Guerrero, entre campañas millonarias y pobreza extrema
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Guerrero, entre campañas millonarias y pobreza extrema

Por Francisco Sandoval Alarcón/Enviado
19 de enero, 2011
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Acapulco, Gro.- Una bola de lodo, lluvia y escombros les cayó encima. Sobrevivieron de milagro porque un viejo librero de madera los protegió de morir aplastados. Todos dormían juntos luego de que escucharan  noticias sobre la proximidad del Huracán Blas a las costas de Guerrero y que viajaba a una velocidad de 75 kilómetros por hora, lo suficiente para generar destrozos en casas como en la que vivían y que estaba construida de madera y lámina con remaches de lona y cartón.

El recuerdo del Huracán Paulina, que dejó por lo menos 400 muertos, invadió su mente. Esperaban que tal y como les había ocurrido un año atrás, corrieran con la fortuna de no sufrir daños a pesar de que el mortífero tornado había dejado miles de damnificados. El  vivir en la parte más alta de un cerro ubicado en el poniente de Acapulco, en una zona donde están asentadas muchas de las colonias pobres del puerto, los protegió de las torrenciales lluvias que acarreó Paulina y que devastó miles de casas asentadas en los cordones de miseria que a lo largo de los años se han ido estableciendo irregularmente en las cuencas y orillas de los riscos.

Nietos de Norma Candelaria, en una de las comunidades pobres de Guerrero. //FOTO: Francisco Sandoval

Norma Candelaria y sus hijos, como el resto de los guerrerenses, que han salido de entre los escombros, que han vivido la desesperanza de verse sumergidos en el desempleo y que se han enfrentado a la falta de oportunidades escolares, son los espectadores de siempre en la nueva elección para gobernador de la cual, ni los propios consejeros electorales tienen idea sobre cuánto han gastado los partidos en propaganda.

Los guerrerenses tienen que escoger entre un priista, Manuel Añorve y un expriista, Ángel Aguirre.  No hay más opciones reales.

La pesada madera del mueble amortiguó el golpe. Entre los vecinos rescataron a Norma Candelaria y a sus hijos, quienes cómo podían manoteaban y escarbaban para tratar de renacer de entre el lodo, luego de que la tierra se los tragara por varios minutos. De esa amarga experiencia han pasado más de 12 años y en ese tiempo, según se puede constatar por las precarias condiciones en la que vive la mujer de 52 años y su familia, el apoyo por parte de las autoridades federales, estatales o municipales ha sido nulo.  Lo único que recibieron fueron cobijas, despensas, un poco de madera y lámina para reparar sus viviendas, así como la palabra de que los apoyarían para mejorar su calidad de vida. Una promesa que nunca les cumplieron.

Triángulo de la pobreza extrema

Norma Candelaria considera que es “inútil” el gasto de las campañas.

Tiene 52 años y la piel morena como muchos de los guerrerenses de la Costa Chica, pero es acapulqueña de nacimiento.  Se llama Norma Candelaria y a los 36 años su marido la abandonó con sus seis hijos entre los que había un recién nacido, tres niños y dos adolescentes. Después de 16 años de vender frutas y verduras en las calles y lavar maratónicamente hasta 10 docenas de ropa en un día, atiende un puesto de gorditas en el mercado municipal que le permite sacar dinero para sus gastos y de paso mantener al hijo menor  que estudia la preparatoria  y a los nietos que viven con ella.

Doña Norma es, en sí, la evidencia de Guerrero: un estado que cuenta con una población de más de 3 millones de habitantes, de los cuales el 20%  son indígenas en situación de pobreza, no se necesita ser indio  para vivir en la miseria y ser parte de las estadísticas que de acuerdo con los indicadores socioeconómicos del Consejo Nacional de Población (CONAPO), junto con Chiapas y Oaxaca conforman el triángulo de la pobreza extrema en el país.

Hace 16 años, sin dinero para sostener la renta de una casa en la colonia Vallarta, Norma tomó la decisión de unirse a un grupo de personas que como ella querían acceder a un terreno y una vivienda digna pero no tenían los fondos suficientes para pagar una propiedad. Sin opciones económicas, la mujer y sus seis pequeños hijos se integraron al grupo de invasores y se establecieron en la parte alta de un cerro, al  poniente de la ciudad. Por haberse invadido un 3 de diciembre, la nueva colonia fue bautizada con esta fecha, para después ser nombrada oficialmente como la colonia Ricardo Morlett parte alta, en honor al personaje que encabezó la invasión pero en la parte baja.

Fue así como el nuevo asentamiento, ubicado a su vez a un costado de la colonia Nueva Era, otro predio invadido años antes, se integró a uno de los cinturones de miseria más conocidos de Acapulco cuyas humildes viviendas contrastan con las opulentas edificaciones de la zona turística de la ciudad, donde están asentados los hoteles más lujosos y caros del país.

Mientras tres de sus nietos juegan en el patio, Norma recuerda a los muchos políticos que en más de 15 años les han prometido ayuda, pero que una vez que están en el cargo se olvidan de ellos. Señala que es en la época electoral cuando más visitas tienen, ya sea de candidatos o funcionarios de gobierno, quienes sólo llegan a la colonia Ricardo Morlett parte baja y no a la parte alta, porque es la sección que está pavimentada y cuenta con la mayoría de los servicios.

“A nosotros nos tienen olvidados”, indica la mujer, quien piensa que para sensibilizar a los políticos sobre los problemas que aquejan a los sectores más vulnerables  es necesario que se vayan a vivir algunos días a las colonias pobres para que conozcan de primera mano las necesidades que tienen miles de guerrerenses.

Desconocen montos de la campañas

En la sesión del 10 de septiembre de 2010, los consejeros del Instituto Estatal Electoral establecieron que para la campaña electoral de 2011, los diferentes partidos políticos en Guerrero tendrían como tope de gastos de campaña 33 millones 478 mil pesos. Con este dinero tenían que pagar la propaganda de sus candidatos, la publicidad  en medios, el retiro de la propaganda en la vía pública y los gastos operativos de las campañas.  Sin embargo, a menos de dos semanas de los comicios, los encargados de vigilar que los recursos no rebasen los topes establecidos desconocen los montos desembolsados.

Representantes del IEE de Guerrero desconocen cuánto se han gastado los partidos en las campañas. //FOTO: Cuartoscuro

El sentir de muchos ciudadanos, como doña Norma Candelaria, quien vive en una situación de pobreza extrema, es que resulta “inútil” que se gasten millones de pesos en publicidad que tiene tapizadas las calles de propaganda con el nombre y rostro de los diferentes candidatos, sin contar las decenas de espectaculares, cuyas rentas de espacios oscilan en los 12 mil pesos mensuales y que se multiplica en al menos 50 espectaculares colocados en las diferentes vialidades municipales se calcula una renta de 600 mil pesos en un mes, lo que multiplicado por los casi tres meses de campañas arroja una suma de casi dos millones de pesos.

Lo anterior sin contar lo que se le paga a los colaboradores, la publicidad en medios de comunicación a nivel estatal y nacional, además de los programas de espectáculos  que visitan algunos de  candidatos como el de la alianza PRI, PVEM, PANAL, Manuel Añorve, quien hace semana y media fue entrevistado a nivel nacional por los conductores del programa de espectáculos de TV Azteca, “Ventaneando”.

Días más tarde el conductor del programa “Está Cañón”, Yordi Rosado, lo entrevistó en un evento que convocó el propio exalcalde de Acapulco en el hotel Crowne Plaza del puerto. Aún cuando el conductor fue contratado por el equipo de campaña de Añorve, se desconoce cuánto cobró el comunicador ligado a Televisa.

Raúl Calvo, consejero del IEE de Guerrero, reconoció que a menos de dos semanas de los comicios desconocen el monto de lo que han gastado los partidos en las campañas, pero adelantó que la Unidad Técnica de Fiscalización del Consejo Electoral hace una revisión de los gastos, sin que se conozca la fecha en la que tendrá que concluir su informe, la cual, por la cercanía del proceso, se prevé que esté lista después del 30 de enero.

Lo cierto es que en palabras del Consejero Presidente del organismo electoral, César Ramos, quien ha señalado ante diferentes medios de comunicación estatales que se encuentran frente a un “ejercicio fiscal atípico”, el costo de las campañas pudiera ser superior a los 33 millones de pesos establecidos como tope.

“Es un gasto inútil. Como siempre”, se queja con una voz pausada doña Norma Candelaria, quien está convencida de que el dinero que se gastan los candidatos lo deberían utilizar para realizar gestiones de provecho.  “Se están gastando miles de millones en campañas  y dónde está el dinero. Está en los papeles que pegan en la calles o en las obras que dicen que están haciendo”, agrega mientras uno de sus nietos tose por espacio de un minuto sin parar. “Nos deberían construir un centro médico mejor, porque aquí los niños se enferman y no hay cómo atenderlos. Es mejor que gasten el dinero en eso y no en sus campañas”.

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Kate McHenry

'La pérdida de olfato por coronavirus hizo que la carne me sepa a gasolina'

Un fenómeno llamado parosmia ha dejado a algunos sobrevivientes de coronavirus en un mundo de esencias distorsionadas.
Kate McHenry
31 de agosto, 2020
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Perder la facultad de oler y degustar son dos síntomas asociados a la COVID-19.

Mientras muchos han recuperado sus sentidos, otros sufren un fenómeno llamado parosmia en el que tienen los sabores y olores distorsionados.

Para Kate McHenry, el agua de la pila deja un hedor horrible. Eso, junto a otro desagradable olor que destila al ducharse, significa que incluso el aseo se ha convertido en algo que debe enfrentar.

“Mi champú favorito tiene ahora el olor más asqueroso del mundo”, dijo McHenry.

Tras caer levemente enferma en marzo, esta inglesa de 37 años fue incapaz de oler algo durante cuatro semanas. Su sentido regresó poco a poco, pero a mediados de junio las cosas “empezaron a oler muy raras” y fueron reemplazadas por un “hedor químico horrible”.

Este hecho ha cambiado la vida de McHenry. Ha perdido peso, tiene ansiedad y añora el placer de comer, beber y socializar. Su problema es tan fuerte que este hedor le desborda incluso en lugares donde simplemente se cocina comida.

Le aterra pensar que ha perdido el sentido de olfato para siempre.

Kate McHenry y su pareja Craig Gordon.
Kate McHenry

Kate se siente culpable cuando su pareja le pregunta qué le apetece comer.

“Me encanta las buenas comidas, salir a restaurantes y beber con amigos, pero todo eso se ha ido. La carne me sabe a gasolina y el prosecco a manzana podrida. Si mi novio Craig se come un curry el olor es horrible. Le sale de sus poros y es difícil estar cerca de él”.

“Me entristezco cuando cocino en las tardes. Craig me pregunta qué quiero comer y me siento mal porque no hay nada que me apetezca. Sé que todo tendrá un sabor horrendo. Me asusta quedarme así para siempre”.

Comida que McHenry puede comer.

Kate McHenry
La pasta con queso es uno de los pocos platos que McHenry puede tolerar.

Las personas con covid-19 pueden perder su sentido del olfato porque el virus daña los nervios terminales de sus narices.

La parosmia puede producirse cuando esos nervios se regeneran y el cerebro es incapaz de identificar debidamente el olor real de algo.

Esta condición está habitualmente vinculada a los resfriados comunes, la sinusitis y las lesiones en la cabeza. Los que los sufren describen oler a quemado, humo de cigarro o carne podrida. En algunos casos el olor es tan fuerte que induce al vómito.

Aunque los profesionales reconocen que la parosmia es un signo de recuperación del olfato, para algunas personas puede tardar años en pasar.

Pasquale Hester

Pasquale Hester
Pasquale Hester afirma que lidiar con la parosmia le quita fuerzas.

Lavarse los dientes con sal

Para Pasquale Hester, también de Inglaterra, la pasta de dientes es uno de sus peores enemigos.

El gusto químico que desprende le produce tantas arcadas que ha empezado a lavarse los dientes con sal, que sabe normal para ella.

Como muchos otros afectados por coronavirus, pasaron semanas hasta que mejoró su sentido del olfato. Pero entonces comió curry por su cumpleaños en junio y se dio cuenta de lo distorsionado que estaba su gusto.

“Escupí la comida porque sabía a pintura. Algunas cosas se toleran mejor. El café, el ajo y la cebolla son lo peor. Puedo comer judías verdes y queso. Lo que me está pasando me afecta. No se lo desearía ni al peor enemigo”, dice Hester.

Lo que comer Pasquale Hester

Pasquale Hester
Un plato de judías verdes y queso es de lo poco que Pasquale puede comer.

Brooke Jones empezó con síntomas en abril y dio positivo por covid-19 una semana más tarde. Describe casi todo lo que huele como “carne podrida con algo sacado de una granja”.

Esta estudiante de 20 años hizo una lista de comida que puede tolerar: gofres tostados, pepino y tomate. Lo demás le disgusta.

“Trato de imaginarme el sabor de las cosas. Si como comida china, incluso si no sabe tan bien, me convenzo de que en realidad no está tan mal”.

Brooke Jones

Brooke Jones
Brooke Jones perdió el sentido del gusto y del olfato.

Impacto psicológico

Se desconoce el número de infectados por covid que han tenido parosmia, pero se estima que cientos de miles han perdido el olfato o gusto de forma temporal.

La profesora Claire Hopkis, presidenta de la Sociedad Rinológica Británica, advierte que hay una “creencia incorrecta generalizada” de que la pérdida de olfato por el virus es a corto plazo”.

“Sí, hay una gran probabilidad de recuperación, pero también muchas personas que perderán este sentido por un período largo de tiempo y ese impacto se está infravalorando“, agrega la especialista.

El olfato juega un rol importante en la memoria, el estado de ánimo y las emociones. Aquellos que sufren alguna disfunción se sienten recluidos.

“Cuando intento explicarlo, algunos piensan que es gracioso. Sé que las secuelas del coronavirus pudieron ser mucho peores, pero me afecta y asusta que nadie es capaz de confirmar si mejorará”, confiesa Jones.

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