¿Quién diablos es Carlos Reygadas?

Dicen que entre el sí y el no sólo hay un camino: elegir. Carlos Reygadas eligió el sí, a todo. Con Reygadas no hay puntos medios: lo amas o lo detestas. Así pasa con su cine. Post Tenebras Lux, su cuarta película empezó su camino con un ya mítico abucheo en la presentación de prensa en Cannes, tal vez una reacción demasiado visceral de sus fans. Aún así, le mereció el premio como mejor director, y a unos meses después, hasta sus críticos más acérrimos lo han perdonado.

¿Quién diablos es Carlos Reygadas?
Foto: Carlos Makin

A los 40 años, su reputación de Enfant Terrible no termina de deslavarse. El cine de Reygadas es audaz desde su primera escena filmada. Un director que aspira a una cinematografía trascendental y comprometida consigo misma.

Japón nos dejó impávidos. Desenchufados. Después vino Batalla en el cielo, la provocación con mayúscula, la sexualidad cabrona. Con Luz silenciosa hasta sus más vigorosos  detractores quedaron rendidos. Una película que no es una película, es una experiencia.

Post Tenebras Lux, su cuarto largometraje es un salto al vacío. Otro film con dinamita en el ADN, que rompe totalmente la coherencia y la linealidad narrativas. Con la forma en la que tradicional de contar historias. Su película más arriesgada, aunque él lo niegue.

Reygadas no se repite.

Un poco más joven que la triada que integran Alejandro González Iñárritu, Alfonso Cuarón y Guillermo Del Toro, Reygadas tomó una ruta muy distinta: el cine de arte, de autor. Con su primera película no sólo redefinió el rumbo del cine en México, sino que dirigió la mirada de la crítica cinematográfica internacional a este joven director, abogado de profesión, quién después de colgar su diploma de la Libre de Derecho en casa de sus padres, decidió hacer lo que realmente quería. Y no para.

 

'Filmación' //Foto: Carlos Makin

 

El show de la entrevista

Eran las 4:30 de la mañana y teníamos la entrevista a las nueve. Rodeado, casi avasallado de fans, ahí estaba Reygadas en el castillo Le Suquet un día antes del estreno mundial de Post Tenebras Lux en el festival de Cannes. “Carlos, tenemos una cita a las nueve, ¿vas a llegar? Me parece que no…”, le dije. “¿Cómo no?, de aquí nos vamos”.  A esa hora decidí cancelar.  Juré que él no llegaba. Error. Ahí están los videos de las entrevistas que sí dio ese día: lúcido y recién bañado, con una inteligencia que casi lastima.

Luego vinieron las fiestas de la película y del premio. Había mucho que celebrar y poco que decir. Quedamos de hacer la entrevista en México, en Tepoztlán donde vive, con calma. Ya teníamos todo planeado pero al final era un asunto complicadísimo de vuelos y trasbordos, así que terminamos por aceptar que vivimos en el siglo XXI e hicimos una cita por Skype.

-Muchos críticos dicen que Post Tenebras Lux es la película que naturalmente le sigue a Luz Silenciosa ¿Tú qué opinas?

-No lo puedo decir con claridad, pero siento que eso pasa con todas mis películas. Cuando las estoy haciendo no pienso eso, pero viéndolas en retrospectiva me doy cuenta que van cumpliendo una función personal y que por lo tanto se pueden inscribir en una idea de evolución, no en el sentido de que sean mejores o peores, sino en el sentido de que hay una lógica. Para mí las películas son algo increíblemente personal y por lo tanto reflejan mucho de mí. Como hoy tengo 40 y, cuando hice Japón tenía menos de 30, pues cada una va representando algo muy particular del momento en el que estoy.

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Con Post Tenebras Lux, Reygadas vuelve a soltar las riendas de su poderosa y dinámica imaginación. A veces parece un documental, otras un sueño, como la describió la crítica del New York Times. El inicio es glorioso. Rut Reygadas, su hija de un año y medio, corre libre en el campo, balbucea, nombra algunas cosas. En esa secuencia la cámara logra captar el mundo con la inocencia y la sorpresa de la mirada infantil. Una especie de canto de amor de un padre a su hija, el testimonio de un momento único. No es un secreto que esta película tiene tintes autorreferenciales, no sólo fue filmada en su propia casa, sino que aparecen en ella sus hijos y los personajes cercanos a su mundo.

'Niña', escena de Post Tenebras Luz

 

-Carlos, ¿cómo fue la decisión de incluir a tus hijos?

-Nunca me lo pregunté. Ver la vida de los niños a esa edad es algo increíble. Sólo verlos moverse, hablar, o hacer cualquier gesto revela muchísimo del ser humano porque, de alguna forma, son la expresión humana en estado puro. Nunca tuve dudas puritanas o mojigatas de supuesta privacidad o intimidad, porque creo que la intimidad y lo privado residen en algo mucho más profundo. A pesar de que la película es increíblemente personal, no creo que sea íntima.

-¿Una especie de ficción para explorar el yo?

-No exactamente, pues entonces quería decir que la creación de una película es un mecanismo de terapia psicológica, y para mí no lo es, pero en el sentido inverso la cosa funciona. Es decir, una vez que una película está terminada, refleja un montón quién eres y cuáles son tus virtudes, defectos, limitaciones, miedos o deseos; pero sólo en un análisis retrospectivo. Para mí, hacer cine es un deseo de compartir con los demás lo que siento, parte de lo que veo y lo que pienso. Esa es mi motivación fundamental a la hora de hacer una película.

 

Un sueño adolescente

Claudia Rodríguez era una de las chicas más guapas de la Ibero. Amiga de la infancia de Reygadas, de los años en que los chicos del colegio Vistahermosa se juntaban con las chicas del colegio Regina. Luego, ella entró a la Ibero y él a la Libre de Derecho. Siguieron siendo amigos, iban a la Cineteca juntos y él le hablaba de su amor por el cine. Claudia, en ese entonces, tenía un novio que estudiaba Comunicación y que empezaba a hacer cortos, así que en las fiestas, y ya entrados en copas, Reygadas interrogaba al estudiante de Comunicación sobre los misterios de ese mundo que éste descubría en clases, y le confesaba, a su vez, que su verdadero sueño era hacer cine, pero primero “tenía que tener una carrera”. Tal vez un poco celoso, el estudiante de Comunicación le decía a Claudia, “Vas a ver que si este cuate termina haciendo una película tú vas a salir en ella”. Y así fue.

Un buen día Reygadas llamó a Claudia para que hiciera un pequeño papel en Japón, ella no sabía bien de qué iba el cuento, pero fue con él y un pequeño equipo a Veracruz, donde filmaron la escena del sueño, donde Claudia, recién salida del mar, besa a Magdalena, la anciana, en la boca.

“Yo le dije que sí a un amigo que no había hecho todavía nada, nunca pensé que sí iba a terminar siendo una película. Fue súper rápido, pasó un día por mí y nos fuimos a Veracruz, nos despertamos muy temprano, nos fuimos a la playa hicimos la escena y regresamos. La instrucción que me dio fue muy sencilla: Métete al mar, sales, recoges el caracol y vamos a ver qué sale”.

Claudia vio la película en Cannes: “Fue muy emocionante porque Carlos había logrado su sueño. Verlo ahí en el cine, era hasta shockeante, me acuerdo que hasta nos daba risa”.

¿Volverías a actuar para él? “Depende para qué papel –se muere de la risa. Uno chiquito tal vez sí”.

'Perros' //Foto: Carlos Maki

 

Codependencia: Cero

Antes de filmar Japón, Reygadas hizo casting con actores profesionales pero no soportó su ego. Empezó a trabajar con actores naturales, simplemente hombres y mujeres dispuestos a entregarse frente a su cámara.

Siempre me ha parecido que Reygadas  es una suerte de brujo, una especie de chamán con un poder de seducción tal, que puede convencer a cualquiera de cualquier cosa. ¿Cómo explicar el hecho de que una anciana de pueblo termine desnuda y fornicando con un forastero? ¿Que su chofer de toda la vida se deje “comer” una erección por una niña fresa frente a una cámara? ¿Qué una mujer menonita deje que le fotografíen un orgasmo?

-Carlos, lo que más impresiona de tu cine es el manejo de actores. ¿Cómo acceden a hacer lo que tú les pides?

-Es un voto de confianza absoluta. Esa es la realidad.  Para mí un actor que me empiece a cuestionar no me funciona, porque si empieza a cuestionar, ya no puede ser como un niño o como un árbol o un animal al que estás fotografiando. Si vas a fotografiar un venado así es y ya está, no te puede cuestionar. Y así necesito que sean los seres humanos y aunque pueda parecer utilitario, en el fondo es para que esa forma de ser, el alma de esa persona pueda pasar a través de la cámara. Y no estamos hablando en términos filosóficos en ningún sentido, sino simplemente de lo que una persona es. Y la persona tiene que tener absoluta confianza en mí y, en algún sentido mecánico, porque sólo así puedes ver al ser humano y no al actor y a su técnica.

-Algunos personajes llaman especialmente la atención: Ana, la niña fresa de Batalla y Marcos, tu propio chofer. ¿Cómo los convences?, ¿Cómo los cuidas?

-Primero que nada todos ellos son tan inteligentes como tú o yo, o más. Todo lo contrario de lo que mucha gente paternalista cree, que piensan que no saben lo que hacen. No, ellos saben perfectamente lo que hacen y valoran sus propios riesgos. Haz de cuenta que soy alpinista y te digo que te quiero invitar al Everest. Te digo que ya he subido dos veces y que hay ciertos riesgos: te puede dar una embolia, caer una avalancha o morirte. Tú decides si subes conmigo o no. Y ya está. Tal vez el Everest te gusta tanto que al final te cambia la vida, pues eso ya es tu asunto. Si nos cae una avalancha y nos mata a los dos, es asunto de los dos, ¿me entiendes? Sobre todo me hacen este tipo de preguntas los anglosajones que están muy preocupados por temas de la utilización de personas, tal vez porque son especialistas en esto, y a las pruebas me remito, puedes hablar con cualquiera de ellos y te van a decir que les fascinó la experiencia y no se arrepienten ni tantito. Pero incluso si se arrepintieran, pues ni modo. Si te invito al Everest y te mueres de frío y te arrepientes, yo no me arrepentiría de haberte invitado.

-¿O sea que no eres codependiente?

-No. Ese tipo de cosas me las podría plantear en el caso de un niño, de un retrasado mental.  Lo que quiero decir es que el ser humano occidental siempre está proyectándose, con sus miedos, sus prejuicios, y dice ‘Uy, y si yo hubiera hecho eso, ¿y si después me llamaban puta en la escuela? ¡Qué horror!’.

-La pregunta tiene que ver con la dificultad de compartir públicamente cosas tan íntimas como la desnudez, la sexualidad…

-Te voy a contestar muy sinceramente. Al principio con Japón e incluso con Batalla en el cielo, la primera vez que se las mostré a mis padres, pues sí sentí un poco como de pena, porque era compartir cosas tan íntimas con ellos.  Pero también decía, ¡Güey! ¿Cuál es mi deber? ¿Hasta qué punto quiero ser honesto conmigo mismo y hasta qué punto hago las cosas como soy? Eso es lo que está por encima de todo. Y a la fecha algunos tíos o algunos primos piensan que soy un pervertido sexual o un perdido… pero bueno, yo pienso lo mismo de ellos porque trabajan en un banco.

 

Encuentro de personajes

Cuando Nathalia Acevedo conoció a Reygadas le pidió que la invitara a trabajar en alguna de sus películas. Ella estudiaba cine así que pensó en un rol detrás de cámaras. Lo que nunca se imaginó es que le ofrecería el papel protagónico de Post Tenebras Lux.

No lo dudo un segundo. No tuvo miedo de las escenas de desnudez y sexo de las que había hablado previamente con él.  “Las escenas más complicadas para mi personaje”, dice Nathalia, “fueron las del baño turco, y se filmaron al final del rodaje, así que hubo mucho tiempo para prepararlas y para comentarlas con él. Además yo siempre he admirado mucho el cine de Reygadas y eso me dio mucha seguridad y confianza. Sabía que las escenas serían bellas tanto en contenido como visualmente”.

-¿crees que cualquier persona pueda ser actor?

-Si es el adecuado para el papel. No creo que el cine sea el campo para la actuación, creo que el campo para la actuación es el teatro y quizás otras artes. Para mí el cine es mucho más parecido a la fotografía. Imagínate que eres una fotógrafa y vas al campo a fotografiar campesinos, y alguien te dice ‘¿por qué no fotografías a actores disfrazados de campesinos?’, y tú dices para qué voy a fotografiar actores si ya existen los campesinos y es lo que me interesa, el campesino, no alguien actuando un campesino.

-¿O sea tú te topas con tu personaje?

-Exacto, tal cual.

-¿Entonces el éxito depende del casting?

-¡Claro! Con el método que planteo todo funciona si está bien el casting, pero si te equivocas, arruinas todo.

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