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Zoon Peatón
Por Zoon Peatón
Somos una red nacional de colectivos, organizaciones y activistas trabajando en la promoción efe... Somos una red nacional de colectivos, organizaciones y activistas trabajando en la promoción efectiva de los derechos e infraestructura peatonales. Estamos en distintas ciudades mexicanas, queremos que nos conozcas y que conozcas los contextos que nos rodean. La Liga Peatonal está en crecimiento. ¿Eres activista o estás formando un colectivo? Únete. (Leer más)
Caminar y florecer en medio del horror
Este texto es un abrazo que nos quiero dar para seguir caminando y ocupando el espacio público en medio de tanto horror.
Por Zoon Peatón
12 de marzo, 2019
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Por: Lillian Sol Cueva (@SoLillian)

Esto que a continuación leerán es un relato de amor entre mujeres, tras el incremento en el número de secuestros y las diarias desapariciones en México. No es un artículo periodístico o académico sobre la violencia en contra de las mujeres en nuestro país. No está pensado para sustituir el análisis crítico y la construcción de propuestas concretas para que las mujeres y niñas dejemos de desaparecer, ser violadas y asesinadas en nuestras casas y calles. Es un abrazo que nos quiero dar para seguir caminando y ocupando el espacio público en medio de tanto horror. Esto es una invitación: ¡Mujer á(r)mate!1 ¡Mujer florece!

  • El florero

Casi toda mi educación primaria regresé a casa con alguna nota, comentario o con un bello sellito de perico que decía “platica mucho en clase”. No me faltaba audiencia que pensara que mis historias eran chistosas, ni gente que me pidiera que guardara silencio “aunque fuera cinco minutos”. Básicamente siempre traía un racimo de palabras e imágenes alegres en la cabeza que repartía sin miramientos.

Con los años esas imágenes empezaron a cambiar. Dejé de hablar y me comenzaron a sudar las manos cuando lo hacía. Salir y permanecer en la calle me aterrorizaban. “Calladita te ves más bonita”, “el último es niña”, “las niñas bonitas no pegan”, “ts ts, amiga, guapa, ¿te acompaño?”, “no vayas por ahí… te pueden violar o matar” trajeron consigo alaridos y plaga que ambicionaron silenciar mis historias y secar mis alegrías: mis flores.

Según algunas ruidosas voces, yo necesitaba encontrar en mi padre, hermano y futuro-imaginario novio o esposo, héroes que me rescataran. Guardianes que me cuidaran de las garras de esos, otros como ellos. Tenía que escoger qué lugares visitar y con quién, qué ropa vestir y para quién, qué transportes usar y a qué hora. Llegué a desconfiar tanto de mí (y del mundo en general), que recuerdo haber sentido que mi propia fuerza, inteligencia y voz no alcanzarían nunca; que la razón nunca estaría de mi parte, que no podría defenderme, que lo público a mí no me pertenecía y que mis esfuerzos ya no serían para contar historias graciosas y disfrutar haciéndolo, sino para sobrevivir siendo invisible y delicada. En ese momento, el racimo de alegrías lo puse en un florero.

  • La maceta

Un afortunado día, como muchos que ahora puedo ver con claridad, una mujer me mostró que ella-yo-nosotras sí somos fuertes y valientes, que somos extremadamente inteligentes, que podemos amarnos y cuidarnos entre nosotras, que nuestra voz es afanosa, nuestra presencia es poderosa, que nuestros cuerpos nos pertenecen, y que nuestros senti-pensares simplemente no caben en un florero.

Esa y otras mujeres fueron el ejemplo de las muchas y diversas formas de florecer siendo mujer. Mi madre, tías, abuelas, primas, amigas y otras muchas mujeres me enseñaron que germinan en mí las palabras de fuerza y sabiduría de mis ancestras; las técnicas de supervivencia, cuidado y batalla de compañeras, y las sonrisas y abrazos de amigas que siempre me acompañan. Esas mujeres evidenciaron que el cuidado entre nosotras, nuestra defensa, nuestro acompañamiento, y la rebeldía e insubordinación son semillas que siempre, SIEMPRE, dan frutos y flores.

  • El jardín

Hoy tantas flores, arbustos y árboles han florecido en mí, que en la cabeza traigo un florero, una maceta y un jardín.

Dolorosamente, esas mujeres-yo-nosotras tenemos que florecer en medio del horror. El horror de saber que por ser mujer me pueden desaparecer, asesinar, violar, vender; que para ellos mi vida, jardines y flores no importan, son mercancía y desecho; que para no morir las mujeres “necesitamos” la protección de héroes o la sumisión a los amos.

En este horror, ya no alcanzan los vagones separados, ni los silbatos rosas. Hoy más que nunca tenemos que a(r)marnos y cuidarnos entre nosotras. Recordar que con la mierda hemos hecho abono y a nosotras nadie nos toca. Responder todas si lastiman a una, y creernos, creernos siempre. Gritar, rasguñar, morder, romper lo que haya que romper si nos quieren llevar. Ocupar las calles, proteger nuestros espacios públicos y privados. Hacer que se arrepientan de habernos subestimado tanto y por tanto tiempo.2

Además, espero que nos demos la mano y nos sigamos encontrando, y mirando y amando entre nosotras. Que no existan héroes, amos o pasivos testigos, sino respetuosos aliados. Que la infraestructura urbana sea pensada desde y para nosotras; que seamos libres, alegres y autónomas en ella. Y que por fin y de una vez por todas, acabemos con el horror, para así seguir caminando y floreciendo.

¡Las abrazo fuertemente!

 

* Lillian Sol Cueva es una mujer feminista que trabaja temas de movilidad, cambio climático y energía. Maestra en Ayuda Humanitaria y Doctorante en Tecnologías y Desarrollo Sustentable. Actualmente realiza investigación sobre tecnologías de energía renovable y mercados públicos de la Ciudad de México, y su relación con la gentrificación. Apasionada por el baile, la música y la lectura. Integrante activo de Liga Peatonal (@LigaPeatonal).

 

 

La frase “mujer á(r)mate” es de la autoría de Kitzia Montiel, quien me autorizó para usarla aquí.

Fragmento del post de Nat Saxona en su muro personal Facebook, el 1 de febrero 2019, quien me autorizó para usarlo aquí.

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