Fintas, zancadillas y goles en el diálogo de Chapultepec
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Fintas, zancadillas y goles
en el diálogo de Chapultepec

Por Paris Martínez
24 de junio, 2011
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Felipe Calderón se abraza con Javier Sicilia.

Como en un partido de futbol, en medio de la diplomacia con la que ayer se llevó a cabo el diálogo entre el presidente Felipe Calderón y el Movimiento por la Paz (y más allá de los convenios alcanzados), en el encuentro no faltaron los intentos de ambos bandos por anotar el mayor número de simbólicos goles a la contraparte, a tal grado que algunos balonazos le tocaron, incluso, a rivales que ni siquiera estaban llamados a la cancha.

Fue así como, ayer, en el alcázar del Castillo de Chapultepec, el esférico se puso en marcha…

Primer tiempo

Tan pronto como inició el encuentro, alrededor de las 10:30 horas, y luego de entonar el Himno Nacional, el poeta Javier Sicilia anotó el primer tanto, al sorprender a los presentes, empezando por el presidente Calderón, con la petición de que todos, sin excepción, se pusieran de pie y rindieran un minuto de silencio “por todas las víctimas de esta guerra atroz y sin sentido”.

La tribuna estaba a rebozar de periodistas, así como algunos invitados especiales (como el historiador Enrique Krauze y la académica Denisse Dreser), por lo que Calderón no tuvo más opción que participar en el homenaje, aunque con gesto adusto y, pasados los sesenta segundos de mutismo, el mandatario no quiso dirigir ni una mirada a quien encabeza la movilización ciudadana contra la violencia, que en los últimos cuatro años ha dejado 40 mil muertos, durante su primera oportunidad al micrófono.

De hecho, la vista del presidente no se fijó en Sicilia ni siquiera cuando éste le exigió a él y su equipo (integrado por los secretarios de Gobernación, Francisco Blake; de Educación, Alonso Lujambio; la procuradora General de la República, Marisela Morales, y el secretario técnico de la Comisión Nacional de Seguridad, Alejandro Poiré): “¡Vean bien nuestros rostros, busquen bien nuestros nombres, escuchen bien nuestras palabras, somos una representación de las víctimas inocentes! ¿Les parecemos bajas colaterales? ¿Números estadísticos? ¿El 1% de los muertos? (…) El habernos movilizado hasta aquí, para recordarles su deber, habla muy mal de las instituciones y del dinero que gastamos en ellas.”

El Ejecutivo federal, sin embargo, no arrancó el encuentro de forma pasiva, sino con algunos dribles que parecían orientados a restar ánimos a los miembros del así denominado Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad, y a cuyos dirigentes, en boletines iniciales, las autoridades calificaron sólo como “miembros y representantes de la sociedad civil”.

Vino luego un tiro directo de Sicilia, la exigencia de abandonar la lógica militarista en la lucha contra el crimen organizado, el cual, no obstante, Calderón atajó con firmeza, al calificar tal demanda como una “equivocación” de las víctimas; llegó entonces el contragolpe del mandatario, quien anotó su primer tanto al rechazar tajantemente que “la violencia sea generada por el Estado, pues no todo es culpa del gobierno“, esta idea, aseguró, es un “prejuicio” de los ciudadanos movilizados.

Segundo tiempo

Siguiendo el plan trazado con antelación, Sicilia avanzó sobre los argumentos del gobierno federal, haciendo pared con Julián Lebarón, el ranchero chihuahuense que se ha convertido en emblema del movimiento cívico contra la violencia, quien logró llegar hasta la portería del rival, desde donde intentó una jugada de riesgo, al invitar a Calderón a participar, como ciudadano, en la próxima Caravana del Consuelo, que ya prepara el Movimiento por la Paz, esta vez con ruta al sureste mexicano. “Queremos llegar hasta Guatemala –le adelantó el ganadero y constructor–, y yo quiero que usted, señor presidente, nos acompañe.”

Calderón, no obstante, logró desviar este remate, al señalar que su participación en dicha marcha “estaría medio complicada, no sé si me acepten, hay que preguntarle al resto de los asistentes”.

Fue entonces que la señora María Herrera recuperó el balón y superó a las autoridades federales con el reclamo de justicia formulado “en nombre de las miles de madres mexicanas que están desgarradas por el dolor, a causa de la pérdida de sus hijos”. Ante la furia que escurría por las mejillas de esta mujer de gesto crispado por la indignación, cuyos cuatro hijos se encuentran desaparecidos, junto con otras 15 personas de la comunidad de Pajacuarán, Michoacán, el presidente no pudo más que generar un autogol, al ponerse de pie e intentar consolar a la doliente con un abrazo.

El primer fuera de lugar corrió a cargo del poeta Sicilia, quien pocos minutos después interrumpió al presidente cuando éste hablaba sobre la despenalización del consumo de drogas, sólo para pedir su autorización para encender un cigarrillo.

–Si quiere –sugirió Calderón, con algo de sorna–, podemos hacer un receso…

Sicilia se desistió, pero la falta ya estaba marcada.

Cabe destacar que, pasados algunos minutos, el mismo presidente le informó al poeta que el alcázar del Castillo (con paredes de cristal y un domo totalmente cerrado), se consideraba una terraza y, por lo tanto, no contravenía disposición alguna si fumaba…

–¡Saquen! –murmuró, entonces, algún hincha desde las gradas.

La intensidad del encuentro, ciertamente, venía a pique en sus últimos momentos, y fue entonces que los ánimos comenzaron a caldearse, primero en el caso de Julián Lebarón, quien con coraje reclamó al presidente “no ofender la memoria” de su hermano Benjamín, asesinado en Chihuahua por encabezar la lucha contra el secuestro en el municipio de Galeana, y es que el mandatario había asegurado que los responsables ya estaban en prisión (aunque por otros delitos).

“No se ha hecho justicia –subrayó Julián–, porque nadie ha sido sentenciado por el asesinato de mi hermano.”

Este reclamo encendió también el enojo de Omar Esparza, esposo de Bety Cariño, asesinada en Oaxaca en 2010, cuando la caravana humanitaria en la que participaba fue emboscada por paramilitares, y cuya participación como orador no estaba pactada.

Tanto a él como a Julián, el presidente Calderón les aclaró que no deseaba insultar a las víctimas, pero también exigió no ser increpado de forma insultante.

Fue así que, como para relajar las tensiones, el jefe del Ejecutivo comenzó a arrojar la pelota a otras instancias, como las autoridades (perredistas) de Michoacán, cuya corrupción, aseguró, las hace corresponsables de los conflictos por la tala ilegal en el municipio de Cherán, o de la impunidad en la que opera el cártel de La Familia; luego lanzó un balonazo al Poder Judicial, de cuyas incongruencias el mejor ejemplo, señaló, es la liberación del exalcalde priista de Tijuana Jorge Hank Rhon, a pesar que en su domicilio fueron halladas armas de uso exclusivo del Ejército, dos de las cuales, además, fueron empleadas para cometer asesinatos, punto en el que coincidió con Sicilia.

Se suscitó entonces un acto de paz con el que se daba por concluido el encuentro: la entrega a Calderón de uno de los amuletos que por decenas pendían del cuello de Sicilia, y que, aseguró, le han sido entregados por las víctimas de la violencia que se han sumado a su movimiento. Se trataba de un rosario que, prometió Calderón, rezaría junto con su esposa, Margarita Zavala.

Sólo así los rivales abandonaron la cancha, no sin antes pactar que la revancha será dentro de tres meses.

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¿Cómo contarán la pandemia de COVID los libros de historia?

Por muy tentador que sea predecir un vuelco total del comportamiento social, las lecciones del pasado sugieren que es poco probable.
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6 de septiembre, 2021
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Después de casi dos años -y de un extraordinario parón mundial cuyo impacto aún no está claro- es inevitable que muchos escriban sobre la COVID-19 durante las próximas décadas.

Ahora que entramos en un largo período de reflexión, los estudiosos de las artes y las humanidades tienen mucho que ofrecer, especialmente una vez que la intensidad de la cobertura científica y médica ha empezado a disminuir.

Al principio, cuando muchos de nosotros nos confinábamos y nos preocupábamos por cómo íbamos a salir de la pandemia, el único capítulo de cualquier libro sobre la COVID que cualquiera de nosotros quería leer era el de la vacuna.

¿Habría una y funcionaría? Pero la descripción técnica de esta preciosa intervención médica en las próximas publicaciones será concisa y breve. La historia más completa está en otra parte.

Lo que verdaderamente importa

La historia médica de las plagas es fascinante, pero rara vez es la cuestión crítica. No sabemos con certeza qué fue la epidemia ateniense del siglo V a. e. c., ni la devastadora del siglo II y III e. c.

La peste de los siglos VI a VIII e. c. en el imperio romano es objeto de discusión, pero probablemente se trataba de varias infecciones diferentes. Sabemos cómo se propagó la peste negra, pero eso no es lo más interesante.

Lo más interesante es cómo reacciona la gente ante las epidemias y cómo los escritores describen sus reacciones.

Vacuna contra la covid-19

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Hoy estamos centrados sobre todo en el aspecto científico de la pandemia, pero seguramente esto perderá importancia en el futuro.

El relato del historiador y general griego Tucídides (460-400 a. e. c.) sobre cómo respondieron los atenienses a la virulenta plaga del siglo V influyó directa o indirectamente en la forma en que muchos historiadores posteriores las describieron.

Estableció la pauta para una narración de los síntomas junto con el impacto social.

Atenas y la peste

Atenas estaba en el segundo año de lo que se convertiría en más de 20 años de conflicto con su rival Esparta.

La peste se extendió rápidamente y mató con rapidez: los síntomas comenzaban con fiebre y se extendían por todo el cuerpo.

Pericles

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Tucídides dijo que la pérdida de su gran estadista Pericles (495-429 a. e. c.) a causa de la peste alteró la naturaleza de su liderazgo.

Algunos atenienses fueron diligentes en el cuidado de los demás, lo que normalmente les llevó a la muerte, pero muchos simplemente se rindieron, o ignoraron a la familia y a los muertos, o persiguieron los placeres en el tiempo que les quedaba.

Es discutible hasta qué punto la peste cambió a Atenas: no detuvo la guerra ni afectó a su prosperidad.

Lo que sí dice Tucídides es que la pérdida de su gran estadista Pericles (495-429 a. e. c.) a causa de la peste alteró la naturaleza de su liderazgo y eliminó algunos de sus rasgos moderadores.

Queda implícito que los atenienses pueden haber abandonado su tradicional piedad y respeto por las normas sociales.

Esta fue la generación que produciría el cuestionamiento más radical del papel y la naturaleza de los dioses, de lo que sabemos del mundo y de cómo debemos vivir.

Pero también condujo a un renovado sentido del militarismo y a una eventual catástrofe: la derrota de Atenas ante Esparta y la pérdida de su imperio.

Las pandemias y su impacto

La tentación es decir que las pandemias lo cambian todo.

El historiador bizantino Procopio (500-570 e. c.), que sobrevivió a la aparición de la peste en el siglo VI, estaba al tanto de esto.

Niña en una clase virtual

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Es tentador decir que todo ha cambiado a causa de la pandemia, ¿pero es realmente así?

Todo el mundo se volvió muy religioso durante un tiempo, pero luego, en cuanto se sintió libre, volvió a su antiguo comportamiento.

La peste fue un símbolo evidente de la decadencia del sistema, pero la gente se adapta.

¿Estaba el mundo bizantino tan fatalmente debilitado por la peste y su resurgimiento que fue incapaz de resistir la embestida de los árabes en el siglo VII?

Esto puede ser cierto en parte, pero la peste precedió significativamente a la conquista árabe, hubo tanta continuidad como alteración visible en su cultura y en la vida de las ciudades. Además, el mundo árabe tuvo sus propias pestes. La historia no es tan sencilla.

¿Y qué hay de nuestra pandemia? Por muy tentador que sea predecir un vuelco total del comportamiento social, las lecciones del pasado sugieren que es poco probable.

Los fuertes lazos de la sociedad han sobrevivido bien.

Quizá la peor consecuencia sea el retroceso en el progreso de los países en desarrollo.

Eso y las repercusiones a largo plazo sobre la salud mental y la educación en todo el mundo son excepcionalmente difíciles de calibrar, aunque esta será la pandemia más estudiada de nuestra historia. Y serán los estudiosos de las artes y las humanidades y los científicos sociales quienes realicen gran parte de este incisivo trabajo, y ya lo están haciendo.

La ciencia de la pandemia

Entonces, ¿qué nos dice la historia que sería lo útil? Que hay que investigar más y profundizar en el conocimiento.

Niña con mascarilla

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La historia de la COVID no será solo la descripción del virus. Será la complejísima historia de cómo esta enfermedad se cruzó con nuestro comportamiento social y cómo decidimos responder ante ello.

Por eso la historia de la COVID no será solo la descripción del virus y la vacuna, o el misterio de si vino de un murciélago o de un laboratorio.

Será la complejísima historia de cómo esta enfermedad se cruzó con nuestro comportamiento social y cómo decidimos responder como individuos y familias, comunidades y políticos, naciones y organismos mundiales.

Lo que los mejores historiadores desde Tucídides nos han dicho es que la biología de la enfermedad es inseparable de la construcción social de la enfermedad y la salud.

Y también vemos que los humanos somos muy malos a la hora de pensar en las consecuencias.

Una de las consecuencias potenciales más interesantes de esta pandemia es la relación entre la política y la ciencia.

Investigadores en el laboratorio

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La ciencia no habla con una sola voz, rara vez ofrece respuestas fáciles o inequívocas y se resiste al corto plazo.

La peste ateniense puede haber impulsado a los pensadores a ser más radicales al cuestionar las visiones tradicionales de la vida, la muerte y el papel de los dioses.

Y la Peste Negra se considera a menudo como un cambio de juego en términos de religión y filosofía, y que fomentó cambios en la ética médica y mejoras en la atención social.

Incluso cambió la balanza sobre el valor del trabajo, pero todavía tenemos que ver si nuestra pandemia ha hecho incursiones duraderas en los patrones de trabajo en las oficinas o virtualmente.

Esta última pandemia ha mostrado lo mejor y más esencial de la ciencia, pero también la ha colocado incómodamente en el centro de la toma de decisiones políticas.

Junto con la crisis climática, mucho más peligrosa, la pandemia ha animado a los políticos a afirmar que “siguen la ciencia”.

Pero la ciencia no habla con una sola voz, rara vez ofrece respuestas fáciles o inequívocas y se resiste al corto plazo.

Cómo se desarrolle la conversación entre la política y la ciencia, y cuáles sean sus consecuencias, podría ser una de las sorpresas de este momento tan extraño.

A largo plazo, la comprensión de las repercusiones de este virus -y de los retos culturales, sociales y económicos más amplios en los que se inserta- requerirá que despleguemos una visión más generosa y holística de la ciencia.

Sólo así podremos escribir el relato de esta pandemia que su fuerza disruptiva exige.

*Christopher Smith es director ejecutivo del Consejo de Investigación de Artes y Humanidades, Escuela de Clásicos, Universidad de St. Andrews, Reino Unido.

*Este artículo fue publicado en The Conversation y reproducido aquí bajo la licencia Creative Commons. Haz clic aquí para leer la versión original.


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