5 lecciones para aprender del Partido Pirata Alemán
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5 lecciones para aprender
del Partido Pirata Alemán

Por Dulce Ramos
21 de septiembre, 2011
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Campaña del Partido Pirata Alemán (Piratenpartei Deutschland).

Como si gritaran ¡todos a bordo!, esta semana se ‘embarcaron’ en la política de Berlín. El Partido Pirata Alemán pasó en sólo seis años de ser un grupo sui generis, a arrasar en las elecciones locales de la capital del país.

¿Cómo despegaron en tan poco tiempo? ¿Es el triunfo de los ‘piratas’ una muestra de que a la política tradicional le va llegando la hora de saltar del barco?

Pocos partidos de ‘factura reciente’ pueden presumir el haber superado al que está en el poder de manera tan contundente. El Partido Pirata consiguió 9% de los votos y el Partido Democrático Liberal –en el Gobierno federal por una coalición con la Unión Demócrata Cristiana, de la Canciller Angela Merkel—sólo logró el 1.8%. La cifra permitirá al joven partido tener 15 diputados en el Parlamento berlinés.

Proponer una agenda nueva, voltear a ver a los jóvenes y aprovechar el desgaste de las instituciones, son algunos de los ejemplos que deja el éxito del Partido Pirata Alemán en Berlín y que replantean la vieja forma de hacer política. Simpatizantes de la agenda de los Partidos Pirata y activistas por los derechos de internet rescatan cinco lecciones a aplicar de la experiencia política en Berlín, aun con las enormes diferencias con México.

1. Aprovechar la ‘obsolescencia’ de los partidos

Si en México la palabra ‘política’ causa repelús y remite a una estructura impenetrable, en Europa no es muy distinto. El nacimiento del primer Partido Pirata en el mundo ocurrió en Suecia en 2006, justo cuando las instituciones tradicionales se pusieron en tela de juicio. Ese mismo año, otros países europeos se ‘contagiaron’ y emergieron como una opción para los más jóvenes.

“El Partido Pirata ha roto con una tradición. Toda la política está ‘secuestrada’ por los burócratas en distintas partes del mundo, como en México. Aquí, todos los partidos son ‘de la Revolución’, o ‘de la democracia’ y en realidad ni son revolucionarios, ni son demócratas”, apunta el bloguero especializado en temas de libertad de expresión y neutralidad de la red, Conrado Romo (@Conco02).

Simpatizantes del Partido Pirata Alemán.

Coautor del blog Crítica Pura, el joven tapatío considera el haber aprovechado ese vacío para destacar en el escenario político, como el mayor acierto de los Partidos Pirata en Europa, pues en las elecciones locales del domingo pasado en Berlín, ya rindió fruto.

En 1989, el Partido Verde alemán tuvo un momento de irrupción similar e incluso, el fundador del primer partido Pirata en el mundo –el sueco Rick Falkvinge—ha llegado a encontrar similitudes con los partidos de los trabajadores; que revolucionaron la política a principios del siglo XX, con un discurso entonces novedoso.

Aunque para formar un partido político en México con posibilidades de contender se requiere un mínimo de 3 mil afiliados en cuando menos 20 entidades, los simpatizantes del Partido Pirata han logrado colar su agenda entre algunos políticos de partidos tradicionales como el senador perredista por Nayarit, Francisco Javier Castellón Fonseca.

En Alemania, sin embargo, el escenario es mucho más sencillo. Para poder sumarse a una contienda electoral y aparecer en una boleta, sólo hace falta el registro de dos personas.

2. Desempolvar la agenda política

Desde su nacimiento, el Partido Pirata ha apostado por una agenda clara a la que por años, las instituciones tradicionales ignoraron o trataron sólo de soslayo. Derechos de la era digital, transparencia, democratización de la información, privacidad de los usuarios de internet, neutralidad de la red. Todos ellos, conceptos que en su momento fueron ignoradas por los viejos partidos.

“No es ni siquiera que el Partido Pirata tenga una agenda contraria a los partidos comunes, sino que es absolutamente nueva”, señala Antonio Martínez Velázquez (@antoniomarvel), especialista en democracia y redes.

El edificio del parlamento alemán.

La apuesta, que ha funcionado en Alemania y en 2009 en el Parlamento Europeo, cuando el Partido Pirata logró hacerse con dos eurodiputados, ya tiene también atención en México.

El freno de Acta, o el  freno a nuevos impuestos a las telecomunicaciones con el movimiento #internetnecesario son muestras de los temas de los Partidos Pirata tienen ya relevancia en la política nacional.
Lo que también han desempolvado los Piratas son las estructuras partidistas. “Estos partidos tienden a organizarse de una manera mucho más horizontal y con eso incluso cambia el flujo de información”, señala.

3. Democratizar la información

¿Cuántos ciudadanos conocen el número de celular de un presidente de Partido?

Mientras que ese dato es usualmente tratado con sigilo, en  el Partido Pirata están acostumbrados hasta a publicarlo en sus páginas.

Compartir datos y hacerlos comprensibles para todos es otra de las claves del despegue electoral. La información, el gran tesoro de las instituciones tradicionales es también fundamental para el Partido Pirata; con la salvedad de que para ellos, entre más pública, accesible y fresca sea, mejor para los ciudadanos.

Las webs europeas vinculadas a los Partidos Piratas rebosan de bases de datos, gráficas, estudios y documentos vinculados a sus temas de interés. Un ejemplo es la propia página del partido en Alemania o la del fundador de los primeros Piratas; el sueco Rick Falkvinge

“La apuesta de los Partidos Pirata no es la descarga gratuita de películas y música, sino todo un cambio de paradigma sobre el control de la información”, aclara Conrado Romo.

4. Aprovechar el bono demográfico

Todo aquel que tenga un interés en que internet esté libre de candados, que respalde el acceso a la información e incluso una interacción social más horizontal, es el elector clave para este partido. Y si encima es joven, más aún.

México, a diferencia de Alemania o Suecia, tiene una población mucho más heterogénea.

“México, a diferencia de Alemania o Suecia, tiene una población mucho más heterogénea y hay tantas problemáticas como individuos, pero aquí hay un grupo de personas interesados en estos temas”. El bloguero Conrado Romo menciona nuevamente los triunfos de los movimientos como #Internetnecesario o el freno al acta como movimientos que, si bien no son masivos, ejemplifican que sí hay un espacio de interés para esta agenda. Electores urbanos, de clase media a media alta y con acceso a la tecnología.

Además, considera, “la juventud mexicana puede volcarse a este tipo de problemáticas pues internet se ha vuelto fundamental en sus vidas para comunicarse, hacer tareas o informarse”.

Lejos de esperar que los triunfos de los Partidos Piratas sean masivos, al enfocarse a cierto elector, han hecho un ‘trabajo hormiga’ que ya tiene resultados tangibles en la representación política.

¿Se puede apostar a un debate centrado en la agenda digital cuando en México la juventud todavía sufre la falta de acceso a la educación o al empleo? Tanto Antonio Martínez como Conrado Romo coinciden en que es posible, pues en el País hay “ciudadanos bien informados en temas de libertad de expresión, derechos de las personas en la red, transparencia y libre flujo de información”.

5. Discutir en las redes sociales

Tal vez los partidos tradicionales estén apostando ya a la presencia en los medios sociales y en la red para penetrar, o (intentar) convencer. Es casi impensable ya que en las campañas políticas algún candidato quede fuera de Twitter, Facebook o YouTube.
La clave del éxito del Partido Pirata en las redes es que no sólo las utiliza para difundir sus propuestas, sino para generar conversaciones y debates reales con los ciudadanos.

“Todos los partidos recurren ya a las redes y está bien; pero al Partido Pirata lo diferencia el contenido. Cualquier político debería tomar apuntes de esto”, comenta Antonio Martínez.

El primer gran debate al que en México se puede dar cauce mediante las redes y que de hecho ya está ocurriendo, es la neutralidad de la red.

Tener un internet donde el contenido y las conexiones no se restrinjan es un tema ya de preocupación para el país. Como ejemplo está el seguimiento en la red –y posteriormente trasladado a los medios tradicionales—del caso de los dos usuarios de Twitter encarcelados en Veracruz por haber difundido en sus cuentas mensajes que, según el Gobierno estatal, alteraron el ‘orden público’.

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Chile vota en plebiscito histórico: 4 claves para entender qué está en juego

La votación definirá el destino político institucional de Chile para los próximos años. Más allá del "apruebo" o "rechazo", varios analistas explican qué está en juego.
25 de octubre, 2020
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Por primera vez en la historia de Chile, este 25 de octubre se pregunta a la ciudadanía si aprueba o rechaza la redacción de una nueva Constitución.

El referendo chileno, aprobado en un acuerdo político en el Congreso tras un ciclo de manifestaciones que comenzó con las marchas estudiantiles el 2006 y culminó en octubre del 2019, definirá el destino político institucional de Chile en los próximos años.

De ganar el “apruebo”, será la primera vez desde 1833 que la Constitución es redactada por una convención ciudadana elegida en votación popular.

Qué está en juego en el referéndum, más allá del “apruebo” o “rechazo” y del tipo de convención que eventualmente surja para redactarla es lo que responden a BBC Mundo aquí analistas chilenos y latinoamericanos.

1. Generar una Constitución “sin traumas”

Pese a que sufrió numerosas reformas, la Constitución vigente hasta hoy en Chile fue redactada y aprobada en 1980 bajo el régimen militar del general Augusto Pinochet y, según afirma el politólogo Gabriel Negretto, “simbólica y políticamente, nunca superó ese defecto congénito”.

Por eso, lo que está en juego en el proceso constituyente que podría comenzar con el triunfo del “apruebo” es la legitimidad de origen de una eventual nueva Constitución para Chile, le dice a BBC Mundo Negretto, quien ha sido consultor de Naciones Unidas en procesos de reforma constitucional en distintos países latinoamericanos.

Augusto Pinochet votando en el referéndum en 1980.

Getty Images
La Constitución vigente fue aprobada y redactada durante el gobierno militar del general Augusto Pinochet.

“¿Qué rodeó a la Constitución de Pinochet?: que nació de un acto de fuerza, de violencia; que se hizo en un clima de miedo, de terror”, describe el académico. “Para marcar un contraste con el origen de la vieja Constitución, la nueva debe nacer de un amplio respaldo ciudadano y en un entorno pacífico”, precisa.

“En ese sentido, hay un llamado a la atención de quienes apoyan el ‘apruebo’ de llamar a la calma… El estallido social, que incorporó gran cantidad de demandas legítimas, también estuvo asociado a actos de violencia injustificados que hasta hoy no están claros. No se puede eliminar toda la violencia, pero tiene que quedar claro que corresponde a grupos aislados”, plantea.

Para que Chile efectivamente cuente con una Constitución que no arrastre los traumas de la actual, argumenta Negretto, se requiere además que una de las dos opciones gane por una mayoría suficientemente amplia y en una votación con una participación importante, ojalá mayor a los promedios de las últimas elecciones chilenas.

“No es lo mismo un referéndum como el que se hizo por el acuerdo de paz en Colombia que uno sobre las reglas fundamentales con las que queremos vivir como sociedad, como se definirá en Chile. En este caso, si la diferencia entre la opción que gana y la que pierda es pequeña, es problemático”, advierte el académico.

“Sería un mal comienzo que el ‘apruebo’ ganara por un margen pequeño: el trauma que vive Chile respecto a los legados de la dictadura provienen del plebiscito de 1988, cuando la dictadura militar terminó cediendo la transición a la democracia con un altísimo poder político (el “Sí” a Pinochet obtuvo un 43% y el “No” un 54.7%). Aquí no debe quedar duda de la posición mayoritaria”, sostiene Negretto.

Simpatizante de la opción de "apruebo", durante una manifestación.

Getty Images
El estallido social de octubre de 2019 incorporó entre sus demandas la redacción de una nueva Constitución.

“Si el resultado fuera 51 para el ‘apruebo’ y 49 por el ‘rechazo’, estaría muy preocupado por el futuro de Chile”, agrega Negretto.

“Porque eso querría decir que el cambio constitucional no lo rechaza una minoría, sino la mitad de la población. Y eso es preocupante en un contexto polarizado, porque aquí no hay medias tintas: se cambia la Constitución o no”.

2. Recuperar legitimidad de la política

Vicky Murillo, directora del Instituto de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Columbia en Nueva York, precisa que el plebiscito en Chile emergió como respuesta a la movilización social, “síntoma de la crisis de representación del sistema político” en el país.

“La toma de la calle y los gritos buscaban que los políticos escucharan a la ciudadanía, incluso cuando esta demanda de atención requiriera romper la puerta del salón donde se toman las decisiones, como dice la canción de ‘Hamilton'”.

La académica se refiere a “The room where it happened” uno de los temas del popular musical estadounidense que describe las negociaciones secretas donde la élite negocia fuera del ojo de la opinión pública, una práctica que en Chile se describe como “la cocina”.

“Es importante recordar las expectativas que conlleva el proceso constituyente y la importancia de mantener esa puerta abierta. Esto implica que no solo el resultado, sino también el proceso constitucional será clave para la recuperación de la legitimidad política”, dice Murillo.

De ganar el “apruebo”, la politóloga advierte que es importante “asegurar la entrada de nuevos actores como agentes de representación ciudadana y, al mismo tiempo, que tanto viejos como nuevos representantes garanticen su atención a la ciudadanía incluso cuando no grite o esté en las calles”, dice.

Disturbios durante una manifestación en el aniversario del inicio de las protestas antigubernamentales.

Getty Images
El pasado 18 de octubre se cumplió un año del inicio del estallido social en Chile.

¿Cómo lograr ese objetivo? Estableciendo una conexión humana, basada en la empatía y la experiencia compartida, propone.

“Que la ciudadanía se reconozca en sus representantes y pueda confiar en ellos. El proceso no podrá ser participativo hasta las últimas instancias, requerirá de esperas, y puede involucrar errores. Por ello, la confianza en quienes están en el salón donde se tomen las decisiones depende tanto de una puerta abierta como de la empatía entre estos y quienes han estado ya por demasiados años pidiendo ser oídos”, describe la politóloga.

3. Redistribuir poder y bienes públicos

“Las constituciones definen las reglas del juego”, describe Miriam Henríquez, decana de la Facultad de Derecho de la Universidad Alberto Hurtado.

“La etiqueta mayor que yo pondría al proceso chileno sería la opción de cambiar las reglas del juego sobre la distribución del poder y los bienes públicos valiosos para la existencia de toda la sociedad. No sólo los derechos civiles, las libertades, también los sociales, como agua, vivienda, educación”.

Henríquez plantea que, si se lleva adelante el proceso constituyente, una de las opciones es que se remuevan los obstáculos que hoy impiden cambiar algunas políticas públicas en Chile a través del Congreso. Bajo la Constitución actual, incluso si una ley es aprobada por una súper mayoría parlamentaria, puede ser impugnada ante el Tribunal Constitucional (TC).

“Si uno establece en la Constitución que los asuntos se regularán por ley simple, por ejemplo, y se modifica el TC, el efecto será que los cambios de políticas públicas serán más sencillos”, dice la académica.

Partidarios de la opción del "rechazo".

Getty Images
En la opción del “rechazo” también hay personas que creen que se necesitan cambios profundos.

“El ‘rechazo’ supondría que la ciudadanía no tiene voluntad de cambiar la Constitución, porque las cosas como están, están bien. Pero eso no obsta que se pueden hacer reformas. Hay personas del ‘rechazo’ que creen que se necesitan cambios profundos y se han comprometido a emprenderlos”, dice Henríquez.

“La diferencia es que en el apruebo hay un itinerario, un camino claro, un órgano específico. Las reformas que se hicieran en el caso del ‘rechazo’, se harían a través del actual Parlamento, y los cambios no tendrían tanta legitimidad como los que tendría un órgano especialmente elegido para ello”, agrega.

“Es posible que una nueva Constitución se parezca bastante a la actual, y las expectativas pueden quedar frustradas, pero insisto en la importancia del hecho de sentarse a conversar. Esa diferencia ya debería satisfacer muchas expectativas: tener un pacto social que sintamos propio”, concluye.

4. Generar un proceso constituyente único en Latinoamérica

Tanto la realización del plebiscito como el proceso constituyente que derive de sus resultados se normarán por la Constitución vigente, que fue especialmente reformada por el Congreso con este fin. Eso marca una de las diferencias del referéndum constitucional chileno con otras experiencias latinoamericanas.

“No es tan habitual que una Constitución vigente se modifique para su reemplazo. Es excepcional que Chile siga este cauce, este proceso, con procedimientos y plazos establecidos. Y es un desafío máximo que los cumplamos”, precisa Henríquez.

Trabajadora del Servicio Electoral chileno, durante un ensayo para el referendo.

Getty Images
El referendo tendrá lugar siguiendo las restricciones impuestas por la pandemia de coronavirus.

Además, en este caso no es el gobierno el que definirá el cambio constitucional ni el órgano que podría redactar la nueva Constitución, sino la ciudadanía.

“En Chile, además, no hay una fuerza hegemónica que se imponga en el debate. Varios de los procesos latinoamericanos han sido marcados por la existencia de fuerzas políticas muy preponderantes, donde se impone una mayoría. Eso no ocurre en Chile porque las fuerzas están fragmentadas. Y eso, que podría ser complejo y lo es, nos obliga a hacer pactos” dice la politóloga.

“Cada proceso en Latinoamérica tiene algo que lo hace único. En el caso chileno que todas, o gran parte de las fuerzas políticas hayan acordado un cauce institucional a la crisis es algo que lo hace único”, remata Henríquez.


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