La Pascua del obispo Samuel Ruiz
close
Recibe noticias a través de nuestro newsletter
¡Gracias! Desde ahora recibirás un correo diario con las noticias más relevantes.
sync

La Pascua del obispo Samuel Ruiz

Por Ángeles Mariscal
24 de enero, 2011
Comparte

Tuxtla Gutiérrez, Chis., 24 de enero. Cuando en febrero de 2000, tras 40 años en el obispado, Samuel Ruiz García fue separado físicamente de la Diócesis de San Cristóbal de las Casas, pensando que con ello disminuiría la presión de la insurgencia indígena reflejada en el alzamiento armado de 1994, el tatik (padre, en tzeltal) reiteró: “Yo no implanté nada, fue el proceso el que me generó a mí. Yo soy el resultado de una situación, y conmigo y sin mí esta diócesis seguirá su camino”.

Casi once años después de su salida de la Diócesis de San Cristóbal (febrero 2000) a la que siguió perteneciendo como obispo emérito, familiares cercanos confirmaron que la neumonía que le afectó en las últimas semanas, se complicó con la diabetes que padecía tiempo atrás. Inició así la Pascua del obispo Samuel Ruiz García, su transformación de un cuerpo terrenal a otro espiritual, según la tradición cristiana.

El “obispo caminante”, tatik Samuel o “comandante Samuel”, como le llamaron autoridades del gobierno de México cuando lo acusaron de apoyar al movimiento armado del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), dejó 40 años de su vida en la Diócesis de San Cristóbal de las Casas, Chiapas, en donde dio origen y fundamento a la iglesia autóctona, reconociendo por primera vez la aportación de la cultura indígena al catolicismo moderno de nuestro país.

La diócesis de San Cristóbal fue fundada en 1539, durante el auge del sometimiento de los conquistadores españoles hacia los indígenas originarios de esta región. Cuando en 1959, Samuel Ruiz García, de la orden de los Jesuitas, es nombrado obispo de la región, cohabitaban un millón y medio de indígenas y mestizos en relaciones de servidumbre.

Según describe Rosario Castellanos en una crónica de esa época, los indígenas habían “contraído el sentimiento de la dignidad personal”, mientras que el “ladino” o mestizo había asumido “de un modo monstruoso la creencia en su superioridad”.

Proveniente de la ciudad de Irapuato, Guanajuato, donde nació en 1924, Samuel Ruiz llegó con una formación evangelizadora clásica de la iglesia católica de entonces. En un discurso pronunciado en el auditorio de la Universidad Iberoamericana, el 28 de abril de 1995, el propio obispo recordó su llegada a Chiapas: “Al principio, mi preocupación era exclusivamente religiosa y al interior del templo: organizar el culto sagrado, enseñar la doctrina cristiana. Pero al recorrer la Diócesis, como le sucede a todo turista o a todo visitante, me impactó tremendamente la miseria y las carencias de la gente indígena, que era la mayoría”, en contraparte de un sector urbano que habitaba la mayoría en la cabecera de San Cristóbal, quienes “seguían actuando frente a los indígenas prácticamente como los antiguos encomenderos”.

Explica que incluso se unió a la lucha anticomunista, por considerar al comunismo incompatible con la fe cristiana, aunque al paso de los años se dio cuenta que “detrás de eso también había una escapatoria al compromiso social” para con las comunidades tzeltales, tzotziles, tojolabales y choles que formaban la Diócesis.

El historiador Juan Pedro Viqueira, en su libro Chiapas. Los Rumbos de otra Historia, refiere que en el proceso de transformación para que Samuel Ruiz asumiera y reconociera la valía de los pueblos indígenas, tuvo influencia su asistencia al Concilio Vaticano II, Congreso de Medellin y las Discusiones en el Departamento de Misiones del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM), donde se discutió el papel de las comunidades indígenas en la evangelización de América Latina.

A partir de esta toma de conciencia, Samuel Ruiz comenzó a reclutar y capacitar catequistas indígenas, a reconocer su aportación cultural y a evangelizar en su lengua; a crear las Escuelas Diocesanas de Catequistas de donde surgirían los tuhuneles (diáconos) indígenas, lo que rompió los esquemas del sector conservador de la iglesia católica, que prohibía incluso oficiar ceremonias religiosas en un idioma distinto al latín y el español o castellano en el caso de México.

El proceso de acompañamiento de Samuel Ruiz con los grupos indígenas de su Diócesis avanzó y en 1974 participó en la organización y desarrollo del Congreso Indígena que se celebró en San Cristóbal de las Casas, donde se discutieron problemas que aquejaban a los grupos tzeltal, tzotzil, tojolabal y chol: falta de tierra, salud, educación alimentación; hostigamientos del ejército en las comunidades, represión de pistoleros, finqueros y terratenientes, entre otras.

Fue en ese congreso donde los indígenas participantes sientan las bases para formar la unión de ejidos Kiptik ta Lecuptesel que más tarde se convertiría en la Asociación Rural de Interés Colectivo Unión de Uniones– de las que saldrían importantes dirigentes, algunos de los cuales integrarían años más tarde el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN).

La historiadora Xochitl Leyva Lozano, en su libro Militancia político-religiosa e identidad en la Lacandona, sostiene que “a partir de la convergencia de la Teología de la Liberación, el maoísmo y la etnicidad, se construye el sentimiento comunitario de los colonos selváticos de Las Cañadas, sustento social del movimiento político en la zona”.

Entre 1974 a 1992, cuando la Diócesis acompaña a los feligreses indígenas en sus procesos de desarrollo y demandas, Samuel Ruiz es cuestionado por los gobernadores de esa época, quienes solicitan al Vaticano la salida del obispo de la Diócesis.

Él, por su parte, en 1988 fundó el Centro de Derechos Humanos “Fray Bartolomé de Las Casas”, instancia que hasta la fecha es uno de los organismo humanitarios más importantes de Chiapas, a través del cual los diversos sectores sociales denuncian las violaciones a sus derechos humanos.

Cuando estalla el movimiento armado de 1994, los gobiernos federal y estatal desplegaron una campaña contra el obispo Samuel Ruiz y su Diócesis, acusándolos de ser los causantes del conflicto y de resguardar armamento en las instalaciones de la catedral.

Sin embargo, ese 1 de enero de 1994, en un pronunciamiento público para fijar su postura respecto al alzamiento, los tres obispos de Chiapas, entre ellos Samuel Ruiz, cuestionan el uso de la violencia, pero refieren las palabras de Juan Pablo II, cuando señaló que la pobreza “es amenaza constante para la estabilidad social, el desarrollo de los pueblos y la paz”.

Por ello refieren que los indígenas del EZLN “están reclamando soluciones audaces que hagan valer las razones de la justicia. Se ofrecen como intermediadores para lograr la paz y fundan la Comisión Nacional de Intermediación (CONAI), que funcionó desde 1994 hasta junio de 1998.

Los ataques en su contra siguieron durante ese periodo, tanto por parte de la población conservadora de San Cristóbal de las Casas, grupos de finqueros y terratenientes, así como por autoridades del gobierno mexicano.

En enero de 1998, en una conferencia de prensa celebrada en las instalaciones de la Séptima Región Militar, el comandante José Gómez Salazar, muestra a los reporteros un cargamento de armas, municiones, equipos de radiocomunicación y libros de evangelización editados por la diócesis de San Cristóbal de las Casas, que presuntamente fueron decomisados en una casa de seguridad del EZLN. El jefe militar sugirió entonces la participación activa de Samuel Ruiz en el conflicto armado.

Estas acusaciones tensaron las relaciones de Samuel Ruiz con el Vaticano, si bien no se hicieron públicas, en agosto de 1995 le envían un obispo coadjutor, Raúl Vera López, quien contrario a lo que se esperaba de él, asume junto con Samuel Ruiz la causa de la iglesia autóctona y el acompañamiento a las comunidades indígenas.

El 3 de noviembre 1999, al cumplir 75 años de edad, de acuerdo a los cánones de la iglesia católica, Samuel Ruiz firma su renuncia como obispo de la Diócesis de San Cristóbal. Al anunciarlo, señala que lo hace “en cumplimiento con el canon que sugiere -no es un mandato, es una sugerencia pero que todos los obispos la hemos aceptado- que es conveniente que a los 75 años se ponga la renuncia, yo renuncio”.

El Vaticano acepta la renuncia y en febrero de 2000 Samuel Ruiz se va de Chiapas para asentarse en Irapuato, Guanajuato, en calidad de “obispo emérito”. La jerarquía católica también decide separar de la Diócesis de San Cristóbal a Raúl Vera, y lo nombra obispo de Saltillo, Coahuila. En su lugar queda el obispo conservador Felipe Arizmendi Esquivel.

Antes de irse, en una carta privada que él mismo reseña, Samuel Ruiz le informa al papa Juan Pablo II de la “situación de guerra que se vive en Chiapas”. Durante su ceremonia de despedida, ante miles de indígenas que se dieron cita frente a la catedral de San Cristóbal, el obispo ora: “Te pedimos Señor que nuestra Iglesia sepa caminar en medio de los conflictos, tensiones y muerte (…) Que nuestra Iglesia Autóctona crezca, que demos frutos y seamos reconocidos por el Vicario de Cristo”.

Ante los medios de comunicación, al hablar sobre su trabajo a favor de los indígenas y de la Iglesia Autóctona señala: “Yo no implanté nada, fue el proceso el que me generó a mí. Yo soy el resultado de una situación, y conmigo y sin mi esta diócesis seguirá su camino”.

En una crónica de ese día, el historiador Carloz Fazio da cuenta de las evidentes tensiones que separaban a la alta jerarquía católica y al obispo, en contraparte con los miles de indígenas que llegaron a despedir a tatik Samuel.

Tatik apareció por la puerta de Catedral portando su bandera verde de Jcanan Lum (protector y guía del pueblo), que le habían entregado los indígenas en Amatenango. Le acompañaban los 13 ancianos principales, como denominan a los sabios de las etnias. Habían llegado de las siete regiones pastorales de la diócesis. Detrás iban diez obispos, monseñor Vera entre ellos, y un grupo de indígenas que enarbolaban las 52 banderas que simbolizan el siglo maya.

“Juntos dieron tres vueltas alrededor de la vetusta cruz de piedra en medio de la explanada, formando un caracol. De fondo crecía una música de arpas, guitarras, flautas y tambores”, narra Carloz Fazio.

Samuel Ruiz continuó llegando esporádicamente a Chiapas, invitado en algunas celebraciones, como sus 50 años de ordenación episcopal (enero 2010), o para presidir las reuniones del consejo del Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de las Casas.

En todo momento reivindicó la causa indígena y la aportación que tuvo el alzamiento armado de 1994. En una de sus últimas entrevistas dijo: “A pesar de no haberse resuelto el conflicto en sus causas, el esfuerzo por construir la paz con justicia y dignidad, en el que los actores han sido múltiples y diversos, es un patrimonio común de toda la nación y ha aportado nuevos avances y logros y nueva conciencia”.

Al saberse la noticia sobre su estado de salud, el grupo de indígenas sobrevivientes de la masacre de Acteal, Las Abejas, le enviaron una carta donde señalan: “Queremos manifestarle de corazón que la semilla que sembró aquí en Chiapas ya es un árbol grande y produce muchos frutos. Nosotros y nosotras de Las Abejas somos uno de esos frutos del gran árbol sembrado por nuestro Tatik”.

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal

Daniel Picazo amaba los viajes, visitaba Puebla y por rumores difundidos en WhatsApp lo lincharon

Puebla volvió a registrar un linchamiento motivado por un rumor difundido en chats y redes sociales.
15 de junio, 2022
Comparte

Como tantas veces lo hizo antes, Daniel Picazo González salió de su domicilio en Ciudad de México para visitar la casa que heredó su abuelo en una pequeña localidad del estado de Puebla.

La propiedad está en la localidad de Las Colonias de Hidalgo, a unas tres horas de la capital mexicana, y como un joven de 31 años al que le gustaba viajar, pasar los días libres en medio de aquella comunidad en las montañas de la Sierra Norte era algo que disfrutaba.

Así lo hizo el 9 de junio. Les avisó a sus padres, Ricardo Picazo y Angélica González, que había llegado bien.

La siguiente noticia que tuvieron sobre su hijo fue que le había pasado algo terrible.

La noche de ese viernes, unos 200 habitantes de la localidad de Papatlazolco, vecino de Las Colonias de Hidalgo, detuvieron, golpearon y lincharon hasta la muerte a Picazo González.

Un rumor que corrió días antes por grupos de WhatsApp y Facebook de Papatlazolco decía que había gente foránea raptando niños para traficar con sus órganos. Y el joven de 31 años fue víctima del señalamiento público de una muchedumbre, según los primeros informes de las autoridades.

Información falsa de ese tipo ya ha sido usada para generar zozobra en comunidades que están dispuestas a creerla y que ha llevado a extremos como el ocurrido en esta comunidad de Puebla.

Lee: Pobladores de Huauchinango, Puebla, linchan a funcionario de la Cámara de Diputados; lo acusaron de supuestamente robar a un menor

¿Qué ocurrió?

Picazo González era abogado y hasta marzo pasado fungía como asesor de una diputada federal.

Daniel Picazo

Daniel Picazo
Daniel Picazo asistía a la diputada Joanna Felipe Torres.

Recientemente había terminado de cursar una maestría y el 9 de junio buscaba darse una “escapada” del estrés de la ciudad para visitar la casa de Las Colonias de Hidalgo, según explicó su padre.

Pero el ambiente por esa zona no era el de siempre.

Dos días antes empezaron a difundirse en chats y grupos de redes sociales los mensajes de que había foráneos raptando niños.

Incluso había imágenes con logotipos de instituciones que ya no existen como tales (la PGR, por ejemplo, que hoy es la Fiscalía General de la República). Esas fotos supuestamente señalaban que había una búsqueda de delincuentes.

“Esa información que circuló ya tiene algunos años. Esas mismas fotos corrieron no solo aquí, sino a nivel nacional, en otras partes de México”, explica a BBC Mundo el periodista Pablo Torres desde Huauchinango, el municipio donde se ubica Papatlazolco.

Una imagen difundida en la comunidad

BBC
Una de las imágenes difundidas fue esta, la cual no corresponde a un aviso de las autoridades y ya ha sido usada en el pasado sin ningún sustento.

La noche de ese viernes, alrededor de las 21:00, un habitante de la localidad vio una camioneta con matrícula de otro estado y alertó a la comunidad a través de WhatsApp de “que ya estaban por ahí personas extrañas y que probablemente era de quienes se hablaba desde hacía dos días”, cuenta el periodista Torres.

“Estaban señalando al joven como presunto secuestrador de niños, sin que nadie haya verificado nada“, agrega.

Primero se reunieron unos 30 pobladores, según el recuento que ha ofrecido el presidente municipal de Huauchinango, Rogelio López.

“Los elementos recibieron un llamado y acudieron de inmediato a prestar auxilio, pero luego llegaron más de 200 personas. Eran seis elementos para poco más de 200 personas“, asegura el edil.

Imágenes difundidas en redes sociales muestran a Picazo González maniatado, con señales de haber sido golpeado, siendo llevado por la fuerza por calles de Papatlazolco.

“Un acto de barbarie”

Las autoridades no han dado cuenta de qué pasó antes de la muerte del joven de 31 años “inteligente y estudioso”, según lo define su padre.

El presidente municipal asegura que “lo rescataron” los policías hasta que llegaron “más de 200 personas” a agredir a los agentes. “Y lamentablemente ya no pudieron hacer nada”.

Map

Según ha dicho la madre de Picazo González a la prensa mexicana, un hombre que presenciaba el hecho intentó ayudar a su hijo averiguando su identidad y origen.

“El joven dice que mi hijo le dijo ‘¡ayúdame, ayúdame!’. Lo tenían amarrado, esposado y de rodillas”, explicó Angélica González a la emisora Milenio Tv.

“Casi agonizando le dijo ‘sácame mi cartera, la traigo en el pantalón’. Y el testigo vio que traía su identificación de la Cámara de Diputados. (…) Él quiso defender a mi hijo, pero los pobladores no lo dejaron. Había policías estatales y municipales, pero lo estaban también inculpando a él”.

Su cuerpo fue encontrado carbonizado, después de que presuntamente le rociaran gasolina y le prendieran fuego mientras aún tenía vida.

El gobernador de Puebla, Miguel Barbosa, ha dicho que la investigación de lo ocurrido ya fue iniciada.

“Es un acto de barbarie, totalmente aberrante, en donde hay prejuicios, ignorancia, rumores, un ambiente de no creer en la autoridad”, lamentó Barbosa.

Daniel Picazo

Daniel Picazo
A Daniel Picazo le gustaba viajar.

La familia, sin embargo, dice que no ha recibido ninguna información nueva. Las autoridades no han reportado si hay detenidos o algún avance hasta este martes.

“El único testigo se presentó por nosotros, valiente, declaró todo lo que había sucedido. Pero allá las personas encargadas de esclarecer estos asuntos y de responder nuestras preguntas no las vimos”, se queja Angélica González.

Un fenómeno de Puebla y el país

El gobierno de Puebla ha registrado 11 casos de intento de linchamiento en los que las autoridades han logrado rescatar a 15 personas, dijo el lunes Ana Lucía Hill, la secretaria de Gobernación.

“Se ha llevado capacitación de personal a 144 ayuntamientos , lo que ha permitido que se reduzcan de manera importante estos casos, y ahora lo que se reporta es retención de personas”, explicó.

Pero medios locales han informado sobre varias muertes más y, según el Instituto de Derechos Humanos Ignacio Ellacuría, entre 2015 y 2019 hubo 600 casos y 78 personas muertas en el estado.

Previamente, en un informe de 2019, la Comisión Nacional de Derechos Humanos contabilizó 336 actos o casos de linchamiento que involucraron a 561 víctimas entre 2015 y 2018.

Un vehículo incendiado en Puebla en 2018

Twitter
Dos hombres, también acusados de “robar niños”, fueron linchados en 2018 en Puebla.

Desde Huauchinango, el periodista Pablo Torres explica que no es lo común en Papatlazolco, que es una comunidad indígena de unos 2,600 habitantes.

“Conozco esas comunidades y las he recorrido. Estas poblaciones no se caracterizan por tener esta conducta de manera recurrente. Yo considero que fue un hecho provocado por la desinformación y la euforia de la gente. Pero no son poblaciones que se caracterizan por la violencia permanente”, explica.

“Aunque ya tienen algunas posibilidades de desarrollo, presentan cierto rezago. Es gente que en su mayoría carece de un buen nivel de estudios, lo que provoca en ellos, en la mayoría de las veces, es ignorancia”.

La familia Picazo González, por su parte, espera justicia.

Su hermana, Madeline Picazo, escribió en Facebook: “Elegí mi foto favorita para despedirme de ti, enterarme de la forma en que te arrebataron la vida me provoca la mayor repulsión hacia la gente que injustamente lo hizo sin saber que eras un profesionista, incapaz de hacer daño a nadie, amante de los viajes y de la vida, con un futuro brillante, vuela muy alto mi Dany”.

“Confío en que Dios hará justicia a toda esa gente que te cortó las alas… sólo por estar en el momento y lugar equivocados. Disfrutaste tu corta vida como mejor te gustaba, descansa en paz…”.

Daniel Picazo en un viaje

Daniel Picazo

Recuerda que puedes recibir notificaciones de BBC Mundo. Descarga la nueva versión de nuestra app y actívalas para no perderte nuestro mejor contenido.

https://www.youtube.com/watch?v=NMDLd_zwYXY

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
close
¡Muchas gracias!

Estamos procesando tu membresía, por favor sé paciente, este proceso puede tomar hasta dos minutos.

No cierres esta ventana.