Clases de maya para ayudar a migrantes en California
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Clases de maya para ayudar a migrantes en California

San Francisco se ha convertido en el destino preferido de los mayas que migran hacia el norte desde México y Centroamérica.
Por Valeria Perasso BBC Mundo California
6 de enero, 2013
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mayaCon libros en la maleta, Patricia Martínez Huchim viaja desde Mérida, en el sur de México, hacia la ciudad estadounidense de San Francisco: es la encargada de dictar allí clases de lengua maya yucateco.

“No hay palabra para ‘metro’ en maya, ni para ‘bar’… En Yucatán no hay montañas, a lo máximo unos cerros, no hay ríos sino cenotes… Enseñar maya aquí no es sólo dar vocabulario, es explicar otra realidad”, dice la docente.

El destino no fue elegido al azar: desde hace más de dos décadas, San Francisco se ha convertido en el destino preferido de los mayas que migran hacia el norte desde México y Centroamérica. Se calcula que en la llamada Bay Area, la bahía sobre la que está emplazada la ciudad californiana, residen entre 15 y 20 mil latinos que se identifican a sí mismos como mayas.

Y Martínez Huchim, que es antropóloga especializada en lingüística, viene aquí en el marco de un programa que busca transmitir a algunos de ellos la geografía y la cultura de sus ancestros.

“Motiva ver cómo los que están fuera del país y sus descendientes quieren seguir practicando la lengua maya y no olvidarse de sus raíces. Incluso atraemos la atención de otros extranjeros: en el curso hubo estadounidenses y un alemán”, señala a BBC Mundo.

Pero el proyecto de enseñanza tiene otra misión más urgente: dar conocimientos básicos a trabajadores sociales, médicos, psicólogos y otros expertos para atender las necesidades de muchos de esos migrantes que tienen el maya como primera lengua y no hablan el español.

Estrés lingüístico

Basta caminar por la llamada Esquina Maya, sobre la calle 16 y en el corazón del barrio Misión, para escuchar los diálogos de los transeúntes en yucateco, cara a cara o por celular. Aquí las casas de envío de remesas tienen los nombres de remotos pueblos del sur de México escritos en sus vidrieras, se consigue el “Diario de Yucatán” llegado mensualmente desde Mérida y hasta un restaurante de dueño coreano vende tamales, mondongo y cochinita pibil.

Allí también está la sede de la Asociación Mayab, creada sin fines de lucro por migrantes dedicados a promover la cultura de sus comunidades: es la organización responsable del programa de intérpretes.

“Cuando se trata de situaciones de alto estrés, como ir al médico o ir a testificar o hablar con la policía, aunque la persona tenga un español funcional se siente mejor hablando en su primera lengua, que es el maya. Para eso formamos intérpretes, para ofrecer un servicio a migrantes que lo necesitan”, dice a BBC Mundo Alberto Pérez Rendón, uno de los directivos de Mayab.

Varios voluntarios ya han completado las prácticas y están listos para mostrar sus habilidades en hospitales, tribunales y oficinas públicas: son jóvenes trilingües, que pueden traducir del inglés al maya sin “interpretación de relevo” (pasando por el español); algunos hablan incluso más de un dialecto de la treintena que conforma el tronco lingüístico maya.

La mayoría de los migrantes instalados en San Francisco habla la variante yucateca, propia de la península del oriente mexicano, y tienden a dominar mejor el español que otros grupos, como los mayas Mam -del estado de Chiapas y de Guatemala- que son en gran medida monolingües. También ha habido un crecimiento, señalan los locales, de hablantes de dialectos ch’ol, tzeltal y k’iche’.

“A aquellos que son monolingües incluso hace falta asistirlos en situaciones más cotidianas, como ir a comprar a una tienda o llenar papeles en una oficina del gobierno”, detalla Pérez Rendón.

Larga batalla

Además de entrenar voluntarios, los activistas de la comunidad han dedicado esfuerzos para que las autoridades locales contraten traductores fijos en lugares clave, como los centros de salud y hospitales cercanos.

“Los sistemas establecidos no reconocen que hay migrantes (latinos) que hablan otra lengua que no es el español. Hay una percepción de que todos son mexicanos y todos hablan español. Y si por la calle escuchan una lengua rara piensan que se trata de alguna lengua asiática, que son filipinos y ya”, dice Juanita Quintero Nieves.

Juanita Quintero trabaja como promotora de salud.

Juanita Quintero trabaja como promotora de salud.

La mujer, nacida en México hace 65 años, trabaja como promotora de salud comunitaria y ha practicado la militancia en los 43 años que lleva como inmigrante en Estados Unidos.

“A muchos por ejemplo les da terror tratar con la policía justamente por esa barrera de comprensión, tanto que algunos ni siquiera reportan delitos o incidentes”, continúa Quintero, que fue una de las primeras mujeres mayas en poblar el barrio Misión, allá por 1969.

Sin embargo, a su hijo no le transmitió las tradiciones de sus antepasados y ha sido a través de su nieta –una de las participantes en las clases de idioma de la Asociación Mayab- que Juanita volvió a tomar contacto con sus orígenes.

“Estos niños oyen a sus papás y a sus abuelos hablar maya pero ellos no lo hablan, y ahora se encuentran con compañeros de su misma edad intentando hablar su lengua aborigen y sin nadie que se ría de ellos… Eso da un sentido de identidad más fuerte”, opina Quintero.

Parte del mérito, dicen aquí, lo tiene la profesora Martínez Huchim.

“Nos enseñó sobre los glifos del maya antiguo y cómo escribir, los chicos al final hicieron sus nombres en jeroglíficos, traduciendo desde el español y el inglés”, dice Raúl Pacheco a BBC Mundo, mientras señala una tela colgada en la pared con figuras de colores vivos y una leyenda: “Mayas unidos”.

A Pacheco lo trajeron sus padres a los cinco años y hoy tiene 26: vive la experiencia de ser “de dos lugares a la vez”, educado en Estados Unidos pero nacido en Oxkutzcab, de donde proviene la mitad de los mayas yucatecos asentados en la bahía de San Francisco.

En la Asociación ven su potencial para “tender puentes” entre las tradiciones indígenas que quieren preservar y la cultura estadounidense que deben asimilar. Es, también, uno de los intérpretes preparados para ayudar.

¿Latinos? No, mayas

Lejos de las interpretaciones apocalípticas, el 21 de diciembre lo pasaron los migrantes en celebraciones por la “apertura al 13 B’aqtun”, como se llama al nuevo ciclo del calendario maya. Hicieron foros comunitarios y ofrendas, así como en ocasiones anteriores tomaron las calles para desfilar con sus vestidos tradicionales, los hipiles bordados o los más festivos ternos.

En el barrio también dictan lecciones de jarana, un baile típico, y reparten material bilingüe con instrucciones básicas, tales como qué hacer ante una requisa policial.

Un 74% de los mayas residentes es considerado “emigrado económico”, según un estudio de 2008. Luego, la violencia en la región mesoamericana ha expulsado a otros, llegados más recientemente.

Y aunque no necesariamente lo reconocen como un factor decisorio para escapar, la mayoría dice haber padecido discriminación dentro de sus países: tal vez por eso le rehuyen a la genérica etiqueta de “latinos”, que iguala a todos los provenientes del sur de la frontera mexicano-estadounidense.

“Muchos no se olvidan de que los mismos que acá son hispanos (no indígenas) son los que allá en nuestros países nos discriminaron, a nosotros en tanto pueblos indígenas. Ahora y aquí somos todos inmigrantes y eso nos pone en situación de igualdad… Sí, somos latinos, pero ante todo somos mayas”, concluye Pérez Rendón, que no aprendió la lengua aborigen en México sino en Estados Unidos porque su familia no se la enseñó “y siempre sentí que algo se cortó con mi gente por eso”.

De allí su programa de ayuda para los mayahablantes. Que no es otra cosa que una cruzada para preservar las lenguas, a la vez servicio y militancia.

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Muere Ruth Bader Ginsburg: quién fue y por qué es pionera de la igualdad de género

Conocida por sus iniciales, RGB, la jueza Ruth Bader Ginsburg falleció a los 87 años luego de dos décadas de padecer cáncer. Su vida y decisiones la convirtieron en un pilar de la política liberal de Estados Unidos.
18 de septiembre, 2020
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La segunda mujer en ocupar el cargo de jueza de la Corte Suprema de Estados Unidos falleció este viernes.

Ruth Bader Ginsburg murió a la edad 87 años en su casa de Washington D. C. luego de una batalla de dos décadas contra el cáncer.

Para el ala más liberal del país, la noticia es devastadora, pues RGB, como era conocida, era un ícono del pensamiento más progresista de Estados Unidos.

Y su fallecimiento abre la posibilidad al presidente Donald Trump de nombrar un reemplazo y reforzar la mayoría conservadora de 5 a 4 que hasta ahora había en la Corte Suprema.

Los miembros de la Corte Suprema de EE.UU.

Reuters
En la Corte Suprema hay una mayoría de jueces conservadores en la actualidad.

Sobre Ginsburg se han hecho libros y películas biográficas y su imagen aparece en camisetas y tazas de café hasta disfraces de Halloween.

“Creo que personas de todas las edades están emocionadas de ver a una mujer en la vida pública que ha demostrado que, incluso a los 85 años, puede ser inquebrantable en su compromiso con la igualdad y la justicia”, dijo hace un par de años Irin Carmon, una de las autoras de Notorious RBG, un libro sobre la vida de la jueza.

Famosa por su diminuta estatura, su actitud seria y sus largas pausas en las conversaciones, de ella se decía que no tenía paciencia para hablar de tonterías.

Pero ¿cómo pasó RBG a convertirse en un símbolo?

Feminismo y leyes

Joan Ruth Bader nació en el barrio de Flatbush en Brooklyn, Nueva York, en 1933, de padres inmigrantes judíos.

Después de graduarse de la Universidad de Cornell en 1954, se casó con Marty Ginsburg y poco después, tuvo su primer hijo.

Mientras Ginsburg estaba embarazada, fue “descendida” en su trabajo en una oficina de seguridad social (la discriminación contra las mujeres embarazadas aún era legal en la década de 1950) y esa experiencia la llevó a ocultar su segundo embarazo años más tarde.

Ginsburg in 1977

Bettmann
Ginsburg en 1977.

En 1956, se convirtió en una de las nueve mujeres que se inscribieron en la Escuela de Derecho de Harvard, en la que el decano obligó a sus estudiantes a decirle cómo podían justificar que ocuparan el lugar de un hombre en su escuela.

Más tarde se trasladó a la Escuela de Derecho de Columbia, en Nueva York, y se convirtió en la primera mujer en trabajar en las revisiones de leyes de ambos colegios.

Sin embargo, pese a haberse graduado en esas universidades, Ginsburg batalló por encontrar trabajo.

Finalmente, se convirtió en profesora en la Universidad Rutgers en 1963, donde enseñó algunas de las primeras clases de mujeres y Derecho, y fue cofundadora del Proyecto de Derechos de la Mujer en la Unión de Libertades Civiles de Estados Unidos.

RBG

AFP
Los guantes de seda eran uno de los elementos distintivos de RBG.

En 1973, se convirtió en la asesora general de esa última organización, lo que dio inicio a una era prolífica para argumentar casos de discriminación de género, seis de los cuales la llevaron ante el Tribunal Supremo de Estados Unidos.

Ganó cinco de ellos, incluido el de un hombre que reclamaba la pensión de su esposa fallecida después del parto.

También fue durante este tiempo cuando discutió en nombre de una capitana de la Fuerza Aérea que había quedado embarazada y a quien le pedían que abortara al bebé para que no perdiera su trabajo.

rbg

Getty Images
RBG con una bolsa con su imagen.

En 1973, el caso Roe vs. Wade decidió la legalización del aborto, pero Ginsburg notó que, dado que el fallo dependía del derecho a la privacidad y no del de la protección igualitaria, estaba abierto a un ataque legal.

“La Corte se aventuró demasiado lejos en el cambio que ordenó y presentó una justificación incompleta de su acción”, contó en una conferencia de 1984.

La segunda mujer en la Corte Suprema

En 1980, el presidente Jimmy Carter nominó a Ginsburg a la Corte de Apelaciones de Estados Unidos para el Distrito de Columbia.

Se ganó una reputación de centrista, votando con los conservadores muchas veces.

Por ejemplo, cuando rechazó de escuchar el caso de discriminación de un soldado que dijo que había sido dado de baja de la Armada por ser gay.

Justice Ginsburg is sworn in, with her husband Martin holding the bible

Mark Reinstein
Clinton la nominó a la Corte Suprema en 1993.

El presidente Bill Clinton la nominó a la Corte Suprema en 1993, después de una prolongada búsqueda.

Ginsburg se convirtió en la segunda mujer en ser juez del más alto tribunal de Estados Unidos.

La disidente ardiente

Uno de sus casos más importantes y tempranos en la Corte fue el llamado Estados Unidos vs. Virginia, que anuló la política de admisión de solo hombres en el Instituto Militar de Virginia.

Al explicar su decisión, Ginsburg alegó que ninguna ley o política debería negar a las mujeres “la plena ciudadanía, la misma oportunidad de aspirar, lograr, participar y contribuir a la sociedad en función de sus talentos y capacidades individuales”.

Ruth Bader Ginsburg

AFP
RBG se negó reiteradamente al retiro.

A medida que la Corte se ha vuelto más conservadora, Ginsburg movió cada vez más hacia la izquierda y se hizo famosa por sus ardientes disensiones del resto de los jueces.

Ha sido una posición que la volvió tan conocida que una joven estudiante de Derecho llamada Shana Knizhnik creó una cuenta en Tumblr dedicada a Ginsburg llamada Notorious RBG, una referencia al difunto rapero The Notorious BIG.

La cuenta reintrodujo a Ginsburg a una nueva generación de jóvenes feministas y se hizo tan popular que Knizhnik y su coautora Carmon convirtieron el blog en un libro del mismo nombre, que devino un éxito de ventas.

“Creo que en realidad es algo que Ginsburg realmente ha disfrutado en estos últimos años”, opinó Schiff Berman, quien trabajara para la jueza.

“Para ella es muy emocionante sentir que su legado puede inspirar a una nueva generación de mujeres, jóvenes en particular “, agregó.

Un icono pop

Muchos aspectos de la vida de Ginsburg se han convertido en un tema de fascinación en internet. RGB ha sido celebrada por su estilo de moda, desde su afición por los guantes de encaje hasta sus elaborados jabots, los cuellos que lleva sobre sus túnicas, o su famoso “collar disidente”.

Sin embargo, la jueza no fue inmune a la crítica… ni al error.

RBG

AFP
Los jabots sobre la túnica fueron otro de los elementos que popularizó RBG.

Durante las elecciones de 2016, llamó “farsante” al entonces candidato Donald Trump y dijo que no podía imaginar un mundo con él como presidente de Estados Unidos.

“Dice lo que se le ocurra en el momento. Realmente es un egocéntrico”, le dijo a CNN.

Sus declaraciones fueron criticadas tanto por la derecha como por la izquierda, que alegaron que esos comentarios podrían socavar su imparcialidad y autoridad de la corte.

RGB finalmente se disculpó.

Negativa de retiro

Durante los dos mandatos del presidente Barack Obama, algunos expertos se preguntaron en voz alta si no era hora de que Ginsburg se retirara en ese momento, con un demócrata en el cargo, lo que permitiría el paso de otro juez liberal para la corte.

Pero esos llamados fueron recibidos por Ginsburg con cierta irritación.

“Muchas personas me han preguntado: ‘¿Cuándo va a renunciar?’, pero mientras pueda seguir haciendo mi trabajo a todo vapor, seguiré aquí”, dijo en una entrevista.

Su muerte abre la posibilidad al presidente Trump de nombrar a un conservador más en el máximo tribunal de Estados Unidos.

*Este artículo es una versión de un perfil publicado originalmente en BBC Mundo en noviembre de 2018 y fue actualizado con la noticia su fallecimiento.


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