Los muertos que no cuentan para el Ejército
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Los muertos que no cuentan
para el Ejército

En las estadísticas no se habla de ellos, pero aquí se desglosa el número de soldados caídos en enfrentamientos, la ubicación dónde murieron, los grupos criminales que operan en esas zonas y los que han muerto por una posible venganza.
5 de diciembre, 2011
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Enfrentamiento contra miembros del crimen organizado.

Esta es la tercera entrega que hace Animal Político sobre una investigación relacionada con el número de bajas del Ejército desde que arrancó la guerra contra el narcotráfico. En el primer trabajo se informó cómo la institución castrense no había  informado de la muerte de 8 de cada 10 militares en sus comunicados, la principal herramienta de difusión adoptada para dar a conocer las bajas del crimen organizado y sus propios elementos. En el segundo reportaje se contrastaron los recursos pagados por la Sedena a las familias de soldados y civiles muertos en enfrentamientos, lo que arrojó una diferencia de 5 a 1. En este texto se desglosa el número de soldados caídos en enfrentamientos, la ubicación dónde murieron, los grupos criminales que operan en esas zonas y los que han muerto por una posible venganza del narco pero que en las estadísticas no se habla de ellos.

Francisco Sandoval (@MrTerremoto)

El asesinato del cabo de infantería Ángel Aguilar -integrante del Quinto Batallón de Fuerzas Especiales del Ejército Mexicano “no fue ni será en vano”, dijo en 2008 el comandante de la Segunda Zona Militar en Tijuana, Alfonso Duarte Mujica. A más de tres años del crimen, una solicitud de transparencia hecha por Animal Político a la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) revela que el soldado fallecido no forma parte de la lista de militares asesinados en la guerra contra el narcotráfico. Aun cuando su muerte ocurrió durante un enfrentamiento armado contra una célula criminal.

La muerte del militar ocurrió el miércoles 15 de octubre de 2008 en la colonia Los Santos, de Tijuana. Esa tarde el Ejército se topó con una célula de hombres armados, quienes en su huída se refugiaron en la casa que usaban como escondite, a media cuadra de una escuela secundaria y a menos de 200 metros  de la Cruz Roja. Militares y delincuentes accionaron sus armas y decenas de estudiantes entraron en pánico. Los vecinos de esa populosa zona fueron desalojados ante el peligro de quedar en el fuego cruzado.

En los poco más de 20 minutos de tiroteo, cuatro delincuentes murieron. También el Cabo de Infantería, de 28 años de edad, que un día después fue despedido con la promesa de “honrar su memoria”, dijo el General Duarte. Las propias investigaciones del Ejército ya arrojaban que los muertos pertenecían al grupo encabezado por el narcotraficante  Teodoro García Simental, “El Teo”.

Sobre el asesinato de Aguilar y el porqué no fue incluido en el reporte de transparencia, Animal Político solicitó información a la SEDENA, pero hasta el cierre de la edición la institución no había respondido.

I.-Militares asesinados

106 desde que Felipe Calderón le declaró la guerra al narcotráfico. Lo anterior fue informado por la SEDENA a través de una solicitud de transparencia, en la que se omite el asesinato del cabo Ángel Aguilar, pero en la que se documenta muchas de las bajas que ha tenido el Ejército en los estados con fuerte presencia de los cárteles del narcotráfico en el país.

De las 106 muertes, 24 ocurrieron durante enfrentamientos armados en Tamaulipas, donde el Centro Investigación y Seguridad Nacional (CISEN) y la PGR reportan la presencia de los Zetas y el Cártel del Golfo.

En Guerrero, donde operan cárteles como los Zetas, Sinaloa, Golfo y La Familia, se han registrado 10 asesinatos.  En Nuevo León y Chihuahua, donde predominan células criminales del Golfo, Zetas, Pacífico y Juárez, nueve y ocho militares, respectivamente, han muerto en diferentes enfrentamientos armados con estas bandas del narcotráfico.

Desertores del Ejército con entrenamiento en Estados Unidos, los Zetas son el grupo del narcotráfico que mayor presencia tiene en las entidades donde se han documentado estos asesinatos. De los 16 estados donde según la SEDENA ha habido bajas castrenses, los Zetas tienen presencia en nueve y en ellos han provocado 78 muertes de soldados.

II.-En actos de servicio

Además de los 106 militares asesinados en enfrentamientos armados, existen otros 149 que han fallecido en el presente sexenio en “actos de servicio”, según informó la dependencia en la solicitud de transparencia hecha por Animal Político.

De esas 149 bajas, 47 ocurrieron en accidentes automovilísticos, 45 en accidentes aéreos, 27 fueron homicidios y 5 accidentes por accionar sus armas de fuego. También, en menor cantidad, se reportan muertes por ahogamiento, deshidratación, atropellamiento y descargas eléctricas.


En varios de los casos, los militares realizaban labores contra el narcotráfico cuando ocurrieron los accidentes.

El 18 de junio de 2010, por ejemplo, 11 elementos de la Fuerza Aérea Mexicana murieron cuando el helicóptero en que viajaban se desplomó en el municipio sinaloense de Badiraguato.

En esa ocasión, la SEDENA informó en un comunicado de prensa que los militares sobrevolaban la zona para realizar acciones “en el marco de la Campaña Permanente Contra el Narcotráfico y la aplicación de la Ley Federal de Armas de Fuego y Explosivos”.

Debido al accidente, provocado por las malas condiciones del clima, un mayor de caballería, un capitán segundo de infantería, tres tenientes, cuatro sargentos y dos cabos perdieron la vida.

El 18 de abril de 2008, 12 militares que sobrevolaban el municipio de Uruapan, Michoacán, en busca de un plantío de mariguana, murieron cuando el helicóptero en el que viajaban se desplomó debido a una falla humana.

En aquellos hechos murieron un mayor de infantería, un teniente, un subteniente, dos sargentos, tres cabos y cuatro soldados.

III.-Los homicidios

De los 27 homicidios reportados, nueve se perpetraron en Monterrey, Nuevo León, en un lapso de siete días. El informe de transparencia de la SEDENA señala que los primeros tres asesinatos —cometidos contra soldados de infantería—, se registraron el 15 de octubre de 2008; tres días más tarde otros dos soldados murieron; el 19 de octubre un soldado y  dos cabos fueron encontrados sin vida y el 22 de octubre se reportó la muerte de un sargento segundo de infantería.

En los nueve casos, los militares fueron asesinados con arma blanca, según reportó la prensa local.

El 20 de diciembre de 2008, la institución reportó la muerte de ocho militares en el municipio de Chilpancingo, Guerrero. Las víctimas: un capitán segundo de infantería, tres sargentos, dos cabos y dos soldados.

En esa ocasión, los medios locales informaron que junto a los cuerpos decapitados de los militares -privados de su libertad cuando se encontraban de descanso-, se encontró un mensaje que señalaba: “Por cada uno que me maten yo les voy a matar a 10 militares”.

La cifra de militares muertos producto de la guerra contra el narcotráfico, podría ser mayor a la reportada por la SEDENA a través de transparencia, pues existen casos, como el del cabo Ángel Aguilar, que no fue reportado y en otros, como en Chilpancingo, que los crímenes son clasificados como homicidios aún cuando las pruebas revelan que se trata de una venganza de células del crimen organizado.

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Migrantes en Texas: 'Estamos honrando a personas cuyas familias aún no saben que han muerto'

San Antonio, una ciudad del sur de Texas cercana a la frontera con México, la migración está muy presente. Y muchos sienten como propia la tragedia de las 53 personas que murieron de calor en el remolque de un camión abandonado.
30 de junio, 2022
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“Mírenme: ¿a ustedes les parezco estadounidense? ¿Saben la de veces que me llamaron come-frijoles en el colegio? ¿Cómo vi a mi madre esclavizarse para conseguir unos papeles? Y me preguntan por qué estoy tan afectada”.

En la vigilia para recordar a los migrantes hallados sin vida el lunes en un camión abandonado en el suroeste de San Antonio, Texas, y a los que fallecieron después en hospitales de la ciudad —40 hombres y 13 mujeres, 53 en total—, Wanda Pérez Torrescano no puede ocultar su enojo.

“Es que estamos honrando a personas cuyas familias aún no saben que han muerto, que siguen esperando esa llamada que diga: ‘Mami, llegué a la frontera, estoy bien'”, dice enérgica, micrófono en mano, ante las decenas de congregados este miércoles en el céntrico parque Travis.

“Y lo sé porque yo he estado del otro lado del teléfono”.

Nacida en Ciudad de México y criada en San Antonio, no es la única que siente como propia la mayor tragedia migratoria que se recuerde en suelo estadounidense.

En un acto solemne similar, el día anterior, la hondureña Jessica recordó cómo ella misma estuvo en su día en la piel de los migrantes que ahora dejaron sin agua ni aire acondicionado en un remolque con una temperatura exterior de 40 grados.

“Yo vine aquí a los 14 años, también en un tráiler (18 wheeler) y perdí el conocimiento por el calor”, dijo con emoción durante la vigilia. Preguntada después si quería contar su historia a BBC Mundo, contestó: “Me sigue desencadenando muchas emociones. Aún tengo mucho que procesar y no me siento preparada para dar detalles”.

Mujer sostiene cartel durante vigilia.

Getty Images

Mientras eso ocurría en el casco histórico de San Antonio, otros honraban a los muertos en el mismo lugar en el que fue hallado el camión: un polvoriento camino entre un almacén de madera y la vía del tren, en un paisaje salpicado de ventas de autopartes.

Las primeras dos cruces —bien coloridas— las colocaron allí el martes Angelita Olvera, hija de un potosino, y Debra Ponce, quien advierte que “hay que tener un ojo en Texas, porque se van a cambiar los derechos civiles tal como los conocemos”.

Desde entonces, aquella esquina desangelada se ha llenado de flores y velas, como las depositadas por la hondureña Gabriela y sus dos hijas, y de carteles llamando al respeto y a la solidaridad. El artista Roberto Márquez, quien él mismo cruzó desde Tijuana a EE.UU. hace ya 40 años, pinta un mural que se da cierto aire al Guernica de Picasso.

Y es que la migración está muy presente en esta ciudad situada a apenas 250 kilómetros al norte de la frontera con México.

Señalización en la calle que en la que se encontró el camión.

Getty Images
Señalización en la calle que en la que se encontró el camión.

Ciudad clave en el tránsito migratorio

Expertos y organizaciones que BBC Mundo consultó para este artículo y funcionarios que pidieron no publicar su nombre describen a la urbe de 2,5 millones de habitantes como un “centro de tránsito”, un lugar estratégico en el que confluyen varias rutas migrantes, rodeado de autopistas que cruzan el país de norte a sur y de este a oeste.

Edward Reyna, un empleado de seguridad de la empresa maderera situada a escasos metros de donde fue dejado el camión, ya perdió la cuenta de las veces que ha visto a mexicanos y centroamericanos, entre gente de otras nacionalidades, saltar del tren que pasa por ahí mismo.

“Ya sabía que tarde o temprano alguien saldría lastimado”, le dijo a la BBC. “A los carteles que los traen no les importan nada”.

Los que él se encuentra durante sus guardias son los que no han sido interceptados por las autoridades migratorias.

En mayo la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP, por sus siglas en inglés) registró casi 240.000 “encuentros”, un tercio más que el mismo mes el año anterior.

Eso a pesar de que el gobernador de Texas, el republicano Greg Abbott, lanzara en marzo de 2021 la Operación Lone Star y ese mayo emitiera una “declaración de desastre” que le permite desplegar la Guardia Nacional en la frontera y ahora cubre 53 condados. Todo ello para tratar de frenar el aumento de los cruces fronterizos, que él atribuye a las políticas migratorias del presidente Joe Biden.

La policía investiga un camión en el que fueron hallados 46 personas muertas.

Getty Images
San Antonio queda aproxidamente a 250 km de la frontera con México.

Pero los migrantes siguen llegando y transitando por el estado, algunos ocultos en camiones, un modus operandi muy específico —aunque no exclusivo— de esta zona fronteriza, le dice a BBC Mundo Guadalupe Correa-Cabrera.

Profesora de la Universidad George Mason de Faixfax, Correra-Cabrera lleva años estudiando las rutas migratorias, incluida la que transita desde Nuevo Laredo, en México, hasta Laredo, en EE.UU., a través de la aduana terrestre para mercancías más importante del hemisferio.

Eso mismo hace que sea imposible revisar toda la carga que cruza a diario por ese puente, explica la experta. “No hay cifras oficiales, pero se calcula que es menos del 5% lo que se llega a verificar”.

Aunque aclara que el tráfico de migrantes en tráilers no necesariamente arranca en México. En base a testimonios recopilados por ella misma, cuenta que en algunos casos los traficantes los recogen en camiones ya del lado texano.

Es lo que los investigadores del Departamento de Seguridad Nacional que lideran las indagatorias creen que ocurrió en el caso del camión abandonado el lunes, según le dijo a la agencia AP el congresista Henry Cuellar.

Niña deja flores en el lugar en el que se encontró el camión.

Getty Images

Los que se van, los que quedan

Vengan por la vía que vengan, por el medio de transporte que sea, gran parte de los migrantes que llegan a San Antonio suelen estar de paso, le confirman a BBC Mundo las autoridades migratorias. Suelen hacer noche en un espacio facilitado por distintas organizaciones que los apoyan o en el aeropuerto o la estación de autobuses.

Aunque hay quienes se quedan, como Lemi, un cubano que llegó hace cuatro años y trabaja de taxista en la ciudad. Su plan es, en algún momento del año que viene, irse con su mujer y su hijo de 11 meses a Florida.

O su compatriota Jose, quien tras pasar penurias en la selva del Darién, en Ecuador y otros países por los que transitó, cruzó a EE.UU. y se entregó a Migración el 25 de mayo, al día siguiente del tiroteo que dejó 21 muertos en una escuela primaria de Uvalde —una localidad a poco más de hora y media por carretera de la frontera—.

Nada más ser liberado se subió a un bus de la empresa Greyhound —en el que me contó su historia— dirección a la estación de San Antonio.

También se quedó en la ciudad, al menos de momento, Carlos, un emigrante venezolano de 34 años que, tras atravesar varios países, cuando llegó a la frontera sur de México decidió que la mejor manera de dirigirse al norte era en moto.

“En Monclova (en el estado norteño de Coahuila, que limita con EE.UU.) tuve un accidente, me operaron y ahora llevo una placa aquí”, dice señalando el muslo izquierdo.

Mientras recupera fuerzas en la pierna para poder trabajar, aguarda en la Posada Guadalupe, que gestiona el padre Phil Ley.

Originario de Indiana, instaló el primer albergue para migrantes en San Antonio hace 16 años. “Empecé a recibir a personas enviadas de hospitales, porque estaban lesionadas o eran diabéticas y necesitaban diálisis. Hasta que un abogado (especializado en migración) me pidió permiso para albergar a un cliente que acababa de cumplir los 18 años y ya no podía estar en el Centro de Detención para menores del ICE”, recuerda para BBC Mundo.

“Así se corrió la voz entre otros abogados”, dice, y el suyo terminó siendo una casa de acogida especialmente para migrantes jóvenes. Este miércoles tenía a 21. “Mañana llega otro, y el sábado uno más”, cuenta.

Preguntado por lo ocurrido con el camión abandonado con los migrantes dentro, dice que es una desgracia que lo “entristece y enfurece al mismo tiempo”.

Son los mismos sentimientos que compartía Wanda Pérez con los asistentes a la vigilia este miércoles, los que sienten la tragedia como propia, los que expresaron todos aquellos que hablaron con BBC Mundo para este reportaje y describieron el suceso como un “asesinato en masa”.

“Tragedias como esta visibilizan el problema, mientras nos hacen pensar en cuán sofisticadas son estas redes, cuánta gente y dinero mueven, y qué poco sabemos de ellas”, cierra la investigadora Correra-Cabrera.


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