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De Chucky a Call of Duty

¿Por qué los niños cometen crímenes? ¿Qué estamos haciendo como sociedad, cómo padres, cómo espectadores?
17 de diciembre, 2012
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Niño, palabra que nos evoca ternura, inocencia, esperanza de bondad en la humanidad, ¿cierto? Bien pues no es así en todos los casos.

Jon Venables y Rob Thompson "Los niños asesinos de Liverpool"

Jon Venables y Rob Thompson “Los niños asesinos de Liverpool”

Jon Venables era un chico problemático. Venía de una familia disfuncional con problemas de alcoholismo y malos tratos. En el colegio era distraído y no prestaba atención a sus maestros, además de mostrarse muy antisocial. También se le calificó como un niño demasiado influenciable, sobre todo por su amigo, Robert Thompson. A pesar de que este último tenía antecedentes familiares similares, se le describió como un muchacho con actitudes sospechosamente maduras, serio e introvertido, pero que en la compañía de Venables, se relajaba y daba rienda suelta a un comportamiento más delictivo. No era extraño que faltaran a la escuela y se dedicaran a realizar pequeños robos en tiendas cercanas. Ciertamente iban por mal camino, pero ¿qué motivo los llevó a cometer tan terrible asesinato?

Una vez detenidos, los chicos comenzaron a contar lo que había ocurrido. Ambos habían visto, días antes, la tercera parte de la película “Chucky, el muñeco diabólico”. Según ellos, ésta les habría dado la idea de raptar y asesinar a un niño menor. Antes de secuestrar a James Bulger, Jon y Robert realizaron un par de hurtos en distintas tiendas, entre lo que se encontraba un tarro de pintura azul para maquetas y un par de pilas. Entraron al centro comercial de New Strand, y aprovechando la distracción de la madre, tomaron la mano del pequeño James Bulger, quien los acompañó inocentemente, y salieron de allí sin llamar la atención. Minutos después, la madre de James recorría desesperada el centro comercial buscando a su hijo.

Un total de treinta y ocho testigos vieron a James, Robert y Jon, caminando por la calle, y a pesar de que el pequeño ya estaba asustado y lloraba, nadie los detuvo. Nadie podía imaginar que dos niños de 10 años tramaban uno de los crímenes más monstruosos cometidos en Gran Bretaña.

Luego de caminar por unos minutos y maltratar a James por el camino, se dirigieron a un lugar baldío, cerca de las vías del tren. Allí, torturaron salvajemente al niño, Indescriptible toda la tortura. Cuando se aseguraron de que el niño estaba muerto, lo colocaron en las vías del tren con el fin de que todo aquello pareciera un accidente. Luego, se marcharon comentando lo que habían hecho, entre risotadas.

La noticia dio vuelta al mundo. La fotografía de los jóvenes asesinos, Jon Venables y Robert Thompson saliendo del centro comercial de la mano del pequeño James, resultaba tan incomprensible como espantosa. El crimen que habían cometido había acaparado todos los medios de comunicación, y a pesar de que los motivos que explicaban los menores ya se habían filtrado a la prensa, la opinión pública seguía preguntándose por qué lo habían hecho.

La prensa británica, y el resto de Inglaterra, especulaban con respecto a las medidas que se tomarían con Venables y Thompson, pues a pesar del terrible asesinato, seguían siendo unos niños.

Jon Venables y Robert Thompson pasaron ocho años y cuatro meses en prisión. Aunque en prisión estuvieron separados, las vidas de Jon Venables y Robert Thompson no fueron muy diferentes. Ambos estuvieron rodeados de fuertes medidas de seguridad y de una legión de especialistas. El gobierno británico gastó en su rehabilitación tres millones de libras esterlinas (cuatro millones de dólares).

Venables y Thompson recibieron una nueva identidad y una casa segura: una operación que le costó al gobierno británico más de cuatro millones de euros. El 3 de marzo de 2010, Jon Venables, ya de veintisiete años, fue encarcelado de nuevo. De Thompson se dice que se dedicó al arte pero se desconoce su paradero.

Espeluznante esta historia, como verdadera y así tenemos unos ejemplos más:

“Maté porque gente como yo es maltratada todos los días, quería decirle esto a la sociedad: -Si te pasas con nosotros, nosotros nos pasaremos contigo”. Luke Woodham, 16 años (acuchilló a su madre, mató a su novia y una amiga e hirió a 7 chicos).

“Sí, supongo que lo hice yo”. James Pomeroy, 14 años (secuestró y torturó cruelmente a ocho niños, lo metieron al reformatorio y al salir asesinó a una niña de diez y a un niño de cuatro).

“Firmaba las notas que acompañaban a sus víctimas como Fanny & Fagot *maricón”. Mary flora Bell, 11 años (estranguló a un niño pequeño y después, junto con una amiguita, cometió el mismo acto torturando de forma indescriptible a su víctima de tan solo 3 años).

“No me gustaban los lunes”. Brenda Spencer, 16 años (utilizó el rifle que le regalaron de Navidad para disparar en el interior de una escuela, hiriendo a ocho niños y un policía, dos hombres resultaron muertos al tratar de proteger a los niños).

“Cualquier día voy a hacer una matanza en la escuela”. Michael Carneal, 14 años (un día llevó la pistola de su papá a la escuela y mató a tres niñas y cinco estudiantes más resultaron heridos).

“Perdón, le pegué sin querer con la pelota de beisbol”. Joshua Phillips, 14 años (mató a golpes a su vecina de ocho años, durante una semana escondió el cadáver debajo de la cama. Cuando su madre lo descubrió huyó, para después regresar y apuñalar el cuerpo sin vida de nuevo).

“Probablemente algún día iniciará la tercera guerra mundial”. Así describían a Kipland Kinkel, 14 años (mató a dos e hirió a siete de sus compañeros. Cuando la policía llegó a su casa encontró muertos a sus padres también).

Pero si bien es cierto que estos casos que han sucedido en otros países nos dejan completamente boquiabiertos, no debemos olvidar que aquí en México vivimos actualmente el reclutamiento de niños adolescentes que se convierten en asesinos, niños sicarios que son capaces de descuartizar a sus víctimas. Una de las caras más crueles del narcotráfico en el mundo se hace visible en nuestro país.

Una guerra ‘Gobierno vs Carteles’ que se hace cada vez más difícil y que corrompe de forma más intensa a niños con edad cada vez menor.

¿Qué vamos a hacer como sociedad? ¿Como padres? ¿Como espectadores?

¿Seguiremos sin dar importancia al aumento de violencia en el cine, televisión y videojuegos?

Al punto en que los niños piensen que la vida no vale nada y su pregunta primordial sea, ¿qué se sentirá matar?

Algo creepy mi corto animado, pero de mi favoritos. Hasta la próxima.

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Por qué dar positivo a COVID no siempre significa estar infectado

La mayoría de personas solo están infectados durante una semana, pero pueden seguir dando positivo semanas después.
Getty Images
7 de septiembre, 2020
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El test más común para diagnosticar el COVID-19 es tan sensible que podría estar detectando fragmentos del virus que ya están muertos, según algunos científicos.

Y es que la mayoría de personas solo permanecen infectadas alrededor de una semana. Sin embargo, el diagnóstico podría seguir dando positivo semanas después.

De acuerdo a un estudio de la Universidad de Oxford, este hecho podría estar sobreestimando la escala real y actual de la pandemia.

Pero por otro lado advierten que otro tipo de test, con menos sensibilidad, corre el riesgo de no detectar todos los casos.

El profesor Carl Heneghan, uno de los autores del estudio, afirma que en vez de arrojar un resultado positivo o negativo, las pruebas diagnósticas deberían tener un límite en el que pequeñas cantidades de virus no provoquen un positivo.

Según Heneghan, esta detección de virus muerto o viejo podría explicar cómo en varios de los países que se enfrentan a una segunda ola de infecciones las hospitalizaciones se mantienen estables.

El Centro de Medicina Basada en Evidencia de la Universidad de Oxford analizó 25 estudios en que se colocaron muestras de pruebas positivas sobre una placa de petri para ver si el virus crecía.

Investigador trabajando con placas de petri.

Getty Images
Los científicos de la Universidad de Oxford pusieron varias muestras positivas sobre una placa de petri para analizar si el virus crecía.

Este método, conocido como “cultivo viral”, indica si el virus hallado en un diagnóstico positivo puede reproducirse y propagarse en un laboratorio o persona.

Según Nick Triggle, corresponsal de salud de la BBC, la sensibilidad de las pruebas diagnóstico es un problema que se conoce desde el comienzo y que ilustra por qué las estadísticas de la COVID-19 están lejos de ser perfectas.

¿Cómo se diagnostica el coronavirus?

La prueba más común de diagnóstico, la llamada PCR, utiliza químicos que amplifican el material genético del virus para que pueda estudiarse.

Una vez se toma la muestra, esta pasa por varios ciclos de laboratorio para recuperar la mayor cantidad de virus posible.

El número de ciclos necesarios puede indicar qué tanto virus queda, si son pequeños fragmentos o varias cantidades del virus completo.

Realización de prueba PCR a un paciente en Barcelona.

Getty Images
El test PCR es la prueba más común para detectar el coronavirus.

Esta práctica parece revelar la probabilidad de infección del virus. Es decir, mientras más ciclos de amplificación sean necesarios, menos probabilidades de que el virus sea reproducible en el laboratorio.

El riesgo de falso positivo

Cuando uno se hace la prueba de coronavirus, se obtiene un “sí” o un “no”. Pero no hay un indicador de cuánto virus se detectó en la muestra y si se trata de una infección activa.

Una persona con mucha cantidad de virus activo y otra que solo tenga pequeños fragmentos restantes de una infección pasada dan el mismo resultado: positivo.

Sin embargo, Heneghan apunta que la “infectividad del coronavirus parece disminuir tras alrededor de una semana”.

Es decir, su capacidad para invadir un organismo y provocar una infección.

Añadió que, si bien no sería posible verificar todas las pruebas para detectar si el virus estaba activo o no, el número de falsos positivos podría reducirse si los científicos establecieran un punto de corte.

Mujeres con mascarilla en Italia.

Getty Images
La infectividad del virus es su capacidad para invadir un organismo y provocar una infección.

Esto podría prevenir que una persona dé positivo cuando en realidad solo se le ha detectado los restos de una infección ya pasada.

Para Heneghan, esto ahorraría cuarentenas individuales innecesarias y ofrecería una escala más adecuada de la pandemia.

La sanidad pública de Inglaterra coincidió en que los cultivos virales eran útiles a la hora de evaluar las pruebas de coronavirus y que estaban trabajando con laboratorios para reducir el número de falsos positivos.

Sin embargo, explican que establecer un punto de corte no es fácil porque se usan muchas pruebas con diferentes sensibilidad y formas de detección.

Pero el profesor Ben Neuman, de la Universidad de Reading, dijo que cultivar el virus de una muestra de un paciente “no es trivial”.

“Esta revisión corre el riesgo de correlacionar falsamente la dificultad de cultivar Sars-CoV-2 a partir de una muestra de un paciente con la probabilidad de que se propague”, dijo.

Toma de temperatura en Wuhan, China.

Getty Images
Varios estudios coinciden en que alrededor de un 10% de contagiados retiene virus vivo después de 8 días de infección.

El profesor Francesco Venturelli, epidemiólogo italiano, destaca que no existe “certeza suficiente” sobre cuánto tiempo el virus permanece infeccioso mientras se recupera el paciente.

Algunos estudios basados en cultivos virales indican que alrededor del 10% de infectados permanece con virus vivo después de ocho días de infección.

“En Italia sobreestimamos el número de casos por varias semanas” a causa de pacientes positivos que se habían infectado varias semanas antes, dice Venturelli.

El test PCR es un método muy sensible a la hora de “detectar material genético residual del virus”, explica el profesor Peter Openshaw, del Colegio Imperial de Londres.

“No hay evidencia de la infectividad del virus, pero existe un consenso clínico de que es bastante improbable que un paciente sea infeccioso más allá del décimo día de la enfermedad“, agrega Openshaw.

Enlaces a más artículos sobre el coronavirus

BBC

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