La guerra del primer día
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La guerra del primer día

Un recuento de la jornada de protestas de este sábado en la Cámara de Diputados y el primer cuadro de la ciudad de México en el marco de la toma de posesión de Enrique Peña Nieto como titular del Ejecutivo Federal.
Por Paris Martínez
3 de diciembre, 2012
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Enfrentamientos en San Lázaro el sábado 1º de diciembre. Foto: @ogranados1.

El ataque

Los manifestantes la bautizaron como “rehilete”. Es una esfera de plástico negro, que vuela a través del muro metálico instalado por la Policía Federal para resguardar la Cámara de Diputados, surca 30 metros en el aire, y gira mientras tanto –de ahí su apodo– debido al gas lacrimógeno comprimido que va liberando por un pivote. Al caer, rebota varias veces en el suelo y luego estalla, fragmentando su coraza de goma, junto con sus partes metálicas internas, en decenas de esquirlas que los encapuchados intentan eludir, no siempre con éxito, y cuando esto ocurre la lesión puede ir de muy dolorosa a grave, según donde pegue.

Estas esquirlas fueron confundidas con balas de goma a lo largo de las protestas, algo que incluso el jefe de gobierno, Marcelo Ebrard, tuvo que desmentir durante la tarde.

La Policía Federal ha lanzado quizá más de una centena de rehiletes, para mantener a raya al grupo de participantes en la protesta antipeñista convocada fuera de San Lázaro este sábado, que se alejan de la concentración principal –donde se leen proclamas y se hacen llamados mantener la paz– y se aproximan al cerco de seguridad, muchos sólo para echar un vistazo a la refriega, tal vez una consigna, y que vuelven al mitin al primer estallido; y muchos, también, para arrojar a los uniformados lo mismo piedras, que bombas molotov e, incluso, pedazos de metal arrancados al mobiliario urbano.

La mayoría son jóvenes, aunque hay de todo en este beligerante grupo de manifestantes: adultos mayores, mujeres, adolescentes, y llevan sus rostros cubiertos, más por aguantar un poco el gas lacrimógeno que por buscar anonimato. Unos se reconocen como integrantes de diversas secciones del CNTE, otros de #YoSoy132, unos más como anarquistas, comunistas o socialistas, o sólo “trabajadores”, “estudiantes“, pero de la mayoría es imposible saber su filiación exacta.

Los uniformados, que miran a los inconformes con el arribo priista al poder a través de una rejilla en el muro metálico instalado hace días alrededor de la Cámara de Diputados, disparan también proyectiles de lacrimógeno, que lucen como un plumón, y que no se fragmentan, pero que también pueden lesionar a aquel que se cruce en su camino.

Aquí cae herido el miembro del Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra (FPDT) de Atenco, Juan Francisco Quinquedal, de 67 años, al que el impacto de un proyectil policiaco causa una grave lesión en la frente, con su masa encefálica a la vista. Otro herido por las esquirlas es el joven Carlos Yahir Valdivia, estudiante de 22 años, quien recibió graves heridas en un ojo. Una decena más termina con duras contusiones y heridas, aunque no que pongan en riesgo su vida, pero la gran mayoría de los lesionados, éstos por los efectos del gas, ni siquiera llegan a las cinco ambulancias que aguardan cerca del mitin, sino que son atendidos en la misma tierra de nadie, por otros compañeros en la refriega que les frotan Coca-Cola o vinagre en los ojos, y les dan de beber jarabe para la tos diluido en agua. Y es que el gas enceguece, inunda de lágrimas la mirada, hace arder la piel de la cara, bloquea las fosas nasales y obliga a respirar por la garganta, que se quema con cada inhalación.

Y aunque es difícil verlo, con seguridad las bombas molotov, así como la ininterrumpida lluvia de piedras, petardos, cohetes artesanales y fierros, han dejado también un saldo de heridos más allá del muro metálico, en el lado que controla la policía, cuya barrera se incendia de tanto en tanto, y a veces cede.

Se trata, en realidad, de dos frentes de pelea, aunque muy cercanos uno del otro, ya que el contingente de #YoSoy132 ha quedado encapsulado entre el muro policiaco y la zona de lucha, mientras en el otro extremo de la avenida se concentra la CNTE y otras organizaciones civiles.

La batalla dura siete horas, aproximadamente: de las 6:00 horas, al arribo de los primeros contingentes de manifestantes, hasta pasado el mediodía. La adrenalina lleva a los manifestantes de la audacia que entre todos festejan (como la de un pequeño grupo que roba un camión de volteo del servicio de Limpia, y luego lo estrella contra la valla de seguridad), a la locura que algunos intentan contener, como cuando los tripulantes de un camión de bomberos están a punto de ser bajados a golpes, mientras de su vehículo son quebradas la mayoría de las ventanas, y al que al final permiten echar reversa y alejarse.

Luego, poco a poco, la pelea pierde intensidad. Los manifestantes, beligerantes y pacíficos, han partido al Zócalo, tal como lo hizo Peña Nieto, ya como presidente Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos, y la guerra se traslada a la avenida Juárez…

El contraataque

Andando hasta el Centro Histórico se desplazan cerca de tres mil manifestantes, pero la tumultuaria presencia policiaca, esta vez de la Secretaría de Seguridad Pública del DF, sobre Eje Central, Juárez, Bucareli y Avenida Hidalgo disuade a la gran mayoría, muchos otros caminaron por eje 1 norte y se concentraron en distintos puntos alrededor de un Zócalo cercado, causando varios conflictos con la policía, sobre todo en Madero y Palma. Mientras tanto, quienes insisten en llegar a la Plaza de la Constitución por Juárez y van por la confrontación directa, tal vez medio millar, se posicionan junto a la Alameda.

Enfrentamiento entre manifestantes y granaderos de la SSP-DF en Madero y Palma, a una cuadra del Zócalo. Foto: @ogranados1.

Las armas de los manifestantes son las mismas, aunque renovadas: de la obra que se realiza junto al Palacio de Bellas Artes toman las piedras, palos y fierros que convertir en proyectiles, mientras que de un restaurante Wings toman el mobiliario y cualquier artículo arrojadizo, no sin antes destruir el lugar.
Mientras que, sin contar con un muro metálico que los guarezca, los policías capitalinos muestran sus propias tácticas: avanzan en cuadrillas, con escudos de cuerpo entero, que les resultan casi siempre efectivos para bloquear las andanadas constantes de objetos, aunque no para detener la gasolina ardiendo que se esparce sobre ellos al tronar en sus cascos o en el suelo los cocteles molotov.

La pelea es metro por metro de avenida Juárez, que lentamente van recuperando los granaderos. Ahuyentan a la fuerza a muchos, y a otros tantos captura, siempre con el mismo procedimiento: pescar a los rezagados, uno por uno, rodearlos entre diez o veinte uniformados, y entre todos golpearlo con saña.

Los manifestantes son capturados en pie y, luego de unos segundos, se los llevan a rastras o son cargados entre varios agentes quienes los trasladan rápidamente, casi todos sangrando profusamente. Los reporteros que intentan captar estas escenas son repelidos también a golpes mientras tapan las cámaras con sus escudos.

Al cabo de dos horas de refriega, el saldo es un centenar de detenidos, innumerables lesionados de ambas partes, y la Alameda Central (recién remodelada), así como los negocios que la rodean (sucursales bancarias, hoteles, restaurantes, quioscos de revistas), convertidos en zona de desastre, incluyendo el recién remozado Hemiciclo a Juárez.

Son casi las tres de la tarde. Ya parece que todo ha terminado, aunque un rumor se alza, ahora desde el Zócalo, hasta donde logra llegar un grupo de inconformes, a los que aún les queda ánimo y fuerzas, y que ahí logran arrinconar al puñado de federales que resguardan Palacio Nacional, por unos minutos, con consignas y empujones, hasta que este desarmado grupo de la PF es rescatados por los granaderos de Seguridad Pública del DF, quienes ponen en fuga al último reducto de la rebelión.

El primer día de gobierno de Enrique Peña Nieto ve, poco después, llegar el ocaso…

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'Mutar hasta extinguirse': el extraño curso de la variante delta de COVID que desconcierta a científicos en Japón

Tras vivir la peor ola de coronavirus en verano, los casos en Japón se han desplomado de forma desconcertante. Genetistas nipones manejan la teoría de que la variante delta podría estar autoextinguiéndose en este país.
25 de noviembre, 2021
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El pasado mes de agosto Japón se encontraba en medio de la quinta y mayor ola de coronavirus desde que comenzó la pandemia. Llegó a registrar más de 20 mil casos diarios.

Aquel rebrote estaba impulsado en gran medida por la variante delta que arrasó por el mundo entero y que por su alta transmisibilidad acabó reemplazando a otras mutaciones del patógeno.

Pero aquel mes fue también un punto de inflexión para el país asiático.

Desde entonces los casos se han desplomado a un ritmo vertiginoso y hoy, mientras varios países con porcentaje de vacunación similar combaten una nueva ola de contagios, Japón respira tranquilo y este martes 23 de noviembre registró poco más de 100 nuevas infecciones.

Y según un grupo de científicos, una explicación que toma fuerza en esta desconcertante caída de casos es que la variante delta podría estar, literalmente, “autodestruyéndose”.

¿Es esto posible? ¿Podría repetirse en otros lugares del mundo?

Múltiples causas

Varias hipótesis pueden estar detrás de esta repentina caída de casos e incidencia de la variante delta.

Más del 75% de residentes ya fueron vacunados en Japón y las medidas de distanciamiento social y el uso extendido de mascarillas son seguidos a rajatabla por la población, reportan medios nacionales.

Vacunación en Japón.

Getty Images

Pero otros países reúnen condiciones similares y registran muchos más casos diarios.

En España, por un ejemplo, un 80% de residentes ya recibió la vacunación completa y las mascarillas siguen utilizándose en espacios cerrados.

Y este martes, pese a tener una tercera parte de la población de Japón, registró casi 7.000 casos diarios.

Es este tipo de comparaciones la que ha llevado a que científicos japoneses, basándose en observaciones genéticas, manejen la hipótesis de la “autoextinción” de la variante delta.

“La variante delta en Japón era muy contagiosa y desplazó a otras variantes. Pero al acumularse las mutaciones, creemos que se volvió un virus defectuoso incapaz de replicarse“, dijo el genetista Ituro Inoue, del Instituto Nacional de Genética en Japón, al periódico The Japan Times.

“Considerando que los casos no han aumentado, creemos que en algún momento durante esas mutaciones el virus se dirigió directamente hacia su extinción natural“, agregó Inoue.

La teoría de Inoue arroja algo de luz sobre la desaparición tan repentina de la variante delta en Japón que sorprende a muchos.

Sobre todo teniendo en cuenta que recientemente muchos países occidentales, con vacunaciones avanzadas, han tenido que retomar estrictas medidas de confinamiento.

Restaurante lleno en Japón.

Getty Images

Pero Japón parece ser un caso peculiar en que los casos de coronavirus se desploman en caída libre a pesar de que trenes y restaurantes están llenos desde que acabó el último estado de emergencia el pasado octubre.

Proceso habitual

Que distintas variantes de un virus desaparezcan es algo que lleva sucediendo desde el comienzo de la pandemia.

“Sucede todo el tiempo en virus de animales y humanos. Recordemos que las variantes alfa, beta y gamma han sido mayoritariamente reemplazadas por las variantes delta”, contextualiza para BBC Mundo el virólogo Julian Tang, de la Universidad de Leicester en Reino Unido.

“Esto es realmente una cuestión de aptitud viral en cualquier anfitrión. Quizás hay algo en la inmunidad de la población japonesa que ha cambiado la forma en que el virus se comporta allí. El tiempo dirá si pasará también en otro país“, agrega Tang.

Estudios previos han probado que en Asia hay más personas que tienen una enzima de defensa llamada APOBEC3A y que ataca a distintos virus, incluido el coronavirus que causa la covid-19, en comparación con los habitantes de otras regiones como África y Europa.

De este modo, investigadores del Instituto Nacional de Genética y la Universidad Niigata estudiaron si esa enzima podía inhibir la actividad del coronavirus.

El equipo comparó datos de diversidad genética de las variantes delta y alfa en muestras clínicas infectadas en Japón entre junio y octubre.

Durante el estudio, observaron que las mutaciones del virus parecieron detenerse repentinamente en medio de su desarrollo evolutivo, se volvieron defectuosas e impidieron la replicación del virus.

Evolución de casos en Japón.

BBC

“Encontraron mutaciones en la proteína nsp14, que tiene que ver con la reparación de defectos de replicación. Si hay más mutaciones de lo normal en esta proteína, estas pueden inactivarla o hacerla ineficiente, lo que puede originar una debacle en el patógeno”, explica el profesor José Manuel Bautista, catedrático de bioquímica y biología molecular de la Universidad Complutense de Madrid en España.

A pesar de que Bautista cree que la caída abrupta de casos se debe también a factores como la vacunación masiva y las medidas de distanciamiento, le llama la atención el pronunciamiento de la curva de contagios.

“Lo normal es que baje poco a poco si la gente se aísla, porque los ya infectados siguen notificándose días más tarde. Es bastante dramática y exagerada la caída de casos y apunta a que la teoría de la autodestrucción es posible”, añade el académico.

A pesar de la sorprendente caída de casos en Japón, los científicos guardan cautela y evitan hacer diagnósticos sobre lo que pueda pasar en el futuro.

La pandemia está en constante evolución y ha demostrado que, a pesar de vacunaciones y medidas de contención, el mundo todavía no está a salvo de nuevos rebrotes.


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