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Por Zoon Peatón
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Regina: la calle peatonal que no se puede caminar
El Corredor Cultural Regina fue un proyecto de peatonalización sobre la calle Regina, situada a unas cuadras del Zócalo capitalino, que tenía como objetivo rehabilitar parte del Centro Histórico y construir un “Oasis Cultural” en el primer cuadro de la ciudad. Actualmente poco queda de aquel proyecto que se buscaba en el 2008 y del cual se invirtieron más de de 97 millones de pesos.
Por Zoon Peatón
20 de febrero, 2019
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Por: Alejandro Brauer (@elgranotro) y Sergio Andrade Ochoa (@Rat_Inside)

Mobiliario destruido, fosas, casetas telefónicas convertidas en basureros, ruido constante, orines, estiércol, ambulantaje desorganizado, motociclistas transitando, restaurantes y bares apropiándose de la calle; estas son algunas de las situaciones que se encuentran sobre las calles Regina y San Jerónimo, dos de los primeros corredores peatonales del Centro Histórico de la Ciudad de México.

El Corredor Cultural Regina fue un proyecto de peatonalización sobre la calle Regina, situada a unas cuadras del Zócalo capitalino. El proyecto tenía como objetivo rehabilitar parte del Centro Histórico y construir un “Oasis Cultural en el primer cuadro de la ciudad. Actualmente, como si de #10yearschallenge se tratara, poco queda de aquel proyecto que se buscaba en el 2008 y del cual se invirtieron más de de 97 millones de pesos.

“El proyecto es congruente con la estrategia del gobierno de la ciudad para la recuperación del espacio público, generando equidad, diversidad y cohesión social, cultural y reactivación económica en la zona”, señalaba Alejandro Martínez Martínez, director de Coordinación Urbana de la Secretaría de Obras y Servicios (SOS) en el 2008, para La Jornada. No pudo equivocarse más.

El Corredor Cultural Regina expulsó a sus habitantes

Diez años han pasado y ahora turistas que cargan mochilas en la espalda y botellas de agua en los costados, se instalan en las bancas a descansar; las parejitas se besan, transitan altivas. Pasan hombres y mujeres, que van o vienen al trabajo, estalla el bullicio y Regina se transforma en pasaje y escenario de cantautores, andador de las ilusiones de compañías de teatros ambulantes que buscan foro; de guiñoles callejeros, experimentos sociales, encuestadores, festivales, vendedores de boletos de lotería, pordioseros, limosneros, locos, boleros y a veces, se han visto, malabaristas.

Los que ya no se ven son los vecinos, los pobladores de antaño. Ahora queda un puñado de vecinos que han resistido (y resisten) el cambio de uso de suelos, el constante ruido, los nuevos y desconocidos rostros, el alza de las rentas, el alza de los servicios. Los pequeños comercios se alejaron, las tienditas se volvieron bares, la papelería se volvió restaurante. Son pocos los comercios locales fundados por los vecinos que resisten y se defienden en Regina, escasos restaurantes, una mezcalería, las tradicionales tortillerías, una tienda de estambres, una barbería, una tintorería y unas cuantas vecindades que no se han convertido en departamentos de inmobiliarias.

El problema no es la diversidad y la gente, el problema fue que alguien olvidó la intención del proyecto ‘Corredor Cultural de la Calle de Regina’.

Bares y chelerias asfixiaron el aspecto cultural

El andador peatonal no es un corredor cultural. Se ha convertido en un tubo digestivo de alcohol y cervezas. La proliferación de chelerías (establecimientos ilegales dedicados a la venta de alcohol) ha atraído a un público irrespetuoso y violento, a un ambulantaje desorganizado, y a motociclistas invasores que transitan. Las chelerías no solo se apropian del espacio público, sino que han generado un acelerado cambio de uso de suelo de las empresas y locales a su alrededor. Avelino Méndez, subsecretario de Programas Delegacionales de la Vía Pública, ha reportado que en el Centro Histórico existen más de 200 chelerías que no cuentan con permisos para sus funcionamientos. El Observatorio Vecinal 06080 ha cuantificado que tan solo en el Corredor Cultural Regina se abrieron 35 chelerías en el transcurso de dos años. Así el caos se vuelve la dinámica en la que se asfixian la calle y los vecinos.

Pocos lugares de encuentro cultural existen. El Museo de la Memoria Indómita se encuentra rodeado por chelerías que invaden el andador cultural con sus mesas, sus motocicletas, sus lonas, sus anuncios y sus bocinas, esas bocinas que no dejan de sonar hasta altas horas de la madrugada. El Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) se encuentra rodeado de bares, pulquerías y restaurantes que desde temprano, con micrófono en mano, te invitan a consumir en sus locales, generando bullicio, estrés y poblaciones alcoholizadas que terminan orinando y defecando las paredes del instituto. Si hablamos de fluidos corporales se tiene que hablar de la Universidad del Claustro de Sor Juana, centro educativo que tiene como baño trasero a la calle peatonal San Jerónimo. Sobre esta calle, vecina del Corredor Cultural Regina, se encuentran hogares convertidos en bares y butacas convertidas en camas para personas en situación de calle. Miasmas de orines, estiércol y basura emanan cada noche de un espacio que representa un gran vacío de autoridad y de regulación. Tan solo hace unos días un grupo violento irrumpió en la Hostería “La Bota”, golpeando a clientes y destrozando el lugar durante un ataque que duró más de 20 minutos.

Invasión del permanente de la vía pública

Ningún vecino entiende cual es el permiso que se otorga a bares y restaurantes para que estos puedan ocupar el espacio fuera de sus locales. Los bares colocan sus bocinas, los restaurantes tienen jardineras ancladas en el suelo, algunos locales ponen lonas de esquina a esquina de la calle peatonal para proteger a sus comensales del sol o de la lluvia, de repente la calle peatonal cuenta con menos de dos metros para transitar, entre promotores que te invitan a ingresar a sus locales y borrachos que te invitan a bailar.

Los bares llegaron y se trajeron consigo un ambulantaje externo y desorganizado. Los niños dejaron de jugar en la calle porque el balón podía golpear las mesas de los ambulantes, las vecinas salen como pueden de sus casas porque los ambulantes se instalan frente a sus puertas y los pequeños comercios, de toda una vida, han perdido ventas porque el ambulantaje instalado frente a sus negocios vende exactamente lo mismo. En algunos puntos del corredor el espacio caminable se ve invadido por la suma de las mesas de las chelerías y el espacio que ocupan los ambulantes. Poco espacio queda para caminar, mucho menos para actividades culturales, recreativas, del disfrute público.

Caminar con miedo entre obstáculos y vehículos

En el Corredor Cultural Regina el mobiliario urbano ha sido destruido; fosas y casetas telefónicas (que son decenas) se han olvidado y convertido en basureros; el ruido es constante y las chelerías se siguen reproduciendo a tal grado que sus clientes atestan, saturan y destruyen la calle. Las chelerías han encontrado en la motocicleta los vehículos perfectos para transportar sus víveres y otros productos, generando así la mayor de las ironías, casos de peatones atropellados en la calle peatonal –los casos más graves incluyen un reporte de una fractura de muñeca y otro de un niño lesionado– debido a que nadie vigila, ni reporta que los motociclistas no transiten sobre sus vehículos en el corredor peatonal.

El desbordante número de chelerías también trajo la epidemia del acoso. Por las noches, cuando los ánimos y el grado de alcohol en la sangre se elevan, los varones comensales empiezan la fiesta y el acoso a las vecinas y otras mujeres transeúntes de la calle. No hay fin de semana sin que entre las calles 20 de Noviembre y 5 de Febrero se escuchen mujeres gritando y peleando. Mientras que al mismo tiempo se escuchan hombres intoxicados riéndose y bufándose, orgullosos y viriles.

No está todo perdido en Regina

Cuando todo se calla, cuando llega la mañana, Regina amanece con sus árboles marchitos, con sus adoquines sucios, y sin embargo, parece bella aún. Alrededor de todo Regina orbita una riqueza opaca, su gente: vecinos que se organizan y se dan la mano, que conviven y protestan, que resisten y denuncian. Vecinos que celebran conciertos de jazz en sus azoteas, que proyectan películas en la calle, que se organizan para tejer en el espacio público, que se suman a las causas que otros creen perdidas, que quieren dejar atrás el encierro que les produce su propia calle.

Con los problemas de fondo han surgido soluciones de fondo, así surge el Observatorio Vecinal 06080, un colectivo vecinal que tiene como objetivo evaluar las problemáticas del Centro Histórico, regresarle su carácter cultural y ser un vinculo entre las autoridades y la ciudadanía que radica en el primer cuadro de la Ciudad de México. El alcance y organización del observatorio vecinal ha sido tal que el titular de la SSC ha reiterado que para disminuir la incidencia delictiva se cerraran y regularan el número de chelerías en la zona. También el colectivo ha logrado establecer mesas de diálogo con la Autoridad del Centro Histórico con miras a que las acciones del Gobierno contemplen la participación y necesidades de quienes lo habitan, las y los vecinos.

Regina, tiene un espíritu rescatable, inclusivo y plural, pero se ve agobiado y mutilado por el abandono y falta de autoridad que perduró durante años. Los vecinos están deseosos de trabajar junto a la nueva administración para rescatar Regina y rescatar el Centro Histórico.

 

* Alejandro Brauer es psicólogo y ha trabajado en la articulación de proyectos sociales que incrementan la visibilidad de los grupos en situación de vulnerabilidad y el respeto a sus derechos. Es integrante del Observatorio Vecinal 06080 (@06080observa), movimiento que busca preservar su patrimonio e identidad cultural. Sergio Andrade Ochoa es cDr del Instituto Politécnico Nacional. Premio Rotaract “Nuevas Generaciones” 2013 y Premio al Mérito Cívico Agustín Melgar 2016. Promotor de los derechos de la ciudad, sostenibilidad y movilidad en México y entusiasta de la Ciencia y la Tecnología. Actualmente es Coordinador de Salud Pública de Liga Peatonal (@LigaPeatonal).

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