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Aquí nadie se queda sin hueso

Muchos son los políticos en México que aspiran a un puesto de elección popular y, cuando no son electos, tienen que buscar otra chamba. Aquí algunos casos.
Por Hugo Maguey
14 de febrero, 2012
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Muchos son los políticos en México que aspiran a un puesto de elección popular y, cuando no son electos, tienen que buscarse otra chamba. Hay otros tantos que, aunque pierdan, sus partidos siempre terminan por abrirles un espacio

No importan tanto las capacidades o el perfil para el cargo, sino el no quedarse sin trabajo en el siguiente trienio o sexenio.

Los años electorales, como este 2012, nos dan una muy buena idea de lo que estamos hablando, pues muchos de los precandidatos que en su momento lanzaban críticas a sus adversarios, y casi como en telenovela, se odiaban a muerte, luego de no ser los elegidos, se unen a su adversario como parte de su equipo de trabajo,o bien, reciben “premios de consolación”.

Algunos de los políticos que ahora buscan otro cargo.

En un ejercicio de memoria, recordamos algunos casos recientes de políticos que no triunfaron en la búsqueda de una candidatura o un puesto de elección, pero seguro los veremos en otro puesto durante los siguientes tres o seis años.

En marzo de 2011, la pelea entre los priistas del Estado de México para ver quién se quedaría con la candidatura a la gubernatura de la entidad, estaba en su punto más crítico. El diputado Luis Videgaray sonaba como posible sucesor de Enrique Peña Nieto, mientras que el alcalde de Huixquilucan, Alfredo del Mazo era el otro que se veía fuerte.

Al final, el ganón fue el actual gobernador Eruviel Ávila, pero Luis Videgaray no se quedó sin puesto; ahora es el coordinador de campaña de Enrique Peña Nieto. Del Mazo aún es alcalde de Huixquilucan.

En la lucha por la candidatura de izquierda a la Jefatura de Gobierno del Distrito Federal había varios contendientes. Mario Delgado, Alejandra Barrales, Martí Batres, Carlos Navarrete, Joel Ortega y Gerardo Fernández Noroña. El  electo fue el ahora ex procurador de justicia del DF Miguel Ángel Mancera, pero ninguno de los citados se quedó con las manos vacías

Martí Batres es ahora precandidato a jefe delegacional de Iztapalapa.

Alejandra Barrales es candidata a senadora perredista.

Mario Delgado busca ser senador por el PRD.

Joel Ortega, Fernández Noroña y Carlos Navarrete ahora son parte del equipo de Mancera. Si el ex procurador llega al GDF, quizá los veamos en un puesto dentro de su gobierno.

Pero no sólo en el PRI y el PRD se cuecen habas. Ahí les van algunas joyas del PAN:

Luis Felipe Bravo Mena, ex presidente nacional del PAN, ex embajador de México ante el Vaticano y ex secretario particular del Presidente, compitió sin mucho éxito por la gubernatura al Estado de México. Ahora busca ser senador del PAN.

María Luisa Calderón, hermana del Presidente,  dijo que no buscaría otro puesto de elección popular si perdía la gubernatura de Michoacán; ahora también busca un escaño por su estado natal.

Javier Lozano, uno de los nombres que en su momento se manejó como presidenciable, se retiró de la contienda panista  de 2011, y ahora es candidato a senador del PAN por Puebla, de donde es originario.

¿A alguien le suena el nombre de Adriana Dávila?

Esta panista buscaba ser gobernadora de Tlaxcala y luego de no ganar la elección, busca ser senadora por el PAN.

Mariana Gómez del Campo, quien buscaba la candidatura del PAN al gobierno capitalino, ahora busca un lugarcito en el senado.

En la misma situación están José Luis Luege Tamargo, titular de Conagua, y Gabriela Cuevas.

Beatriz Zavala quizá es un garbanzo de a libra. Diputada Federal de 1997 a 2000, diputada local de 2000 a 2003, de vuelta a la curul federal de 2003 a 2006, senadora por Yucatán, pidió licencia para ser titular de Sedesol del 1 de diciembre de 2006 (no pasó ni un día en el senado) al 13 de enero de 2008, y el 1 de febrero de 2008 reasumió como senadora.

En 2009, Zavala quiso ser alcalde de Mérida, pero no logró la candidatura de su partido y mejor se regresó al senado.


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Por qué las fechas de vencimiento de la comida no tienen mucho de ciencia (y pueden ser culpables del desperdicio)

Un sistema de datación de productos más basado en la investigación podría facilitar que las personas diferencien los alimentos que pueden comer de manera segura de aquellos que podrían ser peligrosos.
23 de julio, 2022
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Un brote de listeria en Florida, Estados Unidos, provocó desde enero hasta ahora al menos una muerte, 22 hospitalizaciones y el retiro de una partida de helados.

Los humanos se enferman con infecciones de listeria, o listeriosis, por comer alimentos contaminados con tierra, carne poco cocida o productos lácteos crudos o sin pasteurizar.

La listeria puede causar convulsiones, coma, aborto espontáneo y defectos de nacimiento. Y es la tercera causa principal de muertes por intoxicación alimentaria en EE.UU.

Evitar los peligros ocultos de los alimentos es la razón por la que las personas suelen comprobar las fechas en los envases de los alimentos.

Impreso con el mes y el año, se presenta a menudo de una vertiginosa variedad de frases: “mejor antes de”, “usar antes de”, “usar preferentemente antes de”, “garantizado fresco hasta”, “congelar antes de” e incluso una etiqueta de “nacida en” utilizada en algunas cervezas.

Moho en la mermelada del desayuno.

Getty Images

La gente piensa en ellas como fechas de vencimiento, o la fecha en la que un alimento debe ir a la basura.

Pero las fechas tienen poco que ver con la caducidad de los alimentos o cuándo se vuelven menos seguros para comer.

Soy microbióloga e investigadora en salud pública y he utilizado la epidemiología molecular para estudiar la propagación de bacterias en los alimentos.

Un sistema de datación de productos más basado en la ciencia podría facilitar que las personas diferencien los alimentos que pueden comer de manera segura de aquellos que podrían ser peligrosos.

Confusión costosa

El Departamento de Agricultura de EE.UU. (USDA, por su sigla en inglés) informa que en 2020 el hogar estadounidense promedio gastó el 12% de sus ingresos en alimentos.

Pero mucha comida simplemente se tira, a pesar de que es perfectamente segura para comer.

El Centro de Investigación Económica del USDA informa que casi el 31% de todos los alimentos disponibles nunca se consumen.

Los precios históricamente altos de los alimentos hacen que el problema del desperdicio parezca aún más alarmante.

Producto lácteo con fecha de vencimiento.

Getty Images

El actual sistema de etiquetado de alimentos puede ser el culpable de gran parte del desperdicio.

La FDA informa que la confusión de los consumidores sobre las etiquetas de fecha de los productos probablemente sea responsable de alrededor del 20% de los alimentos que se desperdician en el hogar, con un costo estimado de US$161.000 millones por año.

Es lógico creer que las etiquetas de fecha están ahí por razones de seguridad, ya que el gobierno hace cumplir las reglas para incluir información sobre nutrición e ingredientes en las etiquetas de los alimentos.

Aprobada en 1938 y continuamente modificada desde entonces, la ley de Alimentos, Medicamentos y Cosméticos exige que las etiquetas informen a los consumidores sobre la nutrición y los ingredientes de los alimentos envasados, incluida la cantidad de sal, azúcar y grasa que contienen.

Sin embargo, las fechas en esos paquetes de alimentos no están reguladas por la Administración de Drogas y Alimentos (FDA, por su sigla en inglés). Más bien, provienen de los productores de alimentos.

Y es posible que no se basen en la ciencia de la seguridad alimentaria.

Un hombre revisa la etiqueta de un producto en el supermercado.

Getty Images

Por ejemplo, un productor de alimentos puede encuestar a los consumidores en un focus group para elegir una fecha de caducidad que sea seis meses después de que se elaboró porque al 60% del grupo ya no le gustó el sabor.

Los fabricantes más pequeños de un alimento similar podrían imitar y poner la misma fecha en su producto.

Más interpretaciones

Un grupo de la industria, el Food Marketing Institute y la Grocery Manufacturers Association, sugieren que sus miembros marquen los alimentos como “mejor usar antes de” para indicar cuánto tiempo es seguro comerlos y “usar antes de” para indicar cuándo los alimentos se vuelven inseguros.

Pero el uso de estas leyendas más matizadas es voluntario. Y aunque la recomendación está motivada por el deseo de reducir el desperdicio de alimentos, aún no está claro si este cambio recomendado ha tenido algún impacto.

Lata de comida con fecha de vencimiento.

Getty Images

Un estudio conjunto de la Harvard Food Law and Policy Clinic y el National Resources Defense Council recomienda la eliminación de las fechas dirigidas a los consumidores, citando posibles confusiones y desperdicios.

En cambio, la investigación sugiere que los fabricantes y distribuidores utilicen fechas de “producción” o “empaque”, junto con fechas de “caducidad” dirigidas a los supermercados y otros minoristas.

Las fechas indicarían a los minoristas la cantidad de tiempo que un producto permanecerá en alta calidad.

La FDA considera que algunos productos son “alimentos potencialmente peligrosos” si tienen características que permiten que los microbios prosperen, como la humedad y una gran cantidad de nutrientes que los alimentan.

Estos comestibles incluyen pollo, leche y tomates en rodajas, todos los cuales se han relacionado con brotes graves de enfermedades transmitidas por los alimentos.

Pero actualmente no hay diferencia entre el etiquetado de fecha que se usa en ellos y el de alimentos más estables.

Fórmula científica

La leche de fórmula es el único producto alimenticio con una fecha de caducidad que está regulada por el gobierno en EE.UU. y determinada científicamente.

Se somete a pruebas de laboratorio de forma rutinaria para detectar contaminación. Pero la fórmula también se somete a pruebas de nutrición para determinar cuánto tardan los nutrientes, en particular las proteínas, en descomponerse.

Para prevenir la desnutrición en los bebés, la fecha de caducidad de la leche de fórmula indica cuándo ya no es nutritiva.

Los nutrientes en los alimentos son relativamente fáciles de medir y la FDA lo hace regularmente.

La agencia emite advertencias a los productores de alimentos cuando los contenidos de nutrientes que figuran en sus etiquetas no coinciden con lo que encuentra el laboratorio de la FDA.

Una mujer mira un producto que saca del refrigerador.

Getty Images

Los estudios microbianos, como en los que trabajamos los investigadores de seguridad alimentaria, también son un enfoque científico para el etiquetado significativo de la fecha en los alimentos.

En nuestro laboratorio, un estudio microbiano podría implicar dejar un alimento perecedero para que se eche a perder y medir la cantidad de bacterias que crecen en él con el tiempo.

Los científicos también realizan otro tipo de estudio microbiano observando cuánto tardan los microbios como la listeria en crecer hasta niveles peligrosos después de agregar intencionalmente los microbios a los alimentos para observar lo que hacen.

Se observan detalles tales como el crecimiento de la cantidad de bacterias con el tiempo y cuándo hay suficientes como para causar una enfermedad.

Consumidores por su cuenta

Determinar la vida útil de los alimentos con datos científicos sobre su nutrición y seguridad podría reducir drásticamente el desperdicio y ahorrar dinero a medida que los alimentos se vuelven más caros.

Pero en ausencia de un sistema uniforme de fechado de alimentos, los consumidores pueden confiar en sus ojos y narices, decidiendo descartar el pan peludo, el queso verde o la bolsa de ensalada con mal olor.

Las personas también podrían prestar mucha atención a las fechas de los alimentos más perecederos, como los fiambres, en los que los microbios crecen fácilmente.

*Jill Roberts es profesora asociada de salud global en la University of South Florida.

*Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation y está reproducido bajo la licencia de Creative Commons. Haga clic aquí para leer el artículo original.


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