Jacobo Tagle Visto por su familia
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Jacobo Tagle
Visto por su familia

Por Paris Martínez
10 de diciembre, 2010
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“Jacobo era un muchacho bueno, noble y, por ser el primero de su generación, fue el más consentido: fue el primer hijo y el primer nieto de la familia”, así recuerda Sheindel Dobin a su joven sobrino, quien el domingo pasado fue detenido en el Estado de México por su presunta participación en el secuestro y homicidio del empresario Hugo Alberto Wallace, ocurridos hace ya más de un lustro.

Tagle, durante la búsqueda de los restos

Perteneciente a una familia judía asentada en México desde los años 30 del siglo XX, tras haber emigrado de Rusia y Polonia, Jacobo Tagle Dobin se convirtió a partir de 2005 en una de las personas más buscadas del país, gracias a la campaña para difundir su ficha judicial a través de anuncios espectaculares, emprendida por la madre de su víctima, la señora Isabel Miranda de Wallace.

“Jacobo era realmente un niño inocente, dulce, bueno, tímido y hasta lo llegamos a considerar medio tonto, porque no tenía potencial en muchos aspectos. Cuando un niño es así, es más fácil que lo jalen a cosas malas.”

A través de Sheindel, quien es profesora de filosofía, costumbre y etica judía, la familia Dobin rompe el silencio que en el pasado les granjeó las críticas de la señora Isabel Miranda de Wallace, y clama: “Si habíamos estado callados, como ella dice, fue porque no creímos que la participación de Jacobo en el crimen fuera una realidad; desde un principio nos sentimos indignados por el hecho, pero teníamos la esperanza de que la señora Wallace encontrara a su hijo vivo, en alguna parte del mundo… y, por otro lado, siempre creímos que Jacobo estaba muerto, que a él también lo habían matado”.

“No sé qué pasó con el muchacho”

Luego de su captura, en el municipio de Cuautitlán Izcalli, Jacobo Tagle Dobin no sólo reconoció su participación en el secuestro y homicidio de Hugo Alberto Wallace, sino que explicó a la policía la forma en que su cómplice César Freyre golpeó a la víctima con una pistola, causándole un paro cardiaco y la muerte, así como la manera en que desmembraron su cadáver con una sierra eléctrica y, luego, los lugares en los que arrojaron las partes.

Visiblemente afectada por estas revelaciones, la señora Sheindel Dobin aclaró: “En la familia nunca creímos que Jacobo cayera tan bajo, que pudiera haberse involucrado en esto, ni con gente tan fea; lo veo y no creo en lo que se transformó. Cuando anunciaron su captura, sus familiares nos quedamos shockeados al ver que estaba vivo y, al escuchar su confesión, casi me desmayo del impacto”.

Tras refrendar el compromiso familiar con la cultura de la legalidad, la señora Dobin hace memoria, para identificar el momento en que Jacobo Tagle dejó de ser el niño “noble” de sus recuerdos: “No sé qué pasó con el muchacho. A raíz de una fiesta familiar, realizada en 2004, mucho antes del asesinato de Wallace, nos dimos cuenta de que su actitud había cambiado. Para entonces, yo no sabía qué hacía el muchacho o en qué estaba metido, se había distanciado totalmente de la familia y eso nos afectaba mucho. Aquella ocasión lo noté muy raro, cambiado, ya no era el niño inocente que yo conocía, era… diferente”.

Después de esa fiesta, afirma la señora Dobin, no volvieron a saber de él, salvo, a partir de julio de 2005, que era buscado por la policía por su presunta participación en una banda de secuestradores.

Las otras víctimas

Los Dobin, señaló Sheindel, “somos muy religiosos, con moral y ética”, por ello, destacó, “nos ha golpeado mucho esta situación: ahora somos nombrados negativamente en todos lados donde vamos. Por ello, a la comunidad judía, a la gente que nos conoce, les decimos: nosotros seguimos comprometidos en mantener en alto nuestro nombre, no deben mezclar una cosa con la otra, seguimos siendo nosotros, seguimos trabajando honestamente, luchando por vivir, salir adelante y dar un buen nombre comunitario. A partir de que fueron colocados los espectaculares con el rostro de Jacobo, nuestro apellido empezó a verse afectado; tanto que nos habíamos preocupado por tener un nombre limpio y todo se acabó en un día.”

Pero las afectaciones van más allá de un apellido mancillado o el reconocimiento comunitario perdido.
El hermano menor de Jacobo, por ejemplo, cumplió en octubre un año preso, luego de que fuera detenido en Santo Domingo, a donde viajó desde Israel para acudir a la boda de su primo, acusado de haber sido cómplice en el homicidio de Hugo Alberto Wallace.

“Salomón es inocente, tenía 16 años cuando ocurrió todo. Luego se fue a Israel para estudiar en una escuela de religión, porque quería ser rabino. Salomón es un niño inocente que se presentaba todos los viernes y sábados en el templo, y ahora lo tienen encerrado, a pesar de que no pudieron demostrar su culpabilidad.”

Además, señaló, “mucho nos afectaron los espectaculares. Casi todas las tías de Jacobo somos maestras y eso nos perjudicó, ya que bajo nuestra responsabilidad tenemos a varios alumnos. Por otra parte, su madre es una mujer sola, viuda, que está sufriendo porque no tiene dinero para apoyarlo en nada. Y a su abuelita esta situación la está matando, ha vendido todo lo que tiene para apoyar a Salomón, el hermano de Jacobo.

Por ello, remata, “en nombre de mi familia le decimos a la señora Wallace que no hay palabras para borrar lo sucedido, que nos avergüenza lo que hizo Jacobo. Reconocemos el valor de la señora, nos duele mucho lo que pasó. Me pongo en su lugar: yo también hubiera hecho todo por mi hijo. Por eso, nos unimos al gran dolor de Isabel Miranda de Wallace por esta pérdida. Sé que no sirve pedir perdón por algo que no se puede recuperar, pero no tengo otras palabras ante la vergüenza que nos embarga. A ese sujeto que yo veo en la tele no lo reconozco, es un loco, ese sujeto no es nada nuestro, el Jacobo que yo conocí está muerto”.

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7 formas de gastar menos en alimentos en tiempos de inflación y comer bien

Latinoamérica es la región del planeta donde es más caro alimentarse de manera saludable y cuesta tres veces más que lo que la gente puede pagar.
13 de mayo, 2022
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Comer se volvió cada vez más caro.

Una familia promedio latinoamericana gasta en comida entre el 25% y el 40% de su presupuesto mensual, de acuerdo a cifras oficiales de cada país. Los sectores más pobres destinan todavía un porcentaje mayor.

América Latina es la región donde es más caro comer de forma saludable en el planeta junto con África, según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por su sigla en inglés).

Para poder hacerlo, cada persona necesitaba US$4,25 diarios en 2019, último dato disponible. Eso es tres veces más de lo que la población podía pagar.

El monto actualizado será mayor, estima el subdirector general de la FAO y representante para América Latina y el Caribe, Julio Berdegué, en diálogo con BBC Mundo.

Panadería.

AFP

La FAO calcula un índice del precio de los alimentos y ahora es el momento en el que es más caro comer, al menos desde que se tienen registros.

Eso lleva a una peor alimentación, y por consiguiente a mayores tasas de malnutrición e incluso hambre.

Entonces, en tiempos de alta inflación y con la subsiguiente subida del precio de los alimentos lo más sencillo puede ser cambiar por productos que son más baratos pero que no necesariamente son tan saludables ni tienen el equilibrio nutricional que requiere nuestro cuerpo.

“Dado que en América Latina es más caro comer saludable, nos movemos a más carbohidratos, más azúcar, más grasa. Todo eso es barato”, señala Berdegué.

Comer bien y al mismo tiempo gastar menos es todo un desafío. Aquí te presentamos 7 acciones que puedes llevar a cabo para lograrlo.

1. Cocinar

Tal vez sea la más obvia, pero es esencial. Comprar comida afuera, en la calle o en un comercio, es muchas veces lo más rápido, pero no lo más conveniente para el bolsillo.

Una mujer prepara una bandeja con plátano maduro que sirve en una feria de comida callejera en Medellín, Colombia.

Getty Images

Además, cuando compramos comida hecha no sabemos cuál es la calidad de los ingredientes utilizados, o incluso qué ingredientes se utilizaron para su elaboración.

Lo mismo ocurre con la comida prefabricada que venden en el supermercado, productos conocidos como ultraprocesados. Estos contienen excesos de grasas malas, sodio y azúcares, entre otros componentes, que se añaden para darle mejor sabor pero que no contribuyen a la salud.

Cocinar en casa hace que sepamos exactamente qué estamos comiendo y que paguemos menos por ello.

2. Comer lo justo

Un alto porcentaje de las personas come más cantidad de alimentos que la que exige el organismo.

Reducir las porciones que nos servimos a las cantidades recomendadas para el funcionamiento humano ayuda al bolsillo y, al mismo tiempo, a sentirnos mejor físicamente.

“Las cantidades que se sirven en muchos de nuestros países son demasiado grandes. La compra en el mercado sube muchísimo y, además, este exceso de comida lleva al sobrepeso”, dice a BBC Mundo la nutricionista venezolana Ariana Araujo.

Una dieta de entre 2.000 y 2.500 kilocalorías es un número adecuado de ingesta diaria.

3. Cambiar de recetas

Venta de carne en un mercado de México.

Getty Images

Sustituir ingredientes o platos completos es una de las formas de abaratar el gasto en comida.

Determinados productos básicos como el aceite, el café, algunas frutas y verduras, la carne de vaca, el pan (y la harina de trigo en general), los huevos y algunas legumbres aumentaron de precio más que la suba promedio de alimentos y bebidas no alcohólicas en la mayoría de los países latinoamericanos, de acuerdo a la información publicada por instituciones oficiales que se encargan de medir la inflación.

Las tortillas de maíz, parte fundamental de la dieta mexicana, le cuestan a los consumidores de ese país 17,7% más ahora que hace un año. La harina de maíz, imprescindible para las arepas, ha subido de precio en toda la región.

Se pueden buscar sustitutos que sean nutricionalmente equivalentes o similares, pero que no se hayan encarecido tanto o incluso hayan bajado de precio.

Mercado de legumbres.

Getty Images
Los frijoles aumentaron menos de precio que otros alimentos en la mayoría de los países latinoamericanos y son una buena fuente de proteína.

Para ello es necesario conocer qué productos son intercambiables.

Una comida balanceada debería estar compuesta por una mitad de frutas y verduras, un cuarto de proteínas y el otro cuarto de carbohidratos, afirma Araujo.

En el grupo de las proteínas se encuentran la carne de res y de cerdo, pollo, pescado, leche, quesos, huevos, frijoles, lentejas y guisantes.

La carne de cerdo es la que, en general, subió menos de precio en los últimos 12 meses en América Latina, mientras que el pollo y el pescado acompañaron la suba general, que fue menor al encarecimiento de la carne bovina.

Los frijoles, en cambio, no tuvieron tal incremento de precios e, incluso, están más baratos que un año atrás en algunos países.

“Hemos disminuido fuertemente el consumo de legumbres, de frijoles, garbanzos, lentejas, cuando son productos accesibles que aportan buenas cantidades de proteínas”, dice Berdegué.

Entre los carbohidratos están el arroz, el pan, el maíz, la pasta, el plátano y los tubérculos -papa, yuca, batata, entre otros-.

El arroz y los tubérculos se encarecieron menos que el trigo y el maíz, por lo que optar por los primeros contribuirá a abaratar el menú.

Huevos y tortillas de harina de trigo.

Getty Images

“Algo que se puede hacer es mezclar en un mismo plato cereales -arroz, pasta- con legumbres. Los dos se complementan y ayudan a formar una proteína muy similar a la de la carne”, explica José Balbanian, docente de la Escuela de Nutrición de la Universidad de la República en Uruguay.

Con esa combinación el organismo obtiene los aminoácidos esenciales.

“El sustituto a nivel nutricional es fácil de conseguir. El problema es cómo cambiar la cultura de las personas. ¿Cómo le quitas a un mexicano la tortilla o a un venezolano la arepa?”, se pregunta Araujo.

Respecto a los aceites, Araujo sostiene que puede ser cualquiera, salvo el de palma porque es una grasa saturada que no es saludable. Balbanian agrega que es necesario su consumo, aunque no en frituras.

4. Planificar las compras

Cartel de ofertas en la puerta de un supermercado en Buenos Aires.

Getty Images

Hacer un plan de lo que debemos comprar antes de ir al mercado es clave para el ahorro.

Lo primero es saber qué queremos comprar para luego decidir dónde. Ir por frutas y verduras, quesos o carnes a la feria suele ser más económico que en grandes comercios.

Cuando se va a un supermercado, lo ideal según Araujo es recorrer las tres paredes del local -los costados y la trasera- formando una “U” invertida.

En estos pasillos se encuentran comúnmente los productos frescos y de allí debemos seleccionar el 80% de la compra para que sea saludable, afirma la nutricionista.

No se puede ir con hambre al supermercado, porque si estoy corto de dinero y encima voy con hambre veo una promoción de un ultraprocesado que me gusta mucho y caigo en comprarlo”, asegura Balbanian.

Tener claro qué se va a cocinar en los días siguientes ayuda a calcular mejor las cantidades y no comprar de más, algo importante en los alimentos perecederos para no tener que tirarlos luego porque se echaron a perder.

Un consejo de Balbanian es comprar en grandes cantidades, para una misma familia o entre varias personas, para ahorrar.

Una recomendación de Araujo es mirar en los estantes inferiores, donde suelen ubicarse los productos con menor procesado que son más baratos.

5. Buscar de temporada

Mercado de frutas y verduras.

Getty Images

Las frutas y verduras son intercambiables entre sí; lo importante es variar entre ellas.

“Aportan fibra, vitaminas y minerales que son muy difíciles de encontrar en otros alimentos”, dice Balbanian.

Para achicar el costo de la alimentación, lo que aconsejan los expertos es comprar los productos de temporada o estación, dependiendo del país y su clima.

Intentar comer tomate fuera de temporada hace que sean más caros porque quienes los venden han recurrido a cadenas de frío para conservarlos durante meses o que los produzca en invernaderos, ambos sistemas que encarecen los alimentos.

Por el contrario, en temporada se encuentran los productos en abundancia, a precios bajos, y es cuando están más gustosos y nutritivos.

A veces, hay productos que en el pasillo de congelados se encuentran más baratos que frescos y se puede sacar provecho de esas oportunidades, siempre y cuando los ingredientes que están escritos en la bolsa sean exclusivamente el producto que buscamos, sin agregados, sostiene Araujo.

6. Aplicar técnicas de conservación

Pollería

Getty Images
Si bien el pollo se ha encarecido en la mayoría de los países de América Latina, es todavía más económico que otras carnes y se puede utilizar como sustituto para obtener proteínas.

Una alternativa es comprar cuando está barato y aplicar alguna técnica de conservación.

La más sencilla es poner los alimentos en el congelador. Pueden ser tanto carnes como la mayoría de los vegetales -siempre que no quieras comerlos crudos luego- y frutas.

Con los vegetales, la recomendación es que cuando se vayan a consumir se provoque un choque térmico, del frío al calor intenso, para que no pierda textura y sepa peor.

También se pueden cocinar mayores cantidades que las que vayas a comer de inmediato y guardar porciones en el congelador para más adelante, o cocinar ingredientes sueltos y congelarlos para utilizarlos más adelante en preparaciones.

“Eso mantiene más del 90% de sus nutrientes”, afirma Araujo y agrega que ella hace eso en su casa.

Para no recurrir al frío siempre y dejar atiborrado el congelador, otra opción es la conserva.

Hay diferentes técnicas, pero la más sencilla es envasar al vacío. “Se hacía mucho en la Segunda Guerra Mundial con los vegetales”, cuenta Araujo.

7. Optar por segundas marcas o marcas blancas, pero antes leer

Persona comprando pasta en el supermercado.

Getty Images
Las marcas blancas no son necesariamente de peor calidad que las primeras marcas.

Por efecto del marketing, muchas veces creemos que un producto de la marca más destacada -también llamada primera marca- es mejor que las otras. Esto no necesariamente es así.

“Es importante leer la lista de ingredientes, más que el cuadro nutricional, e identificar azúcares y grasas de mala calidad”, afirma Balbanian.

Araujo dice que en ocasiones las segundas marcas o incluso las marcas blancas -aquellas genéricas de la cadena de supermercados- son más saludables porque, para abaratar, no utilizan determinadas grasas o azúcares que las primeras marcas sí usan para darle otro sabor al producto.

En otras, no son mejores pero tampoco peores. “Mi recomendación es leer las etiquetas y comparar. Casi siempre son bastante parecidas y hay un ahorro importante”, dice Araujo.


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