"El cine mexicano le debe mucho a Juan Orol": Sebastián del Amo
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"El cine mexicano le debe mucho a Juan Orol": Sebastián del Amo

Animal Político entrevista al cineasta Sebastián del Amo, director de la cinta 'El fantástico mundo de Juan Orol' que se estrenó ayer en las salas mexicanas.
Por Manu Ureste
15 de septiembre, 2012
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El cineasta Sebastián del Amo habló para Animal Político sobre el estreno de su ópera prima en las salas mexicanas. //Foto: Manu Ureste

Tan solo diez minutos después de la hora acordada, tiempo suficiente para darle un par de vueltas completas a esta plaza Río de Janeiro repleta de niños correteando y parejas que platican sentadas en las bancas de hierro entorno a la majestuosa fuente en la que se levanta la efigie del David de Miguel Ángel, aparece Sebastián del Amo atravesando lentamente la calle Orizaba donde se encuentra anclada una pintoresca Iglesia de estilo gótico y un coqueto café de nombre italiano en la esquina.

El cineasta viene sonriente, anoto. Con paso tranquilo, relajado y vestido de manera casual con unos pantalones algo desgastados, una camisa azul claro arremangada y por fuera, una boina estilo francés cubriéndole la frente, y unas botas tipo camperas. En la mano derecha, completo el perfil en la libreta, trae un diario en el interior de una bolsa de plástico de una de esas tiendas de autoservicio que tanto proliferan en la ciudad de México, y en la izquierda sujeta con fuerza una correa de la que tiran un hermoso e inquieto labrador que no para de ladrar y un xoloescuincle de aspecto exótico y simpático.

Tras varios minutos caminando absorto en sus pensamientos, Del Amo alza al fin la mirada y al percatarse de la cámara y de la mochila que traigo colgada al hombro me reconoce asintiendo levemente con la barbilla.

Nos saludamos con un apretón de manos –oye, ¿tú no eres de aquí, verdad?-, ata los perros en un hierro de la verja que protege el jardín y de inmediato comenzamos a platicar sobre El fantástico mundo de Juan Orol, su primer largometraje en el que participa “un elenco que tuvo mucha magia” –Roberto Sosa, Julio Bracho, Jesús Ochoa, Gabriela de la Garza, Marisa Saavedra…-, el cual se estrenó ayer en las salas mexicanas tras obtener previamente numerosos reconocimientos en festivales de prestigio como el de Guadalajara, donde ganó el premio a la mejor ópera prima.

“A pesar de ser El Rey del churro, Orol es fundamental para entender la evolución de la industria cinematográfica mexicana”

“Comprenderás que la primera pregunta es obligada –le comento al cineasta de 41 años casi a modo de disculpa mientras aún va tomando asiento en una banca de piedra que hay en el interior del parquecillo-. ¿Por qué elegiste para tu ópera prima a un personaje como Juan Orol, considerado como ‘el peor cineasta mexicano de todos los tiempos’?

Sebastián se toca la nariz y dirige la mirada ligeramente hacia la copa de los árboles que nos protege del sol capitalino.

“Me pareció muy interesante que Juan Orol, a pesar de ser considerado como el peor director de la historia del cine mexicano -que eso ya le da un morbo especial- es un personaje absolutamente icónico y fundamental para entender la evolución de la industria cinematográfica en la época de oro y para entender al cine mexicano”, se arranca el cineasta, quien destaca al respecto que, a pesar de que la crítica de la época fue feroz con este realizador de origen gallego que dirigió cerca de 60 películas, entre ellas algunos títulos míticos como Gangsters contra Charros, Embrujo antillano o Madre querida, el cine nacional está en deuda con este “inventor de géneros” que gustaba de salir a la esquina a comprar el pan vestido con mucho garbo a lo Johnny Carmenta –”su personaje de toda vida”, con traje cruzado a rayas, pajarita, zapatos impecables y sombrero de ala ancha.

Cartel promocional de la película "El fantástico mundo de Juan Orol", ópera prima del cineasta mexicano Sebastián del Amo.

“Sin duda se trata de un personaje muy singular –afirma Del Amo aguantando la carcajada tras contar que, en realidad, el Rey del Churro llegó al cine “porque básicamente le gustaban las actrices y en las películas salían tías buenas”-. Yo siempre lo comparo con un espontáneo que se avienta al ruedo a torear con una camisa –continúa-. Orol era así: un tipo que no se cuestionaba mucho las cosas en la vida. Por eso en su cine no vemos un planteamiento filosófico o artístico, aunque sí fue un inventor de géneros. Por lo que el cine mexicano le debe mucho temáticamente: porque al primero que se le ocurrió fotografiar a una de esas cubanas espectaculares –dibuja una silueta en el aire con las manos invocando a María Antonieta Pons-, sinuosas y caderonas que se movían de locura, fue a Juan Orol. Es decir, él es quien define la estética de Cabaré y el que inventó el género de las rumberas, el cual es el antecesor del cine de ficheras que más adelante, en los setentas, fue definitivo”.

“Mientras todos hacían cine de charros, Orol introdujo el género de gánsteres. Se creía el Humphrey Bogart mexicano”

Y además esto tiene aún más mérito, destaca el cineasta con los ojos azules muy abiertos tras los lentes con montura de pasta, porque lo hace en pleno apogeo de la época del cine de oro mexicano de Ismael Rodríguez, Pedro Infante, Luis Aguilar, Jorge Negrete, El Indio Fernández, Sarita García y compañía.

“Es decir, mientras todo el mundo en la época de oro hacía películas de charros, en las que se retrata un México de haciendas que ya para 1950 realmente no existía, Orol introduce una temática mucho más urbana y se inventa el género de gánsteres, ya que estaba absolutamente obsesionado con estos personajes. De hecho, él se consideraba el Humphrey Bogart mexicano”, cuenta divertido Sebastián, para añadir acto seguido que otro de los aspectos que le llamó poderosamente la atención de este ‘surrealista involuntario’ que estuvo a la sombra de Buñuel, y que antes de hacer cine, o eso cuenta al menos la leyenda, saltó al ruedo como torero, subió a un ring enfundado en unos guantes de box, bateó jonrones, fungió como corredor de coches, y hasta pateó la ciudad como investigador de la policía judicial, fue su enorme capacidad de producción y de salir adelante a pesar de la falta de recursos… y de las feroces críticas.

“A diferencia de las luminarias que hubo en el cine mexicano como El Indio Fernández o Ismael Rodríguez, que a pesar de que ganaron premios y palmas de oro tuvieron un periodo de inactividad muy largo al final de sus carreras, Juan Orol se mantuvo con su esquema de películas baratas hasta el fin de sus días”. “De hecho –llega a la conclusión-, de alguna manera Orol es el antecesor del esquema de producción de los video-home, que es un género que sigue absolutamente vigente en la actualidad con películas de narcotraficantes y de mafiosos”.

Durante la entrevista, Sebastián del Amo reveló que su próximo proyecto será una película basada en la novela 'El complot mongol', una historia de espías en el barrio chino del DF. //Foto: Manu Ureste

Tras concluir la argumentación de por qué eligió para su ópera prima a este incansable cineasta que terminó sus días en 1984 en la más absoluta pobreza –”tanto, que tuvieron que pasar el sombrero en el edificio de productores para darle un entierro digno”, con casi 94 años de edad, ¡y otra película! en ciernes que no llegó a concluir, Sebastián le echa un vistazo de soslayo al teléfono móvil que suena en estos momentos y se disculpa para contestar rápidamente la llamada durante unos segundos, tiempo que aprovecho para repasar algunas de las preguntas pendientes que hay anotadas a mano en una hoja de libreta sin cuadrículas.

“Bien –reiniciamos la conversación-, ya conocemos un poco más sobre quién fue Juan Orol… ¿Pero, qué va a encontrar el espectador cuando se siente en la butaca y vea en la gran pantalla a Roberto Sosa caracterizado como Orol y rodeado de hermosas rumberas?”

“La cinta es un homenaje en todos los sentidos –recalca-, desde la temática hasta la estética, la música… Aunque intentamos que fuera una película que, a diferencia del cine de Orol, que se caracterizaba por sus errores –por ejemplo, en uno de sus filmes el personaje entra vestido de traje negro, mata al malo, y en la siguiente escena sale vestido de blanco-, nosotros intentamos hacer una película muy bien cuidada en todos los aspectos, para no caer precisamente en el gazapo cinematográfico. Y el resultado es una cinta diferente, que vale mucho la pena. Se van a divertir mucho”.

“La idea con la película era no hacer una biografía formal de Juan Orol, sino una ficción biografiada”

“¿Cómo fue todo el proceso de gestación del proyecto y la documentación sobre el personaje? –cuestiono-. He leído que tardó hasta 12 años en concluirlo. ¿Por qué tardó tanto tiempo en darle forma a El fantástico mundo de Juan Orol?”.

Sebastián suspira como si ya esperara esa pregunta, esboza una leve sonrisa, y se toca el mentón por el que aflora una barba de candado de la que brotan entremezclados vellos claros y grisáceos.

“Estuve seis años documentándome porque hay muy poca información alrededor de Juan Orol. Consulté absolutamente todo lo que hay publicado, que es poco realmente. La poca información que hay son entrevistas que Orol dio a una edad ya muy avanzada, y entre que confundía fechas, nombres, o que directamente se inventaba partes de su vida, la información que existe no es verificable; es como un salto de fe: te la crees o no. Entonces, en este sentido, la idea era no hacer una biografía formal del personaje, sino una biografía ficcionada, o una ficción biografiada.

Luego fueron otros seis años para la consolidación del proyecto –añade- porque se nos cayó la producción hasta cuatro veces y en diferentes etapas, aunque afortunadamente conseguimos levantarla en cinco y comenzamos a filmarla a finales de 2010″.

“El fantástico mundo de Juan Orol es una película con mucho colorido, una oferta diferente de cine mexicano”

Y el resultado, asegura con un claro gesto de satisfacción en el rostro, “es una película con mucho colorido, una oferta diferente de cine mexicano” dirigida a cualquier tipo de espectador. “Porque a la gente que tiene cierta edad y que conoció aquel cine –hace hincapié- esta película le va a remitir a esa época y la va a disfrutar mucho porque revivirán ese México que ya se fue en mayor o menor medida; y a los chavos que no tienen esa referencia del personaje, les va a permitir descubrir parte de la historia del cine mexicano, y creo que este es uno de los aciertos de la película”.

“Roberto Sosa no era nuestra primera opción para el personaje de Orol. Pero viéndolo en retrospectiva… fue la mejor elección. Su trabajo es brutal”

“Sin duda, otro de los aciertos –pregunto al hilo aprovechando la última contestación y casi sin darle tiempo a recuperar el aliento-, fue la actuación de Roberto Sosa en el papel de El Rey del Churro, al menos según la crítica. ¿Cómo fue el proceso de selección del actor para el rol principal de la película?”.

El actor mexicano Roberto Sosa da vida a Juan Orol. //Foto: Cuartoscuro

“Roberto no fue nuestra primera opción –revela-, aunque sí lo invité a que interpretara otro papel desde una etapa muy inicial del proyecto”, afirma Del Amo, que explica al respecto que conoce al intérprete mexicano –que ha participado en más de 90 largometrajes en los que ha estado bajo la dirección de leyendas del celuloide como Oliver Stone- desde su época universitaria. “Pero el proyecto se nos calló cuatro veces y a la quinta pensé por qué no ofrecerle el protagónico a él… Y viéndolo en retrospectiva, me parece que fue la mejor opción; estoy muy agradecido con su trabajo porque fue brutal. Envejece al personaje en cuadro 60 años de una manera impactante –el proceso de envejecimiento, enfatiza, lo hizo Roberto Ortiz y la caracterización general de toda la película Mari Paz Robles-. Realmente, me parece uno de los mejores actores de México y no un ‘cebollazo’ gratuito”.

“¿La cicatriz de Sosa, que no concuerda con el personaje de Orol, no fue un inconveniente?”.

“Evidentemente, una de mis preocupaciones de inicio era el tema de la cicatriz que tiene Roberto, que efectivamente no coincide con el personaje –admite-. Pero ya en el proceso dije… bueno, pues al diablo, más bien hagamos que Roberto sea Juan Orol, así que hice una cicatriz a Orol de una manera ficticia; fue algo que me saqué de la manga”.

“Que comparen El fantástico mundo de Juan Orol con Ed Wood es un subidón para el ego importante”

“En las redes sociales y en tráiler de la película que hay en Youtube se pueden leer numerosos comentarios que comparan, al menos desde el punto de vista de la estética, a El fantástico mundo de Juan Orol con películas de la talla de la oscarizada The Artist o con Ed Wood, la cinta que protagonizó Johnny Depp dirigido por Tim Burton sobre el cineasta estadounidense al que, como Orol, se le considera el peor director de su época. ¿Te gusta que comparen tu filme con estas películas?”

“Que comparen la película de El fantástico mundo de Juan Orol con Ed Wood, la cual está considerada una película de culto es, evidentemente, un subidón para el ego importante, no te voy a mentir –afirma con los brazos cruzados, arqueando levemente la ceja izquierda por encima de los lentes, y con una sonrisilla de modestia-. Pero más allá de eso, la comparación, aunque es obligatoria, me parece poco acertada, porque a pesar de que ambos personajes tienen el título poco honorable de ser los peores directores de su época, la diferencia radica en que Orol hizo 57 películas en 60 años, y Ed Wood 5 o 6 en un periodo relativamente corto. Entonces, mi planteamiento es que, por más que sus películas hayan sido consideradas como malas, pues ningún tonto logra hacer 57 filmes en un periodo de tiempo tan largo. Eso indica que había un público que las consumía y que eso fue lo que convirtió a Orol en un ícono más allá de lo absurdo o lo surrealista involuntario”.

****

Ya van a dar las dos de la tarde, observo por mi reloj. El cielo, hace apenas diez minutos libre de nubes y con un sol imponente radiando encima de nuestras cabezas, es ahora un manto grisáceo y espeso que amenaza con una de esas típicas tormentas vespertinas que descargan en minutos sobre la ciudad de México miles de litros de agua, granizo e intimidantes relámpagos.

“Un par de preguntas más y terminamos” –prometo mientras abandonamos la banca de piedra cobijada por la sombra de frondosos árboles y buscamos un lugar de la plaza con más luz para tomar las fotografías-.

Sebastián amarra de nuevo los perros, se acomoda la camisa que lleva ligeramente abierta, y asiente en un gesto casi imperceptible de infinita paciencia. “Claro, adelante”.

“La época del cine de oro mexicano ya parece más una carga que una característica gloriosa de nuestra industria”

“Tal y como comentaste anteriormente, tu película es un homenaje a un personaje cuyo ciclo de mayor éxito y declive coincide con aquella legendaria época del cine de oro mexicano. En este sentido, mi pregunta es doble: Primero, ¿crees que en México sigue habiendo una especie de nostalgia por aquellos días?; y segundo: ¿qué puede aprender el cine actual del de aquella época?”

“Bueno –se encoje ligeramente de hombros-, creo que la época del cine de oro mexicano ya parece más una carga que una característica gloriosa de nuestra industria. Pero si algo tuvo de dorado aquella época es que el cine nacional se consumía masivamente y tenía un público, cosa que ahora no sucede desgraciadamente. Y además nuestro cine se exportaba a Argentina, Venezuela, España… “, deja unos puntos suspensivos en el aire, para a continuación evocar al espíritu de Orol como una forma de sacar adelante a la industria y volver a “enganchar” al público con los filmes mexicanos.

“Los cineastas mexicanos debemos ser un poco como Orol; él tenía todo en contra y a pesar de todo realizaba sus películas con mucho desparpajo”

“Es importante revalorizar a un personaje como Juan Orol, porque él tenía todo en contra: la crítica, el dinero… Y a pesar de todo realizaba sus películas con mucha cara, con desparpajo. Creo que todos los cineastas mexicanos debemos ser un poco así, porque las condiciones hoy no están dadas. Es decir, debemos recuperar esa habilidad para traer de vuelta al público que sí va al cine. Porque, por ejemplo –se explica-, el año pasado millones de espectadores llenaron las salas de México, sin embargo el 95% admitió no haber visto una sola película mexicana. Claramente ahí radica la enorme desgracia en la que está sumido el cine nacional, y nuestra responsabilidad como realizadores es proveer siempre de mejores contenidos y de tener al público en cuenta y buscar recuperarlo, y claro –llama la atención-, pelear por mejores condiciones para que se exhiba y se vea el trabajo que vale mucho la pena. Porque el cine mexicano tiene mucho más que un simple tema cultural”.

“¿Te refieres con esto último al tema del narcotráfico, el cual en los últimos años parece haber ocupado gran parte de la temática del cine mexicano?”

“De unos años para acá, no es que la única temática en México sea únicamente el narcotráfico –afirma-, sino que parece que la vida en México se está convirtiendo en uno de los video home de los hermanos Almada; sin duda esto es algo preocupante, porque este tipo de películas retratan un mundo muy sórdido”.

“El complot mongol”, nuevo proyecto

Tras la última contestación es hora de cumplir lo prometido y poner fin a la entrevista con este joven cineasta que se define como “un obsesionado de la temática de las novelas históricas”. Una fijación, me comenta ya casi a modo de despedida y mientras trata de calmar los ladridos del labrador que quiere continuar con su paseo interrumpido por un tipo que no para de hacer preguntas, por la que su próximo proyecto será una película basada en la novela El complot mongol, una historia de espías de la KGB, la CIA y la policía judicial mexicana que tiene lugar en el barrio chino de la calle Dolores del DF en plena Guerra Fría, y para la que contará de nuevo con Roberto Sosa –en la piel del detective mexicano- como actor principal y con gran parte de ese “maravilloso elenco” que participó en su ópera prima que se estrenó ayer.

“La idea –me dice Sebastián mientras apretamos las manos- es repetir el equipo de trabajo, pero no la fórmula. Porque eso sí era algo muy del cine de Juan Orol”. Ríe y se marcha por donde vino, de nuevo con paso relajado a pesar de la amenaza inminente de lluvia, y con la correa de la que tiran los dos perros y la bolsa con el periódico ocupándole ambas manos.

Checa aquí el video de la entrevista con Sebastián del Amo:

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World Press Photo 2021

'El primer abrazo', historia detrás de la imagen ganadora del World Press Photo 2021

La fotografía de una anciana en Brasil abrazando a una enfermera en medio de la pandemia de coronavirus ganó el prestigioso certamen.
World Press Photo 2021
16 de abril, 2021
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“Una historia de esperanza y amor en los tiempos más difíciles”.

Así describió el fotógrafo danés Mads Nissen la historia detrás de la imagen ganadora del World Press Photo 2021.

La instantánea capta el momento en el que la enfermera Adriana Silva da Costa Souza rodea con sus brazos a Rosa Luzia Lunardi, de 85 años, quien llevaba cinco meses sin abrazar a nadie.

En Brasil, como en otros muchos países, las residencias de ancianos cerraron en marzo de 2020 para protegerse de la pandemia de coronavirus, especialmente mortal para los mayores de 80.

Tras cinco meses en que se instruyó a los cuidadores reducir a mínimos el contacto físico con los vulnerables, un simple invento en la residencia de ancianos Viva Bem en Sao Paulo permitió restablecer las muestras de afecto.

Empezaron a usar “la cortina del abrazo”, hecha de un plástico flexible que permitía a cuidadores y ancianos volver a abrazarse.

La foto fue tomada el 5 de agosto de 2020.

El jurado independiente la seleccionó como ganadora del certamen con el nombre The First Embrace (“El primer abrazo”).

“El momento más extraordinario de nuestras vidas”

“Cuando supe de la crisis que se desataba en Brasil y el pobre liderazgo del presidente Bolsonaro, negando el virus desde el principio y llamándolo una “pequeña gripe”, realmente sentí la urgencia de hacer algo sobre ello”, comentó Nissen sobre su fotografía.

Cementerio en Manaos, en Brasil.

Getty Images
Brasil es uno de los países con más muertos e infectados por la pandemia de coronavirus.

Desde que comenzara la pandemia, la COVID-19 ha dejado en Brasil 13 millones de infectados y más de 350,000 muertos, convirtiendo a la nación sudamericana en el segundo país con más decesos después de Estados Unidos (559,000), según datos de la Universidad Johns Hopkins.

Durante la crisis, la gestión del presidente Jair Bolsonaro ha sido ampliamente criticada, por oponerse a aplicar medidas de contención más restrictivas contra el virus.

Kevin WY Lee, fotógrafo y director creativo del jurado en la edición de 2021, describió la foto premiada como “una icónica imagen de la COVID-19 que inmortaliza el momento más extraordinario de nuestras vidas. (En ella) Leo sobre vulnerabilidad, seres queridos, pérdidas y separaciones, muertes, pero, más importante, también supervivencia. Todo está en una sola imagen”.

El jurado valoró 74,470 fotografías de 4,315 fotógrafos antes de seleccionar a los ganadores en ocho categorías: noticias generales, deporte, medio ambiente y retratos.

“Ayer hablé con las dos protagonistas de la foto. Ambas están bien y muy contentas también por el premio”, le dijo Nissen a la BBC.

El fotógrafo cuenta que tomar la foto fue un “alivio” en un momento de “tristeza”.

“Uno podría pensar qué importa un abrazo, pero realmente emocionó a todos, a mí incluido”, confesó Nissen.

Mads Nissen.

Getty Images
Mads Nissen fue el fotógrafo premiado. Trabaja desde 2014 para el diario danés Politiken.

“Este año ha sido muy significativo. Y han elegido esta imagen para representar este año y esta crisis. Es un gran honor”, añadió el fotoperiodista.

Tras graduarse en 2007 de la Escuela Danesa de Periodismo, Nissen se mudó a Shanghái para documentar las consecuencias sociales y humanas del histórico ascenso económico de China.

Ahora reside en Copenhagen, y desde 2014 trabaja como fotógrafo para el diario danés Politiken.


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