Usnavy, Dansisy... los nombres cubanos que sorprenden a los extranjeros
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Usnavy, Dansisy... los nombres cubanos que sorprenden a los extranjeros

Los padres le ponen imaginación cuando se trata de elegir un nombre para sus hijos.
26 de junio, 2012
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Pese al paso del tiempo y a las modas, nombres como José, Juan, Ana o Isabel continúan siendo populares en América Latina. Pero en algunos países -como Venezuela, Uruguay o Cuba, por mencionar sólo a algunos- los padres le ponen imaginación cuando se trata de elegir un nombre para sus hijos.

Y si a veces es difícil entenderlos para los extranjeros, imagínese la sorpresa que se llevó la corresponsal de la BBC en Cuba, Sarah Rainsford, cuando llegó por primera vez a la isla y se dio cuenta de que todo lo que sabía de español no era suficiente para entender el nombre de la persona con la que estaba hablando.

Desde La Habana, Rainsford nos envió sus impresiones.

Como periodista en Cuba, plantear ciertas preguntas puede llegar a ser complicado. Pero jamás me hubiese imaginado que preguntar cómo se llama una persona se convertiría en un obstáculo.

Mi problema es que, en la mayoría de los casos, no entiendo la respuesta. Y ojo, que eso no se debe exclusivamente a que soy inglesa. Mis colegas cubanos tienen a veces el mismo inconveniente.

Resulta que hoy día es bastante poco común toparse con un simple Miguel o María. Pues a la hora de nombrar a sus vástagos, los cubanos optan por experimentar.

“Deberías hablar con ella”, me dice riendo la directora de una escuela a la que fui de visita, señalándome a una de las jóvenes maestras, sentada en un banco pequeño de esta antigua mansión de estilo español.

Su nombre, me dice, es Daneisys.

“Perdón… ¿cómo se escribe?”, me veo forzada a preguntar. Ella me dice -de una forma que denota que ya lo ha dicho varias veces- que “es una combinación del nombre de sus padres: Daniel y Deisy, de ahí Daneisys”.

Una de sus alumnas se llama Odlainer, que es el nombre de su padre Reinaldo, escrito al revés.

Otra, Zulkary, le debe su nombre a la protagonista de una antigua telenovela.

Revisando un periódico de jóvenes cubanos, encontré un artículo con una entrevista a una académica. Ella hacía un llamado para que el personal de los hospitales ayudase a los padres a elegir con más cuidado el nombre de sus bebés.

La entrevistada decía que nombrar a un hijo de forma tal que estos tuvieran que dar continuamente explicaciones podía dañarlos moralmente.

Foto: radio florida

La fiebre por la “Y”

Inmediatamente después de la revolución de 1959 se produjo un aumento notable de Fideles, Raúles y Ernestos.

Pero no fue sino hasta los años 70 que la imaginación de los cubanos comenzó a desplegar verdaderamente sus alas. Allí fue cuando la letra “Y”, que rara vez aparece en los nombres en español, se convirtió en la favorita de los futuros papás y mamás, dando lugar a Yulieski, Yumilis y Yaraleidis, entre otros.

Incluso hasta los nombres comunes y corrientes se vieron asaltados por la Y. Daniel, por ejemplo, se convirtió en Yaniel.

Era parte del deseo de ser diferente, de afirmar la propia autonomía, en un país donde donde el Estado controla casi todo. O tal vez una manera de aferrarse al color caribeño en una nación cada vez más uniforme.

Sin embargo, para el escritor Jaime Sarusky, éste fue un movimiento positivo. “Se trataba de ser original, de estar acorde con la época”, dice mientras conversamos en su departamento el barrio de Vedado.

La costumbre de poner nombres con Y se fue perdiendo con los años, pero fue reemplazada por otras tendencias. “Hubo Dansisy, por ejemplo”, cuenta Saruksy en referencia a la época en que se inventaban nombres distorsionando palabras en otro idioma.

“Eso quería decir que bailaba bien (por dance easy, en inglés), luego estaba Dayesi, que es sí en tres idiomas”.

Pero por más extraños que fuesen los resultados, nadie recuerda que las autoridades hayan intervenido para frenar estas ocurrencias. Y en cuanto al daño moral, parece al menos que no son los niños los que están sufriendo.

“Es muy complicado cuando recibes la lista de alumnos por primera vez”, explica la maestra Daneisys. “No sabes quiénes son los niños y quiénes las niñas, y escribirlos correctamente es una pesadilla”, añade.

Foto: Radio Trinidad

Modas pasajeras

A la vuelta de la escuela, los vecinos conversan animadamente en la vereda bajo el rayo del sol.

“¡Eddimary ven aquí!”, le grita una madre a su niña que acaba de salir corriendo con un dulce en la mano. ¡Por lo menos ningún otro niño da vuelta la cabeza!

Más lejos en la calle, me encuentro con un hombre llamado Pablo y otro cuyo nombre es Ernesto (que además lleva tatuado en su brazo la imagen de Ernesto “Che” Guevara). Sin embargo, estos opciones más ortodoxas son hoy día una minoría.

“Muchos aquí se llaman igual que los barcos que han visitado Cuba”, me cuenta con aprobación una mujer llamada Yamileisis. Usnavy es el más común (por US Navy, o en español, Marina estadounidense).

Y luego conocí a Noslenis. “Is Nelson, el nombre de mi papá, pero deletreado de atrás para adelante”, me dice incrédula ante mi expresión de asombro.

“No me parece raro”, dice su madre mientras yo giro la cabeza tratando de entender. “Mi nombre es Meylin”, me cuenta. “Me llamó así por la marca de carne enlatada que los cubanos solíamos recibir con nuestra tarjeta de racionamiento”.

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Cómo el encierro por el COVID-19 está cambiando nuestros grupos de amigos

Una nueva investigación sugiere que las cuarentenas están remodelando nuestros grupos de amigos. ¿Qué significa eso para nuestras relaciones post COVID-19?
15 de octubre, 2020
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Antes de que el coronavirus provocara un segundo bloqueo severo en la ciudad australiana de Melbourne, Karen Lamb, una estadística de 35 años, iba al teatro, a las prácticas semanales de un coro, a clases de baile y pasaba mucho tiempo con sus amigos.

Pero los confinamientos en su ciudad interrumpieron el comportamiento social de Lamb. Su mundo se ha trasladado a internet y, a veces, Lamb puede sentirse sola.

Grandes cantidades de personas reportaron sentirse solas en la primera ola de cuarentenas por coronavirus a principios de 2020.

Según una investigación de la experta en soledad Michelle Lim, de la Universidad Tecnológica de Swinburne (Australia), uno de cada dos australianos dijo sentirse solo durante el primer encierro.

En Reino Unido y Estados Unidos, la proporción fue de dos de cada tres.

Ahora, unos investigadores en Australia examinan cómo estos períodos de aislamiento forzados están cambiando nuestras interacciones sociales.

Aunque la pandemia se está desarrollando de manera diferente según el país, en general compartimos una misma inquietud: si los bloqueos están cambiando la forma en que socializamos, ¿cuánto tiempo durará nuestra soledad?

Consolidando las redes de amigos

Los resultados iniciales de una encuesta de seguimiento que enviaron a casi 2.000 australianos han mostrado que se están produciendo algunos cambios de comportamiento importantes relacionados con la pandemia.

La investigación es un proyecto conjunto entre dos académicos, la doctora Marlee Bower, investigadora de la soledad de la Universidad de Sídney, y el sociólogo Roger Patulny, de la Universidad de Wollongong, Australia.

Bower dice que en las respuestas abiertas a la encuesta, muchas personas indicaron que habían comenzado a reducir sus redes sociales.

Un hombre y una mujer cenando a través de una videollamada.

Getty Images
Gran parte de nuestras interacciones se han trasladado a las plataformas digitales.

“No socializan con tanta gente como antes, sino con un subgrupo muy particular”, dice. “Las personas que tienen conexiones previas y pueden aprovechar sus amistades existentes en línea, lo están haciendo bastante bien. En muchos casos, están más cerca de los amigos que tenían”.

Ese ha sido el caso de Lamb, que es escocesa, pero ha vivido en Melbourne durante ocho años.

Antes del encierro, hablaba con Amy, una de sus amigas más antiguas, unas cuatro o cinco veces al año.

Ahora conversan todos los jueves, a una hora determinada, y ambas se preguntan por qué no lo habían hecho antes.

Algunas de sus otras amistades, sin embargo, no han resistido tan bien.

“Me ha resultado más fácil mantenerme en contacto con mi amiga escocesa que con mis amigos australianos”, dice Lamb. “Simplemente no he tenido esa relación en línea con los australianos. Durante los últimos seis meses me he distanciado mucho más de mis amigos del día a día”.

“Cuando las interacciones sociales se trasladan a internet, sólo ciertos tipos de relaciones parecían sobrevivir”, explica Bower.

Una vez que se elimina el contexto local o comunitario, se mantienen o fortalecen las relaciones en las que las personas tenían algo en común además del trabajo o pasatiempos, y en las que todos se sienten cómodos con la tecnología digital.

Muchos querían compartir su estrés pandémico con aquellos con quienes se sentían más cercanos; viejos amigos de las ciudades de origen y amigos locales muy cercanos.

“Dado que la mayor parte de la interacción social se ha producido en línea, socializar con personas que viven localmente ha resultado tan fácil como socializar con personas que viven en el otro lado del mundo. Esto significaba que las personas han podido socializar y volver a conectarse con personas con las que eran más cercanas, independientemente de su ubicación”, dice.

Dos amigas conversando por videollamada.

Getty Images
Mucha gente ha retomado viejas amistades.

La sociedad contemporánea a menudo se define por el movimiento de personas fuera de su lugar de origen, agrega Patulny.

“Estás más cerca de las personas que viven en el otro lado del planeta, porque son con las que creciste. No estás necesariamente cerca de aquellos con quienes compartes un vecindario. El covid-19 realmente está mostrando esto”, dice

Conversaciones cotidianas

Sin embargo, también extrañamos las interacciones con aquellas personas con las que no tenemos una amistad suficiente como para construir una relación en línea durante la pandemia.

Según Patulny y Bower, muchas personas dijeron que habían perdido estas microinteracciones con las personas de sus comunidades, que son casi imposibles de facilitar a través de la comunicación digital.

“La capacidad de simplemente parar, chismear, reír, bromear y todas las cosas que haces fuera de las reuniones, eso no sucede cuando estás reunido en línea”, dice Patulny. “El contacto periférico adicional se ha perdido, y esa es una pérdida importante”.

Una mujer con mascarilla detrás de una ventana.

Getty Images
Mucha gente ya se sentía sola antes del covid-19.

Existe el riesgo de que los vínculos sociales se deterioren sin estas pequeñas interacciones, dice, ya que ayudan a las personas a conectarse.

En cuanto a si podemos retomar estas amistades después de la pandemia, Bower señala evidencia reciente de Reino Unido que sugiere que las personas que se sentían solas antes probablemente se sentirían un poco más solas después, mientras que otras no experimentaron cambios a largo plazo.

Sin embargo, expresa cierta preocupación por que un período prolongado de soledad para algunas personas pudiera hacer que las interacciones pequeñas se sientan más desafiantes a largo plazo.

“Las personas que experimentan soledad durante períodos prolongados comienzan a experimentar impactos negativos persistentes en la forma en que piensan y actúan en situaciones sociales —son más hipervigilantes en cuanto al rechazo, más ansiosos socialmente— y esto puede dificultar estas interacciones simples y que sea menos probable que salga bien”, dice Bower.

Revertir o cambiar

La investigación de Bower y Patulny seguirá analizando a su grupo de estudio mientras Australia continúa su marcha para salir de las restricciones del covid-19.

Dos mujeres conversando una con la otra, cada una su escritorio.

Getty Images
Mucha gente extraña las pequeñas interacciones que tenía en el día a día con ciertas personas, aunque fueran sus amigas cercanas.

Realizarán una encuesta a la misma muestra cada tres meses para determinar cómo está cambiando su comportamiento y por qué, y enviarán sus resultados a un grupo de expertos que está considerando los impactos de la pandemia en la salud mental.

Es demasiado pronto para cualquier estimación de los cambios sociales a largo plazo, si los hay, pero los investigadores sugieren que podría pasar un poco de tiempo antes de que las interacciones vuelvan a la normalidad.

“Me pregunto si el hecho de que no estés acostumbrado a socializar y que ahora exista un riesgo asociado con socializar, conducirá a impactos a largo plazo en la forma en que nos sentimos y en cómo podemos superar la soledad”, dice Bower.

Patuly dice que no le sorprendería un ligero aumento de la soledad durante algunos años.

Sin embargo, Michelle Lim, la experta en soledad, cree que para la mayoría de las personas, tanto la pérdida de microinteracciones como el estrechamiento de sus redes sociales son temporales, están directamente vinculados a la emergencia de salud pública y es poco probable que duren más que ella.

“Si será significativamente perjudicial para las relaciones dependerá de muchos factores: si el individuo es resistente, si tiene redes sociales sólidas, si se esfuerza por mantener sus amistades a pesar de estas barreras”, dice Lim.

Tampoco está claro, agrega, si los bloqueos más prolongados, ya sea por mandato del gobierno o debido a la necesidad de las personas de protegerse por condiciones de salud preexistentes, conducirán a resultados diferentes o más pronunciados.

Lim dice que es posible que, en el futuro inmediato, las interacciones cara a cara puedan cambiar si seguimos preocupados por la salud pública.

Dos personas con mascarilla guardando la distancia social.

Getty Images
¿Por cuánto tiempo se mantendrán los cambios en las interacciones cara a cara?

Pero también dice que es parte de la naturaleza humana volver a los grupos sociales. La mayoría de las personas que han infringido las normas de encierro lo han hecho para ver a amigos y familiares.

Después de que nos recuperemos del impacto de estos comportamientos alterados, cree que es probable que las cosas vuelvan a la normalidad anterior.

Los principales determinantes de la soledad son bastante estables, agrega.

Es poco probable que aquellos que no estaban solos antes del covid-19 se sientan muy solos a largo plazo una vez que todo haya terminado.

“Creo que durante un corto período de tiempo habrá cambios”, dice. “Pero somos criaturas de hábitos. A menos que estos comportamientos sean a muy, muy largo plazo, creo que volveremos a nuestros grupos sociales”.

* Esta nota es una traducción de un artículo original publicado en inglés en BBC Worklife y que puedes leer aquí.

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https://www.youtube.com/watch?v=mYv_EYYngC4&t=8s

https://www.youtube.com/watch?v=aBKdOAVLVEc

https://www.youtube.com/watch?v=bW1ibaFkARg

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