Historias mexicanas de terror: la violencia institucional
close
Recibe noticias a través de nuestro newsletter
¡Gracias! Desde ahora recibirás un correo diario con las noticias más relevantes.
sync

Historias mexicanas de terror:
la violencia institucional

Por Paris Martínez
31 de octubre, 2011
Comparte

Marcha Por la Paz con Justicia y Dignidad. FOTO: Cuartoscuro

La carta de sangre

“Yo tengo ya una colección de cartas –se escucha la voz de la mujer–, en las que solicito ayuda… ayuda al presidente, ayuda a los gobernadores, ayuda al alcalde… En fin, cartas dirigidas a todas las autoridades que, pensé, podrían darme su auxilio. Pero todas estas cartas no tienen validez, nadie las contestó, no significan nada. Yo soy Gloria Edith y esta es mi historia…”

 

Junio 9, 2009…

Es sábado y, siguiendo la costumbre familiar, la doctora Gloria y su esposo Ramón esperan el atardecer para dar por concluidas sus labores en el centro de atención para niños discapacitados que dirigen en Acapulco, y partir a la playa de Caleta, en compañía de su hijo, el joven Gerardo Josué y la perrita de la casa.

“Siempre cerrábamos y nos íbamos al mar –recuerda Gloria–, mi hijo viajaba en la parte de atrás de la camioneta, yo iba manejando, mi esposo al lado…. no vimos nada extraño.”

Era una noche clara, despejada, cálida.

La doctora sube por avenida Flamingos y luego enfila rumbo a Rancho Grande, donde una patrulla estatal se le empareja. El conductor le hace señas con la mano, pero antes de que Gloria pueda entenderlas, el vehículo oficial se aleja. “No nos dijo que algo pasaba. No nos cerró el paso. No hizo sonar su sirena o nos echó las luces. Nada. Nos dejaron avanzar… y a mi se me hizo fácil.”

Ya en la calle Rancho Grande, “comencé a oír tronidos, como cuetes… le dije a mi marido que subiera las ventanas, porque, de pronto, tuve miedo… nos dimos cuenta que eran balas cuando estallaron los vidrios de la camioneta, empecé a sentir impactos que provenían de todos lados, de atrás, de adelante, como si estuviéramos en medio de un fuego cruzado. Aceleré, me aferré al volante y aceleré, sentía caliente la espalda y un segundo después me había estampado contra un muro… ahí fue cuando me di cuenta de que eran militares los que nos rodeaban.”

La puerta del conductor se abre y Gloria cae al suelo, un impacto le ha perforado el homóplato. “¡Somos civiles!”, grita, mientras intenta incorporarse. Un militar fija a la mujer en su mirilla, a varios metros de distancia. “¡Mátala! –grita un superior– ¡Mátala!”. El soldado dispara y ella ve pasar la bala junto a su mejilla.

Queda pasmada, le ordenan tirarse al suelo pero no reacciona. La perrita ladra desaforadamente, hasta que otro soldado se aproxima y le pega un tiro. Gloria reacciona, despierta, y vuelve a la camioneta.

“Me incorporé para ayudar a mi hijo, pero cuando me acerqué… lo vi… estaba despedazado, tenía 26 años… se llamaba Gerardo.

En Culiacán, Sinaloa, una mujer encara a un soldado, luego de que restringieran el acceso a una zona donde minutos antes se registró un enfrentamiento con presuntos criminales.

“Luego traté de llegar al otro lado de la camioneta, para ayudar a mi esposo, pero los militares no me dejaron, me bloquearon el paso, así que tuve que arrastrarme por debajo de la camioneta… me llevé la piel de la espalda con los fierros torcidos y calientes, pero cuando llegué junto a mi marido, para darle primeros auxilios, ya se había broncoaspirado con su propia sangre… Cuando llegué a su lado, ya estaba muerto.”

Los militares aseguraron el perímetro. A Gloria la alejaron de su hijo y su esposo, la obligaron a permanecer bocabajo, sobre el pavimento, a un costado de la camioneta, con una bala alojada en la espalda, por más de cuatro horas.

Las detonaciones siguen a la distancia. Caleta se encuentra tomada por el Ejército y así permanecerá hasta el amanecer, tras un enfrentamiento con sicarios descubiertos en una casa de seguridad de la zona.

 

Septiembre 10, 2011

“Fueron momentos de mucho dolor e injusticia –dice Gloria, con la voz apagada, dando la espalda al mar–, muchas horas sin poder ponerme en pie, con los cuerpos de Gerardo y de Ramón a unos metros de mí, siempre entre disparos y amenazas…

“Pero, ¿saben algo? Creo que yo me equivoqué: yo tengo ya una colección de cartas pidiendo ayuda a todas las autoridades posibles, pero esas cartas las hice mal, están huecas, no huelen a nada… Y yo tendría que haberlas escrito sobre los pedazos de piel que se me desprendieron del cuerpo, por las heridas de bala… y debí escribirlas con la sangre de mi hijo y de mi esposo… Tal vez así las autoridades sientan mi dolor, mi desesperanza… Tal vez así pudieran oler, igual que yo lo hice, el olor de la muerte.

 

Epílogo

Aquella noche de junio de 2009, 16 presuntos sicarios fueron abatidos por soldados en distintos enfrentamientos en Caleta, en los que también murieron dos militares, uno de los cuales, el capitan segundo Germán Parra Salgado, había sido vinculado con los grupos paramilitares chiapanecos que perpetraron la masacre de Acteal, en diciembre de 1997.

La PGR se tomó dos años para devolver su camioneta a Gloria, quien antes tuvo que emprender un juicio para recuperar el vehículo, aunque, cuando finalmente lo ganó, “la camioneta había sido totalmente desvalijada.”

Por el asesinato de Gerardo y Ramón, hasta la fecha, nadie ha respondido.

Según el informe que la semana pasada presentó el Movimiento por la Paz ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos, elementos del Ejército Mexicano perpetraron 13% de los 129 homicidios reportados por deudos durante su primera Caravana del Consuelo, realizada en junio pasado; además, otro 8% de los asesinatos fue atribuido a policías federales, estatales y municipales.

 

Saldo Caravana al Norte

Saldo Caravana al Norte


 

Carnada humana

“Sí, me disfracé de muchas cosas… –habla Margarita– y así logré llegar a lo más bajo… así pude recorrer lo más oscuro… buscando, buscándola…

“Y sí, le pagué a soldados, y le pagué a policías, y le pagué a agentes ministeriales para que me dieran la información que yo buscaba. Fueron ellos los que me lo sugirieron, ellos mismos me dijeron que si no lo hacía yo, no lo haría nadie… Y seguí su consejo, ¿a quién podía acudir yo para que me brindaran ayuda? Aquí no hay nadie que te ayude… Incluso, he llegado a preguntarme si ¿tendría yo que hacer justicia por propia mano? Quisiera que me respondieran, porque si es así…”

 

Abril 13, 2011

Yhajaira tiene 19 años y está casada con José, teniente de infantería adscrito al cuarto batallón de Fuerzas Especiales, en la ciudad de Oaxaca.

“Ella se dedica a su hogar –dice Margarita, su madre–, ella es una joven tranquila, feliz por haber vuelto a Oaxaca, luego de radicar en Sonora, donde su esposo estuvo destacamentado.”

La pareja tiene un mes y medio en su nueva casa, alquilada en una colonia de bajos recursos de Tlacolula, donde las rentas son menores que en la capital oaxaqueña.

Es una casa pequeña, de interés social, pero bonita, recién construida.

De aquí se la llevaron.

“Fueron cuatro sujetos con armas largas –dice Margarita–. Los vio un vecino.”

Ese mismo día, la madre y el esposo de Yhajaira denunciaron la desaparición forzada primero en la procuraduría estatal, luego ante las autoridades militares, y también ante la PGR. “No se hizo nada… ellos mismos me dijeron que, como no tenían idea de dónde podría estar, lo mejor era que yo investigara por mi cuenta… ‘Usted sírvanos de gancho’, me dijo el general Carlos Murillo, ‘usted sea nuestra carnada'”.

Y así lo hizo.

Una semana después, pagando informantes e infiltrándose en puntos de prostitución, Margarita logró ubicar dos centros de operación pertenecientes a una red de tratantes de mujeres, “principalmente niñas”, en los que mantenían secuestradas a 103 adolescentes y jóvenes, de México, Centro y Sudamérica. Uno de estos sitios, destaca la mujer, se ubicaba justo enfrente del Cuarto Batallón, casualmente.

“Yo entré ahí, disfrazada. Me hice pasar por acompañante de unos militares, a los que les pagué para que me ayudaran a ingresar y ser testigo, con mis propios ojos, de lo que ahí sucedía: las muchachitas estaban ‘almacenadas’ en una bodega, desde donde las mandaban traer a la casa de citas, y ahí las entregaban a los clientes, en su propia mesa…”

Eran niñas de entre 13 y 19 años, eran centroamericanas, oaxaqueñas “y también muchachas del norte”.

Margarita entregó esta información el 19 de abril a todas las autoridades con las que había trabado contacto, con la esperanza de que entre las víctimas pudiera ser rescatada Yhajaira, “pero no hicieron nada… aunque era un delito flagrante, lo que obligaba al gobierno a actuar de inmediato, las Procuradurías estatal y federal se tomaron cinco meses para catear esos lugares. Y, por supuesto, cuando ingresaron ya no encontraron nada… ¡eran 103 niñas secuestradas! ¡Ahí estaban! –Margarita se toma un segundo para contener la rabia– Yo tenía la esperanza de que ahí estuviera mi hija, pero si no era así, habría sido muy importante rescatar a esas niñas. Me imagino, por eso, que muchísimas madres están igual que yo, buscando…”

 

Madre de una adolescente argentina secuestrada en Vercruz.//FOTO: Cuartoscuro

Junio, 2011

“Yo había visto ya que una Hummer nos seguía, desde días atrás… se mantenía a prudente distancia, pero ahí estaba, siempre cerca. Mis investigaciones estaban profundizando más de lo que esperaban… fue en la misma procuraduría y en la región militar donde me sugirieron que pagara informantes, pero luego no les gustó todo lo que mis informantes me estaban revelando. Y es que hay muchos funcionarios involucrados en la trata de mujeres en Oaxaca.”

Esta vez, sin embargo, “la Hummer comenzó a acercarse cada vez más, hasta que pudimos distinguir que dentro venían varios hombres con armas largas”.

Aprovechando un instante en el que lograron tomar distancia de sus persecutores, Margarita descendió del vehículo en el que viajaba y se alejó, hasta que uno más de sus colaboradores logró encontrarla y, oculta en la cajuela de otro auto, la mujer escapar de la ciudad de Oaxaca.

“Posteriormente –revela la madre de Yhajaira–, pudimos ubicar esa misma Hummer en la Ciudad Judicial del estado (sede del Poder Judicial), y en la zona militar…”

Margarita considera su vida bajo amenaza. Incluso, reveló, logró identificar a varios funcionarios policiales que, tras su fuga del estado, intentaron hacerla volver, con el pretexto de que debía rendir una declaración. “Pero luego investigué quiénes eran esos policías que me requerían y resultó que todos tenían antecedentes penales, había uno que incluso había estado diez veces en la cárcel… cuando pedí una explicación oficial sobre la participación de estos funcionarios en las pesquisas sobre la desaparición de mi hija, curiosamente, todos fueron removidos del cargo. ¡Pero ese no fue un castigo, sino una forma de protegerlos!”

Y hace un mes, recuerda, fueron los militares los que intentaron forzarla a volver a Oaxaca, “ahora para reconocer el cadáver de una muchacha que aseguran es mi hija… es un cuerpo sin cabeza y con cinco meses de descomposición.”

Margarita debe contener nuevamente la cólera.

“¿Cómo esperan –se pregunta–, que un cuerpo en esas condiciones pueda ser reconocido? Es un cuerpo que encontraron en abril mismo y sólo cinco meses después me dicen que es mi hija… están muy seguros, pero, hasta la fecha, no han podido entregarme los análisis genéticos… ¿para qué me quieren ahí? ¿Cuál es su imperiosa necesidad de que vuelva a Oaxaca, de que entre a sus dominios?”

 

Octubre 14, 2011

Margarita aguarda al pie del Castillo de Chapultepec, donde aún permanece el presidente Felipe Calderón, tras reunirse con representantes de víctimas de la violencia en México, como Javier Sicilia, Isabel Miranda o Alejandro Martí. Ella, sin embargo, no tuvo acceso.

“No nos dejaron entrar –se lamenta–. Nos tuvieron peor que perros: en el Sol, detrás de una reja, con el piso para sentarnos… luego se condolieron y nos dejaron tiradas en el suelo unas botellas de agua… así tratan a los que buscamos a nuestros hijos…”

Según el informe del Movimiento por la Paz, en las dos caravanas realizadas este año con el objetivo de enlazar a todas las víctimas de la guerra contra el crimen organizado, fueron reportados 237 casos de desaparición forzada (sin contar los secuestros extorsivos en los que la víctima no fue recuperada).

De éstos, 121 casos se registraron en los estados del norte y 116 en estados del sur mexicano, siendo Guerrero el que más denuncias acumula, con 67 desapariciones.

En Oaxaca, además, la activista Teresa Ulloa, directora regional para América y Caribe de la Coalición Contra el Tráfico de Mujeres y Niñas, denunció en mayo pasado que opera una red de trata que, cada año, secuestra a cerca de 500 mujeres y 150 menores de edad para explotarlas sexualmente.

Índice de abusos, Caravana Norte

Índice de abusos, Caravana Norte

 

Muerte desnuda

“Nosotros no tenemos precio. No queremos el dinero con el que han querido comprarnos”, se escucha a Janeth, cuya voz y lágrimas retumban en los muros del palacio de gobierno en Veracruz, a través de altoparlantes, aunque Javier Duarte, el mandatario estatal, no se encuentra ahí para escucharla, es ya demasiado noche y las calles del puerto han dejado de ser seguras. “Nosotros –aclara–, vamos a darles una lección de dignidad a todos ellos.”

 

Junio 17, 2011

“Mi papá trabajaba toda la semana y cada sábado nos hablábamos por radio para ponernos de acuerdo y vernos –narra la joven–, él era mecánico diessel en una empresa…

Esa vez, sin embargo, al trabar comunicación, su voz sonaba distinta, de hecho, no era él quien hablaba del otro lado de la línea, sino un desconocido, alguien que estaba en posesión de su radiolocalizador.

“Después de cuestionar a este sujeto –recuerda Janeth–, nos dijo la verdad: mi papá estaba en la morgue de Veracruz…”

 

La versión policiaca

Según la Procuraduría veracruzana, Joaquín y su compañero de trabajo Tito Landa fueron interceptados junto con otros nueve sujetos, a bordo de una camioneta negra, en la que surcaban la carretera Xalapa-Veracruz, portando armas largas.

Reconstruyendo las distintas versiones proporcionadas a la familia, Joaquín, Tito y sus nueve supuestos cómplices conducían sin cuidado (y desnudos) a lo largo de la carretera, aún a sabiendas de que habrían de pasar junto a un cuartel militar. No obstante, en vez de actuar con prudencia, los sicarios, según las autoridades, abrieron fuego cuando se cruzaron con los militares apostados en las instalaciones castrenses de El Encero, aunque, mágicamente, las balas dieron vuelta en U e impactaron en las mismas personas que las habían disparado. El saldo: 11 presuntos sicarios muertos y ningún militar herido.

Un día después, el gobernador Duarte afirmó que estos acontecimientos no respondían a una realidad “de inseguridad, sino al contrario: es de seguridad. El de El Encero fue un operativo del Ejército y la SSP, que desarticularon una célula delincuencial que operaba en esta región del estado”.

Cabe destacar que este enfrentamiento efectivamente ocurrió, lo que no queda del todo clara es la participación de Joaquín y Tito.

 

La versión familiar

Inconformes con la explicación de las autoridades veracruzanas, los hijos de ambos trabajadores emprendieron su propia indagatoria, concluyendo que los cuerpos de los dos padres de familia fueron arrojados, junto con los nueve presuntos sicarios abatidos en el Encero, en una zanja a un costado de la barda perimetral de dicho cuartel, en el que está apostado el 63 Batallón de Infantería del Ejército Mexicano.

Un día antes del enfrentamiento, no obstante, compañeros de trabajo vieron salir a Joaquín y a Tito con rumbo a Xalapa, con la encomienda de cobrar la nómina de los empleados. Iban a bordo de una camioneta blanca (no negra, como la de los sicarios) y, además, iban completamente vestidos, no en calzones y zapatos, como según las autoridades se hallaban cuando fueron abatidos.

Además de diversos orificios de bala, incluidos tiros en la frente, ambos cuerpos presentaban huellas de tortura, los ojos morados, la nariz hinchada y la boca reventada a golpes, además de lesiones en extremidades. Además de que el dinero de la nómina nunca fue hallado.

“Tenían muchos raspones, como si hubieran sido arrastrados… Nos los entregaron desnudos, sólo con su ropa interior y sus zapatos. Nos dijeron que esas eran todas las pertenencias que traían consigo… Me dijeron que mi papá era un delincuente que había salido de la camioneta disparando un cuerno de chivo.”

Y, efectivamente, las pruebas periciales señalan que tanto Tito como Joaquín habían detonado armas de fuego. Sin embargo, destaca Janeth, “en las fechas en que supuestamente se practicaron dichas pruebas, ambos cuerpos ya estaban enterrados”… Ergo…

Y, además, si Joaquín no usaba ropa al momento de enfrentar a los militares… ¿dónde guardaba el radiolocalizador que rescataron las autoridades, aquel con el que solía comunicarse con sus hijos cada semana, religiosamente, para poder verlos? ¿En la correa del cuerno de chivo?

Desde entonces, las autoridades han evitado aclarar las incongruencias en la versión difundida sobre la muerte de Joaquín y Tito. Sin embargo, advirtió Duarte, un día después, “estos operativos van a continuar, es la convicción del gobierno, para salvaguardar la paz, la tranquilidad y la armonía de la sociedad. En Veracruz –remató– no hay lugar para la delincuencia y menos para la impunidad…”

Cabe destacar que, según las estadísticas del Sistema Nacional de Seguridad Pública, de los 26 asesinatos registrados en enero, Veracruz pasó a 42 en septiembre, por lo que, tan sólo en los primeros nueve meses del año, dicha entidad ha registrado 374 homicidios dolosos… en 162 de los cuales se emplearon armas de fuego para cometer el crimen.

 

Aquí puedes consultar y descargar el Informe del Movimiento por la Paz ante la Comisión Internacional de Derechos Humanos

Informe_Sicilia

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal

Alejandro Madrigal, el científico mexicano honrado en el cumpleaños de la reina Isabel II

Dos veces al año, en Reino Unido, se entregan honores para reconocer los aportes extraordinarios y el servicio al país de personas de diferentes ámbitos. Este año, en la lista está incluido un médico mexicano. Esta es su historia.
3 de junio, 2022
Comparte

Cuando en su adolescencia Alejandro Madrigal iba de puerta en puerta vendiendo ropa y zapatos para ayudar a mantener a su familia, poco se imaginaba que sería condecorado por la reina de Inglaterra.

“Tuve que buscar todo tipo de oficios”, cuenta este doctor mexicano. “Pero fue un periodo que me ayudó mucho y vino la medicina a buscarme”.

Y se “enamoró” de ella. Las ganas “locas” por estudiar no se comparaban con las que frustró un maestro de primaria que le pegaba con una regla por escribir con la mano izquierda.

Con su “zurdera y dislexia”, llegó a universidades como Harvard, Stanford y University College of London (UCL), y se convirtió en una eminencia mundial en el trasplante de médula ósea.

Y es su aporte al campo científico el que le abrió un espacio en la lista de figuras cuyos logros y servicios al país son reconocidos por la monarca.

“No lo podía creer, uno nunca espera que estas cosas lleguen”, dice Madrigal a BBC Mundo con la carta en la mano.

Reina Isabel II

EPA
Isabel II cumple 70 años en el trono británico.

En la misiva, se le informaba que su nombre le había sido “recomendado a su Majestad la Reina para el honor de Oficial de la Orden del Imperio Británico (OBE) en la lista de honores del cumpleaños de 2022″.

OBE significa Officer of the Most Excellent Order of the British Empire y es una de las categorías de un sistema de reconocimiento a la labor extraordinaria de civiles y miembros de las Fuerzas Armadas.

Madrigal fue el fundador y director científico, por 27 años, del Instituto de Investigación de la fundación británica Anthony Nolan, que se especializa en combatir el cáncer de sangre.

Como investigador y profesor ha hecho contribuciones en el campo de la hematología en el University College of London y en el Hospital Royal Free de la Universidad de Londres.

Lideró la Asociación Europea de Trasplante de Médula Ósea y ha recibido múltiples distinciones.

Esta es su historia.

El recuerdo del maestro

Madrigal creció en la Ciudad de México y tiene recuerdos muy bonitos de su infancia en familia, no así de la primaria.

Madrigal cuando era niño

Cortesía: Alejandro Madrigal
Madrigal creció en Ciudad de México, vivió en la colonia Juárez.

“Llegué muy emocionado y contento al primer día de escuela porque veía que mi hermano mayor regresaba muy feliz a la casa”.

“Cuando el maestro Méndez me vio agarrar el lápiz con la mano izquierda, me dijo que eso no lo podía hacer en su salón”.

Intentó escribir con la mano derecha, pero inconscientemente pasó el lápiz a la izquierda, algo que el docente interpretó como un “acto de rebeldía”.

Le arrebató el lápiz y le dijo que no toleraría a “insolentes”.

“Además, con la dislexia empecé a tener problemas para escribir ciertas palabras. El maestro me ponía en el pizarrón a escribir horas y horas con la mano derecha”.

“Me decía una frase que siempre me molestó: ‘La vergüenza la llevas en la suela de los zapatos’, y me hacía sentar en el fondo del salón, viendo a la pared”.

Junto a sus hermanos.

Cortesía: Alejandro Madrigal
Junto a sus hermanos.

Los intentos de escribir con la mano izquierda terminaron muchas veces en insultos, golpes con una regla sobre la palma de la mano y días sin recreo.

“Con suerte la educación ha cambiado, pero fue un periodo bastante difícil que me llevó a un inicio en el sistema educativo muy complicado”.

Odiaba la primaria, no me sentía diestro en muchas cosas, el futbol no se me daba y la secundaria tampoco fue de lo mejor”.

Una misión

A los 17 años, sufrió “una de las pérdidas más grandes”.

Su padre murió de un infarto cuando se encontraba en uno de sus tantos viajes por el país vendiendo diferentes tipos de productos.

Como sus otros tres hermanos, tuvo que trabajar.

Madrigal en el día de su graduación en la UNAM.

Cortesía: Alejandro Madrigal
Madrigal en el día de su graduación en la UNAM.

Esa es la época en la que iba de casa en casa con un maleta llena de cosas, en la que fue mesero y en la que intentó abrir un restaurante con su familia, que “fracasó”.

Se ganó una beca para estudiar computación y eso le permitió conseguir un trabajo en programación.

“Empecé a estudiar como loco, terminé la preparatoria con grado de excelencia y luego vino la UNAM”.

“Como Neruda dice en su poema que la poesía vino a buscarlo, yo digo que la medicina me encontró. Ya sentía que tenía una misión”.

Con 19 años, iba a la universidad en la mañana y poco antes de las 3:00 de la tarde se salía de la clase.

“Tenía que recorrer prácticamente toda Ciudad de México para llegar al trabajo. A veces me tenía que ir de aventón porque no tenía para el camión”.

Su jornada laboral terminaba en la noche y repasaba las materias en la madrugada. “Pero estaba enamorado de mi carrera“.

“La mejor universidad del mundo”

La situación económica en la casa comenzó a mejorar y las buenas calificaciones se volvieron, “para su sorpresa”, una constante.

En el día de su boda.

Cortesía: Alejandro Madrigal
Conoció a María Elena cuando tenía 14 años y se casó a los 23. Ha sido un gran apoyo en su carrera.

Se fue a Tijuana a hacer las prácticas en un hospital.

“Un maestro me preguntó qué iba a hacer después y le respondí que quería ir a la mejor universidad del mundo”.

“Se rió y me dijo: ‘¿Y cuál es esa universidad?’, y le contesté: ‘Pues, no sé, ¿cuál sería?’. A lo que me respondió: ‘Harvard’, y le dije: ‘Ah, bueno, esa, voy para allá'”.

El docente se volvió a reír y le dijo: “Alejandro, te estoy invitando a almorzar, tienes un agujero en el zapato, y ¿vas a ir a Harvard?”.

La respuesta fue un contundente: “Sí”.

Y lo consiguió. Harvard lo aceptó, tras ganarse una beca de la Organización Mundial de la Salud.

Madrigal en Harvard

Cortesía: Alejandro Madrigal
En Harvard conoció a dos grandes científicos: Baruj Benacerraf y Edmond Yunis.

En la universidad estadounidense conoció a los profesores Baruj Benacerraf, Premio Nobel de Medicina nacido en Venezuela, y Edmond Yunis, destacado investigador de inmunología y cáncer, que se convertiría en su mentor.

“Llegué con un inglés básico, lo estudiaba cada vez que podía. A veces, no les entendía nada, la ventaja era que Edmond es colombiano”.

“Estaba en Harvard y era la persona más feliz del mundo”.

Como una margarita

Después vino el doctorado en la Universidad de Londres, el postdoctorado en la Universidad de Stanford y una oportunidad laboral que vio en un anuncio de la revista Nature y que terminó marcando su destino.

Alejandro Madrigal en la Universidad de Londres

Cortesía: Alejandro Madrigal
En Londres, ciudad que se convirtió en su hogar.

Entre unos 60 candidatos, fue escogido para liderar, desde 1993, la investigación científica en la organización Anthony Nolan, creada en 1974.

El hijo de su fundadora, Shirley Nolan, había nacido con un raro trastorno sanguíneo llamado síndrome de Wiskott-Aldrich y la única manera de salvarlo era con un trasplante de médula ósea.

Como ningún familiar era compatible, comenzó la búsqueda de un donante, pero no lo encontró y Anthony murió, a los siete años, en 1979.

En el proceso de búsqueda, Shirley ayudó a concebir un sistema pionero: el primer registro de donantes de médula ósea en el mundo para el tratamiento de leucemia y otros tipos de cáncer.

De acuerdo con la organización, ese registro “ha ayudado a 22 mil personas a recibir un trasplante que les salvó la vida”.

Shirley Nolan junto a su hijo Anthony.

Evening Standard/Hulton Archive/Getty Images
Shirley Nolan junto a su hijo Anthony.

La flor favorita de Anthony era la margarita.

“Shirley la puso como símbolo (de la fundación) porque una margarita tiene muchos pétalos y, aunque le quites uno, seguirá siendo una margarita: puedes dar médula”.

“Ese mensaje lo llevé a todo el mundo, a las conferencias que iba, y empecé a generar registros, a ayudar a varios países a crearlos y actualmente hay 40 millones de donantes en todo el mundo”, cuenta Madrigal.

Formando en el camino

El doctor también ayudó a establecer el primer banco de cordón umbilical de Reino Unido, con fines de trasplante e investigación.

Madrigal junto a estudiantes

Cortesía: Alejandro Madrigal
El primer grupo de investigadores que ayudó a formar cuando arrancó como director del Instituto de Investigación de la fundación Anthony Nolan. Eran estudiantes de doctorado y posdoctorado que procedían de México, Venezuela, Alemania e Inglaterra.

“En el Antony Nolan hay unos 10 mil cordones y eso ha permitido salvar a muchos pacientes”, indica Madrigal.

En 2020, fue nombrado miembro honorario de la Sociedad Europea de Trasplante de Sangre y Médula Ósea en reconocimiento a sus aportes en el campo del trasplante de células madres hematopoyéticas (HSCT).

“Tuve la fortuna de estudiar en universidades muy reconocidas y por eso me dicen que tengo muy buen pedigrí, pero cuando me preguntan cuál es la universidad que más quiero, digo que es la UNAM“, cuenta.

“Me abrió las puertas y me cambió el universo”.

Madrigal dando una conferencia

Cortesía: Alejandro Madrigal
Madrigal ha visitado decenas de ciudades para ofrecer conferencias.

El investigador ha publicado más de 500 artículos en revistas especializadas y ha dictado cientos de conferencias en más de 50 países.

En su casa, muestra los cuadros que ha pintado y los dos libros que ha escrito: Nosotros y Días de rabia.

Libros

Mariana Castineiras/BBC Mundo

Dice que su “pelea a muerte” es contra el cáncer.

Actualmente, trabaja en un proyecto para desarrollar terapias celulares contra diferentes tipos de esa enfermedad, no solo leucemia.

Tras el retiro de Madrigal de Anthony Nolan, su directora, Henny Braund, ofreció un discurso en su honor.

Enumeró varios logros y añadió que su legado iba más allá de lo científico: “Más que cualquier cosa, su contribución al mundo de los individuos a los que se les ha dado una segunda oportunidad de vida, directamente gracias a su investigación, no se puede subestimar”.

Y concluyó: “En nombre de Anthony Nolan, la comunidad científica global, los pacientes cuyas vidas has salvado, nunca serás olvidado. Gracias”.


Ahora puedes recibir notificaciones de BBC Mundo. Descarga la nueva versión de nuestra app y actívalas para no perderte nuestro mejor contenido.

https://www.youtube.com/watch?v=Sgamt2D5CMs

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
close
¡Muchas gracias!

Estamos procesando tu membresía, por favor sé paciente, este proceso puede tomar hasta dos minutos.

No cierres esta ventana.