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Zoon Peatón
Por Zoon Peatón
Liga Peatonal es una organización civil sin fines de lucro que trabaja por ciudades para todas l... Liga Peatonal es una organización civil sin fines de lucro que trabaja por ciudades para todas las personas donde las y los peatones sean el principal actor en las políticas públicas para el diseño de las urbes. Somos parte de la International Federation of Pedestrians, Youth Action Net, Red Innova, Estrategia Misión Cero y la Red Latinoamericana de Ciudades que Caminan, redes internacionales de activistas y emprendedores sociales que buscan mejorar la calidad de vida de todas las personas. (Leer más)
Cambiar la ciudad es nuestro derecho
Un sujeto no sólo debería tener la aparente posibilidad de participar y acceder a los recursos y servicios que un gobierno le quiere otorgar, por su capacidad legal de ser ciudadano, sino que todo habitante de un lugar, debería tener la capacidad real de participar, proponer, preguntar, evaluar, transformar y cambiar todos los aspectos de la ciudad que habita.
Por Zoon Peatón
16 de septiembre, 2015
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Por: Ximena Ocampo (@xoaa) y Francisco Paillie Pérez (@pakiko_p)

 

“El derecho a la ciudad es mucho más que la libertad individual
de acceder a los recursos urbanos:

se trata del derecho a cambiarnos a nosotros mismos, cambiando la ciudad”.

David Harvey

 

En México, y en general en América Latina, cada vez es más común oír hablar sobre el derecho a la ciudad. Pareciera que el entendimiento de jurisprudencia, contextos legales, políticos y espaciales tienen mucho qué decir frente a este derecho. Sin embargo, en el proceso de popularización de este concepto, y en el afán de ser parte de la conversación global sobre el tema del derecho a la ciudad, se ha ido perdiendo su verdadera connotación y principios, hasta convertirse –convenientemente– en el simple acceso por parte de los ciudadanos a recursos como el agua, el transporte o la vivienda, o la participación palomeada y pusilánime de la ciudadanía en ciertos procesos de la ciudad.

Y es que, entender el derecho a la ciudad como el simple derecho a la ciudadanía, ha sido el error que en nuestros países recluye a los ciudadanos al simple acceso a los recursos. Esta versión simplista le ha permitido a los gobiernos el cumplimiento superfluo de metas e indicadores de gestión, sin los cuestionamientos del cómo o el porqué, sin definir a detalle metas a largo plazo, mejoramientos colectivos y transformaciones estructurales.

En esta versión del derecho a la ciudad, como un mero derecho al acceso ciudadano, la responsabilidad de los gobiernos (curiosamente apoyados en los expertos) se trata sencillamente de brindar acceso aparente a la ciudad y a sus servicios, siendo la responsabilidad de los habitantes recibir este acceso como un gratificante favor por parte de quienes ostentan el poder y sostienen el sistema. Es decir, el experto es el medio por el cual el gobierno garantiza el supuesto derecho a la ciudad, al ser éste un sujeto híbrido entre la ciudadanía y el poder. A esta manera de acceso, controlado a través de los ciudadanos expertos, se le conoce como pacificación, y representa, también, una manera de cristalización de los procesos verdaderamente comunitarios y ciudadanos al volverlos procesos institucionales y protocolarios.

En resumen, el derecho a la ciudad en nuestros países se ha simplificado y, curiosamente, su verdadero significado se ha intentado pacificar. Pero no es más que retornar a sus orígenes para intentar recuperar su verdadero valor. Para Henri Lefebvre y otros pensadores más contemporáneos como David Harvey y Manuel Castells, el derecho a la ciudad no tiene que ver solamente con la ciudadanía o los recursos, sino con la capacidad y oportunidad de todos y cada uno de los habitantes de transformar su entorno, y de crear ciudades que respondan a las necesidades humanas. El derecho a la ciudad, como lo afirma Harvey, “no es simplemente el derecho a lo que ya está en la ciudad, sino el derecho a transformar la ciudad en algo radicalmente distinto”.

Es decir, que un sujeto no sólo debería tener la aparente posibilidad de participar y acceder a los recursos y servicios que un gobierno le quiere otorgar, por su capacidad legal de ser ciudadano, sino que todo habitante de un lugar, debería tener la capacidad real de participar, proponer, preguntar, evaluar, transformar y cambiar todos los aspectos de la ciudad que habita.

Lo verdaderamente radical consiste en la necesidad de repensar nuestra noción de ciudadanía, extendiendo este valor no sólo al sujeto legalmente mayor de edad, con capacidad de votar y participar en una reunión específica que le permitan acceder a ciertos servicios y recursos. ¿Cómo incluimos en nuestra versión de ciudadano a todo aquél que habita un contexto específico? ¿Dónde han estado hasta ahora los niños, los adultos mayores y todos aquellos sujetos a quienes la constitución no otorga accesos y derechos, sino garantías?

En el entendimiento actual de la ciudad, el acto de ciudadanía ha sido simplificado al voto y al involucramiento pasivo mediante un sí o un no. Actos disfrazados de participación ciudadana, como el reciente caso del Corredor Cultural Chapultepec, en el que la misma respuesta ciudadana viene desde una élite y brinda una segunda o tercera opción para la consulta: opción A, opción B u opción C. Lo curioso de esta banalización del derecho a la ciudad es que la participación de los ciudadanos está recluida sólo a escoger una de las opciones y no al de proponer otras (nuevas) maneras de vivir y pensar nuestra vida.

Contrario a la idea de la comunidad es la experta, la perversión del derecho a la ciudad (Marcelo Lopes de Souza) y su puesta en escena como un término de moda, han tenido como consecuencia la corrupción y trivialización del verdadero sentido transformador de una ciudadanía. De ahí, que últimamente exista una suerte de élite que está haciendo ver, parecer y sentir a todas las ciudades como escenarios iguales.

La homogenización de las estrategias de apropiación del espacio y participación ciudadana, y la frecuente aparición de las mismas soluciones generadas por los mismos expertos, así como la adaptación de ideas ciudadanas puestas al servicio de las instituciones y reglamentaciones, burocracias, procesos, y conductos regulares, no sólo cristalizan los procesos comunitarios y limitan lo orgánico de un procesos social, sino que además vuelven a nuestras ciudades repetitivas, aburridas, y homogéneas.

Nuestra invitación

La crisis que están enfrentando actualmente nuestras ciudades se deriva, de cierta manera, de la poca participación de los ciudadanos en la transformación de sus entornos –no porque no exista interés, sino porque su lugar de participación y acceso es limitado y controlado–, a pesar de que las mayores y más poderosas transformaciones provienen de la innovación colectiva, de los cambios culturales, la aparición de nuevos paradigmas, y sobre todo de la capacidad creativa de las comunidades en ser nodos generadores.

Desde dérive LAB hemos decidido hacer un llamado a la acción: reactivar nuestra creatividad para re-imaginar nuestras ciudades y ejercer de manear alternativa nuestro legítimo derecho a la ciudad. Y, como se ha dicho antes, para tal fin no es necesario ser un experto –arquitecto, urbanista, ingeniero, diseñador– basta con ser una persona habitando un contexto y pretender transformarlo de alguna manera.

#reImagina no es un concurso más sobre ciudad dirigido a arquitectos. Justamente, es un proyecto para despertar la curiosidad de cualquier persona, sin importar su edad o profesión, y para proponer ideas que puedan ser fácilmente representadas y comprendidas. Despertando este interés por participar y hacer la ciudad nuestra es que podremos ampliar la conversación, desde un proyecto urbanístico o arquitectónico, a una visión de ciudad en la que participemos TODOS.

Convocatoria ReImagina

En la misma línea en que las propuestas de transformación de una ciudad tienen el poder de cambiar nuestro papel como ciudadanía, y a nosotros mismos como ciudadanos, el caso de #reImagina propone que los posibles premios y menciones sean producto de la suma de todos sus participantes: los registros se realizan en una plataforma de crowdfunding (fondeo colectivo), asegurando que entre más participantes propongan ideas, más grande sea la bolsa colectiva de la que saldrán los premios; además, hay otras formas de participar para aquellos que quieren apoyar las ideas de transformación de otros, planteando una total transparencia en cuanto a los recursos, pues estos son de todos.

La primera edición de este concurso, en el 2014, tuvo un total de cuarenta y dos inscripciones con participantes de Argentina y México principalmente; las propuestas incluían: calles, parques, terrenos abandonados, cruces peatonales, centros culturales, fachadas, vecindarios, y avenidas, entre muchas otras.

#reImagina es un ejercicio que demuestra la caracterización radical de autogeneración ciudadana del derecho a la ciudad. Fred Kent, asegura que “toda persona tiene el derecho a vivir en un gran lugar; más importante aún, toda persona tiene derecho a contribuir a hacer del lugar en donde vive, un gran lugar”. Así que, siguiendo sus palabras, re-imaginar es un gran ejercicio por el cual sumando creatividades podemos plantear que los lugares en que vivimos sean grandes lugares, un ejercicio que podemos aprovechar para proponer ideas sobre lugares, en cuyos procesos de diseño no nos han dejado participar de manera digna y valiosa.

La democratización del derecho a la ciudad y la construcción de un amplio movimiento social para hacerlo realidad son imprescindibles si los desposeídos han de recuperar el control sobre el entorno, del que durante tanto tiempo han estado privados, proponiendo e instituyendo nuevos (otros) modos de construcción de ciudad.

Si quieres participar en el concurso, visita www.reimaginalaciudad.com

 

* Ximena Ocampo y Francisco Paillie Pérez dirigen @dérive_LAB, organización que tiene por compromiso explorar, comprender e inspirar otras (nuevas) maneras de vivir y pensar la vida. Sus objetivos son generar conocimiento y mejorar las experiencias de las personas en el espacio, a través de la investigación, intervención y la acción participativa; comentando, anotando, reajustando, re-imaginando y trastornando los establecimientos de la Monocultura.

 

 

Referencias

Lefebvre, H. (2013). La producción del espacio. Madrid: Capitán Swing.

Lefebvre, H. (1969). El derecho a la ciudad. Madrid: Península

Harvey, D. (2008). El derecho a la ciudad. New Left Review No. 53, pp. 23-39.

Lopes de Sousa, M. (2010). Which right to which city? In defense of political-strategic clarity. Interface: A journal for and about social movement. Vol. 2 (1), pp. 315-333.

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