Religiosos crean en Nueva York comisión para proteger a migrantes de deportaciones
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Religiosos crean en Nueva York comisión para proteger a migrantes de deportaciones

8 de mayo, 2012
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Agente del ICE. Foto: NatGeo.

Más de una decena de líderes religiosos formarán parte de una comisión en Nueva York que defenderá los intereses de extranjeros en peligro de deportación ahora que las cortes de inmigración de la ciudad cierran temporalmente para revisar casos de expulsión.

Reverendos y pastores católicos, musulmanes y judíos, entre otros, anunciaron el lunes la creación de la Comisión de Defensa de Familias para proteger a inmigrantes indocumentados para residir en Estados Unidos que cumplen con los nuevos criterios del gobierno para evitar la deportación.

“Queremos aumentar la conciencia de que el programa de ICE (Agencia de Inmigración y Control de Aduanas) no está siendo justo”, dijo el reverendo dominicano Ramón Almonte, miembro de la Comisión, a Associated Press. “La cifra de casos de deportaciones que han sido canceladas es muy baja comparada con el número de solicitantes que califican para pedir el perdón que Obama anunció se tomaría en consideración”.

El anuncio se dio el mismo día en que las cortes de inmigración de la ciudad cierran sus puertas durante dos semanas para revisar sus casos de deportación. Se espera que vuelvan a abrir el 21 de mayo, anunció la Oficina Ejecutiva de Revisión Migratoria del Departamento de Justicia.

El gobierno del presidente Barack Obama anunció en 2011 que revisaría los aproximadamente 300.000 casos pendientes en el país y que se aplicarían nuevos criterios a la hora de considerar la deportación de inmigrantes sin papeles. Entre otras cosas, se tendría en cuenta si el potencial deportado no cuenta con un historial criminal violento, si tiene parientes que son ciudadanos estadounidenses o lazos que le atan a la comunidad en la que vive.

Sin embargo, activistas y organizaciones de defensa de los inmigrantes aseguran que ICE tan sólo ha identificado un 7,5% de los casos de deportación a nivel nacional como elegibles para ser considerados bajo las nuevas medidas discrecionales. ICE confirmó la cifra y aseguró que eso traduce en 16.544 casos del total de 219.554 que han sido revisados hasta la fecha.

En la ciudad de Nueva York, de los 20 mil casos que han sido revisados sólo 207 han sido cerrados o resultado en la paralización del proceso de deportación, dijeron los activistas.

La ecuatoriana Rosalía Borja, de 24 años, dijo el lunes que espera con impaciencia una resolución al caso de su esposo Gustavo Quiroz, sobre el que pende una orden de deportación. Borja es ciudadana estadounidense y tiene tres hijos con Quiroz, nacidos en Estados Unidos.

“El único delito que ha cometido él es no tener papeles”, dijo la inmigrante a la AP.

Quiroz, un hondureño que llegó al país en el 2002 de forma ilegal, vive con un brazalete en el tobillo y lucha para frenar su expulsión con la ayuda de una organización llamada Se Hace Camino Nueva York.

Luis Martínez, portavoz de ICE en Nueva York, dijo el lunes que los cambios en políticas de deportación de la agencia ya han dado resultados: en el año fiscal 2011 ICE deportó a 216.698 inmigrantes que habían cometido delitos serios, lo que supone un aumento del 89% respecto a expulsiones de delincuentes en el año fiscal 2008.

“En general, más del 90 por ciento de todas las expulsiones del año fiscal 2011 encajaron en una de las categorías consideradas como prioritarias”, dijo el vocero.

Estados como Illinois, California, Carolina del Norte, Maryland y Arizona han creado ya una Comisión de Defensa de Familias. Almonte dijo que la junta en Nueva York espera unirse al resto de comisiones a nivel nacional para solicitar una reunión con ICE y con la directora del Departamento de Seguridad Interior, Janet Napolitano.

Varias organizaciones de defensa de los inmigrantes organizaron ruedas de prensa en varios puntos del país el lunes para pedir al gobierno que deje de deportar a inmigrantes sin historiales criminales y con hijos en Estados Unidos.

AP*

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Qué son los anticuerpos monoclonales y por qué podrían ser una alternativa contra el COVID

En paralelo a la búsqueda de una vacuna, investigadores analizan la posibilidad de utilizar anticuerpos monoclonales tanto para evitar la infección de SARS-CoV-2 como para combatirla.
27 de agosto, 2020
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A la par que avanza la carrera por encontrar una vacuna contra la covid-19, equipos de investigación y farmacéuticas en todo el mundo continúan buscando desesperadamente alternativas para lidiar con la enfermedad provocada por el coronavirus.

Y uno de los hallazgos que se perfila como prometedor es la terapia de anticuerpos monoclonales (mAbs), un tipo de fármaco que puede utilizarse tanto para prevenir la infección como para tratarla una vez que la enfermedad se ha desarrollado.

¿Qué son los anticuerpos monoclonales?

Cuando nuestro cuerpo detecta la presencia de un antígeno, en este caso el SARS-CoV-2, el sistema inmunitario produce anticuerpos, unas proteínas destinadas a neutralizar a ese antígeno en particular, con el objetivo de evitar que penetre en nuestras células, secuestre su mecanismo y se reproduzca.

Los anticuerpos monoclonales son copias sintéticas creadas en el laboratorio a partir de un clon de un anticuerpo específico, hallado en la sangre de una persona que se ha recuperado de la covid-19.

Es decir, los mAbs imitan a los anticuerpos que nuestro cuerpo produce de forma natural.

Viaje en transporte público durante la pandemia.

Getty Images
En tanto no se encuentre una cura o una vacuna, muchas medidas de seguridad como la distancia social y el uso de mascarillas seguirán vigentes en la mayor parte del mundo.

“A diferencia de una vacuna, que introduce una proteína o material genético en nuestro organismo para estimular al sistema inmune (para que genere anticuerpos), estos son anticuerpos que se le suministran al cuerpo para brindarle protección”, le explica a BBC Mundo Jens Lundgren, médico especializado en enfermedades infecciosas de la Universidad de Copenhague y del hospital Rigshospitalet, en Dinamarca.

“Es lo que llamamos inmunidad pasiva”, añade el investigador, quien lidera uno de los ensayos sobre anticuerpos monoclonales de la farmacéutica Eli Lilly.

Terapias exitosas

Desarrollados por primera vez como terapia en los años 70, se utilizan en la actualidad para tratar exitosamente una serie de enfermedades que abarcan desde el sida hasta numerosos tipos de cáncer.

Dese el inicio de la pandemia, son muchos los laboratorios -AstraZeneca, Regeneron, VirBiotechnology, Eli Lilly y Adimab, entre otros- que se han abocado a investigar anticuerpos monoclonales que resulten efectivos contra el coronavirus, y han hallado decenas que se muestran promisorios.

Desde una perspectiva terapéutica, le explica a BBC Mundo Gigi Gronvall, profesora especializada en inmunología del Centro Johns Hopkins de Seguridad Sanitaria en Estados Unidos, los anticuerpos monoclonales son relativamente similares a la terapia de plasma convaleciente, en la que el paciente recibe plasma de una persona recuperada, pero constituyen una forma “mucho más moderna y depurada”.

Laboratorio

Getty Images
Los mAbs se han utilizado con éxito para tratar otras enfermedades como el cáncer.

“Cuando le das plasma a alguien, le estás dando todos los anticuerpos que produjo esa persona. Unos pueden ser efectivos, pero otros no. Lo que contiene es un poco un misterio”, dice la profesora.

En cambio los anticuerpos monoclonales “están hechos a partir de la selección de aquellos que tienen la capacidad de neutralizar al virus”.

El proceso de aprobación de estos fármacos puede llegar a ser más rápido, añade Gronvall, dado que los entes reguladores están muy familiarizados con los mAbs ya se emplean para tratar numerosas enfermedades.

“Su mecanismo de acción está muy comprendido: sabemos que los anticuerpos se unen a cosas y por eso bloquean físicamente la entrada del virus a la célula”, explica.

“Para los reguladores, es fácil saber lo que ocurre con ellos, por eso pueden llegar a superar los obstáculos de las regulaciones antes que las vacunas”, afirma la académica.

“Mejores que la vacuna”

Laura Walker, directora asociada de Adimbab, uno de los laboratorios que investiga anticuerpos monoclonales para la covid-19 y cuyos ensayos clínicos comenzarán en enero, confía más en la capacidad profiláctica de los anticuerpos monoclonales que en la terapéutica.

“En algunos casos han funcionado en el contexto del tratamiento. El ejemplo más reciente es el del ébola, donde los anticuerpos monoclonales demostraron reducir los índices de mortalidad en pacientes enfermos y también en casos de VIH, pero no sabemos si va a funcionar con el SARS-CoV-2”.

Abuela saludando a su nieta detrás de una ventana

Getty Images
Para las personas mayores, que no reaccionan tan bien con las vacunas, los mAbs pueden ser una mejor opción.

“No ha funcionado en casos de virus respiratorio sincitial (VSR), no ha demostrado un gran éxito con la influenza, ni tampoco en otros virus respiratorios”.

Aunque reconoce que en el caso de la covid-19, cuyo período de incubación es más largo en comparación por ejemplo con la gripe, puede haber una ventada de oportunidad más grande para la terapia.

De lo que no duda, sin embargo, es de los beneficios que puede ofrecer como método para prevenir la enfermedad, y considera incluso que los anticuerpos monoclonales pueden tener más ventajas que las vacunas.

Una vacuna, dice la experta, induce la producción de todo tipo de anticuerpos y solo una porción de ellos son neutralizantes.

“Al poder elegir anticuerpos, solo seleccionamos los más potentes. En nuestro caso, por ejemplo, hemos identificado anticuerpos muy raros. Y, uno en particular, es extremadamente potente no solo contra el SARS-CoV-2, que produce la covid-19, sino también contra varios otros virus de la familia de los SARS”, asegura.

“Estos son los tipos de anticuerpos que queremos producir a gran escala, no solo para darle inmunidad en esta pandemia a las personas que no responden bien a las vacunas, sino para futuras pandemias, ya que es muy probable que veamos más coronavirus en el futuro”.

La vacuna también puede inducir anticuerpos muy potentes, continúa Walker, pero estos “pueden no estar presentes en grandes cantidades”.

“Por esta razón, suministrar un único anticuerpo monoclonal pero con una alta potencia y en una dosis alta puede brindar una protección más elevada que una vacuna”, acota.

Otro punto débil de las vacunas en comparación con los mAbs, señalan Gronvall y Walker, es que no funcionan de la misma manera para todos los rasgos etarios.

Plasma

Getty Images
El tratamiento con mAbs vendría a ser una versión moderna y mucho más depurada del tratamiento con plasma convalesciente.

“Son efectivas para la gente joven, pero a veces la gente mayor no genera una respuesta inmunitaria tan poderosa ante una vacuna. Lo hemos visto por ejemplo con la vacuna de la gripe”, dice.

Lo mismo ocurre en el caso de las personas inmunodeprimidas.

La inmunidad pasiva, en cambio, no tiene este problema.

Las dificultades son otras…

Costo, período de inmunidad y efecto contrario

Por un lado, está el tiempo en que se mantendría la inmunidad de los anticuerpos monoclonales que, modificaciones de por medio, podría oscilar entre los cinco y seis meses.

No se sabe aún qué inmunidad otorgará una vacuna contra la covid-19, pero recordemos que, en la mayoría de las vacunas, una dosis alcanza para toda la vida, mientras que otras necesitan uno o dos refuerzos cada 10 años.

Sin embargo, el mayor problema es el acceso a este fármaco y el costo de producción, que supera con creces a los de una vacuna.

Según un reporte de Wellcome, una fundación de salud global e independiente que hizo un llamado para expandir el acceso a los anticuerpos monoclonales, “el 80% de los mAbs se venden en EE.UU., Europa y Canadá”.

“Solo el 20% de los mAbs se vende en el resto del mundo, que conforma el 85% de la población global. Pocos, si algunos, están disponibles en países de ingresos bajos y medios”, dice el informe publicado a mediados de agosto.

Estos tratamientos médicos se encuentran entre los más caros del mundo. Para darnos una idea, el precio promedio de un tratamiento con mAbs en EE.UU. oscila entre US$15.000 y US$200.000 al año.

Y, por último existe otro problema vinculado a su seguridad.

Si bien los anticuerpos son un arma de defensa, en algunos casos “actúan de forma opuesta, acrecentando la infección“, le dice Lundgren a BBC Mundo.

Es un complejo fenómeno conocido como amplificación de la infección dependiente de anticuerpos, en el que algunos anticuerpos en vez de prevenir la entrada del virus a la célula, la facilitan.

Por el momento, “no lo hemos visto con la covid-19, pero se ha visto con otras infecciones virales”, aclara el investigador.

Esto deberá ser evaluado minuciosamente en ensayos clínicos.

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