La transición presidencial en México cuesta el doble que en EU
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La transición presidencial en México cuesta el doble que en EU

En Gran Bretaña, Alemania y Chile no hay partidas para los equipos de transición, en México los recursos son discrecionales y se gastan 6.3 millones de dólares más que en Estados Unidos.
Por Francisco Sandoval Alarcón
9 de febrero, 2012
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Vicente Fox y Felipe Calderón en la transición de 2006.//FOTO: Cuartoscuro

Cualquiera de los tres candidatos que gane la Presidencia de la República el próximo 1 de julio, tendrá una bolsa de 11.5 millones de dólares (150 millones de pesos) que podrá usar en 86 días para poner en marcha el periodo de  transición hacia un nuevo gobierno.

La cifra representa medio millón de dólares menos de lo que costó la transición presidencial en Estados Unidos (EU) durante el 2008. La diferencia, sin embargo, es que el equipo de Barack Obama recibió 5.2 millones por parte del gobierno y los 6.8 millones restantes provinieron de  fuentes privadas.

La Cámara de Diputados aprobó estos recursos en el Presupuesto de Egresos de la Federación 2012, a solicitud del presidente Felipe Calderón Hinojosa, quien en el 2006 recibió la misma cantidad de dinero para encabezar la transición presidencial en su gobierno.

Lo anterior representa que mientras en EU -con un periodo de transición de 76 días- un día de transición le cuesta a los ciudadanos 68 mil 421 dólares (889 mil pesos), en México –con un periodo de transición de 86 días- un día vale 133 mil 720 dólares (un millón 738 mil pesos). Es decir el doble de lo que le cuesta a Estados Unidos.

El decreto aprobado por los diputados mexicanos por unanimidad señala que  esos 11.5 millones de dólares serán destinados  “efecto de llevar a cabo la elaboración y presentación de los proyectos de la Ley de Ingresos y Presupuesto de Egresos; programas gubernamentales; seguridad pública y nacional; trabajos de enlace con la administración saliente; difusión y actividades preparatorias que permitan crear las condiciones propicias para el inicio” del cargo. Aún cuando el documento no especifica cuál será el órgano encargado de fiscalizar y administrar los recursos que se entregarán al equipo de transición; los diputados aprobaron el decreto regidos en los términos que marca la Ley Federal de Presupuesto y Responsabilidad Hacendaria, que obliga a funcionarios y dependencias de gobierno a rendir cuentas, transparentar gastos y ser austeros con los recursos.

La transición en México cuesta 150 millones de pesos.//FOTO: Cuartoscuro

En el decreto, además, no se muestran los criterios utilizados por los legisladores para entregar estos 11.5 millones de dólares. Contrario a lo que ocurre en EU, donde existe una Ley de Eficiencia de Transiciones Presidenciales, en el que se establece que los fondos sólo pueden aumentar si sube la inflación, en México fijar el monto de los recursos es una  facultad discrecional de los presidentes.

En el libro La Corrupción Azul  se documenta cómo en Europa y Latinoamérica no hay un país que tenga un periodo de transición tan largo y costoso como en México. En Gran Bretaña, una de las potencias económicas del mundo, el paso de un gobierno a otro es de unas horas y el costo es mínimo. El nuevo primer ministro se traslada al Palacio de Buckingham donde recibe el cargo de manos de la reina Isabel II.

En Alemania, la canciller Angela Merker fue electa el 18 de septiembre de 2005 y asumió el cargo dos meses más tarde. En ese país, no existe dinero público para transiciones presidenciales.

En Chile, Michelle Bachelet ganó la presidencia en enero de 2005 y rindió protesta en marzo siguiente. Ella armó su gabinete y trabajó los proyectos gubernamentales desde su casa de descanso en el Lago Caborja. No hubo una partida presupuestal para ella. En México sin embargo, es más del doble lo que se gasta en EU, cuya población es tres veces mayor a la de su vecino sureño.

El equipo encabezado por Felipe Calderón en el año 2006  regresó a la Tesorería de la Federación 27 millones 393 mil pesos,  pero si en México se hubiera considerado agotar  por completo la  bolsa de dinero para la transición, nada se los hubiera impedido.

La discrecionalidad en el manejo de los fondos para la transición presidencial mexicana motivó que la Auditoría Superior de la Federación (ASF) exigiera a la secretaría de Hacienda imponer sanciones y regresar 23 millones 183 mil pesos, presuntamente gastados en forma ilegal en nueve contratos por parte del equipo de transición de Felipe Calderón.

En este paquete, la ASF incluyó los 12 millones  228 mil 49 pesos pagados  ocho empresas para mejorar su imagen personal, la de su familia y la institucional.

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Qué es la distimia, uno de los tipos de depresión más difíciles de diagnosticar

Puede comenzar en la niñez o en la adolescencia, antes de los 21 años.
7 de septiembre, 2022
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Ana Bacovis sintió los primeros síntomas de distimia —trastorno depresivo persistente—, en su preadolescencia. A los 13 años sufría de baja autoestima, tenía problemas con sus relaciones sociales y empezó a tener una visión oscura de la vida.

“Me veía como una persona muy realista, pero en realidad era pesimista. La gente acaba cayendo en una situación en la que se siente eso como normal”, dice esta comunicadora y servidora pública.

Sus padres tardaron un tiempo en darse cuenta de que el comportamiento de su hija era inusual. Los picos de ira e irritabilidad que tuvo fueron los indicios para que Ana buscara ayuda.

“Tenemos una visión distorsionada de la depresión. Yo tenía momentos de alegría, picos muy altos de euforia. Luego eso se acababa y venía la tristeza”, recuerda.

Incluso ya con los síntomas iniciales del trastorno, solo obtuvo un diagnóstico cuando ya tenía signos de depresión más avanzados. Al recibir atención médica, la joven se enteró de que sufría distimia y que presentaba un grado moderado de ansiedad.

Selfie de Ana Bacovis, una joven con el pelo azul.

Archivo personal
Ana Bacovis empezó a tener los primeros síntomas de distimia cuando era adolescente.

Al igual que Ana, es muy común que muchos pacientes reciban el diagnóstico de este tipo de depresión después de estar durante décadas viviendo con los síntomas. A menudo, los signos más evidentes se confunden con la personalidad, el “modo de ser” del individuo. Y esto puede hacer que haya un infradiagnóstico.

“La historia más común que hay es la de alguien que tiene algún tipo de depresión leve o distimia, pero solo cuando los síntomas de la depresión se vuelven más severos el paciente busca ayuda y descubre que padece el trastorno”, destaca Marcelo Heyde, médico psiquitatra y profesor de la Facultad de Medicina de la Universidad Pontificia Católica de Paraná (PUCPR).

Qué es la distimia

El trastorno depresivo persistente es una forma crónica de depresión y puede comenzar en la niñez o en la adolescencia, antes de los 21 años. La distimia afecta aproximadamente al 6 % de la población mundial, según la Organización Mundial de la Salud (OMS).

La principal diferencia entre la distimia y el tipo clásico de depresión es que, en el que nos ocupa, la persona puede ser funcional y realizar sus actividades con normalidad. Sin embargo, trabajar, estudiar y otras acciones cotidianas son un poco más difíciles de hacer.

“Se pueden hacer las actividades pero con un costo mayor en la rutina y una productividad reducida debido a los síntomas. La persona es funcional, pero a costa de un mayor esfuerzo”, explica Márcia Haag, psiquiatra y profesora de la Universidad Positivo de Curitiba.

Según los expertos consultados por la BBC, aún no hay consenso sobre las causas de la distimia. Por lo general, el trastorno puede ser multifactorial y estar generado por factores estresantes durante la infancia, una presdisposición genética y biológica, un traumatismo o cuestiones sociales.

Un niño con la cabeza apoyada sobre su escritorio.

Getty Images
Esta forma crónica de depresión puede aparecer en la adolescencia.

“Es posible notar que en la fase adulta el paciente llegua a consulta y tiene llanto fácil, pero cuando se profundiza e investiga, se descubre que era un niño silencioso y con dificultades para relacionarse“, señala Bianca Breda, psicóloga y especialista en terapias cognitivas del Hospital de Clínicas de la Facultad de Medicina de la Universidad de São Paulo (FMUSP).

En el caso de Ana, descubrió que padecía esta enfermedad gracias a su trabajo en un centro de apoyo a niños y adolescentes víctimas de abuso sexual. Al tener atención psicológica en el lugar, la joven pudo entender lo que estaba pasando.

Cómo identificar la distimia y distinguirla de la depresión clásica

A diferencia de otros episodios de depresión, que son más fáciles de reconocer, la distimia tiene características propias “camufladas”.

Además de tener una duración mayor, los signos más comunes pueden manifestarse a través de cansancio, fatiga, baja autoestima, indecisión y pesimismo exagerado.

En la depresión común, la más conocida, la persona tiende a mostrar síntomas exacerbados de tristeza, desánimo, desinterés por las cosas, pérdida de apetito y otros signos que pueden ser percibidos por el entorno y por el propio paciente.

“En la depresión hay una mayor intensidad, el sufrimiento de una persona con depresión suele ser mayor y la clasificamos en leve, moderada y severa. Suele estar ligada a algún evento”, dice Breda.

No es la personalidad

La distimia se considera uno de los tipos de depresión más difíciles de diagnosticar y en muchos casos se confunde como algo “de la personalidad”·

Mujer mira al horizonte a través de una ventana.

Getty Images
La distimia se considera uno de los tipos de depresión más difíciles de diagnosticar y afecta aproximadamente al 6 % de la población mundial.

Debido a este error común, el diagnóstico suele ser tardío y perjudica a los pacientes en la búsqueda del tratamiento correcto, algo que puede tardar décadas.

Es fundamental, según los expertos, dejar de decir que cierta persona es aburrida, que es así y ha sido así toda su vida y que, por tanto, no cambiará más.

“La distimia viene de modo lento y sigiloso. Sin embargo, con los años, a pesar de ser leve, el impacto funcional es grande, ya que la persona se va ganando apodos y etiquetas de gruñón y malhumorado. Esto, que es culturalmente aceptado, va retrasando el diagnóstico y también refuerza el neuroticismo, un rasgo de la personalidad que hace que se vean las cosas de un modo negativo“, explica Heyde.

En el caso de Ana, tenía dificultades para relacionarse en la escuela pero no sabía por qué. “Siempre he tenido una inseguridad mucho mayor, sobre todo en el amor. Me bloqueaba mucho”, dice.

Ella creía que todos esos sentimientos eran parte de su actitud y que, con el tiempo, podría pasar. Pero eso no pasó y los cambios de humor se sucedieron con frecuencia.

Selfie de Ana Bacovis

Archivo personal
Desde que volvió a recibir asesoramiento psicológico, Ana ha notado una mejora significativa

“Quien tiene distimia tiene una relación muy conflictiva consigo mismo. En algún momento te acabas enfadando”, dice Ana.

Cómo buscar ayuda y tratar el trastorno

Es fundamental que el paciente busque ayuda temprana para evitar el infradiagnóstico. Muchas veces, cuando hay una queja específica sobre otra enfermedad no se busca apoyo psiquiátrico y, en general, se recibe el diagnóstico de esa otra dolencia y la distimina pasa desapercibida.

“La depresión en sí tiene hasta un 50 % de casos que no son diagnosticados por los médicos de atención primaria. Imagina lo que pasa con la distimia, donde una persona puede quejarse de sentir cansancio, fatiga y baja autoestima. Es bastante común asociarla con otras enfermedades psiquiátricas, trastorno de ansiedad y uso de sustancias“, dice Haag.

El diagnóstico tardío, refuerza el médico, también puede interferir en la aparición de otras enfermedades o empeorar cada una de ellas.

“La distimia y la depresión afectan al organismo de forma sistémica y puede hacer que empeoren algunos cuadros clínicos como la diabetes, hipertensión y enfermedades reumatológicas, haciendo que el paciente necesite mayores dosis de fármacos o una combinación superior de medicamentos para estabilizar ese cuadro”, dice.

Como todavía hay bastante tabú en relación a los temas de salud mental, identificar el trastorno puede ser aún más complicado. Lo recomendable es buscar atención con psicólogos y psiquiatras, quienes evaluarán el caso y podrán determinar la línea terapeútica correcta, la cual puede hacerse con medicación o solo psicoterapia.

En el momento en que Ana descubrió la distimia, continuó con psicoterapia y terapias “alternativas” ya que, debido a su edad, su psicóloga prefería no recetarle medicamentos.

Durante algunos años, esta servidora pública interrumpió las sesiones de terapia, pero desde el inicio de la pandemia, en 2020, ha regresado. Desde entonces ha notado una mejoría significativa.

Los especialistas refuerzan la importancia de no interrumpir el tratamiento sin la autorización de un profesional de la salud y que se debe observar continuamente la evolución del trastorno.

El seguimiento médico puede durar meses o años, pero es fundamental para mejorar los síntomas y la calidad de vida del paciente.


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