Familia del detenido afirma: No es el hijo del Chapo
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Familia del detenido afirma: No es el hijo del Chapo

La madre del detenido niega en rueda de prensa que sea hijo del narcotraficante; "no es realmente Jesús Alfredo Guzmán Salazar", señaló la abogada de la familia
Por Carlos Maguey
22 de junio, 2012
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Abogada, Verónica González. Foto: @carlosmaguey

El hombre presentado ayer como Alfredo Guzmán Salazar y a quien se identificó como presunto hijo de “El Chapo” Guzmán, es Félix Beltrán León, según aseguró en conferencia de prensa la madre del joven, Elodia León Vega, quien habló ante  los medios en un Sanborn´s en Guadalajara.

Además, León Vega dijo que la detención de su hijo obedece a tiempos electorales.

Escucha parte de la conferencia de prensa:

Minutos antes, la abogada Verónica González habló con Animal Político para declarar que este joven no es hijo de “El Chapo” Guzmán.

La abogada llegó sola sin familiares a la conferencia de prensa para dar a conocer que Félix Beltrán León, quien ayer fue presentado como Alfredo Guzmán Salazar, presunto hijo de “El Chapo” Guzmán, no tiene ninguna relación de parentesco con el narcotraficante.

“La persona que está detenida no es realmente Jesús Alfredo Guzmán Salazar, es otra persona totalmente ajena a cualquier situación que se le está ligando en este momento”, señaló González.

A decir de la abogada, la familia del detenido tuvo un retraso para llegar a la conferencia porque venían desde Vallarta en autobús.

Según informes de la prensa, el consumo del restaurante en el que se llevó al cabo la conferencia fue prepagado, pero no se dio a conocer el nombre de la persona que reservó,  ni el monto que se había pagado.

Ayer por la tarde, la Armada de México detuvo a Alfredo Guzmán Salazar, a quien presentó como presunto hijo de Joaquín Guzmán Loera, sin embargo, según otra versión afirma que el sujeto presentado sería realmente Félix Beltrán León, quien se dedica a la compra-venta de autos en Guadalajara.

Conceden suspensión provisional

Una juez federal otorgó una suspensión provisional a favor del presunto hijo “El Chapo”, bajo el nombre de   Félix Beltrán León,  y quien fue presentado como Jesús Alfredo Guzmán Salazar.

La Juez Primero de Distrito de Amparo en Materia Penal, Sandra Leticia Robledo, concedió la suspensión provisional a Beltrán León y a Kevin Daniel Beltrán Ríos, quienes solicitaron el amparo contra la privación ilegal de la libertad, malos tratos e incomunicación, según una fuente de la Judicatura.

La misma fuente refiere que la suspensión provisional no es para que el detenido quede en libertad, sino que aplica para que pueda tener comunicación con su abogado.

Sobre Alfredo Guzmán Salazar, alias “El Alfredillo” o “El Gordo”, pesan al menos ocho cargos en los tribunales de Illinois, Chicago, entre ellos destacan el trasiego y venta de dos toneladas mensuales de cocaína durante tres años.

Motivo por el cual, el gobierno de México anunció que cuenta con una solicitud de orden de aprehensión de un juez de Chicago y por ende con una orden de extradición contra el hijo de “El Chapo” a los Estados Unidos.

Es de resaltarse que en México no existe hasta el momento ningún proceso penal contra Alfredo Guzmán pese que las autoridades mexicanas señalan que es elemento clave dentro del cártel de Sinaloa.

Anoche, el Ministerio Público de la Federación inició las averiguaciones previas en su contra y los interrogatorios correspondientes, ya que se presume que “El Gordo” era uno de los principales lavadores de dinero de la organización que dirige su padre, además de ser el encargado del manejo de los bienes de “El Chapo” Guzmán.


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Karol Czinege/EyeEm/Getty Images

¿Por qué nos gusta tanto la comida crujiente? (y cómo el sonido se convirtió en el sabor olvidado)

Decimos que comemos con los ojos, ¿pero sabías que también puedes comer con los oídos? Por extraño que parezca, los sonidos - y especialmente lo crujiente y crocante - tienen mucho que ver con la experiencia culinaria.
Karol Czinege/EyeEm/Getty Images
18 de octubre, 2020
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El sonido es el sabor olvidado. No solo comemos con la boca, con la nariz o con los ojos. También lo hacemos con el oído.

Lo dice el experto en psicología experimental Charles Spence, que lleva casi dos décadas investigando cómo nuestro cerebro procesa información de cada uno de nuestro sentidos, y cómo comprender eso puede ayudarnos a diseñar mejores alimentos (o unos que nos agraden más).

“Desde el crujido de la comida, hasta el ruido del empaquetado, el roce de la cuchara en el plato o la música que escuchamos mientras comemos; todos los sonidos afectan a nuestra experiencia culinaria, unos más que otros, y también al sabor”, le cuenta a BBC Mundo.

Spence, autor de Gastrophysics: the new science of eating (“Gastrofísica: La nueva ciencia de la comida“, 2017), dirige el laboratorio Crossmodal Research de la Universidad de Oxford, Reino Unido, integrado por especialistas en psicología, neurociencia y cocina. También colabora con chefs de renombre -como el español Ferrán Adriá o el británico Heston Blumenthal- para crear experiencias culinarias “multisensoriales”.

Y es que, según el científico, comer es una experiencia mucho más multisensorial de lo que solemos reconocer, sobre todo a nivel auditivo.

No es el único que lo piensa. “Hay varias cosas que nos hacen sentirnos satisfechos con la comida: el olor, el gusto y la textura, en la que incluimos el sonido”, le dice a BBC Mundo la consultora en alimentación Amanda Miles-Ricketts. “Y no hay nada más satisfactorio que algo crujiente o crocante”.

"No importa que música escuches: hay un sabor que seguro combina bien con ella".", Source: Charles Spence, Source description: psicólogo experimental, Universidad de Oxford, Image:

Precisamente, la preferencia del ser humano por lo crujiente es algo que lleva años fascinando a Spence.

Uno de sus mayores logros es haber creado un ruido electrónicamente modificado de la papa frita para convencer al consumidor de que era más crujiente. Fue un experimento que surgió de la pregunta de si el sabor de una papa frita sería diferente si alteramos su crujido. Y resultó que sí.

La Universidad de Harvard le entregó por ello un Ig Nobel, una parodia del prestigioso galardón “para hacer reír, y luego pensar”.

Pero la cuestión de por qué nos gusta tanto la comida crujiente tiene un trasfondo más serio de lo que parece.

niño comiendo alitas de pollo

Chakarin Wattanamongkol/Getty Images
¿Te entró el apetito?

“Cuando hicimos ese experimento en 2009 era difícil creer que habría interés en el tema, pero desde entonces han surgido muchos trabajos y experimentos para combinar diferentes sonidos y sabores”.

¿Qué nos pasa con la comida crujiente?

“La comida rápida suele ser crujiente, crocante, casi siempre ruidosa”, dice Spence. “A nadie le gusta la idea de una papa frita esponjosa, incluso aunque sepamos que tiene todos los elementos que le dan ese sabor”, comenta el psicólogo.

En su laboratorio de Oxford, ha podido demostrar que las diferentes frecuencias de crujidos pueden alterar cómo percibimos su sabor o incluso que algunos alimentos nos parezcan de mejor o de peor calidad.

“Es una reacción instantánea en nuestro cerebro”, dice Spence. “Todavía estamos investigando por qué nos atrae tanto lo crujiente, pero existen varias teorías”.

“Una de ellas parte de que las verduras y los vegetales más ‘ruidosos’ suelen ser más frescos (y viceversa), por lo que asociamos lo crujiente con lo saludable“.

“Por otro lado (y paradójicamente), algunos alimentos crujientes -como las galletas, los cereales o las frituras- suelen tener un alto contenido en grasa…. y a nuestro cerebro le gusta la idea de grasa, lo cual explicaría nuestra preferencia por ese sonido”.

cereales

Getty Images
Cuando comes algo crujiente, prestas más atención a lo que ocurre dentro de tu boca.

A Miles-Ricketts -que tiene una marca propia de tés especializada en salud y bienestar que lanzó tras sufrir problemas en la piel- le preocupa eso. “Al margen de las manzanas, que obviamente son saludables, los alimentos poco saludables y adictivos que no son naturales suelen ser crujientes. No es pura coincidencia“.

“Finalmente”, añade Spence, “otra teoría que surgió hace un par de años es que cuando empezamos a degustar algo nos suele resultar más sabroso, y nuestro cerebro se va adaptando y desconectando a medida que le parece menos ‘interesante’, pero cuando comes algo ruidoso eso dirige tu atención hacia tu boca, lo cual ayuda a que el sabor se quede por más tiempo”.

Eso significaría que puede que nos guste más la comida crujiente porque sentimos que su sabor dura más.

Pero la cuestión de la experiencia sensorial -y sonora- de la comida va más allá de lo crujiente.

Maridaje fonético

“Piensa en el sonido cuando abres una lata, una botella, el corcho del vino o incluso el del microondas. Todo ello afecta a nuestra experiencia y a cómo percibimos el sabor”, explica Spence. “No es casualidad que las papas fritas se vendan en bolsas de plástico especialmente ruidosas; es puro marketing intuitivo”.

Y así como los ruidos afectan al sabor, también lo hace la música.

"Los alimentos poco saludables y adictivos que no son naturales suelen ser crujientes".", Source: Amanda Miles-Ricketts, Source description: consultora en alimentación y fundadora de Niche Tea, Image:

Spence y su equipo han investigado cómo los sabores dulces y agrios suelen asociarse con notas de alta frecuencia, mientras que los amargos equivalen a notas de baja frecuencia.

“Si, por ejemplo, escuchas cierta música mientras tomas una taza de café o comes una porción de chocolate, puedes intensificar su dulzura“, explica Spence.

Es lo que él llama “sazonar fonéticamente” la comida.

El científico asegura que muchas marcas y músicos se han interesado por esta técnica y ya están poniendo en prácticas maneras de combinar sabores y sonidos para mejorar la experiencia culinaria y responder a la pregunta de “cuál es el sonido de su sabor”.

Miles-Ricketts cree que cada vez más actores en la industria alimentaria tienen en cuenta la “funcionalidad y el propósito de sus productos” y el hecho de que la alimentación es “una experiencia multisensorial”.

papas fritas

Getty Images
¡Ese “crunch” es muy deseable!

“Podríamos incluso aprovechar esto para comer de forma más saludable”, propone Spence. “Podríamos comer con menos azúcar si añadimos un poco de ‘música dulce’ para sazonar alimentos, en lugar de la alta música de algunos restaurantes que, de hecho, suprime nuestra capacidad de saborear adecuadamente”.

“Así como maridamos ciertos alimentos con ciertos vinos, podemos maridar sabores con sonidos y formas“.

“Muchos nunca habrían imaginado que la música puede alterar el sabor de la comida, pero es todo un nuevo campo por explorar. ¿Por qué no maridar un sabor con un sonido?”

“No importa que música escuches: hay un sabor que seguro combina bien con ella”.


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