cómo se aplica en las aulas resulta fundamental para analizar su alcance, sus retos y su impacto en el futuro de la educación en México.
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En su artículo 3, la Constitución mexicana establece que toda persona tiene derecho a la educación y que el Estado impartirá y garantizará su cumplimiento, por lo que el sistema educativo ha sido un eje prioritario para reformarse durante cada gobierno.
Entre algunas de las reformas que han buscado consolidar el sistema público, mejorar la calidad y actualizar los planes de estudio, destacan las realizadas en 1992, 2013 y 2019, las cuales cambiaron aspectos como la evaluación docente, la autonomía escolar y los enfoques pedagógicos.
Previo a la implementación de la Nueva Escuela Mexicana, la educación se regía por el Modelo Educativo 2017 —derivado de la reforma educativa de 2013— y se centraba en competencias y la evaluación a través de exámenes estandarizados y evaluaciones del sistema hechas por el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (México) y la Comisión Nacional para la Mejora Continua de la Educación (Mejoredu).
Sin embargo, según la SEP y promotores de la NEM, ese modelo limitaba la participación activa del estudiantado.
Con base en este argumento, a partir de 2019 surgió el nuevo modelo educativo impulsado por el expresidente Andrés Manuel López Obrador, quien reformó al artículo 3 de la Constitución mexicana el 15 mayo de ese mismo año para priorizar progresivamente un enfoque humanista, crítico y comunitario a partir del ciclo escolar 2019-2020.
Desde su creación, la Nueva Escuela Mexicana ha generado diversas opiniones. Recientemente, Marx Arriaga fue destituido de su cargo como director general de Materiales Educativos de la SEP después de que en diciembre del año pasado acusó a la dependencia de “querer privatizar la educación”.
Sobre ello, la presidenta Claudia Sheinbaum afirmó que “es falso que la NEM esté en riesgo (…) sigue porque hay miles de docentes que cada mañana la hacen real, que la adaptan a su tierra, que la reinventan con sus estudiantes y sus comunidades”.
Además, informó los avances del modelo educativo como el fortalecimiento de la Estrategia Vida Saludable —que erradicó la comida chatarra en las escuelas— y el impulso de las Escuelas Libres de Violencia —con lineamientos publicados en 2025 para la prevención, atención y erradicación del maltrato y la violencia sexual.
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Este nuevo modelo educativo modifica al anterior al desplazar el enfoque educativo de la memorización y la enseñanza dividida en contenidos y encaminarlo hacia un enfoque más integral y humanista. De acuerdo con la SEP, el propósito principal de la NEM es brindar calidad en la enseñanza, por ello, el sujeto principal de la Nueva Escuela Mexicana es el alumnado.
Principalmente, la NEM promueve la organización de los temarios a partir de campos formativos y sustituye las materias por proyectos, lo que permite al estudiantado relacionar conocimientos con situaciones reales de su entorno, según la SEP. “Ese es uno de los elementos distintivos del modelo, pero también uno de sus principales problemas: no todo se puede enseñar a través de proyectos. Es una propuesta difícil de implementar”, asegura Alma Maldonado-Maldonado, académica, pedagoga e investigadora de las políticas educativas en México y América Latina.
Asimismo, la Nueva Escuela Mexicana transforma la manera de evaluar y el rol del docente: la evaluación deja de centrarse en calificaciones y exámenes para convertirse en un proceso formativo y continuo, que acompaña el desarrollo de saberes, habilidades y actitudes en el que el personal docente asume un papel de guía del aprendizaje, no de una figura autoritaria.
Sobre ello, Gabriela Conde Moreno, escritora y colaboradora en los libros de primaria NEM, destaca que “existe la idea de que este modelo no se puede evaluar, pero eso no es cierto. Siguen existiendo pruebas estandarizadas que permiten medir aprendizajes básicos como lectura, escritura, matemáticas o ubicación espacial. Además, hay indicadores cotidianos muy claros: cómo leen y escriben las niñas y los niños, cómo se organizan colectivamente y cómo aplican lo aprendido en su vida diaria”.
Otro de los ejes clave es el enfoque comunitario e intercultural. Ello significa que los aprendizajes se vinculan con la realidad de cada comunidad, su historia, su cultura y sus problemáticas. Alma Maldonado-Maldonado expone que priorizar la enseñanza dentro del contexto social mexicano “ es muy problemático porque representa una idea muy romantizada sobre el país. Puede ser una influencia positiva por visibilizar a la cotidianidad mexicana, pero también negativa”.
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Como colaboradora en el proyecto de la NEM, Gabriela Conde Moreno asegura que es un modelo enorme y vivo, por lo que las dificultades son naturales. “Uno de los principales retos es escuchar a las maestras y los maestros que están frente a grupo porque son quienes mejor pueden decir qué funciona y qué no”, destaca.
“Hoy sabemos que existen muchas formas de aprender, distintas inteligencias y múltiples maneras de ser niña o niño. La Nueva Escuela Mexicana busca dejar atrás una lógica capacitista —de quién puede y quién no— y apostar por la construcción colectiva del conocimiento a partir de la experiencia”, señala Gabriela Conde Moreno.
“Cada sexenio hemos visto una nueva reforma educativa. Históricamente, cada gobierno ha querido dejar su sello. El problema es que los cambios se hacen sin una evaluación previa de lo que funcionó y lo que no. Así, el sistema educativo ha sido manipulado durante años”, afirma Alma Maldonado-Maldonado.
Y concluye: “Quienes más resienten esto son las maestras y los maestros. Se les cambia constantemente el modelo, el lenguaje y los conceptos. Aprenden una ‘nueva’ forma de enseñar que pronto es reemplazada por otra. Esto genera desgaste, desorientación y una sensación de que se trata más de modas educativas que de políticas sólidas”.
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Las relaciones de Japón con China están en su nivel más bajo en años, luego de varios episodios que han elevado la tensión entre ambos países.
Los osos panda Xiao Xiao y Lei Lei fueron despedidos el mes pasado entre lágrimas en el Zoológico Ueno de Tokio por miles de japoneses, antes de ser enviados de regreso a China.
El hecho, que dejó a Japón sin pandas chinos por primera vez en décadas, se convirtió en uno de los últimos símbolos del deterioro de las relaciones entre China y Japón.
Desde que la primera ministra de Japón, Sanae Takaichi, hizo comentarios que llevaron las relaciones con China a su nivel más bajo en años, Pekín ha aumentado la presión por diversas vías.
Lo ha hecho enviando buques de guerra, restringiendo las exportaciones de tierras raras, frenando el turismo chino, cancelando conciertos e incluso recuperando a sus pandas.
Mientras Takaichi inicia un nuevo mandato, tras obtener un respaldo histórico en las recientes elecciones anticipadas, los analistas advierten que China y Japón tendrán dificultades para reducir la tensión y que la relación no se recuperará pronto.
La disputa empezó en noviembre, cuando Takaichi pareció sugerir que Japón activaría su fuerza de autodefensa en caso de un ataque a Taiwán.
China considera a Taiwán como una provincia propia rebelde y no ha descartado el uso de la fuerza para “reunificarse” con ella algún día.
Taiwán, que se gobierna de forma independiente desde hace décadas, considera a EE.UU. como un aliado clave que se ha comprometido a ayudarla a defenderse.
Desde hace tiempo, la preocupación ha sido que cualquier ataque a Taiwán pudiera resultar en un conflicto militar directo entre Estados Unidos y China, que luego se ampliara a otros aliados estadounidenses en la región como Japón y Filipinas.
La cuestión de Taiwán es una línea roja absoluta para China, que reacciona con furia ante cualquier comentario percibido como “injerencia externa” e insiste en que es una cuestión de soberanía que solo China puede decidir por sí misma.
Casi inmediatamente después de las declaraciones de Takaichi, Pekín respondió con una oleada de condenas y exigió una retractación.
Los observadores han señalado que los comentarios de Takaichi coincidían con la postura del gobierno y con lo que otros líderes japoneses habían dicho en el pasado.
Pero la diferencia radica en que era la primera vez que un primer ministro japonés en funciones expresaba tales opiniones.
Por su parte, Takaichi se negó a disculparse o retractarse de sus comentarios, una postura que, según los analistas, probablemente se vea justificada por el sólido respaldo electoral que ha obtenido.
Sin embargo, Takaichi sostuvo que sería más cautelosa al comentar sobre escenarios específicos. A su vez, su gobierno ha enviado diplomáticos de alto rango a reunirse con sus homólogos chinos.
Sin embargo, esto no ha contribuido a calmar la ira china.
Ante la firme negativa de Takaichi a ceder, China ha aumentado la presión de forma constante.
Si bien en las últimas décadas han surgido disputas entre ambos países, alimentadas por la animosidad histórica, esta vez la situación es diferente, según los analistas.
China ha ampliado su presión en una gama mucho más amplia de frentes, señaló Robert Ward, presidente de Japón del centro de estudios Instituto Internacional de Estudios Estratégicos.
Se trata de una presión difusa y de bajo nivel, similar a la “guerra de zona gris” que libra contra Taiwán, afirmó, cuyo objetivo es “desgastar [al oponente] para normalizar cosas que en realidad no son normales”.
En el ámbito diplomático, ha presentado quejas ante las Naciones Unidas y pospuesto una cumbre trilateral con Japón y Corea del Sur.
China también ha intentado involucrar a otras partes en la contienda y ha pedido a Reino Unido y Francia que se unan a ella, al tiempo que insta a sus aliados, Rusia y Corea del Norte, a denunciar a Japón.
Durante el fin de semana, el ministro de Asuntos Exteriores chino, Wang Yi, invocó el historial de agresión de Japón durante la Segunda Guerra Mundial al dirigirse a los líderes occidentales en la Conferencia de Seguridad de Múnich y calificó las declaraciones de Takaichi como un “acontecimiento muy peligroso”.
En el ámbito militar, Japón sostuvo que China ha enviado drones y buques de guerra cerca de sus islas y que sus cazas de combate han fijado los radares que guían sus armas en aviones japoneses.
Además, buques de la guardia costera japonesa y china se han enfrentado cerca de las disputadas islas Senkaku/Diaoyu, mientras que la semana pasada las autoridades japonesas incautaron un buque pesquero chino.
Pero está claro que China también quiere golpear a Japón donde más le duele: su economía.
Pekín ha impuesto restricciones a las exportaciones a Japón de tecnologías de doble uso, incluyendo tierras raras y minerales críticos, en lo que se ha considerado una forma de coerción económica.
También ha advertido a los ciudadanos chinos que eviten Japón para sus estudios y vacaciones y ha cancelado vuelos en 49 rutas a Japón, lo que ha provocado una disminución del turismo y una caída en el valor de algunas acciones.
Los ciudadanos chinos representan una cuarta parte de todos los turistas extranjeros que llegan a Japón, según cifras oficiales.
Ni siquiera el entretenimiento y la cultura ha quedado exentos de las consecuencias.
Eventos musicales japoneses en China han sido cancelados, incluido uno en el que un cantante fue retirado apresuradamente del escenario a mitad de la actuación. Además, las distribuidoras cinematográficas han pospuesto el estreno de varias películas japonesas.
Una de las exportaciones culturales más famosas de Japón, Pokémon, también fue criticada por un evento que debía celebrarse en el Santuario Yasukuni. El templo honra a los japoneses caídos en guerra, incluyendo a algunos que China considera criminales de guerra. El evento finalmente fue cancelado.
En el frente de las redes sociales, los nacionalistas chinos han lanzado ataques online contra Takaichi, incluyendo la divulgación de videos generados por IA que muestran a la figura de la cultura pop Ultraman y al personaje de anime Detective Conan peleando contra la primera ministro.
Pero, en general, China ha tomado medidas menos provocativas en comparación con conflictos anteriores con Japón, según dicen Bonny Lin y Kristi Govella, del centro de estudios Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS, por sus siglas en inglés).
“Hasta ahora, sus respuestas económicas y militares han sido relativamente limitadas en comparación con el pasado, pero hay amplio margen para una mayor escalada”, señalaron en un análisis reciente.
China también puede estar absteniéndose de adoptar una postura demasiado dura con Japón, ya que actualmente se está “posicionando activamente como el guardián del orden posterior a la Segunda Guerra Mundial” y quiere ser visto como una potencia responsable en comparación con Estados Unidos, añadió Ward.
Los observadores coinciden en que, si las tensiones se calman, probablemente se asentarán en un nivel más alto que antes. Es menos probable que ambas partes desescalen esta vez, señalaron Lin y Govella en su análisis.
China es una potencia mucho más fuerte ahora y “Taiwán es el núcleo de los intereses chinos, lo que significa que es más probable que Pekín adopte una postura de línea dura que en episodios anteriores”.
“Pekín también desconfía profundamente de Takaichi y es probable que considere sus intentos de reducir la tensión sin retractarse explícitamente de sus comentarios como hipócritas o, peor aún, estratégicamente engañosos”, agregaron.
Mientras tanto, Japón tiene un mayor interés en mantenerse firme, especialmente tras la contundente victoria electoral de Takaichi, que “interpretará como una reivindicación de su postura respecto a China”, señaló Ward.
Govella le dijo a BBC que Takaichi probablemente podría usar su victoria como “capital político” para impulsar políticas económicas y de defensa para fortalecer la posición de Japón.
Takaichi se ha comprometido a aumentar el gasto de defensa de Japón al 2% del PIB dos años antes de lo previsto, completar una revisión de las estrategias de seguridad clave para finales de este año y lanzar pronto un paquete de estímulo económico.
A su vez, China “considera que Takaichi es un líder bastante fuerte y que la campaña de presión solo podría fortalecerla a nivel nacional, por lo que es posible que no intensifiquen mucho su presión”, sostuvo Kiyoteru Tsutsui, experto en Japón y director del Centro de Investigación Shorenstein Asia-Pacífico de la Universidad de Stanford.
“Así que esta relación probablemente continuará por un tiempo”.
El factor imponderable podría ser que el presidente estadounidense, Donald Trump, ha prometido hasta ahora un fuerte apoyo a Takaichi, emitiendo un respaldo inusual en el momento previo a las elecciones anticipadas.
Sin embargo, muchos esperan que las relaciones entre Estados Unidos y China se intensifiquen aún más este año, señaló Tsutsui, con varias reuniones programadas entre Trump y el presidente chino, Xi Jinping, incluida la visita de Estado del presidente estadounidense a Pekín en abril.
Y, en comparación con incidentes anteriores, la respuesta de Estados Unidos al último enfrentamiento “ha sido moderada hasta ahora, lo que podría envalentonar a China”, afirmaron Lin y Govella.
“Los japoneses temen que se produzca un gran acuerdo entre Xi y Trump”, declaró Ward.
Durante el fin de semana, Estados Unidos y Japón reafirmaron sus vínculos en el marco de la Conferencia de Seguridad de Múnich en una reunión entre el secretario de Estado de EE.UU., Marco Rubio, y su homólogo japonés, Toshimitsu Motegi.
Takaichi también tiene previsto reunirse de nuevo con Trump en marzo, cuando visite Washington, antes de su viaje a China.
A medida que China sigue aumentando la presión, Tokio probablemente “redoblará” sus esfuerzos para asumir una mayor parte de la carga de defensa que comparte con Estados Unidos, dijo Ward, y “realmente trabajará más estrechamente con ellos para asegurarse de que Estados Unidos no se desvíe y pierda interés en la región”.
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