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Zoon Peatón
Por Zoon Peatón
Liga Peatonal es una organización civil sin fines de lucro que trabaja por ciudades para todas l... Liga Peatonal es una organización civil sin fines de lucro que trabaja por ciudades para todas las personas donde las y los peatones sean el principal actor en las políticas públicas para el diseño de las urbes. Somos parte de la International Federation of Pedestrians, Youth Action Net, Red Innova, Estrategia Misión Cero y la Red Latinoamericana de Ciudades que Caminan, redes internacionales de activistas y emprendedores sociales que buscan mejorar la calidad de vida de todas las personas. (Leer más)
La bicicleta, transporte del pasado para el desarrollo del futuro
La contingencia sanitaria por COVID-19 nos debe permitir romper con el viejo paradigma del uso de bicicleta únicamente como esparcimiento y ejercicio, para utilizarla como medio de transporte seguro y sustentable.
Por Carmen Rodriguez y Angel Alberto Castañeda
26 de agosto, 2020
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No es cosa que se pueda aprender en los libros.    

Si quieres aprender a montar en bicicleta,

no será con un curso por correspondencia, ¿verdad?

Claro que no; te harás con una vieja bicicleta,

montarás en ella, te caerás, te lastimarás las rodillas,

volverás a subir e irás dando tumbos, hasta que, de repente,

¡vaya, sabes montar en bicicleta!

Seguir un curso de economía en Cambridge era algo parecido.

Como montar en bicicleta: una vez aprendido,

es como una segunda naturaleza.

Joan Robinson

 

El nuevo coronavirus nos ha permitido visibilizar alguno de los problemas más importantes en nuestro país. Ejemplo de ello es la fragilidad de nuestro sistema de salud pública y la movilidad en nuestras ciudades, sin duda, existen mucho más y no menos importantes, sin embargo, por propósitos del artículo nos centraremos en la movilidad, dado los retos del nuevo coronavirus para las grandes urbes como la Ciudad de México.

Derivado de la actual coyuntura, han surgido un conjunto de interrogantes sobre lo qué pasará con la Ciudad después del COVID-19. ¿La gestión de la ciudad será la misma? ¿Cuáles serán las políticas públicas de movilidad que se implementarán para mejorar la movilidad en la Ciudad? ¿Cuál será el rol de la bicicleta como transporte no motorizado? ¿Cuál es el atraso de la infraestructura en la ciudad respecto al uso de la bicicleta?

Inicialmente, la bicicleta se inventó como medio de transporte a finales del siglo XIX para la clase más adinerada del momento, sin embargo, en poco tiempo se convirtió en el medio de transporte no motorizado de la población en general. Desde el panadero, el lechero, o para llevar a los hijos a la escuela se empezó a socializar su uso para transportar personas o bienes. Su ventaja comparativa respecto a los medios motorizados es su bajo costo y su característica no contaminante, fundamental para el desarrollo sostenible en la ciudad.

La bicicleta ha servido como agente social para el empoderamiento femenino en épocas pasadas. Es hoy el medio que nos permite mantener la sana distancia (la que las circunstancias sanitarias nos obligan a acatar).

Los retos de la contingencia sanitaria derivada del COVID-19 nos colocan en la disyuntiva histórica de seguir apoyando formas de movilidad motorizadas o fomentar el uso alternativo de la bicicleta como medio de transporte. La ciudad necesita descarbonizarse.

Entre la vox populi existe el dicho “que se hace camino al andar”, la bicicleta es un medio versátil que clarifica perfectamente este dicho. Tal vez esta construcción social retrasó el desarrollo de infraestructura ciclista, ya que se creía que no era necesaria. Sin embargo, el crecimiento de la ciudad y su parque vehicular fue vertiginoso en los últimos años, para ello fue preciso construir la infraestructura vehicular que cubriera tal aumento. En otras palabras, la prioridad era construir infraestructura para el automóvil.

En resumen, el automóvil le quitó su espacio a la bicicleta en pro de la modernidad, ¿pero qué es la modernidad? El diccionario de la lengua española lo define como “La tendencia de los tiempos actuales”. ¿Cuál es esa nueva tendencia global en tiempos del COVID-19? En efecto, el uso de la bicicleta.

Lo moderno es usar la bicicleta para evitar la mayor cantidad de contagios, algo que sería imposible en un sistema de transporte aglomerado o calles eternamente con congestión vehicular. Por otra parte, la falta de infraestructura ciclista incentiva el uso de mecanismo de movilidad tradicionales y altamente contaminantes.

Existen un conjunto de razones poderosas para fomentar el uso de la bicicleta como medio de transporte en la ciudad y podemos enlistar las siguientes: como práctica de salud mejora la condición física del usuario, ayuda a la descarbonización de la ciudad a través de la reducción de gases efecto invernadero, baja los costos de transporte de la población en general en comparación a los medios de transporte motorizado e implica una reducción en la contaminación acústica relacionada con el transporte motorizado.

Aunque su uso tiene importantes ventajas, no es posible garantizar la seguridad de los usuarios con las condiciones actuales. Por ello es imperativo construir la infraestructura suficiente que permita garantizar la seguridad de ciclistas.

La caída del segundo trimestre del PIB representó 18.9%, esto nos habla de los severos problemas económicos que ha ocasionado la crisis sanitaria mundial en la economía mexicana. La implementación de políticas económicas anticíclicas serán determinantes para salir de la crisis. Un mecanismo anticíclico es el aumento del gasto público, el cual debería enfocarse a solucionar dos problemas fundamentales: la caída de la economía y la falta de infraestructura sustentable que cumpla las condiciones para hacerle frente al panorama actual, enfocada a la movilidad sustentable.

Con el fin de respaldar la propuesta de la construcción de un sistema de bicicleta pública, tomaremos algunos elementos; cabe advertir al lector que no son los únicos ni los más importantes. Por ejemplo, en términos de costos es más barato la construcción de biciestacionamientos en comparación con los estacionamientos destinados a los automóviles que, generalmente, se encuentran administrados por la iniciativa privada. Estos deben desarrollarse en el perímetro de las estaciones del sistema de transporte colectivo metro, es decir, estaríamos conectando al sistema de movilidad de la ciudad una alternativa más sustentable en términos económicos y ambientales. Segundo, respecto al espacio necesario para su construcción, de hecho numerosas bicicletas pueden ser aparcadas en un espacio del tamaño de un automóvil estándar. Estaríamos hablando de interconectar a la población más vulnerable y sobre todo evitando contagios entre estos.

Los retos para cambiar el paradigma no son sencillos en un sistema desarticulado de ciudad. Actualmente el sistema de bici pública eco-bici responde a criterios limitados, ya que considera la demanda por parte de los oficinistas de la zona centro y centro poniente de la ciudad, marginando en los planes del gobierno el desarrollo o articulación con otras partes de la ciudad. En síntesis, el actual sistema de bicis públicas es, claramente, un sistema centralizado debido a su desconexión con el resto de la ciudad.

El desarrollar un sistema público de bicicleta no únicamente es asignar más dinero al programa, más bien se debe considerar el desafío más grande para su sostenibilidad en el tiempo, el cual es generar la confianza de los usuarios y garantizar su seguridad para prevenir abusos de los automovilistas.

Pero hoy ¿es imperativo hablar sobre lo que dejamos de hacer y lo que se debe construir para desarrollar la ciudad del siglo XXI? Nos referimos a esta como la ciudad amigable con el medio ambiente, incluyente para todos los sectores de la población, accesible para la población en la periferia de la zona metropolitana de la Ciudad de México.

Sin embargo, el surgimiento de la contingencia sanitaria por COVID-19 nos debe permitir romper con el viejo paradigma del uso de bicicleta únicamente como esparcimiento y ejercicio, para utilizarla como medio de transporte seguro y sustentable.

Por último, tal como el ferrocarril conectó las regiones del país en el siglo XIX y, posteriormente, la red de carreteras conectó las ciudades durante el siglo XX, hoy se debe construir una red de ciclovías que articulen la movilidad intraurbana del siglo XXI.

* Carmen Rodriguez (@Carmen_Rodri123) es Arquitecta por la UNAM con estudios en la Universidad Politécnica de Madrid y University of Tampa, interesada en temas de movilidad sustentable y Espacio Público, ciudad y género, integrante de Liga Peatonal. Angel Alberto Castañeda es Economista por la UNAM con intereses en la dignificación del espacio público, además de impulsor de una agenda de desarrollo que permita gozar de los mismos derechos a todas las personas, principalmente de la periferia de la ciudad.

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