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Zoon Peatón
Por Zoon Peatón
Liga Peatonal es una organización civil sin fines de lucro que trabaja por ciudades para todas l... Liga Peatonal es una organización civil sin fines de lucro que trabaja por ciudades para todas las personas donde las y los peatones sean el principal actor en las políticas públicas para el diseño de las urbes. Somos parte de la International Federation of Pedestrians, Youth Action Net, Red Innova, Estrategia Misión Cero y la Red Latinoamericana de Ciudades que Caminan, redes internacionales de activistas y emprendedores sociales que buscan mejorar la calidad de vida de todas las personas. (Leer más)
Género y espacio público. Ser mujer en esta ciudad
Hace falta “auditar” el espacio público con perspectiva de género. ¿Qué es esto? Básicamente preguntarnos cómo sería esta experiencia si yo fuera mujer. Y esto implica analizar la posición de la mujer en la comunidad, revelar cómo ésta se refleja en la organización social, entender las formas en que los arreglos y en este caso, la organización y diseño de los espacios públicos, contribuyen a la subordinación de la mujer.
Por Zoon Peatón
18 de mayo, 2016
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Por: Geraldina González de la Vega (@geraldinasplace)

Mientras una se baña, medita el día para decidir qué ponerse.

¿El vestido negro? Se me ve muy bien y me gusta cómo me veo, pero hoy me toca ir a tribunales y no es una buena opción ni para el metro ni para los juzgados. Para la cena me quisiera ir en tacones, pero hoy tengo que ir a una reunión en la calle de Juan Alarcón y las banquetas ahí son de empedrado y ya me caí una vez. Me voy a ir en bici a la clase de pilates, pero yo creo que me voy a poner mejor estos leggings que se me ven menos pegados y cortos que los de la clase. Estos jeans para el microbús que me baja a Barranca del Muerto no son buena idea, siempre viene demasiado lleno….

Y bueno, una planea no solamente lo que se pone, sino las rutas.

Para ir a Cuajimalpa prefiero irme por el camino largo que meterme por ese barrio donde todos me voltean a ver.

Voy al bar en la noche con los amigos, me toca caminar, ¿qué ruta es más segura y con buena iluminación para irme?

Hay una obra en esa esquina, mejor me cambio de banqueta, además hoy traigo una falda corta.

Hoy no circulo y tengo que llevar a los niños a la guardería caminando, creo que si doy la vuelta por la calle de atrás ahí sí hay banqueta y puedo pasar con la carriola, pues por el camino directo no la hay y tengo que meterme al arroyo vehicular con ella y me da pánico.

Ya me voy, son las 7 y empieza a anochecer y me da miedo irme sola.

No voy a la cena, no quiero salir sola de noche y no tengo quién pase por mí.

No voy a la fiesta porque no tengo quien me acompañe.

No tomaré este autobús, viene vacío y es de noche.

Mejor me cambio de vagón, vengo sola y en el fondo solamente vienen dos hombres.

….

Podría seguir con los ejemplos, pero creo que me captan la idea: ser mujer en la ciudad no es seguro. Tener cuerpo de mujer nos hace vulnerables, tener aspecto de mujer es igual que venir con un reloj caro por un barrio de ladrones.

Hace falta mirar nuestro entorno con perspectiva de género, “auditar” el espacio público con perspectiva de género. ¿Qué es esto? Básicamente hacer la pregunta por la mujer, cómo sería esta experiencia si yo fuera mujer. La pregunta por la mujer al hacer perspectiva de género implica analizar la posición de la mujer en la comunidad, revelar cómo ésta se refleja en la organización social, entender las formas en que los arreglos y en este caso, la organización y diseño de los espacios públicos, contribuyen a la subordinación de la mujer.

Efectivamente, no se trata solamente de los espacios, cómo están pensados y diseñados (o más bien cómo nadie ni los pensó ni diseñó) sino también de una cuestión cultural.

A ver.

Viví en Alemania 10 años, y entre las cosas que me impactaban de allá están que las chicas salen solas de noche, en bici o a pie. Yo en mi vida me imaginé salir al bar o a la disco sola, ya no digo con un grupo de amigas. No es generalizado el miedo a caminar por las calles solitarias, tampoco en las noches, nadie te grita, acosa o “piropea”.

Como algunas sabrán, en el verano, las chicas salen solas y de noche, en bici o a pie, con poca ropa, en bikini, shorts cortísimos y repito, ninguna tiene miedo, nadie te grita, acosa o “piropea”. Más aún, en el verano las chicas se asolean topless o en ropa interior en los parques, y no pasa nada. No generalizo con el “no pasa nada”, a veces la violencia de género aparece, sin duda, Alemania no es un país de ángeles, pero por lo general no sucede y una no tiene que meditar tanto el asunto de qué ropa usar dependiendo de lo que va a hacer durante el día. Como aquí.

Ahora vuelvo a la cuestión de la planeación urbana con perspectiva de género: En Alemania, en los estacionamientos, por ejemplo, los lugares más cercanos a la salida son lugares para mujeres, no porque no podamos caminar o por una concesión caballerosa, sino porque nos exponemos en estacionamientos solitarios y oscuros al caminar largas distancias entre el auto y la puerta. Todas hemos visto alguna escena de esas:

Pasos con eco, un estacionamiento vacío y medio oscuro, lámparas con corto, luz intermitente. Miedo total.

Salir sola de noche implica caminar a paso apresurado, con el celular en la mano con un número de emergencia o el número de la amiga, del marido o de los papás. Vigilar quién nos sigue. Estar alertas. Meternos en el restorán si hace falta. Cuando viajo en mi auto, salgo con las llaves en la mano y me meto rápido al coche y cierro los seguros antes de acabar de acomodarme.

Ahora que está tan de moda atacar al feminismo por agresivo (miren mi cara de ¡no mamen¡) pondré sobre la mesa la necesidad, la urgente necesidad, de tomar en consideración la cuestión de género a la hora de la planeación urbana y de transporte. Porque sí, también (¡¿también!? gritará el machirrín) también se discrimina en el espacio público. Y se discrimina no solo a las mujeres, pero aquí mi tema es el género y el espacio público, así que no me meteré con otros grupos vulnerables.

Seguramente quienes planearon la conexión de Las Águilas a Santa Fe, primero con el Puente de los Poetas y luego con la Supervía, son personas que, yo creo, en su vida caminan, porque ¡se les olvidaron las banquetas! No hay banquetas, improvisaron unos postecitos para que la gente que camina y que toma el transporte ahí, lo haga de forma un poco más segura que antes.

Tampoco pensaron en carriolas (y personas en silla de ruedas o en andadera), pues pusieron un camellón en el medio de Calzada de las Águilas y respetaron los árboles (lo cual está muy bien) sin embargo no pasa una silla entre éstos. He visto gente en silla de ruedas o personas con carriolas caminar por el arroyo vehicular porque no caben por la banqueta, con los riesgos que esto implica.

Yo no puedo salir con mi carriola doble por las calles, es cuasi imposible transitar con ella, las banquetas a veces ni existen, otras cada vecino decide el alto y entonces, el tramo es de escalones. Otras, son tan angostas que no cabe la carriola. No hay rampas, cruzar las calles es un drama pues a veces hay rampa de un lado, pero cuando llegas al otro lado, ya no. Hay que cargar la carriola para subirla. Los pasos de cebra no se respetan por los automovilistas y la policía no hace nada.

Exacto, la planeación urbana incide en la subordinación de ciertos grupos. Básicamente está pensada en un hombre que viaja ligero y solo.

Tener que esperar en una esquina oscura el autobús. Que la bajada sea en una parada frente a un callejón oscuro. Que el microbús no tenga más que una luz roja para iluminar por dentro. Que no haya rampas para subir, que no haya una división en los asientos. Que se acepte rellenar el microbús de pasajeros hasta que el último tenga que colgarse de la puerta. Que no haya suficientes vagones y haya que meterse a presión en uno para llegar a trabajar.

Atender el tema de la violencia de género desde la perspectiva del diseño y planeación urbana no es un capricho feminista, es una necesidad para desterrar la desigualdad y develar las desventajas basadas en el género que en nuestro día a día sufrimos las mujeres. La ausencia de perspectiva de género incide en la violencia que se sufre en el día a día en nuestras calles. Las necesidades de las mujeres son muchas veces distintas de las de los hombres.

Siendo además nosotras las principales encargadas de tareas de cuidado y trabajo en el hogar, es necesario tomar en consideración que las mujeres no viajamos ligeras –por así decirlo-. Muchas veces llevamos a nuestros hijos o llevamos a un familiar enfermo, llevamos muchos bultos con la compra, trasladamos muchos objetos de un lugar a otro. En el centro y cerca de los grandes mercados es muy común ver a mujeres con enormes bolsas de objetos. El transporte no tiene casi nunca un espacio para gente que viaja con maletas o bultos. Mucho menos para la carriola. Pedir usar el elevador en las estaciones del metro es casi un sacrilegio y muchas prefieren pedir ayuda para bajar las escaleras.

Yo sé que muchos hombres viajan con sus hijos también, y los mismos criterios aplican para ellos, falta una cultura para ceder asientos, que hayan rampas y elevadores para carriolas, que haya espacios para carriolas. Que la gente respete a los niños y niñas y no se amontone apachurrándolos.

Muchas mujeres viajan embarazadas, lo cual, sabrán muchas, no es nada sencillo. ¿Recuerdan el frustrante video de Ixchel Cisneros de CENCOS? 64 viajes y SOLAMENTE 10 asientos cedidos. La gente se hace tonta, y decide voltear a otro lado antes de ceder su asiento a una mujer embarazada. Lo peor, la insultaron al postear su video, en la valentía que da el anonimato, claro está.

¿Y qué hay de las mujeres adultas mayores? La misma historia, pero en peor estado de vulnerabilidad pues no hay un adulto que los cubra o proteja de las muchedumbres, las calles mal planeadas y rotas, la ausencia de banquetas, de pasos para cruzar, en fin. Si una no es “joven y ligera”, es difícil caminar en esta ciudad.

La violencia sexual es endémica al transporte público. El abuso, el acoso, la violación por parte de extraños suceden, en gran medida, en las calles. En efecto, mucha violencia sexual sucede en la privacidad, pero también en el espacio público, y los planeadores y diseñadores urbanos deben pensar en la violencia de género a la hora de hacer su trabajo. Y también, las autoridades encargadas de la prevención del delito deben adoptar esta perspectiva, la violencia en las calles rara vez llega a denunciarse y ahora, cuando se hace, se busca que no llegue a registrarse.

En calles donde no hay paradas delimitadas, por supuesto no hay iluminación, mucho menos vigilancia, ¿cómo podemos sentirnos seguras? ¿Cómo son las calles afuera de las estaciones del metro? ¿Cómo es la iluminación? ¿Hay muchos puestos de venta? ¿Hay callejones, las banquetas son irregulares, salen a un bajopuente oscuro? Se debe auditar todo esto; no, no da lo mismo.

¿Y qué hay de la publicidad? Miles de mensajes todo el día bombardeándonos con la objetivización del cuerpo femenino. ¿No influye esto en la violencia de género en espacios públicos? Yo pienso que sí. Mensajes que nos informan día tras día, hora tras hora que las mujeres estamos para adornar una bolsa de Ruffles o que nuestra “ilusión” es gustar, a todos.

En fin. Expertos en el tema señalan que la incorporación de la perspectiva de género en la planeación urbana tiene relación con las estrategias de desarrollo económico; no solamente se trata pues de proteger a grupos vulnerables, de que las mujeres viajemos seguras y de que a los depredadores se les haga más difícil violentarnos, se trata también de proveer a las ciudadanas de un mejor sistema de transporte, de una urbanización segura que nos permita eliminar las inequidades estructurales que inciden, al final del día, en todo. En nuestro desempeño laboral o educativo, en nuestra participación en el mundo.

Buscar la discriminación de género en el uso de los espacios públicos contribuye también a crear consciencia a través de la articulación de las experiencias propias. Esta creación de consciencia como ejercicio dialéctico de las mujeres, relatar nuestras vivencias, aprender de ellas, mejorar las condiciones, y sobre todo, apropiarnos del espacio público. Porque es eso, de todos.

Las calles, las plazas, la parada del autobús, las estaciones del metro, el camión son nuestros, apropiémonos de ellos.

Necesitamos incitar el interés de las autoridades en el tema, las mujeres debemos unirnos y hacer auditorías de seguridad, es decir, salir a caminar juntas para evaluar la seguridad y las condiciones de las calles, del transporte e identificar las formas en que puede hacerse más seguro y mejor.

Se requieren cambios no solamente físicos, sino también sociales. Por ello es importante compartir experiencias para concientizar, crear espacios de intercambio, de empoderamiento y de reflexión, procesos dialécticos para encontrar mejores soluciones a los problemas.

Las mujeres tenemos derecho a usar el espacio urbano, estos procesos nos visualizan como usuarias e incrementan nuestro control e influencia sobre su diseño y planeación.

La perspectiva de género es un lente necesario en un mundo que se ha planeado alrededor del hombre de clase media. Necesitamos contextualizar nuestro espacio público, apoderarnos de él y controlarlo de una forma en que todos tengamos acceso, todos tengamos seguridad y todos nos veamos beneficiados.

 

@ZoonPeaton

@LigaPeatonal

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