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Tembló, tiembla y temblará
Vivimos en una zona sísmica, por lo que los terremotos son un fenómeno recurrente (no providencial) desde que se enfrió la tierra. Entonces ¿por qué seguimos sin protocolos de resguardo y rescate para personas con discapacidad?
Por Bárbara Anderson / Yo También
23 de septiembre, 2022
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México es un país ubicado en una zona de “alta sismicidad”. Debajo de nosotros interactúan 5 placas tectónicas (capas de la corteza terrestre) distintas: la de Norteamérica, la de Cocos, la del Pacífico, la de Rivera y la placa del Caribe.

Las placas se mueven y cuando logran chocar entre ellas, la energía que generan produce un movimiento telúrico, es decir, un sismo.

Pero esto no es una novedad, sino que tiene miles de años. Son un fenómeno recurrente que nos debería haber vuelto unos expertos en el tema. Solo para poner en contexto, entre el 1 de enero de 1990 y el 8 de septiembre de 2017 se registraron en México más de 86 mil sismos de diferentes magnitudes. Cada día hay unos 15 sismos por debajo de una intensidad de 2.

En México tembló, tiembla y temblará siempre.

Como ya aprendimos a fuerza de sustos esta semana, no hay manera de predecir cuándo ocurrirá el próximo ni la intensidad que tendrá.

Pero lo que sí se puede es disminuir al máximo los riesgos, mejorar el rescate de víctimas y acelerar el reinicio de actividades de todos, del 100 por ciento de los mexicanos y no de solo el 83.5 por ciento.

En tema de preparación, en esta nota de Katia D’Artigues podrán leer todo lo que falta en protocolos de asistencia para personas con discapacidad (pcd) en este tipo de situaciones, mismos que están dentro de los compromisos que firmó nuestro país al adoptar la Convención por los Derechos de las Personas con Discapacidad.

Los manuales de recomendaciones de Defensa Civil, si bien son sencillos y aplican a todos, nuestro editor de accesibilidad, Celso Soto, encontró muchas barreras de lectura por ejemplo para las personas ciegas.

¿Y qué pasa con las personas sordas en una ciudad con 99.9 por ciento de alarmas sonoras?  (no es el 100 por ciento porque hay un solo inmueble en la bailadora CdMX que cuenta con una alarma visual y es el Conalep Iztapalapa III).

Ya pasado el sismo debería ser obligatorio que todos los planes de reconstrucción tengan a la accesibilidad como una obligación (ya que van a tener que hacer reparaciones que sumen rampas y otras facilidades para pcd). Algo que se impulsó desde el último gran sismo en 2017 pero que se perdió en medio del caos de los rescatistas y la urgencia de la rehabilitación de espacios (siempre con pocos fondos o mejor dicho rapiñados fondos).

De acuerdo con los mapas de riesgos elaborados por las autoridades mexicanas, un 30 por ciento de la población nacional está expuesta a niveles altos o muy altos de peligrosidad sísmica, es decir, que son unos 38.5 millones de mexicanos. Si aplicamos la estadística (16.5 por ciento de la población nacional vive con alguna discapacidad o limitación), quiere decir que 6 millones 352 mil personas con discapacidad viven arriba de tierra que tiembla y que temblará.

No es una cifra para nada menor que no permita distraer recursos, tiempo y empatía para entrenarlos, protegerlos y regresarlos a su entorno en mejores condiciones.

Creo que los sismos para los políticos son como los partos: se acuerdan lo que duelen cuando están ocurriendo y luego, terminada la labor se acaba el dolor hasta el próximo bebé.

Esta semana he escuchado más declaraciones de influencers del poder de la energía humana para mover placas tectónicas que de funcionarios actuando y aprovechando lo ocurrido esta semana para prepararse mejor y de manera más incluyente para el siguiente sismo.

Porque sí, ya sabemos que habrá otro (otros) terremoto (s), lo que no sabemos (ni siquiera Nostradamus) es que existan finalmente protocolos para todos.

Este texto fue publicado originalmente en Yo También.

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