Es necesario hacer pública la salud del Presidente, insisten especialistas
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Es necesario hacer pública la salud del Presidente, insisten especialistas

Por Daniel Lizárraga
21 de febrero, 2011
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Tras 15 días de permanecer fuera del aire, Carmen Aristegui regresó este lunes a conducir su noticiero radiofónico luego de su desencuentro con los propietarios de la cadena MVS por haber hecho comentarios en vivo sobre un supuesto alcoholismo del Presidente Felipe Calderón, circunstancia que creció durante cuatro años como un rumor o una versión sin sustento en las redes sociales y en algunos portales de internet.

Pero  más allá de esta polémica que derivó en una crisis política, una pregunta quedó sin respuesta: ¿La salud física y mental del mandatario es o no un asunto de interés público?

La Presidencia de la República, los legisladores y  un sector de la izquierda partidista encabezada en este caso por el diputado petista Gerardo Fernández Noroña se han visto enredados en esta polémica sin responder a esta interrogante.

Esta es la tercera entrega de una investigación hecha por Animal Político sobre el tema de la salud pública de los gobernantes el cual ha sido discutido durante los últimos 35 años en las democracias más antiguas y que ha pasado desapercibido en México aun cuando se tiene una  Ley Federal de Transparencia y sus sistema de rendición de cuentas que ha servido de modelo para otras naciones de Centroamérica y el Caribe y, sobre todo, una alternancia en el poder presidencial desde 1 de diciembre del año 2000.

El pasado 3 de febrero del 2011, dentro de la  Cámara de Diputados Fernández Noroña extendió una manta que cuestionaba lo siguiente: “¿Tú dejarías a un borracho conducir tu auto? ¿No verdad? ¿Por qué lo dejas conducir al país?

En atropelladas entrevistas, el legislador defendió su derecho a decir lo que piensa y, sin ofrecer pruebas, aseguró que Calderón ha tomado decisiones de Gobierno en estado de ebriedad.

Creerle a Fernández Noroña era un acto de fe. En las 344 mil referencias en los buscadores de internet –en donde se incubó el rumor- no hay una sola prueba documental o dato alguno que permita sostener que Felipe Calderón tomó decisiones importantes para el país en supuesto estado de ebriedad.

Desde el 9 de diciembre del 2008 –hace dos años y dos meses antes de esta crisis- en los momentos en que el Vaticano impidió que el ex presidente Vicente Fox se volviera a casar por padecer trastornos de personalidad, Ricardo Monreal, senador del Partido del Trabajo (PT) –al que pertenece Fernández Noroña- presentó una iniciativa de reforma para que los mandatarios sean sometidos exámenes antes de asumir el cargo: uno de aptitudes, otro físico (que incorpore el antidoping y el de adicción al alcohol) y uno mental. Los resultados serían públicos.

Al subir a la tribuna en San Lázaro, Fernández Noroña solo mostró la referida manta. En sus siguientes intervenciones no propuso alguna medida para transparentar la salud de los funcionarios. Nunca hizo referencia a la iniciativa de su compañero de partido. De hecho, él ha subido 240 veces a la tribuna y sólo ha presentado una iniciativa.

Por su parte, la Presidencia de la República no se ha decidido a emprender reformas sobre la transparencia en la salud del mandatario. Y tampoco lo ha hecho su partido cuya bancada en San Lázaro se retiró de la sesión cuando Noroña sacó la manta.

El pasado 9 de febrero, el secretario particular de Presidente, Roberto Gil Zuarth, dio un mensaje en el cual advirtió que Felipe Calderón goza de cabal salud para cumplir con sus obligaciones hecho que resulta  “incompatible con los infundios, los rumores y aun las dudas que dolosamente se propagan con interés de dañar al Presidente y a su familia”.

Esta es la primera vez en que la Presidencia enfrenta un rumor que venía manejándose, prácticamente, desde la precampaña a la Presidencia del propio Felipe Calderón. No obstaste, este mensaje no fue acompañado de alguna reforma sobre la materia.

El Presidente de Estados Unidos, Barack Obama, está obligado por ley a someterse a exámenes médicos anuales cuyos resultados son públicos y se colocan sin tachaduras en el portal de internet de la Casa Blanca.

En el resumen de los exámenes médicos aplicados a Obama en el año 2009 –los correspondientes al 2010 todavía no aparecen- se encuentran, por ejemplo, recomendaciones  para el presidente estadounidense como el hacer ejercicio diario, una dieta saludable y un con consumo moderado de alcohol toda vez que necesita bajar su colesterol de 138 a 130.

¿La salud física y mental del Presidente es o no un asunto de interés público?  ¿Puede reglamentarse en México? Preguntó Animal Político a tres especialistas en transparencia.

Emilene Martínez, integrante del colectivo México Infórmate

“¿Por qué no ponemos la mirada un poco más allá? Hay que mirar hacia el sistema de rendición de cuentas que tiene, por ejemplo, Estados Unidos sobre la salud de sus presidentes. Ahí cada año se publica el resultado los exámenes aplicados, en este caso, a Barack Obama.

“Para mí la transparencia en la salud de quienes tienen entre sus manos la responsabilidad del país sí es un tema de interés público y debe reglamentarse en su favor. Lo mismo sucede con quienes aspiren a ser candidatos a la presidencia en el año 2012, es decir, deberían presentar una constancia de que gozan de buena salud y hacer público ese dictamen”.

-Juan Pablo Guerrero, excomisionado y  fundador  del Instituto Federal de Acceso a la Información y Protección de Datos (IFAI) y actual  asesor en transparencia presupuestal en la International Budget Partnership.

“No hay evidencias de un supuesto alcoholismo de Felipe Calderón. Pero respecto a la transparencia en la salud de los presidentes hay dos opciones: 1) La información sobre la salud física y mental de los servidores públicos, en esto caso, de los mandatarios debería permanecer como “clasificada”  a menos que ocurra algo inocultable y contundente que ponga en riesgo la vida  o nulifique por completo la capacidad de tomar decisiones.

En este caso se trata de una política de Estado en el sentido de transmitir o difundir el estado de salud del presidente cuando sea absolutamente necesario. Por ejemplo, si será sometido a una cirugía de alto riesgo, a una anestesia general, a quizá a una quimioterapia.

2).-  Se puede regular que los aspirantes a puestos de elección popular presenten un certificado de salud o sean sometidos a exámenes antes de que inicie la competencia en las urnas. Esta es una alternativa pero hay que reglamentar en cualquiera de los dos casos.

– John Ackerman, investigador de tiempo completo del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM y especialista en temas de transparencia, rendición de cuentas y políticas anticorrupción.

“Si una persona decide aceptar un cargo público debe ceder para que una parte de sus datos personales sean públicos. Esto es un tema que se ha discutido desde hace tiempo dentro del IFAI, desde los tiempos en que negó el acceso a las fotografías de los funcionarios por razones de seguridad. Pero creo que no se puede tener un bloqueo absoluto sobre los datos personales de los servidores públicos.

“En este sentido la gente tiene que saber si un funcionario puede o no cumplir con el encargo. En el caso del Presidente se puede reglamentar que se transparente su estado físico dejando a salvo el resto de sus datos. Su estado de salud le da certeza a la gente sobre cómo está quien conduce al país.

“Uno de los requisitos para desempeñar un cargo público es gozar de buena salud física y mental. Y, si cualquier persona estuviera en malas condiciones los afectados serían los ciudadanos. Ahora, ¿cuáles son los criterios para transparentar esa salud? Eso es parte de la discusión. En un hipotético caso ¿se permite que un presidente que tome antidepresivos o sea alcohólico mientras esté en funciones? Esa es materia de otra discusión, de una reglamentación una vez que se ha decidido que la salud de los funcionarios es de interés público”.

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Cómo la maquinaria de propaganda nazi creó una imagen hogareña de Hitler y engañó al mundo

Tanto en Alemania como el extranjero, Hitler era retratado como un hombre sensible, culto y de buen gusto, incluso después de iniciada la Segunda Guerra Mundial.
30 de agosto, 2020
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Hitler mirando por una ventana

Getty Images
El régimen nazi fomentó el mito de un Hitler que en privado se comportaba como un hombre hogareño y buen vecino.

El 16 de marzo de 1941, mientras las ciudades europeas ardían y los judíos eran conducidos a guetos, The New York Times Magazine publicó una historia ilustrada sobre el retiro de Adolf Hitler en los Alpes de Berchtesgaden, en el sur de Alemania.

Adoptando un tono neutral, el corresponsal C. Brooks Peters señaló que los historiadores del futuro debían valorar la importancia del “dominio privado y personal del Führer”, un espacio donde las discusiones sobre el frente de guerra se entremezclaban con “paseos con sus tres perros ovejeros a lo largo de majestuosos senderos de montaña”.

Durante más de 70 años hemos ignorado el reclamo de Peters de tomar en serio los espacios domésticos de Hitler. Cuando pensamos en los escenarios del poder político de Hitler, somos más propensos a imaginar el campo Zeppelín de Núremberg que el salón de su casa.

Sin embargo, fue a través de la arquitectura, el diseño y las representaciones mediáticas de sus casas que el régimen nazi fomentó el mito de un Hitler que en privado se comportaba como un hombre hogareño y buen vecino.

En los años previos a la Segunda Guerra Mundial esa imagen se utilizó de manera estratégica y eficaz, tanto en Alemania como en el extranjero, para distanciar al dictador de sus políticas violentas y crueles.

Incluso después del inicio de la guerra, la impresión favorable sobre el Führer fuera de servicio jugando con perros y niños no se desvaneció de inmediato.

Un cambio radical

Las mitologías nazis sobre los orígenes de Hitler enfatizaron su pobreza y la carencia de hogar cuando era joven, así como su desdén por las comodidades.

Pero cuando Hitler se convirtió en canciller, sobre todo después de que las regalías del libro Mein Kampf (“Mi lucha”) lo convirtieran en un hombre rico, gastó mucha energía en rediseñar y amueblar sus residencias: la antigua Cancillería de Berlín, su apartamento de Múnich y el Berghof, su casa en la montaña en Obersalzberg.

El momento en que realizó esas renovaciones, a mediados de la década de 1930, coincidió con el cambio de imagen pública de Hitler como estadista y diplomático, una transformación que también fue promovida por las películas de propaganda nazi de Leni Riefenstahl.

Las facetas más ásperas del extremista antisemita y agitador de masas fueron suavizadas, creando una personalidad nueva y sofisticada que surgió en un entorno doméstico cuidadosamente diseñado.

Interior de uno de los salones de Berghof

Getty Images
La vista alpina del chalet Berghof de Hitler, el cual remodeló tras convertirse en canciller.

A través de las cortinas de seda y los jarrones de porcelana los diseñadores de Hitler sugirieron la existencia de un mundo interior refinado y pacífico.

Gerdy Troost, la decoradora de interiores de Hitler, desempeñó un papel importante en transmitir una imagen de su cliente como un hombre culto y de buen gusto.

Inspirada en los movimientos de reforma del diseño británico, puso énfasis en la calidad de los materiales y la artesanía en lugar de la exhibición llamativa.

Hitler era un cliente comprometido y admiraba su gusto, aunque a veces chocaban por su tendencia hacia lo grandioso.

Troost fue una mujer respetada y temida en la Alemania nazi, a pesar de que las historias escritas sobre ese período la han ignorado. Sin embargo, nuevas fuentes de archivos revelan su sorprendente influencia sobre Hitler y su importancia dentro de los círculos de élite nazi.

El chalet de Hitler

Con vistas a Alemania por un lado de la montaña y a Austria por el otro, Berghof era la propiedad más pública de las casas privadas de Hitler y ejercía un poderoso influjo en el imaginario nazi del imperio.

Hitler y sus publicistas se inspiraron en las imágenes de las montañas de los movimientos literarios y artísticos de Alemania, en especial del Romanticismo, para mitificar al Führer y convertirlo en un líder místico que se sumergía y encarnaba a la vez las terribles y magníficas fuerzas de la naturaleza.

Hitler abrazando a una niña.

Getty Images
La naturaleza y el contacto con niños fueron usados para humanizar a Hitler.

Al mismo tiempo, la montaña sirvió como una herramienta para humanizar al líder de Alemania a través de su contacto con los animales y los niños. Mediante postales, revistas y libros oficiales, los alemanes consumieron fantasías sobre una vida doméstica ideal arraigada en un paisaje natural.

Entre la expansión del lebensraum (espacio vital) y el aire puro de la montaña, un sitio donde brillaba el sol y jugaban niños rubios, los nazis animaron a los alemanes a imaginar un futuro maravilloso si sacrificaban en cambio sus bolsillos y libertades.

Para la prensa extranjera era un caballero bávaro

El auge de la cultura de las celebridades en las décadas de 1920 y 1930 desencadenó un apetito voraz por la información sobre la vida cotidiana de los ricos y famosos.

El equipo de Hitler se dio cuenta rápidamente y aprovechó el hambre del público para promover estrategias de relaciones públicas muy comunes en la actualidad.

Los periodistas que escriben para la prensa en inglés engulleron la propaganda, alimentando una imagen falsa de Hitler al publicar historias brillantes del Führer, incluso cuando contrastaban con una realidad diferente e inquietante.

El 30 de mayo de 1937, un mes después de que aviones alemanes bombardearan Guernica, en España, The New York Times Magazine publicó un artículo en primera plana sobre el idílico retiro de montaña de Adolf Hitler.

En esa pieza llena de admiración, escrita por el corresponsal extranjero Otto Tolischus, los cielos no fueron representados como un medio para provocar la destrucción, sino como un raro topo de meditación, belleza y vida simple.

Guernica después de ser bombardeada en 1937

Getty Images
El 26 de abril de 1937 Guernica fue salvajemente bombardeada, pasando a la historia como a la primera población urbana de Europa destruida sistemáticamente, el primer ensayo de guerra total.

El artículo describía cómo el líder de Alemania, rodeado de picos alpinos y en comunión con la naturaleza, contemplaba el Reich y se deleitaba comiendo chocolate. No se mencionó el ataque de Hitler contra Guernica ni el sufrimiento de sus víctimas, un hecho que Pablo Picasso inmortalizó más tarde.

En noviembre de 1938, poco después de la anexión de Sudetenland en Checoslovaquia y el mismo mes en que se produjo la Noche de los Cristales Rotos, la revista Homes and Gardens publicó un artículo titulado “La casa de montaña de Hitler”, en el que atribuyó al Führer el diseño de Berghof.

El artículo aplaudió su gusto y describió su vida privada como un entorno de refinamiento, cenas apacibles y amistades agradables.

Días antes de la firma del pacto nazi-soviético en agosto de 1939, The New York Times Magazine publicó otro artículo entusiasta sobre la residencia, donde se relataba de nuevo la saludable vida doméstica del Führer, su hospitalidad sin pretensiones y la pasión por los dulces.

Life, Vogue y otras publicaciones ampliamente difundidas también ofrecieron a sus lectores la oportunidad de ver ensayos fotográficos brillantes y minuciosos de las habitaciones de Hitler.

Hitler con un perro.

Getty Images
La prensa internacional demoró en dejar de lado la imagen sensible de Hitler, incluso después de varios sangrientos ataques de la Alemania nazi.

Sin embargo, las historias en la prensa británica que admiraban los gustos y actividades nobles de Hitler se evaporaron cuando comenzaron las hostilidades.

Con los aviones de guerra alemanes bombardeando las ciudades y pueblos de la nación, los británicos perdieron rápidamente el interés por cómo Hitler tomaba el té.

El público estadounidense tardó más en admitir que lo habían estafado, lo que refleja la ambivalencia más amplia que predominaba en el país sobre su participación en otra guerra.

Durante las últimas semanas de la guerra en Europa, las fuerzas aéreas aliadas bombardearon el Berghof y las tropas de las SS de Hitler lo incendiaron mientras se retiraban. Los residentes locales y soldados estadounidenses y franceses saquearon lo que sobrevivió.

En 1947, las ruinas se habían convertido en un destino para multitud de turistas curiosos.

Soldados estadounidenses dentro de las ruinas de Berghof, la casa de Hitler

Getty Images
El Berghof quedó en ruinas tras el bombardeo aliado y los soldados estadounidenses y franceses saquearon lo que sobrevivió.

Sin embargo, a las autoridades les preocupaban los seguidores de Hitler que peregrinaban hasta el sitio para rendir homenaje a su líder caído.

Con la aprobación del ejército estadounidense, que ocupó Obersalzberg, el gobierno bávaro demolió lo que quedaba del Berghof. Posteriormente plantaron árboles en esa zona.

En 2008 se colocó un letrero oficial que identifica la ubicación donde se encontraba la casa de Hitler. Ofrece una breve historia de la residencia en inglés y alemán, que echa por tierra la visión simplista y ampliamente difundida de su función doméstica.

“Aquí pasó Hitler más de un tercio de su tiempo en el poder. Aquí se llevaron a cabo importantes discusiones y negociaciones políticas y se tomaron decisiones cruciales, lo que condujo a las catástrofes de la Segunda Guerra Mundial y el Holocausto, causando la muerte de millones de personas“, dice.

Nunca más

El exitoso cambio de imagen doméstica de Hitler, creado por sus diseñadores y publicistas, subraya la necesidad de asumir una postura mucho más crítica con las industrias que se centran en las noticias del hogar o el estilo de vida, las cuales pueden tener una enorme influencia.

En los últimos años, los medios de comunicación occidentales han adulado a Asma al-Assad, la primera dama de Siria, y han dicho que ejerce una influencia refinada y doméstica sobre su esposo. Aunque algunos de estos medios, incluida la revista Vogue, han intentado eliminar los rastros de esos artículos en internet, las historias siguen publicadas con orgullo en el sitio web del presidente Bashar al-Assad.

Pero no debemos olvidar que, tras el hogar de una persona, a menudo hay más de lo que parece.


*Despina Stratigakos es profesora de Arquitectura de la Universidad Estatal de Nueva York en Búfalo, Estados Unidos.

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation y está reproducido bajo la licencia Creative Commons. Puedes leer la nota original leer aquí.


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