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Zoon Peatón
Por Zoon Peatón
Liga Peatonal es una organización civil sin fines de lucro que trabaja por ciudades para todas l... Liga Peatonal es una organización civil sin fines de lucro que trabaja por ciudades para todas las personas donde las y los peatones sean el principal actor en las políticas públicas para el diseño de las urbes. Somos parte de la International Federation of Pedestrians, Youth Action Net, Red Innova, Estrategia Misión Cero y la Red Latinoamericana de Ciudades que Caminan, redes internacionales de activistas y emprendedores sociales que buscan mejorar la calidad de vida de todas las personas. (Leer más)
Moreleando, nuestra Laguna de vuelta
En 2011, en medio de la oleada de violencia en La Laguna, surge un grupo de locos que empiezan a salir en bici por la ciudad de Torreón. Al día de hoy, Moreleando ha conseguido cerrar 14 cuadras de la avenida Morelos al tráfico un sábado de cada mes, con oferta para los paseantes: música, arte y cultura. 25 mil personas caminando, 30 negocios nuevos y el Distrito Colón reviviendo el centro con bares al terminar de Morelear.
Por Zoon Peatón
24 de junio, 2015
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Por: Dana Corres (@Dana_Corres)

 

“Nunca dudes que un pequeño grupo de ciudadanos pensantes y comprometidos pueden cambiar el mundo. De hecho, son los únicos que lo han logrado”.

Margaret Mead

 

Estoy estresada porque no encuentro avión, le dije a Jorge. “Tranquila, tú ven. Te vas a enamorar de la banda de acá”.

Torreón es una ciudad fundada en 1907, orgullo de Porfirio Díaz (quien la visitara en 1909 antes de la Revolución del ’10), establecida aquí gracias a la llegada del ferrocarril y que con su fundación trajo consigo a la industria, las migraciones y la riqueza. Su zona metropolitana está compuesta por 2 estados repartidos en 4 municipios; Lerdo y Gómez Palacio del lado de Durango, y Torreón y Matamoros del lado de Coahuila. A esto se le conoce como La Laguna, a pesar de que ya no hay agua ni ríos ni las 13 lagunas que solían alimentarla. La frontera natural que separa Durango de Coahuila es el Río Nazas, hoy un río seco porque el agua, al igual que la de las Lagunas, se encuentra repartida toda en presas (la Lázaro Cárdenas y la Francisco Zarco). Se dice, además, que el 80% del agua disponible en La Laguna se va para la producción lechera del Grupo Industrial Lala (productor del 60% de la leche del país): el agua se va más para las vacas, que para los seres humanos. Entre la sequía y la falta de agua, se han ido reduciendo los cultivos. Es común, también, escuchar de muertes de cáncer por todos lados; Peñoles, la empresa metalúrgica, mantiene a Torreón en ostentosos lugares por los niveles de plomo y arsénico. La Laguna tiene aproximadamente 1.2 millones de personas, quienes ponen mucha atención en mencionar su procedencia “Soy de Lerdo”, “Soy de Gómez”, “Soy de Torreón”, pero laguneros todos, orgullosos de mencionar cada uno de los atributos de su lugar de origen: “Ciudad Jardín es Lerdo, es que es más verde porque tiene 2 grados menos que Torreón”, por ejemplo.

Según los mismos laguneros, de 2007 a 2012, La Laguna vivió la peor ola de violencia registrada hasta ahora y no sólo en la zona, sino, muy probablemente, a nivel nacional. Mediáticamente poco se supo de ello, tanto en Coahuila como en el país. En parte, por la falta de ONGs y defensores de derechos humanos en la entidad y también porque los medios fallaron en informar lo que sucedía en Coahuila por miedo a represalias. Si hablabas, morías. Según algunas cifras, de 2000 a 2010 fueron asesinados 3 periodistas y desaparecido 1 más. El 2013 registró a nivel nacional 50% más asesinatos a periodistas que 2012, es decir, Torreón no es un caso aislado y no, el país no se ha hecho más seguro para ejercer el oficio.

Coahuila registra, según el INEGI, 5,456 defunciones por homicidio de 2007 a 2013. Según el Observatorio de Seguridad Ciudadano, en su Informe Anual de Medición de Incidencia Delictiva en la Laguna, para 2012 la Laguna era la ciudad norteña con mayor número de homicidios (por encima de Monterrey y Ciudad Juárez) y la segunda a nivel nacional, sólo por debajo de Acapulco. Los Chapitos se disputaban con los Zetas la plaza. Allí empezó la pesadilla en la Laguna. Dicen que el entonces gobernador, Humberto Moreira, les dijo que con Saltillo no se metieran y que las balas podían ir todas para Torreón. Los laguneros se acostumbraron a las balaceras, los levantones, los desaparecidos, los descabezados, los destrozados y los muertos. En 2010 se hicieron comunes las balaceras en bares, donde los sicarios agarraban parejo: entraban y soltaban balas. Se acuerdan por nombre de cada uno de los eventos “La balacera del Ferrie“, “La balacera de la Quinta Italia “. ¿Y eso salió en los medios? les pregunto. “No, en medios siempre decían que eran menos. Pero todos sabíamos siempre que eran más porque alguien siempre tiene un conocido que estuvo allí”.

¿Es cierto que todos tienen un muerto o un desaparecido? “A mi primo le dieron un balazo en el pie. Así, de la nada. Lo agarraron saliendo de un antro a él y a sus amigos. Él se salvó porque alcanzó a subir a una azotea y se tiró al piso. ¿Se acuerdan de las cabezas que aparecieron en tal lugar? Eran sus amigos. Él se salvó. Yo le pregunté si andaba metido en algo, pero me juró que no. Sólo los agarraron”.

“A mi hermana la levantaron una madrugada en su casa. A ella y a su marido. A un familiar de él se le ocurrió decir que tenían dinero. Dice que hubo un momento en que había 30 encapuchados en su casa. 13 horas la tuvieron secuestrada. Los interrogaron frente al wey que los acusó. Ella convenció a los zetas de que era una simple maestra y que no tenía dinero. Ellos lo corroboraron y pidieron disculpas, le pusieron una pistola en las manos y le dijeron que tirara del gatillo y matara al soplón. Ella les dijo que no podía hacerlo, entonces dice que escuchó cómo le cortaban la lengua porque escuchó sus gritos y cómo se ahogaba con los borbotones de su propia sangre. Escuchó la voz del sicario que mandaba, dice que una voz muy educada y con un léxico perfecto y que lo único que alcanzó a ver a través de la venda fue unos zapatos Ferragamo”.

“Yo tengo un amigo que sobrevivió a la balacera del bar tal. Le alcanzaron a dar un balazo, pero se escondió debajo de un cuerpo. Como de película. Así sobrevivió”.

“Unos amigos estaban en una albercada cuando de repente llegó un grupo de sicarios y abrió fuego. Llegaron a matar por matar. Dicen que, como en las películas, la alberca quedó roja de tanta sangre de los cuerpos que caían al agua. Algunos sobrevivieron porque se hicieron los muertos y otros porque estaban en el baño. Dicen que después de los balazos se quedaron tirados, en un silencio sepulcral, hasta que estuvieron seguros de que los sicarios se hubieran ido, entonces se empezaron a oír los quejidos y los llantos”.

Sí, en la Laguna todos tienen un muerto o un desaparecido. Si uno pregunta, los relatos bien podrían pertenecer a cualquier película de Tarantino o de una película de guerra al estilo Hollywood, pero no. Aquí son reales. Para 2013 las cifras tampoco son alentadoras, pero es un fenómeno que se replica en casi todas partes del territorio nacional.

A lo largo de estos difíciles años la gente dejó de salir a la calle. Sin haber toque de queda, se guardaban en casa una vez puesto el sol. Los negocios comenzaban a cerrar, ya sea por falta de clientes o por la imposibilidad de cubrir los altísimos derechos de piso que pedían los zetas. El Centro de Torreón da cuenta de ello: edificios en total abandono, otrora hermosas fachadas, hoy despintadas y descarapeladas que gritan con todas sus fuerzas que vivieron tiempos mejores, que también les tocó el Milagro Mexicano… En medio del abandono de las calles del centro, se levanta la Plaza Mayor, empezada a construir en 2010 y terminada hasta 2013. Edificio que odian los torreonenses porque, fiel a la tradición priísta, es símbolo del despilfarro, el robo, el mal gusto y pésima arquitectura. Su construcción fue detenida varias veces por “falta de recurso”. El edificio costó 788 millones de pesos y tardó 3 años en construirse.

Éste es el contexto torreonense que se vivía en 2011 cuando surge un grupo de locos que empiezan a salir en bici por la ciudad. Su nombre, decidirían después, sería “Ruedas del Desierto”. Salían a rodar por las noches e iban a donde nadie iba porque era impredecible si habría o no balacera. Iban al centro, al cerro de la cruz, a recorrer la ciudad. Los lideraba un viejo lobo de mar en el activismo de la Laguna: Francisco Valdés Perezgasga. ¿Cómo termina un ingeniero en Comunicaciones y Eléctronica de activista ambiental y ciclista? Sólo Francisco lo sabe. La mamá de Jorge Ruvalcaba se preocupaba todos los miércoles a partir de esa primera rodada, ella, al igual que las mamás de muchos, se preocupaba por el peligro de salir a recorrer la ciudad y quedar atrapado en alguna balacera. Nunca les pasó nada.

“Nosotros salimos a pedalear inicialmente porque teníamos ganas de hacerlo”, dice Francisco. Lo hacían porque el Paseo Colón, la Ciclovía Recreativa de Torreón los domingos, simplemente no llenaba, con sus 2 km, sus ganas de hacer ciclismo urbano de verdad. Dice Francisco que al principio no se percataron de que también era una declaración de la gente para regresar a las calles, pero, como muchas cosas, se dieron cuenta una vez que las rodadas ya habían arrancado; Ruedas del Desierto también era eso y cayeron en cuenta cuando la gente se acercaba para decirles que era inimaginable estar de regreso en la calle, después de años de estar encerrados en casa con miedo. Con los meses ya no eran sólo Ruedas del Desierto, sino grupos que organizaban rodadas por toda la Laguna. Con los meses, también, la organización de Ruedas del Desierto se fortaleció. Es allí cuando Jorge Ruvalcaba y algunos otros miembros fundadores de RdelD empiezan a comentar en cenas y reuniones las ganas de hacer algo más.

Jorge no cuenta bien dónde fue que se encendió la chispa en su cabeza (tengo la teoría de que en verdad no lo recuerda) y que fue algo paulatino. Su mamá tiene la teoría de que empezó en su cocina. Seguro fue una mezcla de sentimientos despertados a partir de Ruedas del Desierto y de pláticas con Valdés Perezgasga que incluían temas como la recuperación del espacio público, la regeneración del tejido social y la nostalgia de un Torreón mejor… Me parece que también tuvo que ver no sólo la cocina de la mamá de Jorge Ruvalcaba, sino todos aquellos lugares donde él, Elías y José (los 3 miembros fundadores de Moreleando) platicaban de hacer “algo” sin saber bien qué. Así, con esos tres personajes que ya traían el activismo ciclista es que surge Moreleando, un movimiento muy distinto a RdD pero que versaba también sobre la recuperación del espacio público a dos pies.

La Avenida Morelos, en Torreón, ocupada por la Moreleada. // Foto: Dana Corres.

La Avenida Morelos, en Torreón, ocupada por la Moreleada. // Foto: Dana Corres.

La avenida Morelos, al igual que muchas de las calles del centro de Torreón ha visto mejores épocas. Se respira nostalgia; hay muchos locales vacíos y en renta, hoteles al estilo “Mauricio Garcés”, que seguramente en sus buenos tiempos escupían lujo y despilfarro y que hoy se ven opacos y vacíos. Al centro de sus muchas cuadras, cientos de palmeras alineadas perfectamente en una suerte de camellón. Esta avenida, definitivamente ha visto tiempos mejores. Desde su nacimiento como avenida, los laguneros caminaban la Morelos; iban a misa, llenaban sus cafés y restaurantes y era parada obligada después de salir del cine. “Los más guapos estaban en la esquina de la Cepeda”, dice doña Lucía, la ya antes mencionada mamá de Jorge.

Moreleando fue una idea que germinó en sus cabezas poco a poco, durante meses en las reuniones de amigos, hasta que en una de ésas decidieron simplemente encerrarse en una junta y no salir hasta tener algo en claro. Ésa reunión tuvo lugar en la Ibero de Torreón, donde, junto con un par de catedráticos (Salvador y Guiomara) salieron con un proyecto llamado Moreleando: cerrar la avenida Morelos al tráfico un sábado de cada mes, con oferta para los paseantes: música, arte y cultura.

El sol cae lentamente sobre la Morelos, no tarda en oscurecer por completo. Se siente una tensa calma, como si se anticipara algo. Las calles se empiezan a cerrar. Los ocho que hoy componen Moreleando corren de un lado a otro con sus playeras de “staff”: Jorge, Elías, José, Vanessa, Sócrates, Gustavo, Eliuth y Fernando. Ponen conos rojos para detener el tráfico, ponen su puestito de playeras con los logos de Moreleando, dan instrucciones a los voluntarios (Aldo a la cabeza y la novia de José, Mariana, entre muchos otros que a través de las redes sociales se ofrecieron a ayudar), Elías recorre rápidamente los 1.5 kilometros (o 15 cuadras que van desde la Plaza de Armas hasta la Calle de Degollado) de Moreleando en patineta. Otros dan entrevistas y los más tímidos para los medios, como Gustavo, ayudan en lo que haga falta.

Estos ocho no son sólo el Comité Organizador, sino que también son ya parte de lo que es hoy Moreleando; hace unos días han firmado un acta constitutiva y se han convertido en AC. Hoy 5 de noviembre de 2014 (fecha en que fue escrito este texto) celebran sus 2 años de existir. Algunos miembros se han ido, pero estos ocho permanecen. Han pasado de tener comerciantes enfurecidos, a convivir en Moreleando con comerciantes agradecidos: algunos creían que cerrar la Morelos les iba a dejar sin clientes porque no tendrían donde estacionarse. Moreleando vino a probar lo que prueban todos los proyectos urbanos que le apuestan a los peatones: se fortaleció el comercio de a pie.

Moreleando en Torreón. // Foto: Dana Corres.

Moreleando en Torreón. // Foto: Dana Corres.

La calle es de todos. // Foto: Dana Corres

La calle es de todos. // Foto: Dana Corres

“Mi corazón volcó cuando vi una librería”, me dice Luis Carlos, nacido en Lerdo que ahora radica en DF y acude a su primer Moreleando en este 2do. Aniversario. La única gran librería que se encontraba en La Morelos, la “Cristal” cerró hace ya varios años y es hoy un edificio tirado al abandono con un letrero que dice “se renta”. Atardece sobre la Morelos, con sus cielos naranjas, sus noches cálidas en el verano y sus noches frías en el invierno.

También han cambiado otras cosas. Hoy, la Morelos es también una avenida llena de luz. No piense el lector que es porque los laguneros la iluminan con sus corazones, sino que -¡por fin!- se hizo la luz. Después de meses de pedir luminarias sin obtener respuestas, fueron los ciudadanos de Moreleando los que colocaron la primera en octubre de 2013 con sus propios recursos. De allí se lanza una colecta y para noviembre del mismo año ya habían puesto otras 5 y en diciembre otras 5 luminarias más. Fue tal la presión de la opinión pública, que el alcalde electo prometió a Moreleando y a los comerciantes de la avenida la reposición total de las luminarias. Hoy, la Morelos se encuentra engalanada completamente por nuevas luminarias LED.

Los terreonenses volvieron a salir. // Foto: Dana Corres.

Los terreonenses volvieron a salir. // Foto: Dana Corres.

Las patrullas empiezan a cerrar las calles. La gente lo sabe: está por empezar la Moreleada. Empiezan a llegar poco a poco. Son las 6 pm. El Mercadillo llena el pedazo de la Morelos que va de Degollado a Colón e inunda de color el paseo: chácharas, ropa, collares, pizzas, plantas, cup cakes, viniles… Más adelante, food trucks, grupos musicales. Afuera del Hotel Río Nazas unas niñas bailan coreografías. Cerca de la Acuña me encuentro a Daniel Herrera, tocando música cubana. Platicamos y me confiesa haber hecho toda clase de preguntas a Jorge y Elías para una entrevista que salió publicada en Letras Libres. ¿De dónde sale el dinero? Yo sé que de sus bolsas y ahora él también lo sabe. Mes a mes, los ocho Moreleandos no sólo dedican juntas semanales a la preparación del evento, sino que desembolsan dinero, SU dinero, para la realización del evento. Es por eso que hoy son AC: quieren poder comprar su propio equipo y dejar de gastar en renta de material.

Daniel y yo caminamos por la Morelos y nos encontramos con un amigo de él. Lo increpa: “¿no que no? ¿Ya viste que hubo un evento de gobierno? A ellos sí les pusieron templete y a ti no. Ya cedieron ante gobierno”. Le espeta con una queja, acusando a Moreleando de haberse vendido al gobierno priísta local. Este hombre se refiere al escenario que puso gobierno para un evento musical al final en la esquina de Degollado, pero se equivoca. En un acto inédito de “Las Calles son de los Ciudadanos” (título de mi autoría), el gobierno municipal pidió permiso a Moreleando para proveer de un evento en el marco del Festival de la Palabra Laguna. Es que… así es; Moreleando es de los laguneros. No del gobierno, no de los funcionarios. Moreleando es el primer corredor peatonal CIUDADANO del país. Y probaron otra cosa: la gente quiere salir a la calle. Desde ese primer Moreleando, aquel que se viera amenazado por la balacera a federales a la altura de la Plaza de Armas y que contara en esa edición con 600 personas y que probó que sí, que la gente quería caminar Torreón. Este segundo aniversario se vio engalanado por 13 mil personas, la mayoría peatones. Los peatones, esos que hacen ciudad desde las primeras civilizaciones humanas.

La Laguna, de vuelta. // Foto: Dana Corres.

La Laguna, de vuelta. // Foto: Dana Corres.

Para las 8 de la noche es difícil caminar. Hay chicos en patineta, niños en sus triciclos seguidos de sus padres, muchachas en patines, gente que después de Morelear se va de antro a cualquiera de los nuevos bares que se han reactivado en el Distrito Colón, hay viejitos paseando tal y como lo hicieran cuando jóvenes, hay gente de todas las colonias; las marginadas y las ricas. Esto es una fiesta. Me conmuevo, sonrío como tonta y me dan ganas de llorar. Vivimos en un país donde es dificilísimo quitarle espacio al coche para dárselo a los ciudadanos de manera masiva y desde la ciudadanía. Justo antes de venir, mi madre me dijo “ten cuidado, dicen que Torreón es muy peligroso” y yo sólo puedo pensar en lo maravilloso de esta experiencia. Moreleando demostró y sigue demostrando que paz no es permanecer pasivo o, contrario a la creencia popular, ser buen ciudadano, pagar impuestos, tirar la basura en su lugar y no dar mordida. Moreleando demostró que paz es acción, que en un país envuelto en violencia, no basta con ser buen ciudadano, sino que hay que actuar y que los ciudadanos somos los actores principales y gestores de los procesos de paz.

Gracias Jorge, Elías, José, Vanessa, Gustavo, Eliuth, Aldo, Fernando y Sócrates por hacer Moreleando posible. Por hacerlo con tan poco y con tanto, por hacerlo con el interés personal más noble que existe, que es tener un mejor lugar para vivir. Gracias por formar caminantes y lograr que la gente se mire y se encuentre cara a cara en la calle, por primera vez después de tiempos tan oscuros. Gracias por hacer que la gente esté orgullosa de ser de esta ciudad y hacer que la presuman a los fuereños como yo. Gracias por servir de inspiración a muchos en todo el país, porque necesitamos más Moreleandos, sus Avenidas Morelos y sus laguneros, pero replicados en muchas ciudades de México.

Actualización a junio de 2015

Tal como Jorge lo proveía, me enamoré de la Laguna y de su gente. Es una zona con una pujante ciudadanía, una que no sólo se queja, sino que actúa; está conformada por jóvenes y no tan jóvenes y está formando a niños también. Este mes Moreleando logró una nueva cifra récord con 14 cuadras, 25 mil personas caminando, 30 negocios nuevos y el Distrito Colón reviviendo el centro con bares al terminar de Morelear. Ese es el balance a 2 años y medio del inicio de este proyecto ciudadano. Moreleando ha probado lo que muchos sabían: la gente aún con lluvia, con frío, con el calor del desierto, con narco… la gente quiere salir a sus calles a disfrutarlas.

Si puede, visite la renaciente Torreón y si lo hace, procure que caiga en finde de Moreleando. No se va a arrepentir.

¡Felicidades Torreón por tus ciudadanos!

 

@LigaPeatonal 

@ZoonPeaton

 

 

* Moreleando en Facebook y en Twitter

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