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Cárceles latinoamericanas, un viaje al infierno: The Economist

En México, los homicidios en prisión han crecido junto con la expansión del crimen organizado, pues mientras que en 2007 sólo se reportaron 15 casos, en 2011 ascendió a 71, registrando más de 80 en sólo tres meses de 2012.
21 de septiembre, 2012
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“Un viaje al infierno” fue el calificativo que la revista británica The Economist utilizó para describir las cárceles latinoamericanas, las cuales -afirmó- “lejos de ser lugares seguros de rehabilitación, demasiadas (…) son violentas incubadoras de la delincuencia, a pesar de algunas señales de cambio.” Además de análisis regionales, la revista hizo énfasis en casos específicos como El Salvador, México y Venezuela.

Penal de Culiacán en febrero pasado. Foto: Cuartoscuro.

El 28 de agosto, seis miembros del Concejo Local de Derechos Humanos, una agencia oficial, se aparecieron de sorpresa en la prisión Romeu Gonçalves de Abrantes, en João Pessoa, la capital del estado de Paraíba, en el noreste pobre de Brasil. Dentro de la cárcel encontraron suciedad, sobrepoblación, celdas con prisioneros enfermos, sedientos, algunos incluso con lesiones no tratadas. Los guardias de la cárcel se rehusaron a abrir las puertas del ala de encierro por castigo, la cual olía a vómito y heces. Los visitantes pasaron una cámara por el ducto de aire, la cual regresó con imágenes de reos desnudos saturando el espacio entre barrotes y celdas sin muebles ni luz. Aunque los guardias afirmaron que los presos eran mantenidos en esta forma “temporalmente” debido a un supuesto plan de fuga descubierto, los reos habían estado así por cuatro días. Los custodios demandaron que se entregara la cámara. Cuando los miembros del consejo se rehusaron, los seis visitantes fueron detenidos y fueron encerrados por tres horas hasta que otros funcionarios estatales llegaron a la cárcel y los liberaron.

Tales condiciones son más cercanas a ser la regla que la excepción en las cárceles de América Latina, las cuales, comparadas con otras regiones del mundo, encarcelan a un porcentaje más alto (y creciente) de su población, aunque menos que en Estados Unidos (ver gráficas al final). Sin embargo, pocas prisiones latinoamericanas cumplen con las funciones básicas de castigar y rehabilitar criminales. No sólo los prisioneros frecuentemente son sujetos de tratos brutales en condiciones de sobrepoblación masiva y suciedad extraordinaria, sino que las cárceles de AL muchas veces están bajo el poder de pandillas criminales.

Un resultado ha sido una serie reciente de masacres e incendios en prisiones, algunos causados deliberadamente. En Honduras, un incendio mató a más de 350 internos en la cárcel del pueblo de Comayagua, en febrero pasado. En el mismo mes, en México, tres docenas de prisioneros miembros de Los Zetas asesinaron a 44 internos en la cárcel de Apodaca, Nuevo León antes de escapar, con la colusión de las autoridades.

Operativo en el Cereso de Cieneguillas, Zacatecas, en agosto pasado. Foto: Cuartoscuro.

El mes pasado, al menos 26 prisioneros murieron en una batalla entre pandillas en la prisión de Yare, en Venezuela. Posteriormente, las autoridades decomisaron un pequeño arsenal de los prisioneros, incluyendo rifles de asalto, rifles sniper, metralletas, granadas y dos morteros. Un número similar de reos murió en El Rodeo, otra cárcel venezolana, el año pasado, donde se vio a jefes de pandillas aguantar la presión de tropas regulares por casi un mes.

Un incendio que inició durante una pelea entre los presos de San Miguel, en Santiago, Chile, en diciembre de 2010, quitó la vida a 81 prisioneros y lesionó a 15. Los sobrevivientes afirmaron que un grupo de reos usó un lanzallamas hecho por ellos mismos con una manguera y un recipiente de gasolina, para quemar una barricada de colchones levantada por el grupo rival en sus celdas. San Miguel no era una prisión de alta seguridad y las víctimas del peor incendio carcelario de la historia en Chile tenían condenas de hasta cinco años, por crímenes como piratería y robos menores.

Casi tan letal como San Miguel, aunque menos atractivo para los medios, es la tragedia cotidiana de asesinatos en las cárceles de toda la región. En Venezuela, bajo el gobierno de Hugo Chávez, un socialista, más de 400 internos fueron asesinados cada año entre 2004 y 2008. Para el año pasado, la cifra aumentó a 500 y parece que rebasará los 600 en 2012 (de una población carcelaria de 45 mil), de acuerdo con el Observatorio de Prisiones, un regulador local independiente. En otras palabras, un venezolano tiene 20 veces más posibilidades de morir en las cárceles que en libertad, a pesar del crecimiento en la tasa de asesinatos total del país en la década anterior. Aún los titulares de las prisiones no quedan inmunes, pues dos han muerto este año.

En México, los homicidios en prisión han crecido junto con la expansión del crimen organizado, pues mientras que en 2007 sólo se reportaron 15 casos, en 2011 ascendió a 71, registrando más de 80 en sólo tres meses de 2012, de acuerdo con el investigador Eduardo Guerrero, experto en seguridad.

Vista aérea del Cereso de Piedras Negras, Coahuila, de dónde se fugaron más de 130 reos el 17 de septiembre pasado. Foto: Cuartoscuro.

Cárceles, territorio de bandas

La razón principal para la violencia es que muchas cárceles están en la práctica bajo el control de las bandas o pandillas de internos, los cuales las usan como refugios donde pueden organizar más crímenes a su salida. Muchas muertes son consecuencia de choques entre pandillas rivales por el lucrativo negocio de extorsionar a los internos y traficar drogas o armas al interior de la prisión. Un prisionero paga por todo lo necesario en el interior, incluyendo un lugar para dormir e incluso el derecho a vivir. En las cárceles de El Salvador un chip de celular vale alrededor de 250 dólares, afirmó a The Economist Miguel Ángel Rogel Montenegro, un activista de derechos humanos.

En Venezuela, las únicas funciones de los custodios son un conteo diario de los internos, la seguridad del perímetro y transferir a los internos a la Corte. Los familiares son sometidos a revisiones al desnudo para poder hacer una visita, mientras que no es un secreto que las pistolas, drogas, celulares y otros artículos que están disponibles en el interior son traficadas por la guardia nacional, la responsable del perímetro de seguridad, afirmó la revista británica.

En México, los prisioneros hacen lo que gustan en las cárceles administradas por las entidades, afirmó The Economist. El año pasado, la policía hizo una redada en una prisión en Acapulco y encontró 100 gallos de pelea, 19 prostitutas y dos pavo reales. Unos mese antes, internos en una cárcel de Sonora fueron encontrados administrando rifas en torno a una celda de lujo que habían equipado con aire acondicionado y un DVD. En 2010, se hizo público que los custodios de una prisión de Durango habían permitido que prisioneros salieran en las noches a cometer asesinatos a sueldo.

Las fugas en las prisiones se han vuelto cada vez más comunes en México. El 17 de septiembre, más de 130 reclusos se fugaron de la cárcel de Piedras Negras, cerca de la frontera con Estados Unidos. En otro caso latinoamericano, este mismo mes, el líder de una pandilla desapareció de la cárcel de Tocorón en Venezuela, donde en total, unos 100 delincuentes han escapado en meses recientes.

La singularidad de Brasil es que el origen de la pandilla más poderosa del país, el Primeriro Comando da Capital (PCC), está principalmente dentro del sistema de cárceles. El PCC se fundó en la cárcel de Taubaté, en Sao Paulo, en 1993, para pelear por los derechos de los prisioneros y vengar la masacre de 100 internos por la policía, en la cárcel de Carandiru el año anterior. Desde entonces, el PCC se ha movido más allá de los muros de las cárceles entre la extorsión, venta de droga prostitución y asesinatos. En 2006, hubo un golpe para el gobierno después de un intento de endurecimiento en la materia: los líderes de las pandillas coordinaron motines en 73 de las 144 cárceles, mientras ordenaban asaltos bancarios y la quema de camiones, en un caos que quitó la vida a muchas personas, muchas de ellas a manos dela policía, de acuerdo con The Economist.

El PCC ahora controla la mayoría de las cárceles de São Paulo (aunque otros estados de Brasil tienen sus propias pandillas) con una política de no hablar con los custodios, a quienes llaman “alemanes”, queriendo decir “nazis.” Marcos Fuchs, abogado de un grupo de derechos humanos en São Paulo, quien ha conocido de cerca las prisiones desde 2004, afirmó a la publicación británica que no habla con internos sin que un líder de pandilla esté presente. De lo contrario, el interno se arriesga al llamado “Gatorade”, el cual contiene cocaína, viagra y agua, el cual se les da a los reos en amplias cantidades hasta inducir un paro cardiaco.

Después del control de las pandillas, la revista The Economist consideró que los principales problemas de las cárceles latinoamericanas son la sobrepoblación y, por lo tanto, las condiciones inhumanas. Las cárceles de Brasil, por ejemplo, mantienen a 515 mil internos, la cuarta población carcelaria en el mundo, sólo después de EU, China y Rusia (México es el séptimo lugar, ver gráficas al final), mientras que está alrededor de 66% más de la capacidad oficial. En 1990 tenía sólo 90 mil prisioneros. Fuchs ha visto celdas para ocho personas con 48 reos, casos de gangrena y tuberculosis sin tratamiento y reos en celdas metálicas sin ventilación bajo el ardiente sol. Un informe legislativo sobre condiciones de las cárceles, publicado en 2009, documentó golpizas rutinarias y tortura por parte de los guardias, comida sucia e inadecuada, así como prisioneros encerrados sin luz por meses.

Después de duplicar su población carcelaria en menos de una década, El Salvador llegó a una sobrepoblación tres veces por encima de la capacidad oficial y tiene hoy las cárceles más sobrepobladas de América Latina, sólo detrás de Haití. La vida al interior es un “viaje al infierno”, afirmó David Blanchard, un cura católico en San Salvador. Él describe el intolerable calor y humedad. La iglesia lleva misiones mensuales a las cárceles con pasta de dientes, shampoo alimentos básicos y reportaron que las tormentas del año pasado llevaron a un brote de sarna en las cárceles.

Aquí, una serie de comparativos internacionales en estadísticas carcelarias (pasa el cursor sobre las tablas para obtener datos por país):

Comparación entre 23 países significativos en el indicador “reos por cada 100 mil habitantes.”

El crecimiento en la tasa de encarcelamiento en las últimas dos décadas. EU y Reino Unido Vs América Latina:

Comparativo internacional de 23 países significativos en ocupación carcelaria (# de reos/capacidad oficial de penales):

México, la séptima población carcelaria del mundo, con 237 mil 580 reos:

Gráficos y traducción: Omar Granados (@ogranados1)

(Consulta aquí la base de datos completa en Spreadsheet de Google Docs)

Fuente: International Centre for Prison Studies (ICPS)

The Economist*

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Universidad de Farmington, la falsa escuela que crearon en EU para atraer migrantes y luego deportarlos

Según ICE, la academia era "utilizada por ciudadanos extranjeros" como parte de un esquema en el que pagarían miles de dólares a una escuela solo para que le ofrecieran papeles que les permitieran continuar viviendo y trabajando en Estados Unidos con una visa de estudiante.
30 de noviembre, 2019
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La Universidad de Farmington se presentaba como una nueva y rigurosa, selecta pero global.

Tenía presencia activa en redes sociales y, según afirmaba en su página web, su objetivo era “proporcionar a los estudiantes de todo el mundo una experiencia educativa única”.

Contaba con un escudo y hasta lema “Scientia et Labor” (ciencia y trabajo). También ofrecía programas académicos actualizados con todas las certificaciones legales pertinentes.

El Departamento de Licencias y Asuntos Regulatorios de Míchigan y la Comisión de Acreditación de Escuelas y Colegios Profesionales le habían dado sus autorizaciones. Y el Programa de Estudiantes y Visitantes de Intercambio la había avalado para admitir estudiantes extranjeros.

La tarifa anual rondaba los US$12.000, significativamente menor que muchas otras instituciones académicas de Estados Unidos, pero nada que hiciera levantar muchas sospechas.

Bueno, aparte de que no tenía aulas, nunca contrató a un profesor y jamás se impartió una clase en ella.

En realidad, estaba a cargo de agentes encubiertos del gobierno en una operación del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos (ICE) para atrapar y deportar a extranjeros que ya habían entrado al país con visas de estudiante.

En enero pasado, cuando se descubrió el esquema, ocho personas que presuntamente trabajaron como “reclutadores” para la escuela y ayudaron a al menos 600 estudiantes fueron acusados de conspiración para delinquir.

En los últimos meses, según confirmó el ICE al Detroit Free Press (DFP), primer medio en reportar sobre el caso, más de 250 estudiantes de la universidad, en su mayoría indios, fueron regresados a sus países de origen y otros enfrentan órdenes de deportación o procesos antes jueces de inmigración.

¿Cómo funcionó la operación?

Según ICE, la academia era “utilizada por ciudadanos extranjeros” como parte de un esquema en el que pagarían miles de dólares a una escuela solo para que le ofrecieran papeles que les permitieran continuar viviendo y trabajando en Estados Unidos con una visa de estudiante.

Los documentos presentados ante la corte indican que muchos de los estudiantes se habían inscrito a través de un programa conocido como Capacitación Práctica Curricular (CPT), que les permitía trabajar en Estados Unidos.

Potenciales estudiantes hacen una gira de la Universidad de Georgetown, en Washington DC

EPA
Miles de estudiantes extranjeros llegan cada año a las universidades de Estados Unidos.

Al contar con todas las licitaciones requeridas por la ley, los estudiantes que matriculaban en ella podían seguir viviendo legalmente en Estados Unidos.

“Todos somos conscientes de que los estudiantes internacionales pueden ser un activo valioso para nuestro país, pero como lo demuestra este caso, el bien intencionado programa de visa de estudiante internacional también puede ser explotado y abusado”, señaló en un comunicado de prensa Matthew Schneider, fiscal federal para el Distrito Este de Michigan.

De acuerdo con el DPF, algunos llegaron allí de otras escuelas que habían perdido la acreditación, por lo que habían perdido el estatus que les permitiría permanecer en el país.

Sin embargo, de acuerdo con el medio digital Vox, algunos estudiantes aseguran que no sabían que estaban violando los términos de sus visas y afirman que intentaron confirmar que la universidad era legítima y encontraron que tenía todas las acreditaciones oficiales pertinentes.

universidad

Getty Images
Los acusados entraron a EE.UU. con visa de estudiantes y apoyo de universidades acreditadas ante el gobierno.

Ravi Mannam, un abogado de inmigración, le aseguró al diario The New York Times que si bien algunos estudiantes sabían que la universidad solo servía para mantener el estatus migratorio, otros creían que se estaban inscribiendo en un programa académico legítimo al que podrían acceder a un precio más asequible.

“El gobierno utilizó métodos muy cuestionables y problemáticos para lograr que estos estudiantes extranjeros se unieran a la institución”, comentó.

Las autoridades, por su parte, aseguran que los estudiantes sabían que la escuela era un fraude y que optaron por inscribirse de todos modos para permanecer legalmente en el país.

¿Qué pasó con el dinero que pagaban los estudiantes?

Uno de los temas que más controversia ha generado -además del hecho de que los acusados o deportados llegaron con visas de estudiantes legítimas a EE.UU.- es qué pasó con los cientos de miles de dólares que recaudó cada año la universidad regentada por el ICE.

Y es que el esquema, según los medios estadounidenses, hizo que el gobierno se hiciera con miles de dólares que debían pagar los estudiantes en concepto de matrículas y aranceles para mantener su estatus.

Algunas versiones indican que los costos por un programa de posgrado ascendían a US$2.500 por trimestre y las tasas promedio en pregrado era de US$1.000 por mes.

universidad

Getty Images
El precio para matricular en universidades de EE.UU. suele ser muy alto.

Los abogados defensores de algunos de los acusados aseguran que el ICE se aprovechó de “personas vulnerables que solo querían mantener el estatus” en EE.UU., además que tomó miles de dólares que se desconoce para qué fueron empleados.

Según el DFP, ninguno de los acusados u organización civil ha presentado un reclamo o demanda contra el gobierno de EE.UU. por cobrar a los estudiantes bajo engaño o por crear una “trampa” de este tipo.

¿Cuáles han sido las reacciones?

La controvertida estrategia de ICE ha generado rechazo en algunos sectores de Estados Unidos y conllevó incluso a que una de las candidata demócrata a las primarias para las elecciones de 2020, la senadora Elizabeth Warren, condenara lo sucedido.

“Esto es cruel y atroz. Estos estudiantes simplemente soñaron con obtener la educación superior de alta calidad que Estados Unidos puede ofrecer. ICE los engañó y los atrapó, solo para deportarlos”, escribió en Twitter.

https://twitter.com/ewarren/status/1199770479189319681

La también congresista demócrata Alexandria Ocasio-Cortez, por su parte, cuestionó que los fondos federales se utilicen para encarcelar y deportar estudiantes en lugar de que se creen mecanismos para investigar “contratos corruptos o encarcelamiento masivos”.

El gobierno de India, cuya nacionalidad tienen gran número de los apresados según los reportes, emitió un comunicado en el que solicita la liberación inmediata de los estudiantes y rechazó cualquier deportación no voluntaria.

Su embajada en Estados Unidos abrió incluso un número teléfono para que los estudiantes implicados puedan solicitar asistencia consular.

El ICE, por su parte, justificó su accionar al considerar que la Universidad de Farmington sirvió a los agentes como una “evidencia de fraude de primera mano”.

“Las escuelas encubiertas proporcionan una perspectiva única para comprender las formas en que los estudiantes y reclutadores intentan explotar el sistema de visas de estudiantes”, indicó la agencia federal.

¿Es primera vez que esto ocurre?

Hace unos años, las autoridades migratorias de Estados Unidos practicaron otra operación similar en la también falsa Universidad del Norte de Nueva Jersey.

Cuando decidieron acabar con el programa en 2016, más de 1.000 estudiantes de la escuela recibieron la orden de comparecer ante los tribunales de inmigración, con penas que iban desde una posible deportación hasta la prohibición de entrada de por vida a Estados Unidos.

Al igual que ahora, las autoridades afirmaron que los estudiantes eran “plenamente conscientes” de que se estaban inscribiendo en una escuela falsa, pero algunos alegaron que habían sido engañados por falsos reclutadores y el gobierno.

Algunos estudiantes entonces fueron arrestados incluso después de que se cambiaron de escuela tras darse cuenta de que Universidad del Norte de Nueva Jersey era falsa.


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