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Zoon Peatón
Por Zoon Peatón
Liga Peatonal es una organización civil sin fines de lucro que trabaja por ciudades para todas l... Liga Peatonal es una organización civil sin fines de lucro que trabaja por ciudades para todas las personas donde las y los peatones sean el principal actor en las políticas públicas para el diseño de las urbes. Somos parte de la International Federation of Pedestrians, Youth Action Net, Red Innova, Estrategia Misión Cero y la Red Latinoamericana de Ciudades que Caminan, redes internacionales de activistas y emprendedores sociales que buscan mejorar la calidad de vida de todas las personas. (Leer más)
Las fotomultas y el coco
Si no diseñamos un instrumento de asociación público privada que reduzca la cantidad de infractores en las calles, la fotomulta dejará de ser un buen instrumento cuando el privado haya recuperado su inversión.
Por Zoon Peatón
20 de enero, 2016
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Por: Roberto Remes Tello de Meneses (@GoberRemes

En un sistema público inundado de corrupción, la fotomulta debería ser aire fresco, pero ciertamente no ha sido así. El contrato del Gobierno del Distrito Federal con la empresa “Autotraffic” ha detonado una serie de dudas y contradicciones entre las declaraciones del jefe de Gobierno, Miguel Mancera, y la publicación del contrato.

En otras entidades el resultado ha sido muy similar. Hace un par de años me buscaron de Aguascalientes, del equipo del alcalde Juan Antonio Martín del Campo, que en campaña se había comprometido a quitar las fotomultas. La idea era proponer una medida alternativa a las fotomultas. Mi respuesta fue: mantener las fotomultas. Sin embargo, éstas eran identificadas por la población como negocio de su predecesor. No digo que así sea, pero sin duda así fue percibido.

La función de la fotomulta

Estos son diálogos cotidianos en nuestro país:

Opción pacífica

– Uuuuuy joven, se pasó el alto

– Usted dígame cómo le hacemos

– Todo tiene que estar dentro de la ley.

El policía le muestra el reglamento de tránsito, el conductor mete un billete y el policía cierra el libro y se va. Todo dentro de la ley.

Opción agresiva

– Oríllese a la orilla

– Qué te pasa, yo qué hice

– Venía hablando por teléfono

– Ya no hallan dónde robar, maldito gobierno…

La fotomulta es un mecanismo sofisticado de interpretación de las infracciones de los conductores mediante un algoritmo que convierte la fotografía de las placas en dato, lo mismo que la actitud indebida.

Las primeras fotomultas se enfocaron sólo a la velocidad, pero hoy día pueden identificar paso del semáforo en alto, distracciones del conductor o invasión de carriles de metrobús o áreas peatonales. Esto debería llevarnos a una mejora en las conductas de los automovilistas.

La sofisticación de los sistemas de fotomulta se ha dado en muchos aspectos: la operación misma, que permite sancionar casi cualquier infracción al reglamento; la gestión de las multas, y la participación de un privado en estos procesos sin violentar la ley.

La fotomulta y el socio privado

¿A quién corresponde aplicar las multas por violaciones a cualquier reglamento? La presencia de un socio privado es uno de los elementos que más debe cuidarse en la instrumentación de una red de fotomultas. Si es una empresa privada la que aplica las multas tendremos problemas en los tribunales, tarde o temprano. Sin embargo, sólo el privado tiene incentivos a mejorar la tecnología con la que está aplicando las fotomultas y es eso lo que ha permitido elevar las posibilidades de estos sistemas.

Veamos el proceso de una manera distinta: el ente privado equivale al proveedor de la libreta y la pluma. Sé que estoy exagerando, pero estrictamente la participación de una empresa privada en las fotomultas no debe llegar a la aplicación de la multa, sino a dotar al Estado de los elementos necesarios para aplicar las sanciones de una manera remota, objetiva y certera.

Exagerando un poco menos, ya desde hace unos años la Policía de Tránsito del Distrito Federal fue dotada de dispositivos “handheld” para la aplicación de sanciones: ¿comprados o arrendados? Si son comprados, es probable que cada día haya un nuevo handheld descompuesto. Lo mejor es arrendarlos y asegurar que cada día haya cierta cantidad de dispositivos en operación, bajo cierto desempeño. La participación del dueño de estos dispositivos es sólo de facilitación, no de ejecución de las multas, la cual corresponde a un policía que sí tiene contacto con el conductor.

Si logramos que las cámaras, las computadoras y los programas con los que opera sólo funcionen como instrumento para que un policía aplique la multa, entonces sigue siendo el Estado el ejecutor de las sanciones. Finalmente, fotografías y videos han sido utilizados en juicio y son pruebas válidas, pero hay que estar seguros de su validez: la instalación y operación deben ser supervisadas por el Estado para garantizar la calibración de los equipos y en esencia que quien reciba una infracción es porque cometió una violación al reglamento de tránsito, y que las sanciones sean parejas para todos (por ejemplo, que no haya una base de datos con las placas de los vehículos que utilizan altos funcionarios, legisladores o millonarios).

El mecanismo para lograr esto es una mesa de dictaminación compuesta por policías capacitados en la materia. Estos policías no tendrán contacto con el infractor, lo cual debe conducirnos a un sistema con baja o nula corrupción y alta objetividad.

Fotomultas DF Fotomultas dF

Un punto importante es que debe existir un mecanismo donde se ejerza el derecho de audiencia, algo que estrictamente también debería existir para las multas que se apliquen de manera personalizada por patrulleros. Una “sala de audiencias” en la que los ciudadanos podamos quejarnos, por ejemplo, que se nos aplicó la misma fotografía en dos fechas o que se nos sancionó estando de viaje. Si existe la posibilidad de error, entonces la sala de audiencias debe escuchar la postura del probable infractor.

Cuánto pagar al empresario

Respecto a la recaudación, lo que sea que se pague al privado por la operación del sistema de fotomultas, debe ser acorde al servicio prestado y el riesgo gestionado por el empresario. No sé si deba ser el 46% que se estableció, en primera instancia, al proveedor de la Secretaría de Seguridad Pública; no sé si más, no sé si menos, lo que es claro es el resultado que esperamos: calles más seguras.

Si el pago está relacionado con las multas ¿el privado tiene incentivos a mejores calles? Claramente no. El primer año tal vez sea muy generoso, pero en el último año del contrato el operador privado sigue necesitando una cuota alta de infractores para un buen desempeño financiero, lo cual significa cierto grado de infractores en las calles. Si no diseñamos un instrumento de asociación público privada que reduzca la cantidad de infractores en las calles, la fotomulta dejará de ser un buen instrumento cuando el privado haya recuperado su inversión.

¿Cuál puede ser el indicador de eficacia? Quizá no es la práctica más socorrida en estos sistemas, pero debería ser la reducción de mortalidad por incidentes viales. La recaudación por multas debería generar los pagos al particular, pero no estar indexada al número de multas, porque ello conlleva varios incentivos inadecuados: inventar multas o no corregir el desempeño de los conductores. Un buen desempeño del sistema de fotomultas debe verse reflejado en la seguridad vial.

Las multas en el año 1 de operación del sistema podrían estar financiando los pagos al operador en el último año. Es decir, los primeros años generan más multas, entonces generan una reserva para el pago de los últimos años, en los que deberá haber un mejor desempeño en las calles y por lo tanto menos multas.

El cumplimiento y la corrupción

Al ser un medio tecnológico, la fotomulta reduce la discrecionalidad y, en consecuencia, la corrupción. Sin embargo, la elevación de restricciones en el Reglamento de Tránsito sí genera ciertos riesgos de corrupción por la actuación de los policías. Hay una reflexión importante por hacer. ¿Qué es mejor, cumplimiento o no corrupción?

Por muchos años el esfuerzo en las calles fue “evitar la corrupción”. Es así como se descompuso la normatividad vial. Para que los policías no extorsionen conductores, muy pocos quedaron autorizados a multar. Hoy, cualquiera puede pasar un alto, dar vueltas prohibidas, estacionarse en la banqueta o bloquear áreas para personas con discapacidad.

¿Funciona nuestro “combate a la corrupción”? No funciona para nadie. Que los policías nos detengan para luego inventar una historia de qué hicimos mal, tampoco. Nos quedamos sin cursos de manejo, las escuelas que se dedican a ello piden la licencia para poder tomar el curso, pero eso sí, en la expedición de licencias de conducir no hay corrupción (supuestamente). Estamos en el peor escenario.

En la imagen puede verse cuál es el mejor escenario: cumplimiento sin corrupción; pero también cuál es el segundo mejor: cumplimiento con corrupción. Nuestra sociedad se ha quedado en el peor de los escenarios: corrupción sin cumplimiento . El tema es difícil de entender en una sociedad en la que la corrupción ha hecho tanto daño, pero es muy probable que mejores niveles de cumplimiento nos lleven a menores niveles de corrupción, y nunca al revés .

Fotomultas Fotomultas Fotomultas

Recomendaciones

El tema de las fotomultas se volvió la parte más frágil en la historia de una estrategia incompleta de seguridad vial de la Ciudad de México. Los cambios que establece el Reglamento de Tránsito eran necesarios, pero entre una mala preparación de la sociedad para ellos y un contrato lleno de dudas, el esfuerzo siguiente no debe ser sólo de transparencia sino de acompañamiento a los sancionados.

Cualquiera que sea la cifra a la que se llegue para pagar la contraprestación por las fotomultas, los cálculos deben ser muy transparentes: cuánto ingresa a las arcas del DF, cuánto al particular por concepto de costos de operación y cuánto por utilidad. Los incentivos a la empresa por un buen desempeño deben ser sostenibles en el tiempo: al final de la historia debemos tener calles más seguras, no cámaras abandonadas o el mismo número de multas que al inicio.

En lo que respecta al procedimiento administrativo, el Gobierno del Distrito Federal o cualquier otro gobierno local debe cuidar que la empresa encargada de las fotomultas sólo lleve los procesos técnicos y la aplicación de sanciones se mantenga a cargo del Estado. Los ciudadanos infraccionados deben tener un proceso simplificado para imponer recursos de revisión y ser escuchados, y no forzados a procesos complejos en tribunales.

Los reclamos legítimos por la incertidumbre que generan las fotomultas, tanto por el destino de las multas como por el temor a ser infraccionado indebidamente, se mezclan con una serie de reclamos ilegítimos, egoístas y hasta ridículos en contra de modificaciones al Reglamento de Tránsito, que tienen por objeto salvar vidas y mejorar la convivencia en las calles.

Es de reconocer que el Gobierno del Distrito Federal se ha mantenido firme en el sentido de las modificaciones al Reglamento de Tránsito, a pesar del costo político. Sin embargo, mucho ayudará que fotomultas y reglamento no sean acciones aisladas en materia de seguridad vial: urge generar un modelo de gestión, que parta de una apreciación por la vida y transforme los elementos personal, material, institucional y tecnológico con un enfoque de cero muertes en incidentes de tránsito.

Por último, quien no quiera verse afectado por las fotomultas debe empezar por conducir a velocidades moderadas, respetar los espacios peatonales, los semáforos y las prohibiciones. Debemos exigir un mejor contrato para la operación de estos sistemas, pero aceptarlos como parte de una búsqueda de calles más seguras.

 

 

* Roberto Remes Tello de Meneses es Politólogo, economista, urbanólogo y transportólogo. Chilango. Papá culeco. Postwannabe. Consultor en políticas públicas de movilidad y ciudad. Yo tengo un sueño, que mis hijos no sean juzgados por la marca de su auto, sino por su carácter. Hoy yo tengo ese sueño. Martinlutherkingueo. [email protected] @ReyPeaton 

 

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