Gane quien gane, Congreso de EU hará la vida imposible al nuevo presidente
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Gane quien gane, Congreso de EU hará la vida imposible al nuevo presidente

Independientemente de quién sea el próximo mandatario de Estados Unidos, probablemente hallará que el nuevo Congreso seguirá siendo lo que el actual ha sido para el presidente Barack Obama: un dolor de cabeza.
6 de noviembre, 2012
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El Congreso de EU será un auténtico dolor de cabeza para el próximo presidente.

Sin importar quién sea el próximo mandatario de Estados Unidos, probablemente hallará que el nuevo Congreso seguirá siendo lo que el actual ha sido para el presidente Barack Obama: un dolor de cabeza.

Meses de discursos, saturación de anuncios televisivos, incontables eventos y más de 2.000 millones de dólares en gastos de campaña se están conjuntando para producir un nuevo Congreso sorprendentemente similar al que existe ahora: una Cámara de Representantes que los republicanos controlarán por un margen de ventaja de unos 50 escaños, y un Senado al mando de los demócratas por una diferencia muy pequeña.

Los republicanos iniciaron este año pensando que se apoderarían del control del Senado porque sólo están defendiendo 10 de los 33 escaños en juego el día de las elecciones. Eso parece improbable ahora gracias a las controvertidas declaraciones sobre la violación sexual efectuadas por candidatos republicanos en Misurí y Nevada, el retiro de la popular senadora Olympia Snowe de Maine, y las firmes campañas orquestadas por los demócratas que ocupan las bancas de Florida y Michigan.

Parece casi seguro que los demócratas no lograrán ganar los 25 escaños que necesitan para controlar la cámara baja, y cuando mucho podrían obtener un puñado de distritos. Después de que los republicanos ganaron gobernaciones y legislaturas estatales en los comicios de 2010, su partido tuvo mayor capacidad para reorganizar nuevas líneas distritales que reflejan el censo más reciente con el fin de proteger a sus miembros que ocupan puestos de elección popular y poner a los integrantes demócratas de la Cámara de Representantes en terreno menos amistoso.

“Mi percepción es que nadie obtendrá un mandato popular a partir de esto (las elecciones)”, dijo el lunes Matt Mackowiak, consultor republicano. “Y es evidente que vamos a tener un gobierno dividido. Y eso va a hacer que los próximos dos años sean muy difíciles”.

Como resultado, un Obama reelecto probablemente tendría continuos choques con el republicano John Boehner, presidente de la Cámara de Representantes, en torno a los impuestos, la estimulación de la economía, la lucha contra la creciente deuda nacional y otros asuntos.

Ello aseguraría también límites a lo que el mandatario podría lograr en el Senado, donde los republicanos, aunque son la minoría, podrían seguir utilizando tácticas dilatorias para bloquear proyectos de ley que no puedan obtener 60 votos en la cámara de 100 integrantes.

Desde luego, un Romney victorioso tendría menos choques que Obama con la cámara baja. Sin embargo, enfrentaría aún más problemas con un Senado encabezado por los demócratas, donde el líder de la mayoría Harry Reid podría negarse incluso a debatir piezas importantes en la agenda republicana.

Para Romney sería crucial que su partido capturara una mayoría en la cámara alta en las elecciones del martes, o incluso un empate 50-50, porque entonces el vicepresidente Paul Ryan podría ser el fiel de la balanza en las votaciones empatadas.

Las normas del Senado permiten un proceso especial llamado “reconciliación” que les permitiría a los líderes aprobar proyectos de ley para disminuir el déficit, sobre los impuestos y otros temas por una simple votación de mayoría, con lo que evitarían la amenaza de tácticas dilatorias.

Los demócratas controlan el Senado actual 53 a 47, incluidos dos independientes que los apoyan. Los republicanos encabezan la Cámara de Representantes 242 a 193, con cinco vacantes.

AP

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Protestas en Bielorrusia

Getty Images
Las protestas no violentas tienen más posibilidades de éxito.

La lucha de los sindicatos agrupados en Solidaridad en Polonia en la década de 1980; el movimiento anti-apartheid en Sudáfrica; el derrocamiento del presidente serbio Slobodan Milosevic; la Revolución del Jazmín que forzó la salida del presidente tunecino Zine al-Abidine Ben Ali y desencadenó la Primavera Árabe…

Todos estos son ejemplos de movimientos populares que culminaron con un cambio político sustancial.

Y el último en ser noticia está en Bielorrusia, donde decenas de miles de personas han salido a las calles en las últimas semanas tras unas polémicas elecciones en las que el presidente Alexander Lukashenko se adjudicó la victoria.

Las autoridades han reaccionado con brutalidad: muchos manifestantes han sido arrestados y hay numerosas denuncias de torturas a manos de la policía.

Protestas en Bielorrusia

Reuters
Las protestas en Bielorrusia han movilizado a mucha gente. ¿En cantidades suficientes?

A pesar de esto, sin embargo, el movimiento de momento se ha mantenido fundamentalmente pacífico.

Pero, ¿cuán probable es que tenga éxito?

Lecciones de la historia

Una buena forma de evaluarlo es mirando la historia.

Que es lo que ha hecho la politóloga de Harvard Erica Chenoweth.

La profesora Chenoweth ha centrado su trabajo sobre todo en protestas contra dictaduras, no democracias.

A diferencia de los demócratas, los dictadores no pueden ser destituidos mediante el voto popular. En una democracia, si una política es impopular, otros políticos pueden ser elegidos con la promesa de abolirla. No existe tal mecanismo en una dictadura.

Erica Chenoweth

Kris Snibbe / Harvard Gazette
La politóloga de Harvard Erica Chenoweth ha estudiado la efectividad de las protestas.

Estas definiciones, sin embargo, son a menudo cuestionadas. ¿Dónde está la frontera entre democracia y dictadura? A menudo, de hecho, hay todo un espectro: un sistema político puede ser más o menos democrático.

Y también está el problema de cómo se clasifica la violencia y la no violencia.

¿Los ataques a la propiedad deben considerarse “violentos”? ¿Qué pasa con las personas que gritan insultos racistas pero sin agresión física? ¿Qué pasa con los actos de autosacrificio, como la autoinmolación o las huelgas de hambre? ¿Son violentos?

Las ventajas de la no violencia

A pesar de estas dificultades de categorización, existen algunas formas de protesta que son claramente no violentas y otras que son claramente violentas.

El asesinato es claramente violento. Las manifestaciones pacíficas, las peticiones, los carteles, las huelgas y los boicots, las sentadas y las huelgas no son violentas.

De hecho, según una clasificación bien conocida, existen 198 formas de protesta no violenta.

Y al analizar cada movimiento de protesta sobre el que había datos suficientes, desde 1900 hasta 2006, Erica Chenoweth y Maria Stephan llegaron a la conclusión de que un movimiento tenía el doble de probabilidades de éxito si no era violento.

La siguiente pregunta entonces es: ¿por qué?

La respuesta parece ser que la violencia reduce la base de apoyo de un movimiento, mientras que mucha más gente se une activamente a las protestas no violentas.

Protestas en Bielorrusia

Getty Images
La no violencia atrae a mucha más gente a las manifestaciones.

La no violencia es generalmente de menor riesgo, requiere menos capacidad física y ningún entrenamiento avanzado.

Y, por lo general, también requiere menos tiempo.

Por todas estas razones, los movimientos no violentos tienen mayores tasas de participación de mujeres, niños, ancianos y personas con discapacidad.

Pero, ¿por qué importa esto?

Bueno, tomemos la llamada Revolución Bulldozer contra Slobodan Milosevic. Cuando los soldados fueron entrevistados sobre por qué nunca apuntaron con sus armas a los manifestantes, explicaron que conocían a algunos de ellos. Se mostraban reacios a disparar contra una multitud que contenía a sus primos, amigos o vecinos.

El 3,5%

Obviamente, cuanto mayor sea el movimiento, más probable es que los miembros de la policía y las fuerzas de seguridad conozcan a algunos de sus participantes.

Y Erica Chenoweth ha dado una cifra muy precisa de cuán grande debe ser una manifestación antes de que su éxito sea casi inevitable: esa cifra es el 3,5% de la población.

Puede parecer un número pequeño, pero no lo es.

La población de Bielorrusia, por ejemplo, es de poco más de nueve millones, por lo que el 3,5% supera los 300.000. Y se estima que en las grandes manifestaciones en la capital, Minsk, participaron decenas de miles, quizás hasta 100.000 (aunque la agencia Associated Press una vez las estimó en 200.000).

La regla del 3,5% tampoco es estricta.

Muchos movimientos tienen éxito con tasas de participación más bajas que esta, y uno o dos fracasan a pesar de contar con el apoyo de las masas: el levantamiento de Bahréin de 2011 es uno de esos ejemplos que cita Chenoweth.

Menos efectivas

Los datos originales de Chenoweth llegan hasta 2006, pero la académica acaba de completar un nuevo estudio que examina los movimientos de protesta más recientes.

Y aunque sus últimos hallazgos generalmente refuerzan la investigación inicial, que muestra que la no violencia es más efectiva que la violencia, también ha identificado dos nuevas tendencias interesantes.

La primera es que la resistencia no violenta se ha convertido, con mucho, en el método de lucha más común en todo el mundo, mucho más que la insurrección armada o la lucha armada.

De hecho, entre 2010 y 2019 hubo más levantamientos no violentos en el mundo que en cualquier otra década de la historia registrada.

Argelia

Getty Images
Las protestas de Argelia en 2019 obligaron a dimitir al presidente Bouteflika.

La segunda tendencia es que la tasa de éxito de las protestas ha disminuido.

Ha caído drásticamente en lo que se refiere movimientos violentos: actualmente alrededor de nueve de cada diez movimientos violentos fracasan, dice Chenoweth.

Pero la protesta no violenta también tiene menos éxito de lo que solía.

Antes, alrededor de una de cada dos campañas no violentas tenía éxito; ahora es alrededor de una de cada tres.

Aunque, por supuesto, también se han producido algunos éxitos desde 2006.

Por ejemplo, el presidente sudanés Omar al-Bashir fue depuesto en 2019. Y unas semanas más tarde, el malestar popular obligó a dimitir al presidente argelino, Abdelaziz Bouteflika.

Pero estas salidas son cada vez más raras.

¿Por qué? Bueno, podría haber muchas explicaciones, pero una parecería ser el impacto de doble filo de las redes sociales y la revolución digital.

Durante unos años, parecía que Internet y el auge de las redes sociales habían proporcionado a los organizadores de protestas una nueva y poderosa herramienta, facilitando la transmisión de información de todo tipo: por ejemplo, dónde y cuándo reunirse para la próxima marcha.

Pero los regímenes despóticos ahora han encontrado formas de darle la vuelta a esa arma y de usarla contra sus oponentes.

Policía en Bielorrusia

Reuters
Los gobiernos despóticos también utilizan la tecnología.

“La organización digital es muy vulnerable a la vigilancia y la infiltración”, dice Erica Chenoweth.

Y los gobiernos también pueden utilizar las redes sociales para hacer propaganda y para difundir desinformación.

Lo que nos lleva de regreso a Bielorrusia, donde los teléfonos de los manifestantes detenidos son examinados de forma rutinaria para establecer si siguen los canales de la oposición en la aplicación de mensajería Telegram.

Cuando las personas que manejan estos canales han sido arrestadas, Telegram se ha apresurado a cerrar sus cuentas con la esperanza de hacerlo antes de que la policía haya podido verificar la lista de seguidores.

¿Podrá el presidente Alexander Lukashenko aferrarse al cargo? ¿Realmente conseguirá sobrevivir ahora que está tan claro que existe una oposición tan generalizada a su gobierno?

Tal vez no. Pero si la historia sirve de guía, es demasiado pronto para descartarlo.


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