Chávez y Capriles se juegan sus últimas fichas en Venezuela
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Chávez y Capriles se juegan sus últimas fichas en Venezuela

Venezuela entra en la recta final de una larguísima campaña electoral con ambos candidatos, el presidente Hugo Chávez y el opositor Henrique Capriles, concentrados en movilizar a sus simpatizantes de cara a los comicios del 7 de octubre.
2 de octubre, 2012
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Venezuela entra en la recta final de una larguísima campaña electoral con ambos candidatos, el presidente Hugo Chávez y el opositor Henrique Capriles, concentrados en movilizar a sus simpatizantes de cara a los comicios del 7 de octubre.

Este último tramo comienza marcado por el brote violento del sábado, cuando tres seguidores de Capriles murieron tiroteados -según denunciaron las filas opositoras- por simpatizantes del oficialismo.

El gobierno, sin embargo, trató de desmarcarse de los hechos anunciando el rápido arresto de los presuntos autores. El presidente Chávez también lamentó lo sucedido durante un discurso.

La violencia no consiguió impedir que el domingo ambos candidatos hicieran una demostración de su capacidad movilizadora al sacar a las calles a miles de seguidores.

Eso sí, a juzgar por discursos de Chávez y Capriles, tampoco resulta sencillo encontrar grandes diferencias respecto a aquellos primeros días de julio, cuando comenzó la contienda.

Aunque en ambos candidatos se denota un cambio de estrategia a la hora de presentarse ante la gente, de lo que dicen, poco hay nuevo más allá de la insistencia de Capriles en la necesidad de organizar un debate, de la que parece haber desistido.

El supuesto asalto final anunciado por el presidente ha consistido en realidad en moderar la duración de sus discursos, que de ser de varias horas, en las últimas ocasiones no han superado los 60 minutos. El contenido, prácticamente el mismo.

Además, se ha podido notar que ha acudido con más frecuencia a la cadena nacional obligatoria, que no es campaña stricto sensupero que suele aprovechar para hacer alusiones a los males de un gobierno de “la burguesía”.

Por su parte, los últimos actos del candidato opositor también presentan una cara bastante parecida a los primeros, si bien es cierto que ha pasado del “casa por casa” y “pueblo por pueblo” a las concentraciones más o menos multitudinarias alrededor de un escenario.

Pero básicamente es lo mismo: sin tocarle a la puerta a los vecinos, pero sigue llegando en un baño de masas, entre empujones saluda, habla y se va.

Sondeos disímiles

La cuestión de las encuestas, como casi todo lo que tiene que ver con la campaña, no está exenta de controversia, sobre todo por lo disímiles que son sus proyecciones, incluso las más reputadas. Sus responsables se defienden hablando de cuestiones técnicas.

En lo único en que coincide la mayoría es en que el presidente mantiene sus números y es Capriles, tal vez, el que ha avanzado y recortado la ventaja: sea para considerar que ha culminado la remontada o para asegurar que todavía está lejos.

De las más relevantes encuestas, dos dan una victoria a Chávez, otras tres le dan cierta ventaja y dos plantean un escenario también ajustado pero a favor de Capriles.

Apuntan a una ventaja sólida para el mandatario Datanálisis, Hinterlaces e IVAD. Capriles prefiere mirar los sondeos de Consultores 21 y Varianzas, que son las que apuntan a que su candidatura cuenta con mayor apoyo y, por consiguiente, llega con posibilidades de ganar el 7 de octubre.

De hecho, Consultores 21 hizo algo que, al menos periodísticamente, resulta llamativo, aunque bien podría no significar demasiado para los técnicos. A saber, además de preguntar por la intención de voto, hizo una especie de simulación en la que la respuesta era mantenida en secreto, es decir, no se la daba al encuestador.

Lo interesante es que asegura haber encontrado una desviación entre el resultado en abierto, que fue 46,5% para Capriles contra 45,7% para Chávez, y el secreto, en que el apoyo de Capriles sube a 48,9% mientras el del mandatario es el mismo.

Para algunos, eso es una especie de constatación empírica del “voto oculto” a los encuestadores que está por emerger el día de la votación.

En el ambiente…

La campaña ha pasado por momentos de cierta crispación, sobre todo desde que el oficialismo se lanzó a airear la carta del miedo a los recortes sociales que supuestamente vendrían en caso de una victoria opositora.

Tampoco ayudó el caso del diputado Juan Carlos Caldera, destacado miembro del equipo de Capriles que fue grabado en un video cuando supuestamente aceptaba un soborno. El candidato reaccionó expulsándolo fulminantemente sin atender a los argumentos del diputado, que habló de un aporte a su campaña para alcalde del año próximo.

Pese a todo, lo que se respira en las calles de Caracas es más bien tranquilidad y un ambiente ciertamente festivo. Pese a lo encendido de los discursos –sobre todo el de Chávez– y la crispación de “opinadores” mediáticos de ambos lados, en la calle es difícil encontrar algo que no sea ilusión por ganar.

De todos los votantes abordados por BBC Mundo para ver qué pensaban, sólo salían de la norma las personas que han preferido no dar su nombre o no hablar en absoluto por considerar la política “un tabú”.

La respuesta unánime de chavistas, opositores y los aparentemente neutrales gira en torno a la necesidad de hacer algo con la inseguridad.

Luego, en función del color político, se escuchan frases como que es necesario atender más a los pobres o que son necesarias más libertades económicas y respeto a la seguridad jurídica.

Sólo entre quienes hacen campaña se percibe cierta tensión, pero ellos son los menos.

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Colombia: por qué está en un escenario sin precedentes (y qué puede significar para su futuro)

A pesar de la violencia, Colombia fue un país reconocido por su estabilidad económica y política. Pero todo esto parece haber cambiado.
6 de mayo, 2021
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Estaciones de policía y transporte quemadas. Carreteras cortadas durante días. Desabastecimiento de productos. Un número desconocido de muertos y desaparecidos. Un estado de incertidumbre y nerviosismo agudo.

Colombia ha vivido muchos momentos delicados al largo de su traumática historia, pero ahora parece estar recorriendo un camino desconocido en al menos tres ámbitos distintos: la protesta social, la economía y la representación política.

Hubo momentos en el pasado que rompieron la historia en dos como la ola de violencia que antecedió a la firma de la Constitución de 1991 o las revueltas de 1948 tras el asesinato del candidato Jorge Eliécer Gaitán que dieron origen a las guerrillas.

El desenlace de la crisis actual es desconocido y por eso es difícil entrar en comparaciones sobre su relevancia histórica.

Lo que parece evidente, según los expertos consultados por BBC Mundo, es que la actual es una situación sin precedentes. Y que mucho se explica porque el proceso de paz con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) en 2016 abrió una caja de pandora de demandas y problemáticas antes prohibitivas por cuenta de la guerra.

“Yo tengo 74 años y le digo que nunca vi una élite política tan incapaz de llegar a resoluciones“, dice el historiador Carlos Caballero Argáez.

El gobierno de Iván Duque ha lanzado una nueva mesa de negociación para rebajar la tensión y buscar salidas consensuadas. Es lo que hizo en noviembre de 2019, cuando las protestas eran más pacíficas y puntuales y la situación del país menos grave.

Hoy el mandatario tiene desafíos por donde se mire: en su partido, en las calles, dentro de las fuerzas armadas, en materia fiscal y en lo político.

Dentro de exactamente un año Colombia estará celebrando elecciones generales y presidenciales: todo desarrollo en este momento tiene una clave electoral.

Mientras la violencia sigue siendo la principal preocupación de los colombianos, BBC Mundo habló con varios expertos para hacer un ejercicio de distancia que permita entender lo que está ocurriendo.

Un paro sostenido y amplio

Un primer elemento nuevo de esta crisis es la dimensión de la protesta social.

“La cobertura y la sostenibilidad han sido inéditos”, dice Mauricio Archila, experto en movimientos sociales.

Una manifestación en Colombia

Getty Images
Las protestas en Colombia han sido masivas y se han extendido a muchas ciudades y poblados del país.

Las protestas esta vez llegaron a pequeños y medianos municipios. Fueron convocados por jóvenes, pero cuentan con el apoyo de adultos mayores y poblaciones minoritarias. Han paralizado la producción, el abastecimiento y el transporte en rincones inesperados.

Este paro ha llegado a lugares donde antes no se solía protestar y se ha mantenido por varios días sin dar tregua”, añade Archila.

Y concluye: “Soy muy escéptico de las comparaciones, y no quiero entrar a hablar del Bogotazo (1948) ni el paro cívico de 1977, pero es cierto que este paro ha producido una alianza obrero-campesina-indígena que tal vez nunca había estado tan equilibrada”.

En efecto, al Paro Nacional es un movimiento heterogéneo plagado de contradicciones y conflictos internos. Su líder no es claro y en su interior hay representaciones de casi todos los sectores. Su futuro depende de cómo logra sortear esa diversidad.

“Pero lo que sí es evidente es que la fuerza del Paro sorprendió a toda la clase política”, opina Daniel Hawkins, investigador de la Escuela Nacional Sindical.

“En la mitad de la tercera y más fuerte ola de contagio y luego de la orden del tribunal de Cundinamarca que prohibió aglomeraciones, los políticos nunca creyeron que la gente iba para la calle de forma masiva”, apunta Hawkins.

Una protesta en Colombia

Getty Images
Las protestas se han recrudecido tras las confrontaciones con las fuerzas de seguridad pública.

Las protestas ya lograron dos efectos inesperados en un país donde la movilización social, que era esporádica y tachada de “subversiva”, rara vez tuvo consecuencias políticas: las retirada de la reforma tributaria y la caída del ministro de Hacienda, Alberto Carrasquilla.

Lo que es difícil de pronosticar es si este movimiento, que en origen se mostró fresco y novedoso, terminará en una situación que sí tiene precedentes en Colombia: la de una violencia desbordada.

Una economía desestabilizada

La economía colombiana ha sido durante décadas la más estable de América Latina: la que menos recesiones tuvo en el siglo XX, la que no presentó hiperinflación y la que no incumplió sus compromisos de deuda en 80 años.

Pero ahora la situación es distinta.

“Pocas veces —por no decir nunca— había visto al país en una situación tan difícil como la que estamos viviendo hoy“, escribió en su columna el prestigioso economista y exministro Mauricio Cárdenas.

Iván Duque

EPA
Duque ha dicho que su prioridad es lograr una reforma fiscal.

Y Caballero Argáez añade: “La última vez que se cuestionó la responsabilidad fiscal del país fue durante la crisis de la deuda latinoamericana (principios de los 80), pero ahí Colombia consiguió refinanciar la deuda y un acuerdo de monitoreo con el FMI que nos permitió ser el único país latinoamericano que no entró en recesión ni tuvo que reestructurar deuda”.

Hoy los bonos colombianos son calificados como “basura” en los mercados internacionales, el peso está alcanzando récords de devaluación y por primera vez en años la capacidad de pago y emisión de deuda del país están cuestionados.

“Colombia tienen un problema de recaudo (fiscal) cada vez que hay una crisis, porque su recaudo en tiempos normales siempre ha sido bajo”, dice la politóloga Mónica Pachón.

“Pero eso siempre lo habían podido solucionar con reformas tributarias de crisis con impuestos transitorios que lograban sacarnos del problema”.

“La diferencia ahora es que nunca una reforma nunca había generado semejante nivel de oposición, mucho menos sin entrar al Congreso, y su caída nos puso en un lugar incómodo”, explica la decana de Ciencia Política de la Universidad del Rosario.

Un enfrentamiento entre policías y manifestantes en Colombia

Getty Images
El número de fallecidos y heridos por los enfrentamientos en las protestas ha ido en aumento.

Duque ha dicho que su prioridad es lograr una reforma cuanto antes que se pueda aprobar en el Congreso. Los economistas dudan que no se logre una resolución que probablemente recaude menos impuestos, pero al menos saque al país de la crisis.

Sin embargo, el famoso modelo de la estabilidad neoliberal y ortodoxo de Colombia mostró grietas por primera vez en su historia.

Una política radicalizada

Así como estable en lo económico, Colombia ha sido un país sin muchos altibajos en lo político: salvo durante un pequeño periodo en los años 50, la democracia en su sentido más formal —elecciones cada cuatro años y transiciones de poder sin problemas— se ha mantenido intacta.

Aunque la violencia no ha dejado de ser un problema desde los años 50, el bipartidismo entre liberales y conservadores (que llegaron a alternarse en el poder por convenio) permitió que se generara la idea de que las instituciones democráticas no estaban en peligro.

Colombia siempre fue considerada, al menos en el exterior, como una democracia estable.

Pero en esta crisis la clase política se ha visto incapaz de llegar a resoluciones, apuntan los analistas. Duque llamó a los militares a controlar la situación (aunque varios alcaldes se opusieron); algunos incluso barajan escenarios de golpes de Estado y el líder en las encuestas para las elecciones de 2022 es un candidato de izquierda que militó en las guerrillas, Gustavo Petro.

Una vigilia en Colombia

Getty Images
Muchos colombianos denuncian que el Estado ha sido represor.

“La violencia de las protestas, que además es seguida por la gente desde sus redes sin entrar a entender ni profundizar, hace que la política sea más polarizada y más ideológica, con la consecuencia de que llegar a soluciones es muchos más difícil”, explica Pachón.

Uno de los efectos del proceso de paz de 2016 fue el estatuto de oposición, un mecanismo que da garantías a los críticos del Ejecutivo, pero también aumenta su capacidad de entorpecerle sus iniciativas.

“Le sumas a eso que Duque es un presidente débil incluso dentro de su partido y tienes el caldo de cultivo de la desgracia“, dice Pachón.

En Colombia, como en toda América Latina, siempre ha habido una crisis de representación política, pero quizás nunca antes se había hecho tan evidente la desconfianza de la población sobre la clase política.

“Lo que estamos viendo es un descontento generalizado y quizá irremediable, es casi una situación pre revolucionaria”, dice Caballero.

Una vigilia en Colombia

Getty Images
Los escuadrones antidisturbios han sido culpados de varios fallecimientos durante las protestas.

Las consecuencias pueden ser muchas: desde la renuncia del presidente, inédita en Colombia desde los años 50, hasta la elección de un candidato, de izquierda o derecha, que rompa con las hasta ahora estables instituciones democráticas del país.

“Esto se soluciona con un candidato que pueda generar confianza entre las diferentes poblaciones al mismo tiempo que pueda incluir al establishmentpolítico”, dice Pachón.

“Pero me temo que eso, ahora, está más lejos que nunca”.


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