¿Cómo se compara la vida sexual de James Bond con la del hombre promedio?
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¿Cómo se compara la vida sexual de James Bond con la del hombre promedio?

Según un sondeo británico publicado en 2011, el hombre promedio tiene a lo largo de su vida encuentros sexuales con 9,3 mujeres. En el caso del superagente, el número es, como era de esperar, muy superior.
8 de octubre, 2012
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No importa lo tonto o lo machista que sea el comentario, lo cierto es que cuando James Bond abre la boca las mujeres caen a sus pies. Pero si cualquier otro hombre intenta seducir utilizando sus mismas frases, lo más probable es que reciba un cachetada, una mirada incrédula, o una sonrisa desdibujada si la mujer que tiene enfrente es relativamente benévola.

Para el agente 007 la situación es diferente: vive en un mundo de ficción en el que las leyes del romanticismo parecen no funcionar.

A donde quiera que vaya, sólo le hace falta levantar una ceja para atraer a una multitud de mujeres despampanantes deseosas de lanzarse en sus brazos.

¿Pero cómo se compara el comportamiento de Bond con el del resto de los hombres?

Según un sondeo británico publicado en 2011, el hombre promedio tiene a lo largo de su vida encuentros sexuales con 9,3 mujeres.

En el caso del superagente, el número es, como era de esperar, muy superior.

Hacer un recuento es complicado ya que muchas veces las escenas sexuales no son explícitas: en ocasiones lo vemos despertar en la cama, al lado de una morena (rubia, castaña o pelirroja) espectacular, lo cual nos da a entender que se ha acostado con ella, aunque la escena de la noche previa no figure en al película.

Un estudio sobre las series de James Bond llevado a cabo por un equipo de académicos en 2009 y publicado en la revista Roles Sexuales, señala que en los primeros 20 capítulos de la serie de Eon Producciones, el 007 tuvo contactos sexuales “intensos” con 46 mujeres y 52 contactos “de intensidad mediana” (que incluyen besarse). Es decir, un total de 98 encuentros sexuales hasta 2002, cuando se estrenó “Otro día para morir”.

Si le sumamos las relaciones de “Casino Royale”, “Quantum of Solace” y las de la última película “Skyfall”, la cifra supera los 100.

Realidad suspendida

Los defensores de la serie insisten en que se trata de una fantasía moderna, y que hace falta sumergirse en la ficción y dejar los parámetros de la realidad atrás para ver las escenas de sexo, al igual que lo hacemos durante las persecuciones de autos y las peleas con los villanos.

Ursula Andress (Honey Rider) en una escena de "Dr. No", de 1962.

Pero, igualmente, no deja de sorprender que la mitología sexual alrededor de 007, arraigada en la era prefeminista de los 50, siga siendo popular en pleno siglo XXI.

“En esencia, Bond sigue siendo el mismo que cuando Ian Fleming empezó a escribir: es un sexista y un misógino”, dice Christopher Lindner, autor del libro “El fenómeno de James Bond: una lectura crítica”.

“Despierta el mismo tipo de atracción que series como Mad Men: es un placer culpable. Te permites dejarte llevar por algo que sabes que está mal”.

Para la audiencia de la época de Fleming, que acababa de salir de la austeridad de la posguerra e intentaba dejar a un lado los códigos de la moral tradicional, convertirse en un mujeriego era una aspiración como lo era conducir autos veloces o beber tragos exóticos.

Esto sigue siendo cierto para los fans de Bond en la actualidad a pesar de que vivimos en la era post VIH/sida (o quizá por causa de ello), en que la que se han puesto de manifiesto los peligros de la promiscuidad.

La serie pasa por alto si su protagonista usa algún método anticonceptivo. Incluso después de la aparición del sida en la década de 1980, tampoco queda claro si nuestro héroe toma alguna clase de precaución.

Claro que eso es algo común en las películas. Raramente uno ve a un personaje de un film haciendo uso de un condón.

Para los fans de Bond eso no es necesariamente un problema, sino parte del escapismo de Hollywood. Hay que reconocer que las películas tampoco muestran cuando un personaje va al baño -a menos que eso sea parte de la trama- o acordándose de cerrar la puerta del auto.

Clamidia y vaya uno a saber qué mas

Pero si por un instante pensamos en Bond como un personaje real, ¿cuál sería el estado de su salud sexual?
“Es muy probable que James Bond tuviese clamidia”, señala la doctora Sarah Jarvis. “Si viniese a mi clínica le recomendaría que se hiciese un test”.

Un amigo del 007 seguramente estaría preocupado su salud mental.

Eva Green (Vesper Lynd) y Daniel Craig como Bond, en "Casino Royale".

Los numerosos encuentros sexuales que lo hacen ver como un hombre exitoso en la ficción, podrían ser interpretados en la vida real como una manifestación de su miedo al compromiso y de la imposibilidad de involucrarse en una relación íntima.

Según el psicólogo clínico Oliver James, James Bond es el típico caso de personalidad triádica basada en tres pilares fundamentales: psicopatía, maquiavelismo y narcisismo.

“La gente con esas características tiende a ser sexualmente promiscua”, dice James.

Estos personajes son encantadores y carismáticos -añade James- y atraen la admiración de los hombres, así como el afecto de las mujeres.

Pero en definitiva, son las convenciones de la serie, más que su carencias emocionales, lo que hacen que permanezca solo.
Cuando Bond se casa en 1969, en “007 al servicio de Su Majestad”, pierde a su esposa en una balacera.

Y cuando 37 años más tarde -encarnado por el actor Daniel Craig- se enamora otra vez, el objeto de su amor lo traiciona y se ahoga.

“Él puede tener algo parecido a una relación emocional, pero el formato de la serie hace que ésta no pueda durar demasiado”, explica Lindner.

De todos maneras, ¿qué haríamos con un 007 monógamo y comprometido emocionalmente?

Durante 50 años, el público ha querido que su héroe se comporte como un hombre solitario y promiscuo. Y, hasta el momento, James Bond no nos ha defraudado.

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El caso del hombre con superanticuerpos contra la COVID (y por qué da esperanza a los científicos)

Los anticuerpos de John Hollis son tan potentes que es inmune incluso a las variantes recién descubiertas de la COVID-19.
18 de marzo, 2021
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John Hollis

BBC
Se podrían diluir los anticuerpos de John Hollis al uno por mil y seguirían matando el 99% de los virus, aseguran los expertos.

El escritor estadounidense John Hollis, de 54 años, pensó que iba a contraer la covid-19 cuando un amigo con el que compartía casa se infectó y enfermó gravemente en abril de 2020.

“Fueron dos semanas en las que sentí mucho miedo”, dice John Hollis. “Durante dos semanas esperé que la enfermedad me golpeara, pero nunca ocurrió”.

Hollis simplemente pensó que había tenido suerte por no contraer la enfermedad.

Pero en julio de 2020, de manera absolutamente casual, Hollis mencionó esa convivencia con una persona muy enferma en una conversación con el médico Lance Liotta, profesor de la Universidad George Mason, en Estados Unidos, donde Hollis trabaja en tareas de comunicación.

Liotta, quien investiga formas de combatir el coronavirus, invitó a Hollis a participar como voluntario en un estudio científico sobre el virus que se estaba desarrollando en la universidad.

De este modo, Hollis descubrió que no sólo había contraído la covid-19, sino que su cuerpo tenía superanticuerpos que le hacían permanentemente inmune a la enfermedad, es decir, que los virus entraban en su cuerpo, pero no lograban infectar sus células y hacerle enfermar.

“Esta ha sido una de las experiencias más surrealistas de mi vida”, reconoce Hollis.

“Una mina de oro”

“Recogimos la sangre de Hollis en diferentes momentos y ahora es una mina de oro para estudiar diferentes formas de atacar el virus”, explica Liotta.

En la mayoría de las personas, los anticuerpos que se generan para combatir el virus atacan las proteínas de las espículas del coronavirus, formaciones puntiagudas en la superficie del Sars-Cov-2 que le ayudan a infectar las células humanas.

virus

Getty Images
Los anticuerpos de Hollis son distintos: atacan varias partes del virus y lo eliminan rápidamente.

“Los anticuerpos del paciente se adhieren a las espículas y el virus no puede pegarse a las células e infectarlas”, indica Liotta.

El problema es que cuando una persona entra en contacto con el virus por primera vez, su organismo tarda en producir estos anticuerpos específicos, lo que permite la propagación del virus.

Pero los anticuerpos de Hollis son distintos: atacan varias partes del virus y lo eliminan rápidamente.

Son tan potentes que Hollis es inmune incluso a las nuevas variantes del coronavirus.

“Podrías diluir sus anticuerpos al uno por mil y seguirían matando el 99% del virus”, asevera Liotta.

Los científicos están estudiando estos superanticuerpos de Hollis y de algunos otros pacientes como él con la esperanza de aprender a mejorar las vacunas contra la enfermedad.

“Sé que no soy la única persona que tiene anticuerpos de este tipo, sólo soy una de las pocas personas a quien se le han descubierto“, opina Hollis.

Experimento

BBC
La población negra es poco proclive a participar en estudios por escándalos como el de Tuskegee, una investigación sobre la sífilis en pacientes negros que los tuvo sin tratamiento durante décadas aunque existía el remedio.

Prejuicios raciales en las investigaciones

Sin embargo, este tipo de descubrimientos no suceden algunas veces debido a un sesgo racial en las investigaciones científicas: la mayor parte se realizan con pacientes blancos.

La participación de los individuos negros en los estudios suele ser mucho menor que su representación en la sociedad.

“Hay una larga historia de explotación (de pacientes negros) que hace que la comunidad afroamericana desconfíe a la hora de participar en las investigaciones”, revela Jeff Kahn, profesor del Instituto de Bioética de la Universidad John Hopkins.

“Es comprensible que exista esa desconfianza”, reconoce.

Uno de los experimentos más conocidos en el que participaron afroamericanos es el estudio de la sífilis de Tuskegee: durante más de 40 años, científicos financiados por el gobierno estadounidense estudiaron a hombres negros que tenían sífilis en Alabama sin proporcionarles medicamentos para la enfermedad.

“A lo largo de los años, durante la elaboración del estudio, los antibióticos se volvieron un remedio ampliamente disponible y no se les ofrecieron a estas personas”, relata.

“Los investigadores mintieron sobre lo que se les hacía y se les negó el tratamiento en nombre de la investigación”, sentencia Kahn.

“Cuando el estudio de Tuskegee salió a la luz, se establecieron normas y regulaciones para la investigación con seres humanos, que están en vigor desde los años 70”.

Esta historia es una de las razones por las que un segmento de la población, el cual se ha visto muy afectado por la pandemia, suele ser reacio a participar en los estudios o a vacunarse.

Poblacion negra

Getty Images
La población negra está siendo muy afectada por el coronavirus y hay que asegurarse de que reciban “los beneficios de las innovaciones que se están desarrollando”, consideran los expertos.

“Queremos asegurarnos de que las comunidades más afectadas reciban los beneficios de las innovaciones que se están desarrollando”, afirma Kahn.

“Y para ello, esas poblaciones también deben formar parte de los estudios”.

“Debemos honrar a esas personas, a las víctimas del estudio de Tuskegee, iniciando un proceso para asegurarnos de que eso no vuelva a ocurrir. Y también para salvar vidas, especialmente en la comunidad afroamericana, que se ha visto muy afectada por la pandemia”, sostiene Hollis.

“Protegernos los unos a los otros es un deber para con nosotros mismos y para con las personas que amamos”, zanja el escritor.


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