Zacatecas: Testimonios desde el miedo
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Zacatecas:
Testimonios desde el miedo

Por Gerardo Romo
4 de febrero, 2011
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Zacatecas, Zac.- El frío cala hondo en la humanidad de la pequeña Paulina, pero no tanto como el miedo a la violencia generada por los enfrentamientos recientes en la capital del pasado martes por la noche.

“No fui a la escuela, me da mucho miedo, me pongo muy temblorosa”, dice Paulina, tiene 13 años  y cursa  sexto de primaria.

Lanza una súplica que marca al confesar el dolor de estómago que le provoca  escuchar la palabra “enfrentamiento”: Las autoridades deben cuidar a los niños, que saquen a los señores malos”.

Calles cercanas a un centro comercial en Zacatecas.//FOTO: Cuartoscuro

Paulina ya no quiere ir a la escuela, al menos no hasta el lunes. Desde el miércoles, en la suya,  de más de 600 alumnos, sólo acudieron 44. “Yo tampoco fui”, recalca abrazada de su padre, quien le provee de la confianza perdida y  la fortaleza extraviada.

En la capital, el temor mantiene las calles, los comercios, las iglesias y las escuelas solas, el miedo vuela a más de 40 kilómetros por hora, en forma de viento helado.

Sulema tiene medio siglo viviendo en Zacatecas, asegura que nunca había vivido tanta inseguridad como ahora.

Recuerda la llamada que recibió de su sobrina a las 9 de la noche del martes en el que enfrentamientos entre bandas y autoridades dejó siete heridos y un oficial fallecido.

“Tía le marco porque usted reza muy bonito, tengo mucho miedo”, le pidió la pequeña de tercero de primaria aterrada por los balazos que escuchaba.

Doña Sulema admite que desde finales del sexenio anterior percibía cómo la tranquilidad del Estado se esfumaba.

Formula su propia explicación. “Le hemos dado la espalda a Cristo, es triste que caiga gente inocente, el afán de poder, de placer y de tener es lo que nos ha perdido, la ciudad ya no se disfruta como antes”, lamenta.

El centro de Zacatecas.//FOTO: Cuartoscuro

En 1994 Zacatecas fue nombrado Patrimonio Cultural de la Humanidad, hoy ése centro histórico está paralizado.

El tranvía turístico con capacidad para 70 personas permanece desde el martes estacionado frente a la Plazuela Goytia, en pleno centro sin un solo pasajero, la violencia ahuyentó a los viajeros habituales que con cámaras en mano suelen maravillarse con los edificios estilo barroco del primer cuadro de la ciudad.

“No he tenido un sólo recorrido en 72 horas, ha estado fatal la situación para nosotros, pero hay que trabajar, esperemos que se componga la cosa”, explica Gustavo Iván, chofer del vehículo.

Zacatecas parece un "pueblo fantasma"//FOTO: Cuartoscuro

En la Catedral, los rezos del sacerdote retumban con sonoridad, apenas lo escuchan20 personas, el recinto es para más de 700.

“Te pedimos Señor por la conversión de quienes generan la violencia”, exclama el presbítero antes de concluir la misa.

Apenas el pasado 26 de Enero el obispo Carlos Cabrero integró el cabildo catedralicio con 12 sacerdotes, la mayoría que superan los 65 años y cuya misión principal es orar por los zacatecanos y la paz en la diócesis. También apenas hace una semana se anunció que por la violencia el culto en las iglesias acabaría más temprano, por seguridad de párrocos y feligreses.

En tanto, desde Japón, tras una video conferencia, el gobernador Miguel Alonso minimizó la violencia en la capital.

“Zacatecas no tiene índices de violencia extrema, mantengamos la calma y la serenidad, que no sea la psicosis la que genere inestabilidad”, dijo el mandatario priista tras una video conferencia ofrecida este jueves por la noche desde Japón a medios de comunicación de la entidad.

Esaú Hernández Herrera, secretario general de Gobierno insiste en que el problema de la violencia en la entidad es más un asunto de percepción.

“La percepción de violencia es mayor que la realidad”, dice a Animal Político, y asegura que el Plan Estatal de Seguridad Pública será presentado el 9 de febrero.

El gobernador no respondió a la pregunta de Animal Político respecto a la cifra oficial de fallecidos por la violencia durante los primeros 6 meses de su administración.

El comercio también se ha visto afectado por la ola de violencia.//FOTO: Cuartoscuro

Jánea, una maestra universitaria describió así, la capital desde su cuenta de facebook: “Es un campo santo”.

Francisco lamenta la ola de violencia que se vive en la capital y en la mayoría de los 58 municipios.

“Antes había un Estado en sana paz, ahora es común saber que a familiares o amigos los secuestraron, que pidieron tal cantidad de dinero por el hijo o el sobrino”, lamenta este padre de familia.

Las tiendas de artesanías, las cafeterías, los restaurantes, las tiendas de ropa y farmacias no tienen gente sólo la música que sale de los establecimientos pretende alegrar la soledad.

“Hay una psicosis generalizada, todos tenemos miedo”, dice Santiago, quien parado justo en Los Portales del Centro Histórico reclama que la autoridad insista en que en Zacatecas no pasa nada.

Killing me softly, el clásico de Donna Summer que sale del volumen de las bocinas del camión de pasajeros que va de Fresnillo a Zacatecas.

El miedo ha matado suavemente el pasaje que desde el martes ha preferido abstenerse de viajar a la capital.

Las calles de Zacatecas lucen vacias.//FOTO: Cuartoscuro

“La gente tiene miedo, tenemos 2 días con viajes de 5 personas cuando lo habitual son entre 20 y 25”, dice el checador de Transportes Zacatecanos, línea de autobuses que sale cada quince minutos de 6 de la mañana a 21:30 horas.

En las oficinas de gestión social del Gobierno, Estatal, enclavadas en pleno Palacio de Gobierno las oficinas lucen solas, cuando suelen ser las más concurridas por las decenas de solicitudes de apoyos económicos que solicitan personas de los municipios cercanos que carecen de recursos.

“Es difícil vivir en inseguridad, sales y siempre estas preocupado si tus hijos o uno mismo regresará con bien a la casa, pero no podemos encerrarnos”, dice Mario habitante de la ciudad.

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Cómo una joven encontró a su familia 26 años después gracias a una foto en WhatsApp

Una niña que quedó huérfana en el genocidio de 1994 en Ruanda ha encontrado a sus familiares gracias a las redes sociales. Esta es su historia.
24 de septiembre, 2020
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Grace Umutoni de niña, a la izquierda, y en una imagen actual.

Grace Umutoni
“¿Me conocen?” Grace Umutoni publicó fotos de cuando era niña en las redes.

Para Grace Umtoni lo ocurrido ha sido “un milagro” obra de las redes sociales.

Umtoni quedó huérfana cuando solo tenía dos años. En 1994 sus padres fueron víctimas del genocidio que se cobró miles de vidas en Ruanda. Años después, ha podido encontrarse con algunos familiares.

La mujer, que no conocía su verdadero nombre, publicó fotos suyas de niña en grupos de WhatsApp, Facebook y Twitter el pasado abril con la esperanza de que miembros de su familia la reconocieran y pudiera reunirse con ellos.

Sus intentos anteriores, a través de cauces más formales, no habían dado resultado.

Todo lo que esta enfermera de 28 años sabía de su historia es que la habían llevado a un orfanato en Kigali, la capital ruandesa, después de encontrarla en el barrio de Nyamirambo. También fue acogido allí su hermano, de 4 años, que murió después.

En Ruanda hay miles de niños como ella, que perdieron a sus padres entre las 800,000 víctimas que se estima dejó la matanza sistemática de miembros de la etnia tutsi y hutus moderados en cien días de genocidio.

Muchos siguen buscando a su familia.

Después de que publicara sus fotos, aparecieron algunas personas que dijeron ser parientes suyos, pero pasaron meses hasta que apareció alguien que de veras parecía serlo.

Antoine Rugagi había visto las fotos en WhatsApp y se puso en contacto con ella para decirle que se parecía mucho a su hermana, Liliose Kamukama, muerta en el genocidio.

“El milagro por el que había estado rezando”

“Cuando lo vi, yo también noté que nos parecíamos”, le dijo Umtoni a la BBC.

“Pero solos las pruebas de ADN podían confirmar si éramos parientes, así que nos hicimos unas en Kigali en julio”.

Umutoni viajó desde el distrito de Gakenke, donde vive, mientras que Rugagi llegó desde Gisenyi, en el oeste, para que pudieran recoger los resultados juntos.

Grace Umutoni y su tío Antoine Rugagi .

Grace Umutoni
Grace Umutoni y Antoine Rugagi viajaron a Kigali para recoger los resultados de su prueba de ADN.

Resultó ser un gran día para ambos, ya que las pruebas revelaron un 82% de posibilidades de que ambos fueran famlia.

“Estaba impactada. No pude contener mis ganas de expresar mi felicidad. Todavía hoy pienso que estoy en un sueño. Fue el milagro por el que siempre había rezado”, cuenta Umtoni.

Su recién hallado tío le contó que el nombre que le pusieron sus padres tutsis era Yvette Mumporeze.

También le presentó a varios parientes de la rama paterna de la familia, como su tía Marie Josée Tanner Bucura, que lleva meses atrapada en Suiza a causa de la pandemia.

Grace Umutoni y su madre.

Grace Umutoni
Grace Umutoni y su madre, Liliose Kamukama, en una imagen de un álbum familiar.

Ella estaba convencida de que Grace Umtoni era su sobrina antes incluso de conocer el resultado de las pruebas genéticas por el parecido de la mujer de la foto de WhatsApp con el de la niña de los álbumes de la familia.

“Era claramente la hija de mi hermano Aprice Jean Marie Vianney y su esposa, Liliose Kamukama. A los dos los mataron en el genocidio”.

‘Pensamos que ninguno había sobrevivido’

La señora Bucura le contó también el nombre completo de su hermano, que llegó con ella al orfanato, Yves Mucyo, y que había tenido otro hermano, Fabrice, de un año.

El genocidio comenzó horas después de que el avión que transportaba a los presidentes de Ruanda y Burundi, ambos de la etnia hutu, fuera derribado en la noche del 6 de abril de 1994.

Milicias hutus recibieron la instrucción de dar caza a los miembros de la minoría tutsi. El suburbio de Nyamirambo, en Kigali, fue uno de los primeros en ser atacado.

Muchas de personas murieron a machetazos en sus casas o en barricadas levantadas para impedir el paso de quienes trataban de escapar. Algunos lograron ponerse a salvo en iglesias y mezquitas.

La señora Bucura dijo que alguien cómo una mujer agarraba del brazo al pequeño Yves y se lo llevaba corriendo de allí, pero no consiguieron más información. De su hermana no se supo nada.

El genocidio terminó meses después, cuando los rebeldes tutsis del Frente Patriótico Ruandés, liderado por el hoy presidente Paul Kagame, se alzó con el poder.

Cráneos en el Memorial del Genocidio en Kigali.

Reuters
Muchos murieron por golpes de machete, como se aprecia en los cráneos conservados en el Memorial del Genocidio en Kigali.

“Pensamos que ninguno había sobrevivido. Incluso los recordábamos cuando cada abril llegaba el aniversario del genocidio”, explica Bucura.

Umtoni no había podido averiguar sobre su familia y lo único que le contaron es que Yves murió al llegar al orfanato como resultado de las heridas que sufrió por las balas de las milicias hutus de las que huía.

Cuando tenía cuatro años, la niña fue adoptada por una familia tutsi del sur de Ruanda que le dio el nombre de Grace Umtoni.

“Los responsables de mi escuela me ayudaron y volví al orfanato en Kigali para preguntar si había algún rastro de mi pasado, pero no había nada”, dice.

“He vivido siempre en la pena de ser alguien sin raíces, pero seguí rezando por un milagro”.

“Por bien que me tratara la familia adoptiva, no podía dejar de pensar en mi familia biológica, pero tenía muy poca información para siquiera empezar a buscar”.

Ahora tiene curiosidad por saber más de sus padres. Han planeado una gran reunión familiar con parientes que llegaran de diferentes lugares del país y del extranjero, aunque el coronavirus ha obligado a aplazarla.

Entretanto, le han presentado a algunos de sos familiares a través de WhatsApp y ha descubierto que tiene un hermano mayor en Kigali, fruto de una relación anterior de su padre.

“Estamos agradecidos con su familia adoptiva”

Desde 1995, casi 20.000 personas se han vuelto a reunir con sus familias gracias al Comité Internacional de la Cruz Roja.

Su portavoz para Ruanda, Rachel Uwase, asegura que aún siguen recibiendo peticiones de ayuda de gente a la que el genocidio separó de su familia.

En lo que va de 2020, son 99 las personas que se han reencontrado con sus familiares.

Para la señora Bucura, descubrir que su sobrina había sobrevivido es algo que agradece.

“Estamos agradecidos con la familia que la adoptó, le dio un nombre y la crió”.

La joven mantendrá el nombre que le dio su familia adoptiva ya que es el que la ha acompañado la mayor parte de su vida.

Pero le tendrá siempre gratitud a las redes sociales por haberla ayudado a encontrar un sentido de pertenencia.

“Ahora hablo frecuentemente con mi nueva familia”, cuenta.

“He pasado toda mi vida con la sensación de que no tenía raíces, pero ahora me parece una bendición tener tanto a mi familia adoptiva como a la biológica, ambas pendientes de mí”.


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https://www.youtube.com/watch?v=QkzsUZOK6-0

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