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Zoon Peatón
Por Zoon Peatón
Liga Peatonal es una organización civil sin fines de lucro que trabaja por ciudades para todas l... Liga Peatonal es una organización civil sin fines de lucro que trabaja por ciudades para todas las personas donde las y los peatones sean el principal actor en las políticas públicas para el diseño de las urbes. Somos parte de la International Federation of Pedestrians, Youth Action Net, Red Innova, Estrategia Misión Cero y la Red Latinoamericana de Ciudades que Caminan, redes internacionales de activistas y emprendedores sociales que buscan mejorar la calidad de vida de todas las personas. (Leer más)
Día Mundial de la Bici: una oportunidad para pensar otras ciudades posibles
Este 19 de abril se celebraría el Día Mundial de la Bicicleta, pero la crisis sanitaria del coronavirus nos orilla a imaginar cómo combatir las desigualdades que esta pandemia ha destapado desde la movilidad.
Por Efraín Tzuc
15 de abril, 2020
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Sería un domingo, seguramente soleado. No habría mejor coincidencia: en cientos de ciudades de todo el mundo los domingos se cierran varios kilómetros de las calles más icónicas para que miles de personas las disfruten en dos ruedas. Sin duda, serían las condiciones perfectas para la celebración del Día Mundial de la Bicicleta que ocurre cada 19 de abril en conmemoración de la peculiar pedaleada que hizo el científico sueco Albert Hofmann, hace 77 años, después de experimentar en su propio cuerpo los efectos del LSD.

Pero este año no sucederá. La pandemia por el coronavirus se ha expandido por todo el mundo burlando los cierres de fronteras, colapsando los sistemas de salud más avanzados del planeta y colocando en aprietos la economía global. A un nivel micro, el virus ha desnudado -tal vez como nunca- las grandes desigualdades del mundo y la interdepedencia en todas las escalas.

Por eso me pareció un atrevimiento hablar de la celebración por el día apócrifo de la bicicleta -la ONU decidió que el día oficial sería cada 3 de junio- en un contexto cuasiapocalíptico. Pero si algo nos ha enseñado este microscópico virus es que se necesitan apenas unas semanas para que las prioridades cambien y que, entre todo el mar de información y desinformación, de la politización de la pandemia y nuestros miedos colectivos, hay pocas claridades, como el reconocimiento de que dependemos los unos de las otras y que vivimos inmersos en un sistema económico global al que le importa poco nuestras vidas, en tanto no generemos riquezas ni tengamos la capacidad de consumir.

La desigualdad… Una mirada desde la movilidad

El activismo ciclista ha heredado cierto estigma del movimiento ambientalista de soñadores y soñadoras, de hippies que viven por un futuro idílico sin coches ni contaminación ambiental en el que puedan pedalear hasta el cansancio. Pero la realidad es que el activismo ciclista -como el ambientalista – también ha puesto el ojo seriamente en las condiciones y los obstáculos que generan un acceso desigual para el ejercicio del derecho a la ciudad, entendido como la posibilidad que tenemos todas y todos de incidir en el rumbo de las ciudades que habitamos sobre los intereses de los grandes capitales como los inmobiliarios, de la construcción y la industria vehicular, por mencionar algunos.

Por supuesto que viviendo en un sistema capitalista la brecha de la desigualdad económica se traduce en prácticamente todos los aspectos de la vida, como la movilidad. En lo que han insistido grupos ciudadanos, organizaciones especializadas y un puñado de autoridades durante la última década es que se ha priorizado de manera injustificada y en detrimento del bienestar común a las personas con mayores ingresos a partir de algo aparentemente tan simple como la forma en que nos movemos de un lugar a otro.

Aunque hay una serie de retos para determinar cuánta gente se mueve y en qué, con una única metodología, al menos lo que indica la última Encuesta Intercensal del INEGI (2015) es que apenas el 17.51% de las personas que van a la escuela lo hacen en un vehículo particular y, en el caso de quienes van al trabajo, el porcentaje asciende al 27.67%. Es decir, la mayoría de las personas en todo el país no utilizamos vehículos particulares para nuestros viajes a la escuela o el trabajo, sin embargo, se estima que el 74% del gasto público destinado a la movilidad es para infraestructura que beneficia más claramente a quienes se mueven en automóvil sin tener que retribuir prácticamente nada a la sociedad (SEDATU, 2018).

Además, las personas con ingresos económicos menores tienen que destinar un porcentaje hasta 13 veces mayor para el transporte que quienes se ubican en los deciles económicos más altos (SEDATU, 2018). Demás está mencionar que las condiciones de seguridad, cercanía y comodidad del transporte público distan mucho de ser dignas.

Medidas radicales para imaginar #UtopíasPosibles

“En medio de la crisis, otras formas de vivir juntos aparecen”, se lee en el Manifiesto de #UtopíasPosibles (2020), un vertedero digital de ideas que emergen del agrietado muro que separa lo que, hasta ahora, era posible de aquello solo imaginable.

Entonces, si esta pandemia ha mostrado que lo solo imaginable ahora es posible, ¿cuál sería nuestra #UtopíaPosible, digna de una revancha postapocalíptica por la celebración ciclista cancelada? Sin duda coincidiríamos en que sería la posibilidad de habitar -y movernos en- ciudades justas, seguras, que propicien el encuentro para tejer lazos comunitarios y a la que podamos acceder y disfrutar todas y todos.

Para esto no hay que imaginar mucho, la ruta ha sido trazada durante años por las y los activistas de la movilidad, de la mano de especialistas comprometidas/os: una redirección del gasto público en beneficio de los modos de transporte colectivos y los menos contaminantes, como la bicicleta y el caminar. El desincentivo del uso del automóvil a través de medidas fiscales y restricciones a la circulación y una política integral de desarrollo urbano, vivienda, movilidad e incluso de transición energética, que les arrebate el timón a los grandes capitales y logre desplazar el dinero del centro de la vida urbana para recolocarnos nosotras y nosotros.

La crisis sanitaria que atravesamos ha puesto sobre la mesa las incómodas preguntas de quiénes sí podemos resguardarnos en casa sin que eso implique que los y las nuestras pasen hambre o que podamos perder el trabajo, y quiénes no. Quiénes contamos con un lugar para resguardarnos y quiénes no, quiénes no tendremos problema para pagar la renta, la luz y el agua y quiénes si, y quiénes tenemos menos riesgo de morir. Por ello, la invitación para esta atípica celebración del Día Mundial de la Bicicleta es trasladar esos «quiénes sí» y «quiénes no» a cómo vivimos la ciudad y cómo sería una #UtopíaPosibles para nuestras ciudades.

* Efraín Tzuc es asistente de investigación en la organización civil Quinto Elemento Lab, colabora con portal A dónde (lle)van (a) los desaparecidos y co-coordina el proyecto Yucatán Feminicida. Es integrante de la Red Nacional de Ciclismo Urbano de México (@BICIREDMX).

 

Referencias:

INEGI (2015). Encuesta Intercensal 2015.

SEDATU (2018). Anatomía de la Movilidad en México. Hacia dónde vamos.

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