El chavismo juró sin Chávez
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El chavismo juró sin Chávez

La que debería haber sido la fiesta del 14 cumpleaños del chavismo en el poder, no contó este jueves con su invitado de honor, el presidente Hugo Chávez.
Por Abraham Zamorano/ BBC Mundo
11 de enero, 2013
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Este jueves debería haber tomado juramento para un nuevo periodo en su cargo. Pero los problemas de salud impidieron la presencia del presidente venezolano, que fue operado de cáncer por cuarta vez hace casi un mes. Y los chavistas lo resolvieron con una demostración de capacidad de convocatoria.

Llegados de los barrios de Caracas o traídos en centenares de autobuses de diferentes partes del país, el nuevo grito de guerra de los chavistas “Yo soy Chávez” se convirtió en el himno de quienes quieren a Chávez en el poder.

Hasta el vicepresidente, Nicolás Maduro, dijo que no había podido dormir porque en su cabeza sólo había un pensamiento: “10 de enero, Chávez, Chávez, Chávez”.

“Han sido días duros en lo sentimental, hemos tenido que remontar el dolor, la preocupación y la angustia”, reconoció Maduro, quien Chávez ha escogido como su sucesor.

Arengado por gritos de “No volverán”, en la, una vez más, marea roja que tomó los alrededores del Palacio de Miraflores, volvió a oírse el “Uh, ah, Chávez no se va”.

Acto chavista en Caracas

“Alerta que camina la espada de Bolívar por América Latina”, se dijo. La consigna era clara: hacer valer el principio democrático pues el presidente ganó las elecciones del 7 de octubre. Y de “continuidad administrativa” para que Maduro continúe al frente del gobierno, como decretó el Tribunal Supremo de Justicia.

Durante el acto intervinieron altos funcionarios de varios países de la región, entre los que estuvieron los presidentes de Bolivia, Evo Morales; Nicaragua, Daniel Ortega; y el uruguayo José Mujica, que fue muy breve al llamar a la “unidad, paz y trabajo”.

Para poner la guinda, un desfile aéreo de caza-bombarderos que sobrevolaron Caracas para estruendo de todos y escenificación de otro de los pilares sobre los que reposa el chavismo, los militares.

La oposición, mientras, asiste indignada al hecho de que el gobierno siga en funciones y no asuma la jefatura del Estado el presidente de la Asamblea Nacional, Diosdado Cabello, única alta magistratura que ahora cuenta con el aval de voto popular.

“Volverá”

Aunque desde temprano en la mañana se podían ver filas de chavistas caminando hacia el centro, el día no comenzó tan pronto como habían previsto. Citados a las 8:00 de la mañana en sus diferentes sedes, no fue hasta horas más tarde que se hizo evidente que el centro de la ciudad se disponía a ser tomado por una marea roja.

En el Centro de Atención Social del popular barrio de San Agustín, las únicas puntuales fueron un grupo de jubiladas que en el lugar reciben no solo cuidados médicos sino formación y actividades de ocio.

“Chávez es el único presidente que me ha ayudado. Yo vivía en un rancho y ahora tengo un apartamento, también una pensión”, le dijo a BBC Mundo Emiliana Aristegui.

Octogenaria que apenas se mantenía de pie gracias a un bastón, dejó claro que está dispuesta a marchar tantas veces como haga falta para demostrar su gratitud al mandatario.

“Va a volver, Dios va a querer traérnoslo de vuelta, no me cabe duda”, dijo.

En las callejuelas de San Agustín se respira el ambiente típico de un barrio de Caracas: desorden, calles de cemento o tierra por la que siempre corre un hilo de agua, cables colgando y fachadas de colores o ladrillo desnudo.

En la puerta de su casa, Alberto, de 49 años, le explicó a BBC Mundo que ahora las casas allí son mucho mejores que antes de la llegada del presidente. “Esto antes era todo madera y zinc”, comentó este profesor de percusión.

Ahora bien, Alberto, que agradece al presidente todos los beneficios sociales que ha puesto en marcha, tampoco ignora la cuestión de la inseguridad, el gran tema pendiente que tiene la gestión chavista.

Aunque la cuestión no surgió como parte de la entrevista, sino cuando le pedimos que, en su condición de local, nos acompañara colina arriba para hacer unas tomas con la cámara de televisión.

En ese momento miró los equipos y dijo: “No, más arriba se pone arrecho. Yo puedo ir sin problema, pero con ustedes no”.

Tranquilidad

El ambiente en el barrio, sin embargo, era de lo más distendido. La batalla institucional, como era de prever, la habían ganado en la víspera y el martes. Ya sólo quedaba acudir a la fiesta.

El martes, la mayoría oficialista de la Asamblea Nacional aprobó un permiso para el presidente por “todo el tiempo que necesite para atender su enfermedad”. Al día siguiente, la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia desestimó la pretensión de la oposición de declarar la “falta temporal” del presidente.

El fallo “vinculante” fue aceptado por el opositor Henrique Capriles, gobernador de Miranda y contrincante de Chávez en los comicios del pasado 7 de octubre. Sin embargo, lo tachó de “respuesta a un interés político”.

“No estamos buscando ninguna confrontación ni poniendo a los venezolanos a pelear”, dijo Capriles.

Polarización de matices

El gobernador parece, al menos de puertas para fuera, estar de acuerdo con el gobierno en mucho más de lo que podría pensarse en un país tan polarizado políticamente.

Chavistas y Capriles, como el núcleo mayoritario de la oposición, están de acuerdo, primero, en expresar su solidaridad con el presidente enfermo, Hugo Chávez, al que unos y otros le desean una pronta recuperación y que regrese al país a ejercer su cargo.

También ambos han dejado claro que coinciden en que este 10 de enero termina un periodo presidencial y comienza uno nuevo.

Están de acuerdo, incluso, en que el presidente Chávez no deja de serlo por no poder tomar posesión el día que estipula la Constitución ante la Asamblea Nacional (AN) y que podrá hacerlo ante el Tribunal Supremo de Justicia más adelante. Todos aceptan que no se puede obviar que el presidente tiene la legitimidad de las elecciones del 7 de octubre.

Eso sí, tampoco dudan en coincidir en acusar a los otros de buscar que la situación acabe en un conflicto violento y querer irrespetar la Constitución porque, eso sí, difieren en quién debe sustituir a Chávez.

Para la oposición, es el presidente de la AN, Diosdado Cabello, quien debe asumir el cargo una vez se declare la “ausencia temporal”. El oficialismo defiende que sigue en funciones porque Chávez es un presidente reelecto.

Lea también: El rincón incómodo de la oposición

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Qué he aprendido como voluntario en los ensayos de la vacuna de Oxford contra la COVID

Uno de los voluntarios del ensayo a gran escala de la vacuna de la Universidad de Oxford, una de las candidatas más prometedoras para combatir al nuevo coronavirus, contó a la BBC su experiencia.
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31 de julio, 2020
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La vacuna desarrollada por la Universidad de Oxford (Reino Unido) contra la COVID-19 hasta ahora ha arrojado resultados descritos como “prometedores. Richard Fisher es uno de los voluntarios que fue inoculado con esta vacuna experimental. Este es su relato.

Estoy en la sala de espera de un hospital y mi respiración empaña mis lentes. Minutos antes corría por la calle en un día de mucha humedad para no llegar tarde a la cita. Médicos y enfermeras me dejaron atrás con su paso apresurado y eso me hizo pensar que no tengo un gran estado físico.

La última vez que estuve en el Hospital St George, en el sur de Londres, fue para el nacimiento de mi hija. Ahora se siente muy diferente. Puedo oler a través de mi mascarilla la lejía usada para limpiar los pisos y el asiento junto a mí está cubierto con cinta para mantener el distanciamiento físico.

Dos trabajadores del hospital con tapabocas y protección personal se aproximan con un cartel que dice:Ensayo de la vacuna”, como si fueran taxistas aguardando pasajeros en la zona de arribos de un aeropuerto.

El cartel es para mí. Los sigo lentamente como en una procesión, dos metros detrás, mientras ellos conversan.

Estoy aquí para evaluar si puedo ser voluntario en uno de los ensayos de la vacuna ChAdOx1 nCoV-19. En las semanas siguientes sabré qué se siente participar en uno de los mayores esfuerzos para combatir la pandemia.

De todos los ensayos de vacunas candidatas, el de Oxford es uno de las más avanzados.

El 20 de julio los investigadores de Oxford anunciaron resultados iniciales prometedores, basados en un ensayo con 1.077 personas. La vacuna, según esos datos, es segura y genera una respuesta del sistema inmunológico.

“Aún queda mucho trabajo por hacer… pero estos resultados iniciales son prometedores“, afirmó Sarah Gilbert, la científica que lidera el ensayo.

Los resultados definitivos solo se conocerán con la fase 3 del ensayo clínico, en la que participan miles de voluntarios en Reino Unido, Brasil y Sudáfrica.

Es para esta etapa a gran escala que yo me presenté como voluntario.

Evaluación

Mi travesía hasta aquí comenzó una noche de mayo, cuando vi un tuit de un filósofo de la Universidad de Oxford sobre un ensayo para una vacuna. Él se había presentado como voluntario.

Mientras mi esposa dormía junto a mí decidí llenar el formulario para postular como voluntario y me olvidé del asunto.

Unas semanas después, aquí estoy, en una sala de neurología destinada ahora al ensayo de la vacuna, mientras veo en una pantalla a uno de los científicos de Oxford, Matthew Snape, explicando la base científica de las pruebas y los posibles efectos secundarios.

En total habrá 10,000 voluntarios y nos dividirán al azar en dos grupos, afirma Snape. Uno recibirá una vacuna que no ofrece ninguna protección contra el nuevo coronavirus y otro será inoculado con la vacuna de Oxford.

Investigadora en el laboratorio

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La vacuna de Oxford utiliza una versión atenuada de un virus de la gripe que infecta a los chimpancés.

La vacuna utiliza una versión atenuada de un virus de la gripe que infecta a los chimpancés.

Es una técnica en la que los científicos de Oxford ya venían trabajando antes de la pandemia para combatir el Síndrome Respiratorio de Oriente Medio (MERS) y el ébola. Por eso pudieron avanzar tan rápidamente cuando reenfocaron su trabajo en respuesta a la COVID-19.

Snape explica cómo desarrollaron la vacuna. Primero tomaron el virus que ataca a los chimpancés y lo modificaron genéticamente para que no ataque a los humanos.

Luego le incorporaron genes que codifican proteínas del virus de la COVID-19 llamadas glicoproteínas. Los científicos esperan que esas proteínas generen la respuesta inmunológica necesaria para vencer al nuevo coronavirus.

El grupo que no recibirá esta vacuna será inoculado con otra vacuna llamada MenACWY (también Nimenrix o Menveo), que se utiliza para combatir la meningitis y la sepsis.

Esta es la vacuna “de control” que permitirá comparar los efectos de aquella contra el coronavirus.

Los científicos eligieron para el grupo de control una vacuna en lugar de cualquier placebo por un motivo claro: asegurarse de que todos los voluntarios experimenten los efectos secundarios de una inoculación y no puedan deducir en qué grupo se encuentran.

La vacuna MenACWY se ha usado en adolescentes en Reino Unido desde 2015. También se ofrece a quienes viajan a zonas de alto riesgo de infección, como África subsahariana. Y Arabia Saudita exige certificados de vacunación con MenACWY a todos los participantes de la peregrinación anual a la Meca.

Luego de ver el video me preguntaron en detalle por mi historia médica o cualquier síntoma previo de COVID-19. Me tomaron muestras de sangre y tuve que firmar un documento que estipula varias obligaciones: permitiré, por ejemplo, que publiquen fotos de mi brazo inoculado y no donaré sangre. Las mujeres también deben comprometerse a usar anticonceptivos durante el ensayo.

Logo de la Universidad de Oxford tras una jeringa

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“Aún queda mucho trabajo por hacer”, afirmó Sarah Gilbert, la científica que lidera el ensayo de Oxford.

Volví a casa sintiéndome más informado, pero también un poco más nervioso que antes.

Como en cualquier ensayo clínico, los voluntarios debemos estar al tanto de los potenciales efectos secundarios, desde los más suaves (náusea, dolores de cabeza, etc.) hasta los más severos (como el síndrome de Guillain-Barré, que puede causar parálisis y ser fatal).

Sé que los riesgos del ensayo son menores, pero debo confesar que leer de una vez la lista de posibles efectos secundarios es abrumador.

También nos informaron sobre “posibilidades teóricas” de que la vacuna agrave los síntomas de la COVID-19.

Algunos estudios señalan que animales que recibieron vacunas experimentales contra el Síndrome Respiratorio Agudo Severo (SARS) mostraron mayor inflamación en sus pulmones. Algo similar ocurrió en ensayos con ratones de vacunas experimentales contra MERS.

Ensayo con vacuna en un laboratorio

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El 20 de julio los investigadores de Oxford anunciaron resultados iniciales “prometedores”, pero con solo 1.077 personas.

Pero esos efectos no fueron observados en las pruebas con animales de la vacuna de Oxford.

Me tranquiliza saber que miles de personas ya fueron vacunadas en etapas previas del ensayo y no sufrieron consecuencias severas, tal como confirma el estudio publicado en la revista The Lancet el 20 de julio.

(Y quiero dejar absolutamente en claro que ninguno de los posibles efectos secundarios justifica los argumentos sin fundamento del movimiento antivacunas).

Día de la vacunación

Una semana después, el 3 de julio, volví a la misma sala del Hospital St George donde tuve mi primera evaluación. Se supone que es el día de la inoculación, pero me preocupa la posibilidad de que me dejen fuera del ensayo.

La doctora, Eva Galiza, abandonó la habitación hace 10 minutos y aún no ha regresado. Poco antes me explicó que era el último día del ensayo en St George y que se estaban quedando sin vacunas.

Galiza es investigadora en vacunas pediátricas. Para asegurar que los resultados del estudio sean confiables, tanto los médicos como los voluntarios ignoran si la vacuna inyectada es contra el coronavirus o es la de control.

Cuando Galiza abandona la habitación me quedo a solas con mis pensamientos. En Inglaterra, donde vivo, es el día antes del levantamiento de muchas reglas de confinamiento y se permitirá la reapertura de comercios, desde peluquerías hasta bares.

Frascos de medicación

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“La tarea más difícil es la del organismo regulador que deberá decidir si la vacuna es segura y se usará con el público”, afirmó John Bell, profesor de medicina de la Universidad de Oxford.

Pienso en amigos y familiares en otras partes del mundo, cada uno viviendo etapas diferentes de esta pandemia. Mientras algunos países celebran haber controlado las infecciones, otros siguen en una curva ascendente de muertes.

El año pasado viví en Massachusetts. El día de mi cita en St George las noticias desde Estados Unidos eran desalentadoras, con más de 40,000 nuevos casos de infección diarios.

También escuché las últimas cifras de Brasil, a donde un amigo y su esposa regresaron allí recientemente. El número de nuevos casos diarios en este país sudamericano se acercaba a 1,5 millones.

Los brotes de Brasil son la razón por la que los investigadores de Oxford expandieron sus ensayos para incluir a voluntarios en Rio de Janeiro, Sao Paulo y otra localidad en el norte del país. También incluirán voluntarios en Sudáfrica.

Investigadora brasileña voluntaria del ensayo de la vacuna de Oxford en Brasil

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El ensayo de la vacuna de Oxford fue expandido para incluir a miles de voluntarios en Brasil y Sudáfrica.

La triste verdad es que es menos probable que un voluntario como yo en Reino Unido pueda ayudar a los científicos a determinar la eficacia de la vacuna. Aquí, al menos por ahora, estoy menos expuesto a una posible infección que alguien en Brasil o Sudáfrica, donde la pandemia sigue extendiéndose.

Por el bien de todos, algunos de los 10,000 voluntarios del ensayo deberán entrar en contacto con el virus.

Cuando Galiza regresa a la habitación lleva un vial en su mano. No puedo ver su rostro detrás de su mascarilla, pero sus ojos sonríen. Luego de semanas de espera y tras una breve inoculación, la vacuna finalmente circula en mi sangre.

Hay 50% de probabilidades de que me hayan inyectado la vacuna de Oxford y 50% de que haya recibido la vacuna de control, y no sabré cuál de ellas me tocó hasta el final del ensayo.

Hisopos y esperas

Luego de la inoculación vino la etapa de la larga espera. Todos los voluntarios fueron divididos en pequeños grupos para monitorear posibles síntomas.

En mi caso, siete días después de recibir la vacuna, debo frotar mis amígdalas con un hisopo por 10 segundos. Luego debo colocar el mismo hisopo en un orificio nasal y llevarlo lo más arriba posible. He leído que si haces esto correctamente, debes sentir que prácticamente estás “rozando tu cerebro”. Creo que esa imagen es un poco exagerada, pero debo confesar que esta prueba no es algo agradable.

Luego de tomar la muestra, debo colocarla en una bolsa sellada que va en una caja también sellada que dice: “Sustancia biológica categoría B”, y despacharla en buzones especiales de correo para “envíos prioritarios”.

El servicio fue introducido recientemente para facilitar los tests de COVID-19. Pocos días después recibí un mensaje de texto diciéndome que mi test de coronavirus había dado negativo.

Además de hacer el hisopado, debo llenar un formulario con preguntas sobre mi comportamiento en la semana previa. ¿He usado el transporte público? ¿Con cuántas personas que no viven en mi hogar he pasado más de 5 horas?

Repetiré esta rutina semanal durante al menos cuatro meses. Y me tomarán muestras de sangre en el hospital hasta fines del año que viene.

Buzón en una calle de Londres

Richard Fisher
El correo brtiánico instaló buzones prioritarios para el envío de muestras de voluntarios y tests de COVID-19.

Esta etapa prolongada y necesaria es la que muchas personas, incluyendo varios políticos, no entienden. No puedes invertir grandes sumas de dinero para acelerar este proceso.

La vacuna de Oxford ha mostrado ya resultados prometedores, pero solo en unas mil personas. Aprobar el uso de una vacuna para millones de personas requiere un nivel de confianza que solo puede obtenerse con paciencia y muchos más datos.

Algunos trabajadores de la salud recordarán varios casos trágicos de ensayos. En 1976, por ejemplo, debido a temores de un nuevo brote de gripe A (H1N1) o gripe porcina, el gobierno estadounidense aceleró los ensayos de nuevas vacunas y millones de personas fueron inoculadas.

La temida pandemia nunca llegó, pero se estima que cerca de 30 personas murieron por efectos secundarios adversos. Esos errores pueden haber contribuido al crecimiento del movimiento antivacunas.

Las autoridades de la salud con competencia para aprobar o rechazar las vacunas candidatas tienen en sus manos una enorme responsabilidad.

Tal como dijo en un programa de la BBC el científico John Bell, profesor de medicina de la Universidad de Oxford, no podemos darnos el lujo de esperar a la evidencia definitiva que se requeriría normalmente en ensayos clínicos de este tipo.

La tarea más difícil es la del organismo regulador que debe decidir si la vacuna es segura y se usará con el público. Si dice que sí, habrá una fila de tres mil millones de personas que quieren esa vacuna. Yo no querría ese trabajo”, afirmó Bell.

Otro factor importante es que la vacuna aprobada puede no ser la panacea que la gente espera. En otras palabras, es posible que la vacuna no elimine completamente el virus, sino que solamente mitigue sus efectos.

Esta protección es valiosa, pero suceda lo que suceda con los ensayos, debemos aceptar que se trata de un problema de largo plazo y que el virus podría estar con nosotros para siempre.

En mi caso en particular, pensar que hay una probabilidad del 50% de que haya recibido una vacuna prometedora me da una cierta tranquilidad, pero no me hará cambiar mi comportamiento. Los investigadores explicaron esto claramente.

Hasta que sepamos con certeza que hay una vacuna efectiva, continuaré respetando las reglas de distanciamiento físico para proteger a mi esposa, mi hija, el resto de mi familia, mis amigos y todas las personas con las que me cruce en la calle.

Voluntario siendo vacunado en Sudáfrica

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Un voluntario recibe la vacuna de Oxford en Sudáfrica. Confirmar la efectividad de la vacuna para prevenir infecciones requiere probarla en países con un alto número de casos.

Me da satisfacción tener la oportunidad de jugar un rol muy pequeño, junto a otros 10.000 voluntarios, en un ensayo que tiene en vilo al mundo.

La rapidez con que los científicos de Oxford respondieron a la crisis y su gran compromiso me impresionan.

Antes de la pandemia, muchos de estos médicos e investigadores trabajaban en distintos campos relacionados con el desarrollo de vacunas, alentados por su curiosidad o una misión individual. Nunca pensaron que de ellos dependerían las expectativas de miles de millones de personas.

Tal vez los ensayos de la vacuna de Oxford no den los resultados que muchos esperan. Podría ser que no cumpla en definitiva los requisitos de seguridad y eficacia necesarios para combatir la pandemia.

Pero así es como funciona la ciencia, en un desarrollo a largo plazo, colectivo y que puede tener resultados negativos. Nunca había valorado tanto como ahora la importancia de ese proceso.

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