La historia de los héroesde Presunto Culpable
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La historia de los héroes
de Presunto Culpable

Por Alberto Tavira Álvarez
16 de febrero, 2011
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Se conocieron en el reclusorio Oriente.

Hace casi una década Layda Negrete y Roberto Hernández –creadores de la película Presunto Culpable que se estrena el 18 de febrero– cruzaron por primera vez sus vidas. Ella había terminado la licenciatura en Derecho en el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM) y estaba haciendo su tesis de maestría en el Centro de Investigación y Docencia Económica (CIDE). Él también había estudiado para abogado. En aquel momento la atracción entre ellos fue inmediata, no sólo fue una cuestión física, la pasión que compartían para mejorar el sistema judicial en México se convirtió en el imán que los atrajo.

En aquella época, Layda se dio a la tarea de recabar datos para su tesis de posgrado sobre el sistema penitenciario en México cuantificados por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI). La poca información que existía estaba dispersa en distintos cuadernos, alguna en el del Estado de México, otra en el de Oaxaca, etc. No era un trabajo fácil,  había que armar la serie en tiempo y las estadísticas básicas.

“Fue en ese momento cuando me di cuenta de que había un hoyo en las agencias del Ministerio Público y que por estos patrones casi siempre se condena a los presuntos responsables en México”, comenta para Animal Político Layda Negrete, quien asegura que a partir de entonces, como investigadora del CIDE, empezó a generar los datos que faltaban.

La abogada se asesoró con expertos investigadores en estadísticas, quienes les decían que sólo estaba recabando información de 1939 a la fecha y que solamente correspondía a la estadística judicial, la cual es la parte media del sistema. Le faltaba el apartado de crimen y qué llevó a esas reclusiones. Sobre la marcha, Negrete descubrió que era más importante saber ¿cuál es el tipo de delincuencia que existe?, ¿dónde ocurre?, ¿con qué frecuencia? y ¿con qué violencia?

Dos abogados, un camino

Todavía no se conocían, pero en paralelo, Roberto estaba trabajando en el Centro Nacional para Tribunales Estatales. Ahí empezó a plantearse la misma pregunta sobre ¿qué atrapó al sistema? Pero, a diferencia de las cifras del INEGI, él no buscaba las respuestas en lo que decían las personas sino en sus expedientes penales. Es decir, en los datos que ahí aparecen: ¿quién es?, ¿qué edad tiene?, ¿de qué lo acusan?, ¿por qué lo acusan?, ¿con qué lo acusan? y ¿cuál es el resultado? Roberto no estaba solo, trabajaba con siete investigadores que revisaron alrededor de 400 expedientes durante cuatro meses.

“Así lo conocí. Cuando Roberto estaba haciendo ese estudio, yo iba de colada a ver, porque se me hacían muy importantes los resultados. Esta investigación la estaban haciendo en el reclusorio Oriente, en el mismo lugar donde se grabó Presunto Culpable y, azorados, Roberto y yo fuimos descubriendo estas terribles historias. Una cosa es que te digan los internos que están ahí de manera injusta porque no les han probado su delito, pero verlo en el expediente y darse cuenta de que no hay pruebas, que realmente no existen y que la procuraduría está acusando sin pruebas y que además los jueces siempre están condenando, es para entrar en un verdadero shock”.

Una vez concluida su investigación y cruzando los resultados, Layda y Roberto se encargaron de difundir en los medios de comunicación las escalofriantes cifras del sistema judicial mexicano. Su esfuerzo ocupó las ocho columnas de algunos diarios de circulación nacional. Sin embargo, los investigadores consideraban que no se estaba moviendo la agenda hacia ningún lado. Para entonces ya lo habían intentado todo. La pareja de abogados publicaron reportes, difundieron gráficas, compartieron porcentajes a diestra y siniestra y no sucedía nada. “Yo amo al número –confiesa Negrete– pero la mayoría de la gente no entiende los números. Y a quienes sí los entienden es increíble que las cifras no los mueven. Si a eso aunamos que México no es un país de lectores, la realidad es más alarmante. Hasta entonces supe que lo que realmente mueve en este país son las historias que se pueden contar visualmente”.

La imagen por encima del texto

Fue entonces que a Roberto –ya convertido en pareja de Layda– se le ocurrió la idea de mostrar las deficiencias del sistema judicial a través de historias que hablaran de los casos muy particulares de personas recluidas. El primer experimento cinematográfico de la pareja fue El túnel, un material de 20 minutos que eran como una especie de viñetas de varios casos. Los resultados superaron las expectativas. Ambos estaban conscientes que lo que puede captar una imagen con una capacidad de síntesis suele ser mucho más importante que todo lo que se diga al respecto.

“Una vez, mientras hacíamos la investigación en el reclusorio, Roberto y yo casi nos convulsionamos: estábamos en el juzgado y nos dijo el juez que nos quería invitar a un pastelito pues celebraban el cumpleaños del señor del ministerio público. Entonces acomodaron todas las bancas y los escritorios para el festejo. Ya había llegado el acusado a la reja de prácticas y le estaban cantando las mañanitas al cumpleañero. Dijimos: esto sí es el extremo, porque está el acusado viendo cómo todo el juzgado está festejando a su acusador y a él lo tuvieron parado durante dos horas mientras cantaban las mañanitas. Fue ahí cuando nos indignamos, carajo esto se tiene que ver, hay que traer una cámara oculta, no se lo vamos a poder contar a la prensa con esos detalles”. Los cineastas en potencia vendieron la idea de un documental al CIDE, quien autorizó que con su sueldo de investigadores, en lugar de hacer un trabajo de publicación o un libro, hicieran un video. Así se realizó El Túnel, que se puede ver en internet.

La primera entrega en video de los Hernández Negrete fue distribuida gratuitamente y, a decir de estas promesas del cine nacional, su material ayudó como un documento visual más para quien quería avanzar en reformas de justicia, entre ellos los que querían avanzar en juicios orales ya que lo utilizaron para la reforma constitucional. “Entonces en lugar del power point pasamos a la imagen de casos reales y cuando empezamos a hablar con legisladores sobre los problemas de justicia penal vimos el poder que tenía la cinta. Y es que sí los puedes sentar a ver 20 minutos algo, pero no los puedes sentar 20 minutos a leer.”

Un inocente tras las rejas

Ya conocían la fórmula. Después de El Túnel, Layda y Roberto tenían que dar un paso adelante y se centraron en tomar un caso que les permitiera explicar lo más técnico del sistema judicial en México. Pero la suerte llegó cuando un periódico publicó un artículo sobre su trabajo. Hacía no mucho tiempo habían logrado la liberación de un joven falsamente acusado de robar un auto. Usaron una cámara de video para entrevistar a la víctima del robo, quien sucintamente dijo frente a sus micrófonos que los cuatro jóvenes que estaban presos no eran culpables de robo y que nadie había intentado robar auto alguno. Con ese caso, Layda y Roberto demostraron que en una averiguación previa para la policía es posible inventarlo todo.

Una amiga de Antonio Zúñiga leyó el artículo y se puso a buscarlos para explicarles que al joven que estaba tras las rejas lo acusaban de un homicidio que no cometió y que lo habían sentenciado a 20 años de cárcel. En esas fechas, Layda y Roberto preparaban sus maletas para irse a estudiar un doctorado a la Universidad de Berkeley, pero antes de irse, visitaron a Toño en la cárcel.

“Roberto y yo estábamos siguiendo otros casos, pero el de Toño agarró vuelo. Hay una cosa que tiene Toño que no tenían las demás personas: tiene control, fe, que no sé si sobre sí mismo o sobre su destino, que nos dio mucha confianza”.

A decir de Layda a ella le aterra cuando la gente la busca desesperada para que la saque de la cárcel. Pero el caso de Toño fue atípico:

“Él quería dar a conocer su historia. Entendió que nos teníamos que ir a Estados Unidos y supo esperar a que regresáramos. Entonces empezó a ser como un par. Nosotros no somos los abogados de Toño, hacemos equipo con él, lo cual es muy distinto. Cuando se abrió el juicio, fue cuando se potenció mucho, como emocionalmente llevábamos un año de estudiar el caso, teníamos mucha claridad sobre su inocencia, habíamos corroborado cada cosa, lo habíamos entrevistado hasta el cansancio y, de repente, descubrimos que podíamos hacer un juicio nuevo con la oportunidad de filmarlo.”

Fue así como Zúñiga, frente a las cámaras, hizo una crónica muy puntual de lo que pasó en Iztapalapa 9, aquel día de 2005, cuando lo agarraron. Lo que ninguno anticipaba es que de esas entrevistas surgiría evidencia suficiente para reabrir el caso. “El dúo dinámico” entre otras irregularidades descubrió que el abogado defensor que había representado a Toño Zúñiga había falsificado su cédula profesional, por lo tanto no podía legalmente haberlo representado. Que podía exigirse la anulación del juicio. Que podía tumbarse la sentencia de 20 años y tener una segunda oportunidad.

El regreso de la libertad

Antonio Zúñiga pasó dos años en la cárcel culpado de un crimen que nada tenía que ver con él. Después de un largo y complicado juicio llegó el día de la sentencia. Como en los finales felices de las películas Toño había recobrado su libertad, pero desafortunadamente los héroes que lo ayudaron a salir de prisión no estaban ahí para celebrar la victoria:

“Estábamos en Berkeley (Estados Unidos), nos avisaron dos horas antes de que saliera. No sé si lloramos más de la alegría o de que nos era imposible llegar. Pero era importantísimo documentar esos momentos así que le llamamos a Amir Galván, un fotógrafo que además es director de cine, super generoso, quien consiguió una cámara. Todos nos movimos para el permiso de poder grabar. Amir se fue al reclusorio Oriente con su novia, mi hermano fue también con una cámara y fue así como logramos agarrarlo cuando estaba saliendo”.

Días más tarde, Layda y Roberto viajaron a México para reunirse con Toño. Negrete, durante la entrevista con Animal Político, recuerda la escena del primer encuentro tras las rejas mientras los ojos se le llenan de agua. “Por fin estaba afuera, por fin se había hecho justicia, por fin Toño había dejado de ser culpable”.

A partir de ese momento, los tres, decidieron hacer todo lo humanamente posible para hacer un documental con todas las imágenes recabadas en video a lo largo de dos años.  El apoyo que recibieron, tanto de instituciones como de particulares, permitió que se hicieran suficientes copias para distribuir a nivel nacional esta historia. Su historia. Tanto de Toño como de Roberto y Layda, una pareja que, aunque no están casados, llevan ocho años juntos: “Hemos vivido entre cárceles, juzgados, expedientes, estadísticas… nuestra hija. Pero eso sí –voltea a ver a Roberto quien está en otra entrevista- entre más pasa el tiempo más lo admiro”.

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Los desconocidos casos de bebés y niños secuestrados durante el régimen militar de Brasil

A diferencia de países vecinos como Argentina, donde las causas judiciales por apropiación de niños durante los gobiernos militares llevan años, Brasil aún no parece haber explorado esta parte de su pasado.
4 de mayo, 2022
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Desde hace al menos una década, Rosângela Serra Paraná busca a sus padres biológicos.

Es víctima de un crimen de Estado poco conocido: el secuestro de bebés y niños de activistas que se opusieron al régimen militar en las décadas de 1960, 1970 y 1980 en Brasil.

Rosângela fue apropiada ilegalmente por una familia militar en la década de 1960 y solo descubrió su condición mucho después, durante una discusión con miembros de la familia.

Once de los 19 casos conocidos de secuestros de niños durante el régimen militar están vinculados a miembros de Araguaia, un movimiento guerrillero de oposición que se desarrolló entre fines de la década de 1960 y 1974 en la región amazónica, en la confluencia de los estados de Pará y el actual Tocantins.

Estas 11 víctimas son hijos de guerrilleros y campesinos que dieron cobijo al movimiento.

Los secuestros de niños ocurrieron en la primera mitad de la década de 1970, durante los gobiernos de los generales-presidentes Emílio Garrastazu Médici y Ernesto Geisel.

Los 19 casos están enumerados en el libro de reportajes Cativeiro sem fim (“Cautiverio sin fin”), escrito por mí.

Contactados en el momento de la escritura del libro, el Ministerio de Defensa y los comandos del Ejército y Fuerza Aérea no respondieron a la solicitud de información.

En una entrevista en un libro publicado el año pasado, el general Eduardo Villas Bôas dijo que los informes sobre los secuestros de bebés durante el régimen militar “carecen de verosimilitud“.

En busca de padres biológicos

“Vivo en una pesadilla todos los días, pensando que mi madre podría estar viva, necesitándome”, dice Rosângela Serra Paraná.

“Hoy vivo con la angustia de no saber quién soy, cuántos años tengo y ni siquiera saber quiénes fueron mis padres”, agrega.

La mujer fue apropiada por Odyr de Paiva Paraná, miembro de una familia militar en Río de Janeiro.

La familia dice que la bebé fue adoptada en 1963.

Un acta de nacimiento da como fecha de nacimiento el 1 de octubre de 1963. Pero la inscripción se hizo en el registro civil el 22 de septiembre de 1967.

En el documento elaborado en el Registro Civil de Catete, Rio de Janeiro, consta que Rosângela es hija ilegítima de Odyr y Nilza.

El documento no proporciona el nombre de los padres biológicos. Nilza, según su familia, no podía tener hijos.

Rosângela Serra Paraná en la actualidad.

Archivo personal
Rosângela Serra Paraná en la actualidad.

Odyr es conductor de profesión.

Según Rosângela, su padre adoptivo trabajaba como chofer del general Ernesto Geisel.

“Tenía un gran auto negro que siempre estaba limpiando”, recuerda.

El acta de nacimiento de Rosângela da como lugar de nacimiento una propiedad en Rua Marquês de Abrantes, 160, Flamengo, Rio de Janeiro.

La propiedad pertenece a Rio Previdência, una entidad de empleados estatales, que la compró en 1958, según consta en el certificado de propiedad.

La misma partida de nacimiento tiene dos testigos. Uno de ellos es Alcindo Quintino Ribeiro, propietario de un inmueble donde vivía la familia Serra Paraná.

El otro es Paulo Cardoso de Oliveira, chofer de profesión, como Odyr. La dirección de residencia del testigo, sin embargo, no existe.

El padre de Odyr, Arcy Paraná, estaba en el ejército. Según el Boletín Oficial, alcanzó el grado de sargento. En la década del 50 fue ascendido y comenzó a trabajar en el sector administrativo de las fuerzas militares.

Los casos de Juracy y Miracy

En la región guerrillera de Araguaia, a principios de la década de 1970, los militares secuestraron a dos niños de una misma familia.

El primero, Juracy Bezerra de Oliveira, fue un error de las fuerzas militares.

El objetivo era Giovani, hijo de uno de los líderes guerrilleros, Osvaldo Orlando da Costa, alias Osvaldão, con una mujer llamada María.

En 1972 o 1973, Juracy tenía unos 7 años. Los militares pensaron que era el verdadero hijo del guerrillero Osvaldão con Maria Viana da Conceição. Pero la madre de Juracy era Maria Bezerra de Oliveira y su padre, Raimundo Mourão de Lira.

La confusión en el secuestro se habría dado porque los militares buscaban a un niño moreno, de entre 6 y 8 años, hijo de una mujer blanca, de cuerpo grande y ojos claros, de nombre María.

José Vieira es hijo de un campesino al que mataron los militares.

Eduardo Reina/BBC
José Vieira es hijo de un campesino al que mataron los militares.

Encontraron a la madre de Juracy con las mismas características y se llevaron al niño.

Terminó siendo apropiado por el teniente del Ejército Antônio Essílio Azevedo Costa, quien lo inscribió en una notaría como si fuera su hijo legítimo y vivió con la familia del militar durante muchos años.

“Un día llegaron y me llevaron. Mi madre ni me acuerdo qué hizo. Yo era un niño cuando me llevó el Ejército. Estuve 15 días en el bosque”, contó.

El secuestrado quedó con una mano deformada debido a las quemaduras que sufrió. Dice que los soldados decidieron castigarlo por pensar que su padre había matado a un militar.

Más tarde, en la ciudad de Fortaleza, Juracy fue criado por la madre del teniente Antônio Essílio.

A principios de la década de 2000, decidió regresar a la región de Araguaia, todavía pensando que era el hijo de Osvaldão.

Al llegar, conoció a Antônio Viana da Conceição y descubrió su verdadera historia.

Se reencontró con su madre biológica, Maria Bezerra de Oliveira, cuando descubrió que su hermano, Miracy, también había sido secuestrado por militares.

Hoy vive en una isla en medio del río Araguaia.

Juracy Bezerra de Oliveira con su madre biológica, María Bezerra de Oliveira.

Archivo personal
Juracy Bezerra de Oliveira con su madre biológica, María Bezerra de Oliveira.

El hermano de Juracy, Miracy, tenía piel clara y ojos claros, a diferencia de su hermano.

Fue llevado por el sargento João Lima Filho a la ciudad de Natal, en Rio Grande do Norte, también en 1972 o 1973.

Años después, Juracy y su madre, Maria Bezerra de Oliveira, fueron a buscar a Miracy. Pero no encontraron rastro del sargento que se lo llevó; tampoco obtuvieron información en el cuartel del ejército en Natal sobre el paradero del militar.

Otros secuestros

Después del secuestro por error de Juracy, los militares encontraron a Giovani, hijo de Osvaldão y Maria Viana da Conceição.

El niño tenía entre 4 y 5 años cuando fue secuestrado, según otro de los hijos de Maria, Antônio Viana da Conceição.

El secuestro ocurrió en 1973, en la ciudad de Araguaína, actual Tocantins.

La existencia de este hijo de guerrillero en Araguaia también es revelada por Sebastião Rodrigues de Moura, Mayor Curió, ahora militar retirado y responsable de la cacería de guerrilleros a partir de 1973 en Araguaia.

Se desconoce el paradero de Giovani.

También en Araguaia fue secuestrada Lia Cecília da Silva Martins, hija del guerrillero Antônio Teodoro de Castro, conocido como Raúl.

Lia fue llevada a un orfanato que pertenecía a un teniente de la Fuerza Aérea en Belém do Pará. Fue adoptada por una pareja que trabajaba en la entidad.

Seis niños campesinos también fueron separados de sus familias biológicas y llevados a cuarteles del ejército, de donde luego fueron liberados: José Vieira; Antônio José da Silva, Antoninho; José Wilson de Brito Feitosa, Zé Wilson; José de Ribamar, Zé Ribamar; Osniel Ferreira da Cruz, Osnil; y Sebastião de Santana, Sebastiãozinho.

Solo se localizó a José Vieira. Es hijo de Luiz Vieira, agricultor de subsistencia y residente de la región de São Domingos do Araguaia. Luiz fue asesinado por las fuerzas militares.

Gente caminando en São Paulo

Getty Images
Se desconoce el número de bebés que fue secuestrado.

También hubo casos de secuestro de bebés y niños en Paraná, Pernambuco y Mato Grosso.

Las respuestas de los militares

Cuando investigaba en 2018 para mi libro, el Ministerio de Defensa, el Ejército y la Fuerza Aérea no respondieron a las preguntas enviadas.

El Ministerio de Defensa sugirió que se enviaran nuevas solicitudes a dichas instituciones, alegando que la información solicitada debía estar custodiada bajo el mando de estos cuerpos militares.

El Ejército respondió: “La Institución aclara que no tiene nada que informar al respecto”.

La Fuerza Aérea afirmó que “el 16 de noviembre de 2009, la Procuraduría General de Justicia Militar manifestó interés en analizar los documentos producidos y acumulados por el Comando de la Fuerza Aérea, desde 1964 hasta 1985”.

“En ese sentido, el 3 de febrero de 2010, la colección, que contiene 212 cajas con 49.867 documentos, fue recolectada de la Coordinación Regional del Archivo Nacional del Distrito Federal (COREG), donde se encuentran en dominio público”, agregó.

El año pasado, en una entrevista publicada en el libro “General Villas Bôas-Conversación con el Comandante”, de Celso Castro, de la Fundação Getúlio Vargas, el militar cuestionó que realmente ocurrieran secuestros de niños durante la dictadura.

“Recientemente alguien vinculado a los derechos humanos trajo un tema que yo nunca había escuchado, que un centenar de niños habían sido secuestrados y arrebatados a sus padres”, afirmó Villas Bôas.

“Esta y otras narrativas, como una supuesta masacre de indígenas, en la apertura de la carretera que une Manaus con Boa Vista, carecen de verosimilitud y contribuyen a la falta de exención en la conclusión de las investigaciones”, agregó.


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